Prove Me Wrong

Dedicado a VioletteMoore y basado en su one shot llamado " Baila conmigo hasta el final del amor". Un hermoso Bruce/Talia que recomiendo lean antes de esta historia si desean entender algunos puntos de la misma. Sin más preámbulos los abandono a su suerte

Inspirado en la canción de Tyler Joseph : " Prove me wrong"

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El día había llegado, ese que todos esperaban con ansias. Los amigos y familiares parecían felices por la pareja, ignorando los murmullos de varios periodistas y sus propias dudas internas pues nadie esperaba realmente que ambos fuesen capaces de llegar hasta este punto. Llevaban incontables años orbitando uno alrededor del otro, encontrándose en una pasión fugaz que los demás se esforzaban inútilmente en catalogar como " amor".

No era la primera vez que los dueños de la noche anunciaban su compromiso, y todos los presentes estaban seguros de que no sería la última. Este juego volvía a retomar su curso abandonado hace tantos años ya, cuando la noticia de la inminente boda llegó a través de los ancianos labios del abuelo de la familia. Labios disidentes que habían recibido órdenes de mantenerse cerrados a cal y canto.

Habían pasado más de seis años desde aquello y él nunca pudo perdonar a su padre por tal indulgencia.

Nunca logró comprender la razón por la que su padre rechazó a una reina como lo es su madre por una gata callejera. Y nunca lo entendería.

Talia era una mujer fuerte, capaz, letal, hermosa, elegante y dedicada. Una líder nata. Una gobernante destronada que en algún momento de su vida se dejó vencer por esa maldita gata pues pensó en la felicidad de su detective antes que en la propia. ¿Y qué hizo su padre ante esto? Nada. La abandonó a su suerte como si de un saco de carne se tratara, la dejó sangrando, con una espada encajada en su espalda y sin saber si estaba muerta o no. Pero una parte de Talia si pereció ese fatídico día, cuando su amado la dejó por otra aún después del sacrificio y sufrimiento por el que ella se vio obligada a pasar.

Le destruyó el orgullo y el corazón.

Talia se prometió a sí misma nunca más darle otra oportunidad al murciélago.

¿Para qué hacerlo?

¿Para que la volviera a abandonar rota y con el alma sangrante?

Ella sintió sus ojos escocer cada vez que recordaba el momento.

Pero ninguna lágrima abandonaría su dolido rostro.

Talia AL Ghul nunca lloraba.

Mucho menos por un hombre que no la merecía.

Pero Damian también era un Al Ghul de sangre.

Y los Al Ghul nunca perdonaban.

Así que él nunca perdonó a su padre, no cuando hacía sufrir a aquella que le dio la vida. Muchos pensaban que era un amor enfermo el que madre e hijo compartían, pero de amores prohibidos ellos no sabían más de lo que conocían de su propia vida. Talia lo torturaba, lo heria, lo asesinaba, lo hacía sufrir incontables penurias siendo él apenas un niño. Pero el cariño y orgullo que se tenían eran mucho más fuertes que todo eso.

Damian amaba a su madre, la respetaba y admiraba incluso más que a su propio padre. Pero él también había crecido cercano a su familia durante todos estos años, y es por el respeto que les profesaba que se encontraba allí ahora, observando resignado el espectáculo ante sus ojos. Aquel en el que una gata sucia disfrazada con sedas en un intento de disimular su callejera naturaleza bailaba con el hombre que le había dado y quitado tanto a su propio hijo.

Y es que Damian no podía entender, no deseaba hacerlo.

¿Por qué debería comprender?

¿Por qué razón su padre se encontraba bailando con esa cualquiera cuando podría estar haciéndolo con su familia?

Damian sabía que esto nunca podría ser posible, siempre lo tuvo claro. Pero ese deseo infantil e inocente de desear que sus padres se encontraran juntos en vida y muerte continuaba presente. Y siempre estuvo allí. Cuando le preguntaba a su mama por el nombre de su padre, pensando en un Alejandro Magno cuando imaginaba cómo sería su progenitor. Cuando reconoció esa mirada llena de pasión y cariño intenso entre ellos en aquella misión junto a su hermana.

Maya había sido invitada a la fiesta por mera educación ante él, pues su padre sabía a la perfección que la latina era importante para su hijo, que Damian la consideraba su hermana por algo mucho más fuerte que la sangre: la decisión. Pero él debía admitir que cada vez que miraba a una Maya que intentaba bailar un vals suave junto a Colín, se le llenaba el pecho de una especie de cariño fraternal. Y Damian juró para sus adentros que si el pelirrojo llegaba a hacerle daño a su hermana entonces no tendría piedad alguna.

Dirigió la vista a través de la habitación mientras intentaba ignorar los brillantes anillos en los dedos de la pareja gótica. En cambio decidió centrarse en buscar con la mirada a Jonathan, aunque no logró ubicarlo pero en su lugar una nueva figura irrumpió su rango de visión.

Ella estaba allí.

Con un vestido negro que, aunque sencillo, mostraba sin pena alguna cada una de las curvas de su cuerpo, resaltando la piel de luna de la diosa. El cabello amatista oscuro caía elegantemente sobre sus hombros, enmarcando aún más la espalda abierta de aquella que le robaba la respiración.

Raven estaba allí, en la boda de su padre y conversando con Koriand'r acerca del avanzado embarazo de la alienigena.

Damian desvío la mirada pesadamente, intentando concentrarse en algo que no fuese esa mitad demonio con la que tantas noches había compartido. Y su salvación llegó en un vaso de fuerte Bourbon.

Un trago.

Estaban a una habitación de distancia, ¿por qué razón podía sentir su olor a incienso y lavanda?

Dos tragos.

Su memoria fluía libremente a través de esas noches serenas, cuando compartía nada más ni nada menos que los sueños con la diablesa.

Tres tragos.

Su perfil enmarcado por la gran esfera nocturna, que se colaba dentro de su alcoba cada vez que unían solamente sus sueños y temores el uno con el otro. Nunca llegaron al punto de lo lascivo, pero la acción en sí era tan íntima que hacía a la luna sonrojar.

Cuatro tragos.

Damian recordaba la forma en la que Raven solía mirarlo en esas ocasiones. Como él sentía que el mundo comenzaba y se acababa en sus ojos, recordando esa canción que le había mostrado Maya en algún momento; dejando que esas líneas fluyeran libremente por su mente.

«Ya nadie sabe ser feliz a causa del despojo, gracias a ti y a tus ojos

Cinco tragos.

Debía sacarla de su mente a toda costa, olvidar esa noche en la que unió todas sus fuerzas en un cuadro y en una canción dedicada. Cuando en su habitación le dijo sin necesidad de palabras esos sentimientos que le llevaban carcomiendo el alma durante tanto tiempo.

Seis tragos.

Recuerda el sabor de los labios del Orgullo sobre los propios, cuando ninguno comenzó el contacto y ninguno deseaba terminarlo.

Siete tragos.

Se volvieron más cercanos, más libres alrededor del otro después de eso. No le pusieron una etiqueta a lo que compartían pues no era necesario. Lo que fuera era de ellos, y de nadie más.

Otro trago.

Pero el tiempo había pasado, y ambos eran jóvenes e impulsivos. Damian comenzó a alejar lentamente a la joven pues no deseaba hacerle daño. Pensaba que él no la merecía, y comenzó con su nueva adicción una vez que decidió volver a Gotham e intentar olvidarla.

Otro trago.

Justo como intentaba olvidar ahora. Olvidar cómo alejó a la única persona que lo comprendía y que quizás lo quería por lo que era. A aquella con la cual bajaba sus defensas y dejaba caer esos muros que lo protegían.

A su propia Talia.

Y a cómo su egoísmo la alejó de él.

Otro trago.

Y otro más.

Podía sentir la mirada de su padre a través del salón de baile, probablemente juzgando su reciente adicción al alcohol. Como si le importara.

Prosiguió con la lentamente letal actividad, prefiriendo eso a que su corazón se reprimiera al observar lo que pudo haber tenido. Pero de repente la música cambió de acorde, comenzando ese ferviente tango que anunciaba la llegada de la reina.

Talia Al Ghul caminaba orgullosa hacia su hijo, vistiendo con sedas verdes y doradas que no hacían más que enmarcar su belleza que parecía acentuarse con los años. Con el cabello en libre cascada cayendo sobre sus hombros, hebras invadidas por leves hilos plateados. Talia se acercó a su heredero, saludando con un asentimiento de cabeza y ofreciéndole su mano.

Damian sabía que ella estaría presente, que su madre iría a esa boda en una forma muy leve de declarar la guerra al mismo tiempo que demostraba que ya no le interesaba el detective. Ella no estaba allí para interrumpir la ceremonia, no intentaba atacar o llevarse a su padre con ella. Talia había ido como una invitada de su hijo, estaba en ese lugar para marcar su presencia en lo que sería un sutil pero fuerte mensaje.

El detective se casaba con otra.

Y Talia estaba más fuerte que nunca.

Tanto Damian como su madre ignoraban las miradas curiosas y acusadoras de los invitados. En cambio entrelazaron sus cuerpos con la elegancia que los caracterizaba y comenzaron a bailar la tan recordada canción.

La conversación fluía libremente entre ellos, rememorando momentos ya olvidados de sus pasados. Antes de que la pesadilla comenzara, cuando Damian no era más que un niño de 4 años que bailaba con su madre en el centro de la habitación. Rieron levemente al recordarlo, sintiendo como en ese ínfimo instante cualquier resentimiento u odio se iba al carajo para simplemente dejarlos ser madre e hijo.

Los invitados murmuraban cosas incomprensibles a sus espaldas, aunque ellos ya se hacían una idea de los murmullos indiscretos. Un príncipe de nada y una reina rota compartían un baile, un momento que quedaría para siempre en sus memorias, justo como la primera vez que disfrutaron juntos esa canción.

Damian podía sentir la mirada gélida y añorante de su padre, así como el resentimiento y odio puro de la gata callejera. Pero fueron otros ojos los que le llamaron la atención verdaderamente.

A un salón de distancia y con decenas de personas entre ellos sus orbes se encontraron con los de ella. Amatista y esmeralda fusionandose en un baile mucho más íntimo y profundo que el que sostenía físicamente. Se miraban de frente, trensmitiendo todo y nada con el silencio y sus pupilas.

Este intercambio no pasó de largo para Talia.

Nada lo hacía.

Y no le hizo falta voltear para saber quién era aquella que tenía los ojos, la atención y el corazón de su hijo pues ya lo sabía y desde hace mucho. Talia podía ser despiadada, una asesina a sangre fría y tan fugaz y letal como una serpiente del desierto. Pero ella amaba a su hijo. Y aunque nunca lo dijera en voz alta, se sentía orgullosa de él.

Y mucho.

Más aún cuando él había tenido la valentía y fuerza que ella no tuvo al ir detrás de la mitad demonio.

Pero lo estropeó.

Por culpa de su legado.

Pero Talia sabía que Damian estaba más que consciente.

De que los Al Ghul siempre obtenían lo que deseaban.

Y...

De que los Wayne nunca se rendían...

Es por eso que ella nunca dijo nada al respecto, así como nunca admitirá en vida la tristeza que sintió cuando supo que su hijo se había alejado de la chica.

Talia no deseaba que Damian cometiera los mismos errores que ella y su padre, deseaba que su hijo pudiera ser Diferente. Que se tragara su orgullo e hiciera lo que ella no pudo nunca hacer.

Ir tras la persona amada.

Damian sintió su alma hundirse, y continuó de esa forma hasta que el tango cambió una vez más de acordes y unas fuertes manos decidieron intervenir en el baile.

Baila conmigo hasta el final del amor

Sintió a su madre atravesar con la mirada al intruso, pero él sabía mejor.

Su padre no merecía otra oportunidad, pero madre e hijo le darían este último baile. Un último pedazo de lo que pudo haber tenido de no haber sido por su egoísmo. Y para que una vez terminado dijera adiós a cualquier oportunidad y enfrentara las consecuencias de sus decisiones.

Damian se alejó elegantemente de sus padres, encontrando su camino a través de la multitud. Grayson intentó hablar con él, y Koriand'r tuvo que alcanzar a su esposo y padre de su hijo nonato para hacerle saber que el joven no deseaba compañía en estos momentos. O al menos no la de ellos.

Pupilas de esmeralda se encontraban ahora analizando el panorama, mirando con fascinación obscena la forma en la que las burbujas ascendían por el líquido dorado y ardiente. Pero justo en el momento en el que dejaría el dulce veneno entrar en su sistema una pálida mano cual luna lo arrebató de su alcanze.

No hizo falta levantar la vista, pero aún así lo hizo, dejando a sus propios ojos hundirse en los universos estrellados de amatista con toques de rubí y zafiro. Ojos tricolores que lo hacían sentir minúsculo e insignificante, como esas burbujas intentando no ahogarse en los venenosos mares que los rodeaban.

Así se sentía Damian cuando miraba a Raven a los ojos, cuando el silencio y la conexión de sus pupilas eran todo lo que necesitaban para ser ellos. Para dejar que el mundo exterior no existiera. Para olvidar la sangre, el horror, los problemas, los demonios, los pasados. Para ser simplemente un chico y una chica que se miraban a los ojos.

Pero Damian no deseaba ser un chico con esa chica. No deseaba mirarla a sus universos porque sentiría entonces la inminete necesidad de explicarse cuando no tenía ninguna explicación. De inventar una excusa que no serviría para nada. De hacer llegar a su cerebro algún razonamiento lógico cuando en realidad no existía tal cosa como la lógica cuando se encontraba con ella.

Porque Damian era un cobarde que la abandonó por miedo a lo que sentía.

Así que intentó volver a construir esas murallas, aquellas que ella misma había destruido desde la primera vez que sus almas se conectaron en lo que sería el comienzo de aquel baile tan hermoso como mortal. Cuando por primera vez escuchó esa voz que calmaria a los demonios y acusaria a los ángeles.

—No deberías estar haciendo esto. Te haces daño, Damian.

El mismo rostro inexpresivo de siempre lo enfrentó, pero ella nunca precisó externar nada con su perfecto rostro pues sus gemas púrpuras y su suave voz ya hacían todo el trabajo. Y los ojos y la voz de Raven perforaban su alma en una preocupación tan profunda que lo confundió.

¿Acaso no había sido él quien se alejó? ¿Por qué ella estaría preocupada por él? Si Damian no merecía su preocupación...

—Suenas como Grayson.

—En ese caso deberías escucharnos. El alcohol no te llevará a ninguna parte Damian. Ya lo sabes.

Él intentaba no mirarla, distraerse con las luces del salón, pero es que le era imposible porque Rachel en sí misma brillaba más que todos los candelabros del universo. Y dolía. Mucho.

—¿No deberías estar en San Francisco?

—No intentes desviar el tema... Damian... Sé que lo has escuchado muchas veces, pero te estás haciendo daño... y no vale la pena... Estoy consciente de que encuentras en el alcohol una vía de escape y que deberíamos estar agradecidos que que con la clase de vida que llevamos no seas dependiente a algo mucho más fuerte y letal... Pero no es así... Estás alejando a todos los que te quieren... Y nos preocupas... me preocupas... Y yo... yo no deseo verte destruirte a ti mismo lentamente...

Damian escuchaba las palabras atónito, hundiéndose en su voz y repitiendo mentalmente las sentencias. Él no dijo nada porque se olvidó de la existencia de su propia voz. La música dejó de existir porque la voz de Rachel era toda la melodia que sus oídos eran capaces de escuchar.

—No me gusta que finjas que todo está bien cuando claramente no es así... Me duele, Damian... Duele que me ignores como si nunca hubiésemos sido nosotros contra el mundo... Duele que actúes como que nada ha cambiado cuando todo ya es diferente... Duele que te desahogues con el alcohol cuando podrías hacerlo conmigo..., como en los viejos tiempos... Duele que ya no compartamos los sueños y que las pesadillas hayan vuelto a nosotros... Duele mucho, Damian... Duele porque te extraño... Y tú no haces nada para remediarlo...

Rachel no pudo hacer nada excepto darle la espalda y alejarse, robándole con ese acto cualquier razonamiento o pensamiento lógico que le quedara al chico. Ella lo necesitaba. Y él no estuvo allí para ella.

Estúpido.

Imbécil.

Cobarde.

Cobarde.

Cobarde, cobarde, ¡cobarde!

En furia agarró una vez más el tóxico vaso, pero justo cuando el líquido comenzaría a bajar recordó.

«Duele porque te extraño.»

La impotencia y la culpa se apoderaron de él, que detuvo el vaso al convencerse a sí mismo. No. Él no haría esto. No se haría más daño a sí mismo. No la heriria más a ella. Ya no más.

Dejó el vaso lentamente sobre la mesa, y como si de un efecto dominó se tratara, la música cambió de acordes. El que debía ser un vals luego del tango se convirtió en una leve y tierna melodia de piano. Una que hizo a los recuerdos florecer por su mente como un río sin cauce.

Cada acorde traía de vuelta las memorias de esa noche, cuando fue capaz de reunir todas sus fuerzas y poner de lado todas sus inseguridades. Fue con esa misma canción. Esa canción que ambos solían escuchar y cantar juntos durante sus noches de insomnio. Esa canción que él le dedicó a ella en un desesperado intento de confesar y sacar todos esos sentimientos prohibidos de su pecho. Esa canción que fue testigo de su unión de almas, de cuando dos labios se rozaron en lo que sería el susurro de un tímido e ínfimo beso.

Y es esa canción la que escuchaba ahora, la que le recordaba del sabor de sus labios contra los suyos, que lo hicieron buscarla con la vista a través del salón cuando comenzaron a emerger de la voz del cantante las primeras letras.

I don't know
Where I'm supposed to go
So I might just
Take my pride and go


Sus ojos se encontraron otra vez, siendo incapaz de reconocer las miles de emociones en las gemas amatistas . Emociones que estaba seguro que encontraría en caso de que se mirara al espejo. El mundo dejó de existir, quedando una vez más solamente un chico y una chica. Ambos rotos, ambos inseguros.

Su cuerpo comenzó a moverse sin su permiso, cuando su mente abandonó cualquier rastro de pensamiento lógico. Sus pies avanzaron lentamente, aplastando a su orgullo a cada tortuoso paso. Damian sabía que ya nada le importaba, debía decirle todo lo que nunca le dijo, debía comunicarle sus sentimientos aún si el silencio era el mensajero.

Some people, they know
Know everything
But I know that
They don't know my heart


Los murmullos no se hicieron esperar, cuando dos cuerpos de luna y canela se atraían como si de dos rotos imanes se trataran. Damian movía a la gente de su camino, sin separar la vista de la que le robaba el aliento y el sueño. Ignorando los susurros disidentes de la multitud, de ojos hipócritas que no los conocían. Que nunca podrían entender cómo dos almas corrompidas como las de ellos se pudieran completar de esa forma.

Cause I, oh yeah I,
Believe in love
And I hope I can show you
What I mean


No precisaron palabras pues sus ojos hablaban más que el silencio. Cuando el sonido de sus respiraciones y el compás de la música fueron todo lo que necesitaron para entrelazar sus cuerpos. El contacto no se hizo esperar, y aquella pareja de demonios incomprendidos se unió de una forma tan íntima y tan especial que nadie podía apartar sus ojos de ellos.

Manos juntas, una palma en el hombro y otra en la cintura, pies moviéndose juntos elegantemente. Parecían flotar sobre la pista de baile, envueltos el uno con el otro de una manera profunda y especial. Los ojos no se separaban, fusionandose en universos amatistas y mares de rejuvenecedoras esmeraldas.


And I don't believe that love's for me
So won't you come around
And prove me wrong

Las curiosas miradas los disfrazaban, curiosas y envidiosas del sentimiento profundo e inalcanzable del que ya todos añoraban la existencia. Maya y Colin observaban el espectáculo tomados de las manos, deseando algún día el alcanzar la pureza del sentimiento que apenas y comenzaba a surgir entre la latina y el pelirrojo.

Richard acariciaba la panza de su esposa, pensando para si mismo en un futuro en el que jóvenes de ojos esmeralda y amatista corrieran por la mansión llamándolo " tío". Hermanos y amigos por igual eran incapaces de apartar la vista, embelesados por la paz y libertad con la que dos seres tan atados y destruidos como aquellos se movían por el escenario en compañía del otro. Como si el mundo exterior no existiera.

Won't walk the world
Any different
And my path won't change until you
Make a wall and make me fall
And break me down

Talia observaba el momento, a su hijo bailando suavemente con la que sería su amor. Un amor que la asesina estaba cien por ciento segura de que no existía, pues ya la vida misma se había encargado de enseñarselo miles de veces. Pero ahora... Cuando en los ojos de su Amir se reflejaban los de la heredera del infierno de esa forma. Con un cariño tan profundo que su lastimado corazón ya no podía soportarlo.

El orgullo la invadía.

Y llena de orgullo le dio la espalda a la ceremonia, abandonando ese lugar con el recuerdo de la sonrisa de su hijo en su mente. Una memoria que llevaría consigo y que aclamaria el día en el que su alma se despidiera de su cuerpo en el frío susurro de la muerte.

Porque la felicidad de su pequeño Alejandro Magno significaba que cualquier decisión que ella haya tomado había sido la correcta. Porque habían conducido de alguna forma u otra a este momento.

Así que Talia sonrió.

Y abandonó todo resentimiento.

Toda culpa no expirada.

Toda explicación no dicha.

Para concentrarse en la sonrisa nunca antes vista de su hijo.

En la misma sonrisa que ella le regaló al detective hacia ya más de 20 años.

I don't know, I don't know
If I wrote this song in vain
In vain


Bruce la vio irse de la misma forma en la que entró, caminando firmemente con la cabeza en alto. Pero su mente no podía concentrarse en Talia o en la familia que pudo haber tenido, porque de ser así no estaba seguro de poder resistir el urge de correr tras de ella como debió haberlo hecho durante hacía tanto tiempo.

Pero en cambio miró a Damian, que bailaba suavemente con esa joven a la que había tratado tan mal durante tanto tiempo sin ninguna razón. ¿Podrían culparlo? Estaba asustado. Asustado de que su hijo ya no era más un niño. Asustado de que lo abandonara en busca de una demonio que podría romperle el corazón en un segundo.

Pero Bruce se dio cuenta.

De que Damian había cometido los mismos errores que él con su madre.

Y pudo ver con sus propios ojos el mal que le hizo a su hijo la distancia de la demonio. Distancia que él había impuesto en cobardía y confusión. Distancia que le traía una infinidad de deja vu's.

Y es que Bruce había cometido infinitos errores, y ninguna excusa le serviría de nada. Pero ahora su hijo parecía feliz y completo, y él no podía entrometerse. Ya no más.

I, oh yeah I
Believe in love
And I hope I can show you
What I mean

Los pies marcaban el territorio, convirtiendo el salón de baile en su propio paraíso. Disfrazando los murmullos y los demonios a simples sombras destruidas por su luz. Corazones errantes y sonrisas tontas, sinceras miradas hundidas en la infinidad de ojos ajenos y a la vez propios.

Los suspiros llenaron el lugar que quedó en silencio al presenciar la unión de dos aves que intentaban arreglarse entre ellas. Sostenerse unas de otras para quizás de esa forma no caer en el olvido. Lágrimas fluyeron entre el público sin razón alguna cuando en la intimidad más pura sus frentes se unieron lentamente.

El baile aminoro junto con el ritmo, el compás cambiaba lentamente y sus respiraciones se convertían en una sola. Damian dijo todas sus excusas con su piel y sus suspiros, y Raven le perdonó todo con una mirada. Sus alas se fundian al mismo ritmo del piano y la voz, fusionando sus almas de una forma en la que ni el mismo Dios inexistente podría separarlas.

And I don't believe that
Love's for me
So won't you come around
And prove me wrong

Corazones disidentes al compás de un sentimiento rebelde. De las emociones provenientes de los que no se les permitía sentir. De aquellos para los que el amor no podía ser más que una palabra, una abstracción imposible de alcanzar. Una prohibición. Un pecado.

Pero llegaron a encontrarse en el infierno hace tantos años ya. Cuando sus miradas se cruzaron por primera vez. Y cuando por primera vez sintieron sus corazones latir en algo más que la simple función de bombear negra y manchada sangre.

Ambos se habían encontrado.

Se habían mostrado el uno al otro y sin saberlo que el amor no estaba prohibido.

Habían encontrado la libertad en el otro.

You don't know me
And I don't know you
Tell me why should I
Do all......

Y ahora allí se encontraban, extraños en sus respectivos mundos, almas incomprendidas y destrozadas que se encontraron por azares del destino. Dos caras de la misma moneda. Ambos demonios. Ambos aves. Ambos rotos. Ambos bailando al ritmo de la melodia.

El mundo dejó de existir para convertirse en nada más que una ilusión vana. En destellos de luces que parecían opacas pues cada uno brillaba más que el otro. La distancia disminuía al mismo compás del piano, cuando los acordes se volvieron más tiernos e ínfimos, cuando sus cuerpos se volvieron uno.

Cuando sus labios encontraron su camino en el otro.

La promesa se selló en ese acto.

No se volverían a separar.

Nunca.

Se quedarían en la compañía del otro hasta el final de sus días.

Despertarían por las mañanas solamente para observar la sonrisa sincera de su acompañante.

Para esperar a que la noche cayera y volver a unir sus almas al mismo tiempo que sus labios.

Y cada vez que cada uno pensara que no merecían tal cosa como el amor.

El otro les demostraría que estaban equivocados.


So won't you come around
And prove me wrong

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