Una mala racha.
Leeros la novela que a empezado el gemelier boy mas guapo cristian_oviedom, esta súper chula.😻😻😻😻😻😻
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Ann y yo nos quedamos mirando la gran cristalera blanca del aeropuerto entre lágrimas.
Como el gran avión donde van los gemelos despega y desaparece.
-Un mes.-suspira mi amiga,quitándose las lagrimas.-Diana.
Me giro para mirarla y le doy paso a hablar.
-¿Tu crees que nos van a olvidar?-pregunta con miedo.
-No.-sonrío un poco, quitándome también las lagrimas.-En un mes no se olvida a alguien fácilmente.
-Pero pueden pasar cosas.
-Ya.-la miro y la abrazo.-Pero nos quieren, y si pasan cosas, cuando vuelvan, todo se arreglará.
-¿Y si se enrollan con una Mexicana?-bromea.
-No creo que lo hagan, parecen que no hayan evolucionado aun las pavas.-río.-Y vamos, ya es tarde.
*Narrador en tercera persona.*
Los gemelos tienen la vista clavada en la ventanilla del avión y su madre lo nota.
-¿Que os pasa?-se preocupa la mujer.
-Yo ya quiero volver.-suspira Dani.
-Es un mes, mama.-contesta Jesus, dolido.
A estos hermanos nunca les había costado tanto despedirse de alguien.
Porque a ellas las quieren.
Las quieren de verdad.
-Ser positivos.-anima Eva.-Un mes se pasa muy rápido.
-No si ellas no están con nosotros.-argumenta Dani, sin apartar la vista de la ventana.
Viendo como dejan atrás España, y sobre todo, como deja atrás a su chica.
Se gira para mirar a su hermano, que esta igual o peor que él.
Le da un suave golpe en la espalda e intenta sonreír.
-Venga.-suspira.-Hay que disfrutar.
-Pero sabes tan bien como yo que van a estar todo el rato presentes.-tensa la mandíbula.-Además, no vamos a poder hablar casi, te recuerdo que cambia el uso horario.
-No me lo recuerdes.-hace una mueca de dolor.-Pero.... nos quieren, ¿verdad?
-Claro que nos quieren.-apunta Jesus, abrazándolo.-Nos quieren mucho, y por eso vamos a superar esto.
*Narra Diana.*
Ann se tira en mi cama y mira el techo, mientras yo busco los patines en el armario.
-Tengo ganas de hablar ya con el.-susurra mi amiga.
-No han pasado ni diez minutos desde que hemos llegado del aeropuerto, Ann.-sonrío un poco.-Pero yo también me muero por hablar otra vez con Dani.
-¿Puedo acompañarte a entrenar?-pregunta.
-Claro.-sonrío.-Por cierto, tienes que ayudarme a elegir la canción del solo.
Se levanta y coge mi portátil, teclea varias letras y se mete en YouTube.
-¿Tiene que ser lenta o movida?-intenta sonreír.
-Da igual.-me acomodo a su lado.
-¿No hay nadie como tú?-propone.
-Demasiado movida.-sonrío.-Me caeré.
-Mi única verdad.-apunta.-Esta.
Sonrío al escuchar el principio de la canción.
La voz de los gemelos inunda mi habitación y nos quedamos las dos en silencio, escuchando.
Ann me abraza muy fuerte.
Es inexplicable lo que los queremos.
Nunca nos había pasado nada igual.
Y duele, duele echar de menos a alguien de quien estas enamorada.
Y lo peor de todo es que solo han pasado quince minutos.
Imaginaros en un mes.
Nos va a dar algo.
-Venga, tenemos que irnos.-le tiendo la mano.-Supongo que me pondrán sola para ensayar el solo y quiero que me ayudes.
-Claro tonta.-me abraza.-Vamos.
....
-Repite eso.-pido, ahogando un suspiro.
-Que la competición es dentro de una semana.-vuelve a decirme Juan, preguntándose si podré hacer el solo.
Me alejo de el y voy de nuevo hasta Ann, que ha estado mirando pasos en internet para incorporarlos a la coreografía.
Levanta la vista y me mira extrañada.
Debo de llevar una cara un poco preocupante.
-¿Y esa cara?-se acerca mi amiga.-Parece que acabes de chupar un limón.
-La competición es la semana que viene.-me siento en el banco, intentando que no se me note el disgusto.
-No te preocupes, ya casi lo tenemos, te saldrá genial.-intenta animarme.
-No es eso.-miro el suelo.-Dani me prometió que estaría en mi primera competición.
Ann se sienta a mi lado y me observa detenidamente.
-Pues díselo.-susurra.-A lo mejor viene.
-No quiero estropearle el viaje.-suspiro.-No le diré nada, iré a competir y haré todo lo que pueda.-me chupo los labios.-Yo puedo.
-Venga.-me levanta Ann.-Yo había pensado en el estribillo que hicieras la vuelta así y...
....
Conecto corriendo el portátil y enciendo el Skype.
Dani está conectado y al segundo ya me esta llamando.
-¡Mi niña!-grita en la otra línea.-Como te echo de menos.
Tiene cara de adormilado.
Sonrío tristemente y toco la pantalla.
-¿Que hora es allí?-me muerdo el labio.
-Las cuatro de la mañana.-sonríe.-¿Allí las diez, no?
-Si.-suspiro.-Enseguida iré a cenar.
-A ti te pasa algo.-me acusa, mirándome fijamente.
-Te echo de menos.-suspiro.
-A parte de eso, te pasa algo.-susurra.
-No es nada, enserio.-miento.-Solo estoy cansada.
-Bueno, te quiero, eh.
Sonrío tiernamente y acaricio su imagen reflejada en la pantalla
-Yo también te quiero.-susurro.-mucho.
-Eh.-sonríe.-Te tengo en mi mente a cada segundo.
-Tengo que irme.-le lanzo un beso.-Te quiero muchísimo, recuérdalo.
Y cuelgo la llamada.
Me quedo en la cama mirando el techo.
Y los días comienzan a pasar.
Cada día lo echo mas de menos, aunque el patinaje me distrae un poco.
Hablamos todas las mañanas y todas las noches y siempre me hace llorar.
Porque joder, me habla de nosotros, y al no verlo aquí a mi lado me derrumbo.
Porque es mi puto apoyo en este mundo de mierda, y no quería, pero lo necesito.
Lo necesito tanto que me duele.
"Van a querer hundirte como al Titanic, pero tu serás el puto iceberg que los hunda con tu sonrisa."- me dice.
Pero lo que no sabe es que la sonrisa no aparece si el no esta.
Y es que no lo entiendo.
Hace días que no me reconozco.
Ha vuelto a mi esta maldita sensación de no servir para nada. Inútil. Torpe. Fracasos que traen decepciones. Si me fallo a mi misma, ¿cómo pretendo que no lo hagan los demás? No tiene sentido. Nada de esto lo tiene y estoy cansada.
Si, cansada. Estoy harta de ver como personas por las que daría todo están mal y no soy capaz de sacarles la mínima sonrisa. Me siento inútil, porque nunca seré lo suficientemente buena, guapa, delgada, lista o hábil. Jamás podré ser quién quiero ser. Kurt Cobain decía que, desear ser otra persona es un desperdicio de la persona que eres. Y tiene razón. Soy un desperdicio. Mi vida entera lo es por el simple hecho de no valorarme, de desear siempre más. Mis días se basan en intentar llegar a una perfección qué, aunque existiera, jamás estaría a su altura. No pretendo dar pena, no pretendo ser una puta negativa deprimida. No, porque esa no soy yo, por eso odio esta sensación de angustia. "Sólo son un par de días malos", me repito. Una mala racha, supongo.
Y es cuando me doy cuenta que lo único que tengo es miedo.
Miedo de que este mes me cambie por una chica perfecta.
De que me cambie por alguien mejor, porque se que yo no podré conseguir a nadie mejor que el, y tampoco quiero.
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