Capítulo 13

-¿Dónde estás, Jaime? –Habló murmurando, pasando nuevamente por el mismo corredor-. ¿Qué tan grande es este lugar? ¿Dónde te escondes?

-¡Jaime! –Gritó llamándolo abruptamente-.

-¡Hey! ¡No hagas escándalo! –Bart escuchó asustándose, pues la voz que se manifestó no le fue familiar-.

Volteó hasta dar con el dueño de aquella exclamación agresiva. Estuvo a punto de disculparse por las molestias que hubiese podido ocasionar, pero al mirar a los otros tres individuos que acompañaban al sujeto anunciado, comprendió que no iba a estar de más el continuar corriendo.

Decisión que no había sido tomada con base en prejuicios, elitismos presuntuosos y ajenos a la realidad de las calles, o por ser descuidado o desconfiado, sino en aquella navaja que anunciaba su presencia mostrando su delgada y fría hoja metálica mientras era hábilmente manipulada por el dueño. Del mismo modo, la altanera y amenazante actitud de los moradores obligaba a los sentidos de Bart a ponerse en guardia y hundirlo en litros de adrenalina que lo preparaban para para luchar o huir.

No era tonto, y aunque había salido de una situación un poco más limitada y peligrosa, Bart no iba a arriesgarse a salir herido por tonterías o muerto, en el peor de los casos. Viró de reojo rezando para que alguien más estuviera ahí y pudiera ayudarlo o al menos hallar un camino libre de obstáculos que le permitiera alejarse de aquellos buscapleitos.

Retrocedió un par de pasos sin quitarles la vista de encima. Eran cuatro y uno de ellos llevaba un arma visible. Pensó inmediatamente en sólo dejar claro que no quería problemas y de cualquier modo no llevaba dinero o algún otro bien que pudiera servirles. Apretó los dientes optando por esa última opción. Aunque también supuso que mientras ellos no hicieran un movimiento extraño o peligroso, no habría necesidad de interactuar ni siquiera lo mínimo. Sin embargo, al mirarlos invadir su espacio vital, no tuvo otra salida que aguantarse las ganas de actuar precipitadamente.

-¿No sabes que estás en un lugar público? –Uno de ellos expresó mostrándose al frente, avanzando y casi llegando a la presencia de Bart mientras los otros tres lo observaban incomodándolo con sus ojos fijos y sonrisas cínicas-.

-Perdón. Es que... estoy buscando a alguien... -Respondió cediendo un poco de espacio, agachando su mirada, levantando sus brazos disculpándose con señas, todavía buscando con el rabillo del ojo a otras personas a las cuales recurrir-.

-No debes gritar. –Otro, el que poseía la navaja, comentó dando zancadas largas, apropiándose velozmente de uno de los flancos del pelirrojo-.

-Sí, lo sé, me disculpo por eso... -Respondió Bart cambiando la dirección de su salida-. Bonita noche... -Alegó girando sobre sus talones-.

-¿Ya te vas? –Otro de los agregados le cercó el paso-.

-Y-yo... yo de verdad, no quiero problemas... -Habló el muchacho ya con su voz un poco apagada-.

-Pues no deberías caminar tan tarde por el lado más solitario del parque. –Mencionó el rufián de la navaja acorralando al pelirrojo, incluso lanzando su respiración junto a su cabello-.

-Sí, lo sé... Lo siento... -Musitó Bart caminando hacia atrás volviendo a evadirse, abriéndose paso para alejarse-.

-No te asustes. –Otro comentó bloqueándole nuevamente la ruta-.

Pero el muchacho ya no se atrevió a decir algo más. Agachó su mirada cubriéndose instintivamente el estómago con su brazo.

-¿No quieres acompañarnos? –El de la navaja habló apareciendo a sus espaldas, estrechando la distancia de su cara y la nuca de Bart-. Hueles bien... -Agregó inhalando bruscamente la esencia cercana, rodeándolo como si fuera un buitre buscando alimentarse-.

El asedio provocó el retraimiento del chico, así como un par de pasos obligados para alejarse de aquel sujeto invasivo. Movimiento que lo llevó a toparse con el dorso de otro más.

-Tranquilo... -Le musitó regocijándose con el claro estado ansioso al que Bart era sometido-. Nosotros tampoco queremos darte problemas. Es más, seamos amigos... -Agregó empujando levemente al muchacho hacia el centro del círculo que ellos cuatro habían creado-. Y como amigos que somos, ¿qué tal si nos invitas unos tragos? –Mencionó extendiendo su mano, sonriendo e incitando a los otros a burlarse con murmullos groseros y codazos malintencionados a las costillas de Bart-.

-No llevo dinero y no tengo nada de valor... -Contestó el pelirrojo sagaz y cortante-. De-de... de verdad no quiero problemas...

-¡Vamos, viejo, nosotros somos los que no queremos problemas! No estamos pidiéndote mucho. –Le comentaron descaradamente-.

-No hagas escándalos y sólo danos tu billetera y teléfono... ¡Nadie tiene por qué hacer un drama de esto! –Mencionó uno de ellos, aquel que se movía nerviosa e impacientemente manoteando a escasos centímetros de la faz de su víctima-.

-No tengo nada. –Repitió ya un poco absorto en la mala sensación que comenzaba a nacer en su estómago-.

-¿Nos estás tomando el pelo? –El de la navaja inquirió apartando a su compañero-. No te quieras pasar de listo. Sólo danos lo que traigas... -Ordenó transformando el tenso ambiente a uno violento, pues acompañó sus palabras con un leve empujón que desestabilizó al muchacho-.

-No-tengo-nada... -Insistió en cuanto recuperó su equilibrio-.

-¡No estamos jugando! ¡Danos lo que traigas o te va a ir muy mal! –Amenazó otro de ellos empujando reiteradamente, esta vez un poco más fuerte, incitando las risas y burlas entre sus filas-.

-Na-da... -Respondió Bart rechinando sus dientes, apretando sus puños y torciendo su boca en clara protesta a la incomodidad que lo hacían sentir. Paulatinamente sus hombros se encogían señalando lo turbio de su inquietud-.

Su contestación exasperó a los presentes. Sus carcajeos se detuvieron instantáneamente, frunciendo y gruñendo inmediatamente después.

-¡Maldito niño rico! –Escuchó decir antes de recibir una bofetada sorpresiva, cuya inercia lo sacó de balance, pero de ningún modo tocó el suelo, pues justo antes de querer meter las manos para no golpearse la cabeza al caer, uno de ellos lo sujetó por la cintura aprisionándolo, sujetando su boca y pidiendo a otro que le sostuviera las manos-.

Obedeciendo, ahora dos tipos lo inmovilizaban agresivamente imposibilitándolo para luchar. Bart se asqueó en consecuencia. No negaba estar asustado, pero más allá de su aprensión, le enardecía la situación. La afrenta lo ofendía. No había escapado a un final fatídico y mortal para sólo sucumbir a un grupo de imbéciles amateurs. Quizás en un inicio, la situación lo impresionó, pero ahora no hacía más que inspirarle rabia y mal humor.

Comenzó a forcejear y patear lo más fuerte que pudo, pero las ataduras humanas deteniéndolo no lo iban a dejar ir tan fácil. El dueño del arma indicó con la mirada al otro sobrante que lo revisara. El maleante al seguir las órdenes, acercándose y agachándose, fue recibido por la punta del pie de la víctima, haciéndolo retroceder humillantemente.

La acción no hizo más que desatar la ira de todos. Bart debió haberlo visto venir, debió saber que su osadía no sería tolerada. Su castigo se dejó venir con un puñetazo en la cara por parte del malabarista de la navaja. El ojiambar no cayó al suelo porque todavía era retenido. El golpe lo había aturdido y le había dolido, aunque eso no le impidió retorcerse para evitar ser sometido o detener la lucha.

Los dos tipos que lo atajaban apretaron el agarre lastimando al menor. El que había recibido la patada regresó también devolviendo el golpe con una arremetida veloz y potente a las entrañas de Bart, quien tampoco pudo doblarse debido a su sujeción. Terminó también siendo sujetado por las piernas mientras el fanfarrón del arma le esculcaba los bolsillos. El menor jalaba desesperadamente aire para no desmayarse. Esa última embestida casi lo dejaba fuera del juego, ahora se concentraba en no ceder y no vomitar debido al dolor. El muchacho percibió su ropa ser hurgada, su cuerpo ser tocado y su paciencia acabarse. Aflojó sus músculos creyendo ingenuamente ser liberado, pues su historia era real y no llevaba ni un centavo. Sin embargo, los bufidos de aquel que nada había encontrado alertaron al pelirrojo.

-Este imbécil no trae ni en qué caerse muerto... -Comentó expresando su enojo con groserías y maldiciones-.

-¿Y ahora? –El tipo que sostenía sus piernas inquirió molesto-.

El sujeto que parecía ser el líder, el mismo que no soltaba su ridícula navaja, caminaba de un lado al otro gruñendo y derrochando su energía en rascarse la cabeza.

Bart acogió aquel mal presentimiento en su temple en cuanto lo vio enfocarlo entre su mirada furiosa y descompuesta. El hombre se le acercó pretensiosamente y lo observó despreciativamente. Analizó su rostro, su pecho, sus piernas. Indagó con su mirada la silueta de su víctima. Posó su mano sobre el estómago adolorido del pelirrojo sacudiéndolo con el atrevimiento. Le sonrió mostrando intenciones maliciosas, desdeñosas y desalmadas. Aproximó la nariz a su cuello pasándola por el cabello y la cara. El menor se sobrecogió a punto de estallar coléricamente. Sintió tantas náuseas que dentro de pronto devolvería el estómago.

-De verdad hueles muy bien... -Pronunció el hombre dando indicaciones con un solo movimiento de su cabeza-.

El resto de malvivientes sonrió desfachatadamente. Sus piernas y sus brazos fueron liberados, no así su cuerpo y su boca. Con una violencia repentina, Bart fue arrastrado a través de unos arbustos, arribando a un lugar más apartado y más escondido, siendo seguido sigilosamente por los otros tres.

Volvió a luchar inconscientemente a pesar del ardor en su cara y la repugnancia que se acrecentaba en su ser.

-No grites o te irá peor. –Le dijo el sujeto que lo adentraba más profundo entre las plantas-.

El chico frunció el ceño retomando su lucha para liberarse. Aquel tipo lo controlaba con la mano sobre su boca casi asfixiándolo, pero sus piernas habían sido liberadas y sus brazos yacían perfectamente disponibles. Con ambas manos comenzó a golpear las costillas de su captor ocasionándole contratiempos y unos segundos de distracción. Momento que Bart aprovechó para usar su cabeza como si de un martillo se tratara y atacar al tipo en cuestión. El arrebato le valió ser liberado casi instantáneamente. El hecho sobresaltó a los otros que venían atrás poniéndolos sobre aviso y reaccionando ante el atropello. El mandamás se dio cuenta del altibajo de sus acciones intentando velozmente recapturar a su obligado cliente, quien sin reflexionar se echó a correr en cuanto se halló sin ataduras. Apenas dio tres trancos cuando cayó irremediablemente, pues su recorrido había sido frustrado cuando sus pasos fueron bloqueados por el pie de uno de ellos. La caída no sólo le lastimó los brazos, sino que retrasó su escape ofreciéndolo como una presa frágil y vulnerable. El jactancioso de la navaja logró darle alcance con sólo dos o tres pasos más. Bart se quedó a medio camino de levantarse y reintentar su huida, no fue rival contra el terrible delincuente, quien lo volvió a derribar de un puñetazo en la cara.

-¿Qué esperan? ¡No dejen que se vaya! –Ordenó furioso pateando al muchacho que permanecía en el suelo sosteniéndose la cara lacerada-.

La sacudida lo aplacó un par de segundos. Su nariz chorreaba junto a su labio partido. Bart se pasó torpemente el antebrazo por la cara recogiendo su sangre caliente y recuperando un poco de concentración. Se apoyó sobre su codo levantando la cabeza.

-¡Quédate ahí, lindura, la noche es joven! –Le alegó el tipo del arma hundiendo su mano sobre la cabeza de Bart, obligándolo a acostarse nuevamente-. ¡No traes nada...! –Exclamó insistiendo con aquella inmovilización-. ¡Ni siquiera traes identificación! ¡¿Y todavía te portas mal?! ¡Qué tonto eres! –Habló acercándose, agachándose, apartando la mano que aún sometía la cabeza, cambiando la sujeción por otro derechazo en su rostro bien entrado y limpio-.

El pelirrojo comenzó a ver estrellitas. Todo a su alrededor se movía en círculos, incluso si cerraba los ojos. La sangre en su garganta se acumulaba ahogándolo hasta hacerlo toser, sin mencionar el terrible dolor en sus mejillas. Sus manos no le sirvieron de mucho para defenderse, pues le dolían y se acalambraban si las levantaba.

-Creo que acabas de adquirir una deuda gigantesca con nosotros... -Habló el tipo mostrando la navaja, lamiéndola después-. Y como no traes dinero, creo que deberemos buscar otra forma de pago... Y sabes, de verdad no bromeaba cuando dije que olías bien... -Habló pidiéndole al sujeto, que retenía a Bart en un inicio, que retomara su labor-.

En cuanto llegó a su lado, lo abofeteó despiadadamente. Le tomó frenéticamente el cabello levantándole la cabeza.

-Nos vamos a divertir, ya verás... -Le musitó soltándolo, dejándolo caer bruscamente contra la tierra-.

Bart se quejó dolorosamente.

-Oigan, ¿les molesta que el chico nos pague con otro tipo de moneda? –El líder anunció sarcástico mientras las manos de Bart eran atrapadas y su cuerpo expuesto a los asaltantes-.

-A mí no me molesta. Un agujero, es un agujero... -Opinó alguno en tanto se postraba a sus pies, posando sus manos sobre cada uno de sus tobillos-.

El roce volvió a revolverle el estómago al muchacho incitándolo a patalear, a alejar al tipo en cuestión muy a pesar de lo desconcertado y turbado que se encontraba.

-¡No me toquen! –Gritó el muchacho furioso, casi escupiendo algunas gotas de sangre-.

-No, no, no, no, no... No estás en posición de negarte. –Anunció el jefe enseñando la filosa hoja, acercándola indiscriminadamente al rostro de Bart-. No empeores esto, chico. Es mejor si también lo disfrutas.

Su visión borrosa le fue suficiente para encuadrar el arma frente a sí. Se paralizó retomando cada uno de sus pensamientos para que lo tranquilizaran y le dieran todas las opciones disponibles. No tenía que ser un genio para saber lo que ocurriría si no se liberaba y salía corriendo. Llevaba todas las de perder, no le quedaban muchas salidas factibles, así que respiró profundo apostando que ya no tenía más que perder.

-¡¡¡AYUDAAAAAAAAAAAAAAA!!! –Gritó delirante, abruptamente, resquebrajando cualquier calma que los circundara en esos instantes-. ¡¡¡AYÚDENMEEEEEEEEEEEEEEE!!! –Repitió acompañando un último intento por levantarse, pero su llamado de auxilio como su cuerpo fueron detenidos por el tipo que cuidaba su parte superior, siendo atorado cuando sus cabellos fueron reiteradamente jalados como riendas y devueltos a la tierra con un azote rabioso que estrelló su nuca brutal y cobardemente. El cuarto de ellos arribó ayudando a su cómplice, reforzando el agarre de sus manos y cubriéndole la boca al muchacho, terminando así con el escándalo.

Previendo otras tentativas, el sujeto de la navaja pidió a sus compañeros no soltar al chico mientras él se ocupaba de bajarle los pantalones y abrirle las piernas. Sus órdenes fueron inmediatamente atendidas. Bart permaneció silenciado e inmóvil durante minutos enteros, percibiendo a medias como el sujeto batallaba para despojarlo de la ropa, pues, incluso con el aturdimiento de la probable contusión que ese último golpe le dejó, no detenía su necia y mal planeada ofensiva, todavía peleando para evitar un contacto más allá de su resistencia y un crimen que le dolería hasta el alma y que destruiría parte de lo que intentaba proteger luego de aquella horrible noche que sufrió bajo el yugo de Prime.

Se retorcía provocando la ira de sus captores. En su mente y espíritu no existía otra meta que aquella de no ceder, de no rendirse, de no permitir el ultraje, y menos cuando ahora existía alguien que lo quería, lo deseaba, que gustaba de su compañía, que sentía algo por él por quién era y no por cuánto poseía, que lo hacía sentir apreciado, necesario y que tenía intenciones de permanecer a su lado. En ese instante y como nunca, sinceramente, quiso pelear, y hacerlo para conservarse digno, puro y anticuadamente virgen bajo la sola idea de entregarse decididamente a él; a Jaime, sólo a él.

"¡¿Por qué a mí?! ¡Maldición, ¿por qué a mí?! Pensó mientras las lágrimas se aparecían tardías sobre sus mejillas evidenciando su impotencia y frustración, pues aunque realmente lo intentaba con todo su cuerpo y corazón, en la posición en la que estaba no podría ganarle a cuatro hombres violentos sin miedo a nada y en completo estado subversivo.

-Deja de luchar... No hay nadie para que te ayude y esto pasara de cualquier modo, así que relájate, porque si no, saldrás muy herido, lindura... -Comentó golpeando reiteradamente las piernas a Bart hasta que dejara de moverlas-.

Quien sujetaba sus extremidades le quitó los zapatos mientras se burlaba infantilmente y frotaba sus pies contra su cara.

-¡Más rápido, más rápido! –Alegó jadeando el mismo idiota-. ¡La ropa, la ropa! ¡Quítasela ya!

-¡Eres realmente lindo! –Comentó el despreciable líder-. ¡Mira cómo has puesto a este loco! Espero no nos decepciones. Y yo a cambio, prometo que te va a gustar... -Anunció colocando sus sucias manos sobre el pantalón, desabrochándolo sin delicadeza y sin demora-.

Sonrió relamiéndose los labios en cuanto vio la facilidad con la que ahora podría introducir las manos, cuya frialdad y agresividad sobresaltaron a Bart una vez las sintió en su vientre y en sus caderas.

-¡Apúrate! –Le reclamaron los otros individuos-. ¡Quítaselos ya! ¡Quiero ver, quiero ver!

El muchacho agitaba su cara protestando e implorando que se detuvieran. No hizo más que agitarse en vano desperdiciando las pocas energías que habían sido diezmadas por el estrés, la lucha y las agresiones físicas que ya empezaban a pasarle factura, especialmente aquel golpe en la cabeza que no había dejado de doler exageradamente, provocándole un mareo escalofriante y la visión borrosa que empeoraba con sus lágrimas.

"¡No! ¡No, por favor!" Pedía para sus interiores. "¡Suéltenme! ¡Jaime! ¡¿Dónde estás, Jaime?! ¡Alguien! ¡Alguien, por favor! ¡Por favor!"

Se sumió tanto y tristemente en sus pensamientos que precisamente no remarcó en que momento sus piernas yacían ya desnudas, adoloridas y entumecidas por las decenas de golpes recibidos. Sus músculos se tensaron en ese instante. Se trabó en un último intento para liberarse, se resistió hasta el final, pero el aire comenzó a hacerle falta. Se estaba sofocando y en cuestión de segundos perecería en la inconsciencia. Cerró sus ojos fuertemente y de un momento a otro dejó de luchar.

"Jaime." Su nombre y su sonrisa surgieron incandescentes en sus recuerdos. "Jaime..." Se repitió concibiendo unas enormes ganas de llamarlo. "Si sólo hubiera corrido más rápido... Si sólo hubiera salido unos pasos antes... Si te hubiera dicho lo que siento por ti en lugar de perderme en la felicidad que despertaste en mí... Jaime, Jaime... Quiero verte... Quiero verte..." Se dijo abriendo los ojos, atorando su respiración para llevar su sangre a la punta de sus extremidades. "¡Déjenme ir a buscar a Jaime!" Reclamó para sus interiores retomando su lucha, reforzando su rechazo, recalcando su negación y su resistencia.

No podía, no debía permitirse el sólo desfallecer y no seguir peleando. Tenía que ir por Jaime, tenía que esclarecer todo, tenía que sincerarse con él, debía hablarle de sus sentimientos, de lo extraño que se sentía junto a él, pero de lo gigantescamente feliz que devenía cuando lo miraba y más aún, cuando Jaime sostenía su mano.

Se calmó un par de minutos, los suficientes como para retomar el aliento y un poco de racionalidad.

Su diminuto abatimiento se convirtió en una celebración adelantada por parte de los infelices que lo retenían, ya que su inmovilidad les vendió la idea de un triunfo irreversible.

-¿Lo ves? Es mejor si cooperas. –Mencionó aquel que terminaba de desvestirlo, tomando su ropa interior y deslizándola lentamente mientras manoseaba sus piernas-.

Los tres, embobados con la tierna imagen de la entrepierna de Bart, no advirtieron que su víctima entraba en su segundo aire. El tipo de la navaja estuvo a punto de colocarle una mano encima, pero gracias a un súbito arrebato, Bart pudo liberar una de sus piernas, cuyo talón recibió la cara del infeliz embistiéndolo con fuerza y sin miramientos. Acción que disgustó de sobremanera a los otros sujetos provocando lo estrujaran fuerte e inhumanamente. El ojiambar estuvo seguro que la sangre ya no pasaba hasta sus dedos. Intentó gritar, pero sus quejas silenciadas le resultaron peor que los golpes que sus entrañas acogieron en represalia a su última arremetida.

-¡Lo vas a pagar muy caro, estúpido! –Gritó colérico el agraviado, fuera de sí, completamente enajenado por su ira y su desenfreno, con la navaja bien sostenida en su mano, acercándose poseído con la única intención de vengar esa última falta de respeto-.

Entre su nuevo embate de forcejeo, gritos ahogados, la adrenalina que no le otorgaba un descanso, el mareo y el cansancio, Bart sintió una punzada en su costado, cerca de la cadera, no tan profunda, pero sin duda bastante extraña y repentina. Primero percibió calor emanando, luego un dolor indescriptible que crecía exponencialmente. Casi al mismo tiempo, se dio cuenta que alrededor de esa zona, su piel comenzaba a sentirse helada, bastante fría, como si el viento golpeara el sudor. Apretó sus ojos imaginando y temiendo la causa de aquella horrible sensación.

-¡¿Qué haces?! ¡¿Por qué hiciste eso?! –El tipo que cubría su boca le reclamaba un poco asustado-. ¡¿Estás loco?! –Añadió soltando momentáneamente al muchacho, quien no dudó en gritar a todo pulmón para manifestar el terrible ardor y dolor que su cuerpo expedía-.

-¡Cállate! –Le ordenaron golpeándolo otra vez en la cara, retomando la mordaza improvisada y amenazándolo cruelmente-.

-¡A mí nadie me golpea, y menos un estúpido mimado como él! –Le contestó el agresor levantando el arma y limpiándola en su propia ropa-. ¡Y como sea, sólo hagamos lo que tenemos que hacer y larguémonos! –Explicó incrustándose entre las piernas de Bart-. ¡No dejen que hable ni se mueva! –Pidió bajándose el cierre y cargando las extremidades para tener el acceso que necesitaba-.

Las pocas fuerzas que llegaron a su cuerpo como un milagro lo abandonaron funestamente al concentrarse en ya no sentir aquel punzante escozor en su costado. Bart no dejaba de llorar y ya no hallaba más qué pensar. De pronto se sintió hundirse en el mismo infierno.

"Jaime... Jaime..." Clamó en sus pensamientos. Afligiéndose hasta lo más profundo de su nostalgia, de su arrepentimiento, de su tristeza por fallarse a sí mismo, de fallarle al primer anhelo que tuvo luego de conocer a su amigo.

Lo único que ahora podría hacer era llorar y hacerlo sin mesura o impedimento. Se decidió misericordiosamente por concentrar su esperanza en Jaime y volver a verlo para que lo consolara. No tenía de otra.

"Te juro que de verdad quería que tu fueras el primero... Te lo juro por mi vida, Jaime..." Se repetía en su cabeza, esforzándose para no sentir nada más allá que el dolor en su costado. Ya no quiso saber más.

El sujeto frotaba sus dedos contra la entrada de Bart provocándole escalofríos y temblores involuntarios. Sonrió desquiciadamente en cuanto creyó que podría introducirlos para incitar al muchacho a gemir para él.

-No temas... -Comentó irreverentemente a punto de irrumpir dentro del joven-.

"¡Noooooo!" Imploró en su mente luchando y retorciéndose una última vez.

-¡Quédate quieto! –Le ordenaron capturando su cabello y apaleando su cabeza contra el suelo-.

El muchacho ya no se movió. Ahora no existía nada sobre la tierra que les impidiera penetrarlo a voluntad, sin embargo, a escasos centímetros de la injuria, un embiste endemoniado le arrancó la consciencia al potencial violador. Su cuerpo cayó algunos metros lejos como si de una bolsa de basura se tratara. La impresionante intromisión a la estrecha guarida improvisada de los maleantes los detuvo en el acto. Los tres malnacidos levantaron la vista encuadrando a un hombre impetuoso y recio, quien devolvía una mirada hundida en furia y decisión.

-¡¿Qué demonios están haciendo?! –El nuevo agregado reclamó levantando la luz de su teléfono-. ¡Llamaré inmediatamente a la policía si no sueltan al chico! –Expresó alzando la voz negligentemente-.

"¿Ja... Jaime?" El ojiambar inquirió sintiendo como su cuerpo era liberado. "Gracias..." Se dijo débilmente entre la confusión que sus atrofiadas fuerzas le obligaban a percibir. "Me alegra verte..." Expresó perdiéndose en lo vago de su consciencia y en la poca voluntad para abrir los ojos.

Continuará...

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