Esto es...caer.
Amo la música, amo las letras, amo bailar y amo cantar aunque no sea bueno.
Me gusta perderme en cualquier cosa, como cuando miro por la ventana mientras escucho música y empiezo pensando una cosa para terminar pensando en otra totalmente diferente.
Tampoco soy un artista pero suelo garabatear en cualquier hoja y transformarla en algo que tenga un poco de sentido para mí o suelo llevar una libreta y un bolígrafo para anotar las ideas que me vengan a la mente y transcribirlas cuando llegue a casa, una casa fría.
Recuerdo que solía hablar de lo que fuera con mi pequeño grupo de amigos, me reía y me emocionaba. Era feliz.
Hacia bromas, las recibía y aunque luego me costaba entender las de doble sentido, me divertía.
Me unía a las pláticas, a las risas, a la gente. Solía unirme a ellos.
Enviaba mensajes con caritas del teclado, imágenes que consideraba graciosas, pedacitos grabados de canciones que me gustaban, mandaba fragmentos de mis composiciones y podía pasarme horas hablando de música.
Solía mirar a las personas, a los chicos que consideraba atractivos e imaginarme que pasaría si tuviera una oportunidad. Solía ilusionarme enamorarme.
¿Desde cuándo todo eso cambio? ¿Desde cuando deje de tocar la guitarra? ¿Desde cuándo empecé a apartarme de la gente? ¿Cuándo deje de sentirme bien?
Tal vez mi casa fría tuvo mucho que ver, tal vez la pesadez que se volvió metal ardiente me hirió demasiado y las cicatrices me cubrieron la piel. Tal vez un corazón roto tuvo que ver, tal vez se rompió y no hubo pegamento correcto que pudiera arreglarlo. Tal vez fue ese pensamiento de basura que siempre existió en mi mente pero que dejo de ser débil para ser un gigante. Quizás fue mi propia debilidad lo que permitió que los días empezaran a perder el color hasta que no recordé de qué color era el mundo.
Me sentí feo, insuficiente, remplazable, un error y una basura. La música sonaba cada día pero deje de ilusionarme con ella, deje de crearla y compartirla; las letras se volvieron simplemente letras y perdieron su fuerza; las lágrimas se volvieron más pesadas como para aguantarlas y mi pecho quemaba de dolor por intentar soportarlo.
Deje de ser buen estudiante, buen amigo, buen vecino y buen hijo. Me volví un ser demasiado sensible y lleno de una inseguridad que siempre estuvo ahí. Las buenas notas, se volvieron medias notas; las risas disminuyeron y deje de escuchar; ya no sonreirá a los vecinos o caminaba por las pasillos con fuerza; deje de intentar recibir afecto y preferí dejar que la casa fría se volviera Alaska.
Ya no me ilusionaba contestar mensajes, unirme a charlas o iniciarlas; me empecé a sentir no necesario en cada una de ellas y hasta llegaba a las lágrimas porque no me entendía. Los temas solían gustarme pero después, cuando menos me di cuenta, los sentí ajenos.
Me quedaba en la cama, acostado o recargado en la pared sin moverme por horas porque no tenía ganas y eso que antes solía gustarme estar en el pasto. Pero no podía dormir.
Deje de comer porque no tenía hambre o ganas para intentar comer. No me importo adelgazar cada semana o las consecuencias en alguien con facilidad a adelgazar. Me sentía sin ganas.
Deje de sentirme emocionado por reunirme con los demás, de convivir o de sentir felicidad con ellos. Ya no quería salir.
Quise pensar que solo era una mala racha, que eran malos días y que pasaría. Cuando pasaron semanas que se convirtieron en meses, me acostumbre a vivir así. Los días se hicieron iguales, pesados.
Las cosas que les gustaban a mis amigos y las personas que quería, se volvieron indiferentes a mí y solo me hizo sentir aun peor, porque no encajaba con ellos. Tan diferentes.
Se volvió común querer estar solo y no responder nada para que con el tiempo, se volviera costumbre mi alejamiento y no tener que responder preguntas.
Las cosas dejaron de tener sentido para mi aunque intentara retomarlo.
Empecé a obligarme a levantarme cada día. Fume, tome, me enrolle con otros chicos pero nada pareció regresarme a la normalidad.
Mirar el espejo y practicar sonrisas fue lo que más hacia después de estar en la cama. Mirar la felicidad de otros, incluidos mis amigos, me hizo doler el pecho porque no se merecían perderla por mí.
Deje de bailar y las veces en las que caí al suelo por intentarlo de nuevo, superaron el número de todos mis dedos.
Mi casa fría, se volvió fácil de soportar porque el dolor no se fue. Y mi corazón, siguió roto.
¿Estoy muriendo? Porque parece que enferme de algo que me quita todo.
¿Puedo quedarme en la cama todos los días? No quiero levantarme.
¿Qué hago para desaparecer? Soy una carga.
¿Dónde puedo encontrar la fórmula para dormir por cien años? O mejor aún, siempre.
¿Puedo descansar ahora? Estoy... agotado. Y creo que aún falta mucho por explicar, porque no se darle nombre a todo lo que siento.
Esto es... depresión y yo, YiXing.
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Super sad.
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