Capítulo 1

Nadie lo oiría gritar. Nadie nunca escucharía sus súplicas. Por eso lo habían llevado a aquel lugar. Sin testigos, sin interrupciones. Le harían lo que quisieran y nadie jamás se enteraría. ¿Asustado? Por supuesto. Pero no les daría el placer de mostrárselo. Bart tenía sus horas contadas y por eso no pasaría esos momentos suplicando.

La construcción bien elegida resguardaba a esas lacras. De todos, sólo reconocía a dos. Dos infames sin escrúpulos, sin consciencia, sin alma. El primero de ellos, el jefe mayor de una pandilla de cuellos blancos bajo los reflectores, pero el regente de la mafia mayoritaria de la ciudad, cuando la noche caía. Prime Rogues, era su nombre, nombre que permanecería tatuado en su cabeza desde el momento en que se cruzó con él. Y el segundo, aún más desgraciado que el primero, Jack Rogues, contador, administrador y "amigo" de íntima confianza de la familia, también traidor y hermano del primero.

-¡¿Cómo pudiste?! ¡Confié en ti! -Bart gritó escupiéndole en la cara-.

-¿Tú qué vas a saber de confianza, mocoso presuntuoso? -Le respondió abofeteándolo-.

Los matones que lo sostenían poco pudieron hacer por la inminente caída que se ganó con el impulso del golpe. Dejaron que se restableciera un poco, antes de levantarlo y sujetarlo de nuevo.

-Escucha, pórtate bien y nadie tendrá por qué morir... -Jack mencionó arreglándose la corbata-. Sólo firma...

-¿Crees que soy estúpido? Me necesitas muerto para que sus malditos planes funcionen, ¡Y nunca firmaré! ¡Mi dinero nunca caerá en sus manos!

Prime terminó su cigarro y lanzó la colilla. Mientras observaba, se tomó el tiempo de encender otro.

-¿Estás solo en el mundo, no? -Prime inquirió acercándose al chico-. Supongo que no será fácil convencerte para que firmes, ¿cierto?

Bart frunció el ceño.

-Ya sabes... amenazar a alguno de tus seres queridos para obligarte a firmar esta pequeña acta de matrimonio y nuestro hermoso arreglo prenupcial... -Prime completó soltando el humo en la cara de Bart-.

-No voy a firmar... -Dijo apretando los dientes, sin bajar un solo milímetro la mirada-. Mátame de una vez...

-No lo haré... Ni aunque firmes el acuerdo... -Prime respondió dando otra bocanada al cigarro-. Como ya dijo mi hermanito, si te portas bien, no habrá necesidad de comportarnos como salvajes...

-¡No voy a firmar! -Bart gritó enardecido, sin nada más qué perder-.

Prime sonrió altaneramente.

-Bueno, todos aquí presentes son testigos de mi amplia benevolencia... -Declaró tomado un arma de su saco-. Sin embargo, temo que no soy tan paciente.

Hizo un ademán y de entre los pilares de la construcción, dos de sus hombres aparecieron arrastrando a tres indigentes que eran apuntados a la cabeza con armas. Se acercaron al grupo de hombres, apenas iluminados con un pequeño foco mal instalado.

-Querido Bart,,, -Prime comenzó a decir-. Ni siquiera tú eres tan despiadado como para dejar morir a estas personas...

Levantó su arma y disparó a uno de los indigentes, matándolo en el instante. El sonido del arma paralizó al muchacho. Quiso cerrar los ojos, pero la impresión fue muy fuerte. Los otros dos desearon huir, pero fueron retenidos por los custodios de Rogues.

-Creo que hasta un mocoso como tú sabe lo que les pasará a los otros dos si no firmas... -Prime agregó apuntando nuevamente.

-¡No! ¡No puedes ser tan mezquino! -Bart gritó impactado, con algunas lágrimas en sus ojos-.

-Créeme, yo sí puedo... La pregunta aquí es, ¿tú lo eres también como para dejar morir a estas personas inocentes, Bart?

El chico apretó los dientes y agachó la mirada. Cerró tan fuerte los ojos implorándoles no llorar, pero el sentimiento le ganó venciéndolo en su impotencia.

El hermano menor le lanzó el documento y un bolígrafo a los pies. Aquellos que lo custodiaban lo soltaron dejándolo arrodillarse. Si antes se halló asustado, ahora se encontraba aterrado. Todo en esos momentos lo superaba. Sentía su cuerpo caer en un pozo y el miedo no hacía más que robarle el aliento.

-¡Por favor, no! -Bart suplicó con su mirada llorosa-.

-Esa no es la respuesta correcta... -Prime afirmó descargando otro tiro-.

Otro de los desamparados cesó sus días. Bart gritó aterrorizado. Jamás hubiera imaginado ver cuerpos sin vida frente a sus ojos. La escena lo horrorizó hasta lo profundo de sus entrañas.

-¡Basta! ¡Firmaré!, ¡Firmaré! -Alzó su voz tomando el bolígrafo-. ¡Por favor detente, firmaré!

Temblorosamente, incrustó su firma en el papel que llevaba como título su unión en matrimonio. Y estaba a punto de firmar el otro cuando se escuchó otro disparo, pues el tercero de lo rehenes quiso huir, pero fue detenido por el arma de alguno de los esbirros.

-¡Esto no puede estar pasando! -Prime gritó molesto-. ¿Por qué lo mataste? -Le reclamó al tirador-. ¡Justo cuando ya lo teníamos!

Se frotó la sien caminando de un lado a otro.

-Bueno, al menos firmaste nuestra hermosa acta.... -Declaró sonriendo y guardando su arma-. ¡¿A qué esperan?! Vayan a buscar a otro, ¡Muévanse! -Ordenó mientras aventaba la colilla de su cigarro-.

Jack recogió los papeles y se los mostró a su hermano. Los dos sonrieron.

-Bueno... Bart, tú decides, firma ahora o deberemos repetir el espectáculo de hace un rato...

El aludido lo escuchaba atentamente, pero no halló fuerzas para responder o para pensar. Por su cabeza sólo se atravesaba el sonido de los disparos y la carne siendo perforada. Él sería el siguiente. Pensó. Ya no le quedaba salida, ni tiempo. La próxima bala llevaría su nombre. Porque sería estúpido pensar que lo dejarían con vida luego de firmar el acuerdo prenupcial.

Debió quedarse mucho tiempo reflexionando y perdido en sí mismo como para llamar la atención de Prime, quien se agachó para tomarle el mentón y hacerlo levantar la cara.

-¿Firmarás? -Le preguntó sonriendo cándidamente-.

Bart yacía atontado por la situación. Las palabras no iban a salir aunque se los ordenara, pues no sabía cómo hacer frente.

-No te preocupes... Estoy seguro que querrás hacerlo... -Agregó soltándolo-.

Se levantó. Se quitó el saco y se desató la corbata.

-Bien, ya que estaremos aquí un rato, me gustaría pasar un poco de tiempo a solas con mi esposa. ¿Les importaría dejarnos solos, caballeros? -Prime habló invitándolos a perderse en el enorme lugar-.

-No harás lo que creo... -Jack le comentó a su hermano-.

-¡Vamos! Sé que tú también te mueres de ganas, pero no te daré el gusto, ya que ahora, él es mi esposa y me pertenece...

Jack arrugó su frente ofendido.

-No digas tonterías. Lo que menos quiero es pasar otro segundo con este niño presumido e imbécil.

-Lo que tú digas, hermanito. Ahora, vete...

-Sólo hazlo rápido, ya me quiero ir... -Dijo antes de dar media vuelta y alejarse del lugar-.

-No nos iremos hasta que firme... -Prime añadió mirando a los tipos que sujetaban a Bart-. Salgan... -Les ordenó-.

Ambos sujetos obedecieron abandonando al muchacho en el suelo. Ellos se unieron al resto de los hombres de Prime y se perdieron entre la obscuridad y los pilares.

Prime se acercó al muchacho y lo levantó usando su fuerza. Jaló su cuerpo que permanecía impactado con la escena anterior. Ambos entraron a un cuarto que contenía materiales, tubos, cajas y otras cosas. En el centro yacía una mesa de trabajo polvienta y cubierta con papeles. Prendió la luz y recargó al chico a la mesa. Cerró la puerta y acomodó una silla. Se sacó las armas colocándolas sobre ella.

-De verdad que no quiero matarte, pero si debo lastimarte para que hagas lo que deseo, no dudaré ni un segundo en dispararte... -Prime amenazó-. ¿Entiendes, Bart?

Sentía cada uno de sus músculos más tenso e inmóvil que el cemento que lo rodeaba. Todavía ninguna palabra se dignaba a salir. Bart tragó saliva al mirar como Prime se le acercaba. Éste empujó suavemente al menor. Su espalda, al tocar la mesa, lo extrajo de su letargo. Y su rechazo aumentó cuando sintió al tipo encima.

-¡No! ¡¿Qué haces?! -Inquirió asustado, intentando levantarse-.

Pero su enorme cuerpo lo arrinconaba contra el frío y rasposo mueble.

-¿Tú qué crees? Estoy consumando nuestro matrimonio... -Prime confesó sonriendo sarcásticamente, tomando las manos del menor-.

Las pasó por arriba de su cabeza, sujetándolas con ahínco y exceso de fuerza.

-¡No! ¡No me toques!

-Bart, baja la voz si no quieres dar un espectáculo. Este lugar tiene paredes muy delgadas. Aunque no me molestaría oírte gritar...

-¡No! ¡Suéltame!

Prime llevó su boca al cuello del chico. Bart se estremeció, pero su temor ocupó más terreno. La sensación que le provocaba estaba lejos de darle algún placer. Sólo sintió asco y repulsión. Cerró los ojos llorando inevitablemente. Prime insistía con sus toques, lo maltrataba con cada roce o intrusión a su piel. En su diabólico proceder, Prime parecía disfrutar con los ruegos del menor. Bart no desistía, pero tampoco llegaba muy lejos en su lucha.

-De verdad me encantas... -Prime le susurró al oído-. Será una pena cuando tengamos que despedirnos...

Su corazón se detuvo al escuchar su sentencia. Bart recapituló todo lo que había hecho, dicho o decidido para llegar a esa situación. Se soltó a llorar recordando que estaba solo y que no había nada por lo que pelear. Lo habían engañado, lo habían traicionado, sí, pero todo había sido por su culpa. Desde un principio él fue el único causante de su suerte. Y ahora todo iba a culminar de esa manera. Lo matarían para quitarle todo. Su dinero, su patrimonio, todo por lo que sus padres trabajaron y lo abandonaron. ¿Y acaso tenía algo más? No. Ya no tenía nada.

Sin embargo, muy dentro de sí, sintió que no era justo. No cuando nunca conoció la felicidad y sólo cometió errores. Jamás pidió esa vida, jamás pidió ser un adorno en una familia que era todo, menos una de verdad. No había empezado a vivir realmente cuando un grupo de demonios ya querían arrebatarle incluso eso; su aliento de vida.

El terror que llevaba incrustado se transformó en ira. No era justo, no lo era. No quería morir, no así y no después de haber fallado tanto, no después de haber vivido para otros, no después de haber conocido sólo el infierno. No lo iba a permitir, no permitiría ser usado una vez más y terminar muerto como si ese fuera su único destino. Saldría de ese lugar, saldría y rogaría por una oportunidad. Y si debiera pagar por otro error, lo haría, pero lo haría estando vivo.

Abrió los ojos enfocando el techo. Prime ya había invadido sus pantalones. Se mordió los labios aguantando el desagrado. Miró a todas partes buscando una idea que lo liberara. Los segundos pasaban y la sensación en su entrepierna lo quemaba despiadadamente. Se volvería loco si no terminaba con eso. Trató de concentrarse. Respiró profundo. Pensó en vivir, en vivir. Sólo quería vivir. Volvió a respirar. Retomó su búsqueda. Sus ojos escudriñaron toda la habitación hasta dar con un vidrio que se apoyaba en la mesa. Rogó al cielo que su idea funcionara. Sólo imploró un poco de suerte.

Su mano, que había sido liberada para que Prime pudiera manosearlo a voluntad, se olvidó de apartar su asqueroso cuerpo. Mejor se concentró en golpear el vidrio para que este cayera y se rompiera.

Se puso nervioso al empujarlo dos veces y darse cuenta que requeriría un poco más de fuerza para aventarlo. Cerró sus ojos concentrándose en esa misión. Inhaló profundamente y arremetió contra la placa transparente. Esta vez, su esfuerzo dio fruto al mirarlo chocar contra la pared y romperse en decenas de pedazos.

Prime levantó el rostro, lo que le permitió a Bart darle un poco de espacio para enterrar su pulgar en uno de sus ojos. Cuando el tipo gritó, sólo hizo falta patearlo para quitárselo de encima. Bart se dejó caer a un lado. Tomó uno de los trozos del vidrio y no dudó ni un solo instante cuando le encajó fuertemente la afilada arma en el costado. Prime gritó enfurecido, lo que le permitió a Bart arremeter nuevamente. Sus embestidas fueron tan fuertes que Bart también se cortó la mano.

Prime no perdió el tiempo y se giró buscando el arma, sin embargo, Bart estaba dos pasos delante de él, pues ya sostenía una de ellas y le apuntó torpemente antes de jalar el gatillo. Cerró los ojos cuando escuchó la detonación. E igual que antes, no levantó la vista cuando Prime rugió adolorido.

Con el arma en mano, abrió la puerta y salió corriendo. No volteó ni siquiera para verificar que lo seguían. Los pasos y las voces acercándose le indicaron que rumbo evitar. Corrió en la obscuridad lo más rápido que pudo. No fue capaz de llevar un paso limpio, pues tropezó con varios obstáculos en su camino que lo lastimaron y le restaron fuerza. Aun así, continuó sin mirar atrás.

Atravesó puertas, bajó escaleras y cruzó pasillos. Se desesperanzó y desesperó un poco al no hallar una salida a la calle. Sus ojos se nublaron con tanto llanto y las punzadas en sus heridas lo comenzaban a aturdir. Su confusión espacial fue tanta que tropezó con unas cajas, haciéndolo caer por un par de escalones incompletos que lo escupieron sobre una plataforma a unos dos metros de altura. Indudablemente, perdió el arma que portaba así como la lucidez en sus movimientos.

Ya no quiso levantarse. O eso sintió antes de mirar el cielo estrellado que se mostraba detrás de unos edificios.

-¿Edificios? -Bart se murmuró a sí mismo-.

Edificios que se asomaban entre una grieta naciente de un muro maltrecho. Bart sonrió levemente. Y su gesto hubiera durado más, pero las voces de sus captores comenzaron a dejar oír su eco. Así que reunió lo que le quedaba de aire en sus pulmones y avanzó a la abertura. No le fue fácil continuar, pues se percató de un asfixiante dolor en el tobillo. Batalló demasiado para cruzar a través, pero se vio liberado de la construcción finalmente cuando se dejó caer del otro lado del muro. Escuchaba autos a lo lejos y un poco de bullicio. Ya había llegado muy lejos y una torcedura no lo iba a detener. Así que continuó apoyándose en la pared. No hizo ninguna pausa hasta ver recorrido todo el largo de la calle. Llegó a la esquina y prosiguió la caminata. Los comercios ya estaban cerrados y casi no había gente. Pero al menos había luz y ruido. El pie lo estaba matando. Su respiración se paralizaba con cada paso que daba. Quería descansar y no halló un mejor sitio para hacerlo que un callejón.

A la distancia vislumbró unas luces sobre una puerta de servicio. Un bar parecía ser. Se acercó a la periferia casi arrastrándose. Estaba por llegar a la escalinata alumbrada cuando tres tipos de mala pinta se le acercaron. Uno de ellos mostró una navaja pidiéndole a Bart todo lo que tenía.

-Ayuda... por favor... -Bart se esforzó en decir antes de caer al suelo rendido-.

-¡¿No me oíste?! ¡Dame todo lo que traigas! -Le ordenaron golpeándolo en la cara-.

-¡Oigan, ustedes! -Se escuchó una voz-.

Los tres tipos se alarmaron y corrieron cobardemente. La voz provenía de la puerta iluminada. Bart se dio cuenta al mirar a su dueño salir de ella. El muchacho herido apenas se sostenía o distinguía la luz de las sombras, así que cuando el que ahuyentó a los asaltantes se acercó, Bart no fue capaz de enfocarlo con claridad.

-¿Oye, estás bien? -Le preguntó tocando su hombro-.

-Ayuda... por favor... -Repitió agachando su cabeza-.

-¡Oye, estás herido! ¡Espera, llamaré una ambulancia!

-¡No! ¡Por favor! ¡Sin ambulancias, ni policías...! -Bart insistió asustado-.

-¡Pero necesitas atención!

-No... por favor... ¡Por... fa... vor...! -Pidió desfalleciendo en el instante-.

-¡Oye! ¡Aguanta! -El chico habló sosteniendo su cuerpo debilitado-.

Acercó su rostro y sólo así, Bart pudo ver la luz de sus ojos cafés.

-Oye, no te duermas... -Su voz preocupada le ordenó suavemente-.

Pero su mirada se cerró con esa última imagen, pues cayó inconsciente en los brazos de aquel desconocido.

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