Caítulo ocho
Valeria
— ¿Cuánto tiempo llevas con tu novio? — cuestiono después de que me haya explicado la historia de como lo conoció.
Estoy hablando con Eduardo, el camarero del que me he hecho amiga. No me estaba divirtiendo mucho en la piscina viendo a todo el mundo comiéndose las bocas y pues me he quedado hablando con él.
Por lo que me ha dicho tiene novio y se llama David y están bastante bien.
Dice que en una semana lo volverá a ver ya que se ha ido de vacaciones y está deseando verle.
Yo echo de menos a Adam.
Mentira.
— Un año y medio — contesta a mi pregunta y luego atiende a la chica borracha que tengo al lado.
Aquí la gente es muy joven y por el hecho de que la fiesta sea privada tienen alcohol y la mayor parte de los menores esta bebiendo.
— ¿Por qué no bebes alcohol? — me pregunta Eddie, así es su apodo.
— No me gusta el sabor que tiene en general — respondo encogiéndome de hombros — Además que mi novio y yo no solemos beber mucho.
— ¿El chico de antes? — cuestiona soltando una sonrisa y yo ruedo los ojos.
Le he dicho antes que no pero sigue chinchándome con ello.
— Jesús y yo fuimos amigos — anuncio rodando los ojos apoyando los codos en la barra — Pero ya no y no tengo intención de volver a serlo.
— ¿Corazón roto eh? — dice dejando otro San Francisco delante de mi.
— Algo parecido — digo frunciendo en ceño llevándome la copa a la boca.
Seguimos hablando de temas variados hasta que alguien nos interrumpe.
— Val — la voz de Dani hace que ruede los ojos y gire mi taburete para mirarle.
— Daniel — suspiro al verle junto con su hermano — Jesús.
Este último está con una sonrisa bien amplia y con otro vaso en la mano que por lo que puedo apreciar está lleno.
— ¿Te puedo pedir un favor? — cuestiona Daniel y yo niego con la cabeza girándome para darle un sorbo a mi San Francisco.
— Valeria me apetece mazo echar un buen polvo con una rubia que me esta esperando en la piscina — confiesa y hago una mueca de asco por el simple hecho de que me importa entre poco y nada su vida y necesidad sexual — Y Jesús esta demasiado borracho para andar solo por un barco.
— ¿Por qué coño ha bebido tanto? — cuestiono mirándole bastante enfada.
— Yo qué sé, Jesús bebe como si no hubiese un mañana si le pasa algo — informa para después soltar un suspiro — Encárgate de él, te recompensaré.
Dicho esto suelta a Jesús empujándolo hacia mi dirección y se agarra a mi dándome un abrazo.
— Hueles a piña guapa — susurra a mi oído pasando una mano por mi pelo.
Intento dejar el cóctel el la barra pero esto hace que Jesús junte su frente con la mía.
— Siempre has tenido un rostro hermoso — pasa una mano por mi mejilla y yo aparto mi cara asqueada.
Dejo el cóctel en la barra y le pregunto a Eddie que calle he de decir para coger un taxi para después saludarle con la mano mientras Jesús pasa su brazo por mi cintura. Antes de que me aleje de Eduardo me da un papel que guardo en mi bolsillo trasero del pantalón.
— Llámame — dice sonriente y yo le devuelvo la sonrisa mientras cojo a Jesús del brazo para que me siga.
— Tiene novio — le grita Jesús arrastrando las palabras — Ponte a la cola como todos pringado.
Ruedo los ojos y salimos del bar para después salir del yate.
Gracias a Dios la vuelta por el mar la hemos dado antes justo cuando hemos llegado y ahora volvemos a estar en la orilla.
Caminamos por la playa para llegar al paseo y así poder llamar a un taxi pero el Oviedo mayor no me hace ni caso.
— Valeria — susurra y noto como se deshace de mi agarre y se tira en la arena — Ven aquí.
— Tenemos que volver a casa ya — mascullo sacando mi móvil para llamar a un taxi.
Muerto.
Perfecto.
— Dame tu móvil — le ordeno y este intentado sacarlo de su bolsillo y empieza a reírse por estar tan torpe.
Madre del amor hermoso.
Cuando consigue sacarlo me lo da y lo cojo.
— La contraseña.
— Yo sin ti no vuelvo enamorarme bebé — canturrea y yo me llevo una mano a la cabeza.
— Jesús por favor.
— Dani — farfulla intentando levantarse — Esa es la contraseña sargento.
Desbloqueo el movil y tecleo el numero para que venga a buscarnos un taxi.
[...]
Acabamos de llegar a la casa de los gemelos y estamos en la entrada sin saber por donde entrar.
Llegamos tarde mas tarde de lo que deberíamos estar pero si entramos sigilosamente nadie se dará cuenta.
— Cojamos el ascensor — murmura y yo alzo una ceja — Está al otro lado de la habitación de nuestros padres no nos oirrán — alarga demasiado la "r" y yo arrugo la nariz.
— ¿Un ascensor dentro de casa? — cuestiono indignada — Sois tan vagos para mover vuestro culo por unas escaleras ¿En serio?
— Creo que voy a vomitar — susurra y yo abro los ojos como platos — Llévame a ese banco.
Con una mueca de asco lo llevo hasta el pequeño banco y se sienta y yo me siento al lado suyo.
No tarda mucho en vomitar todo y más y yo solo quiero irme a dormir.
Se queda un rato respirando ondo y se mete un chicle en la boca.
— Vamos — dice cogiéndome de la mano y nos dirigimos hacia la entrada del ascensor y él camina de lado a lado cual borracho.
Mientras esperamos me suelto de su mano y paso mi mano por su espalda.
Entramos en el ascensor y cierra la puerta y pica la tercera planta. Se agarra a las paredes y cierra los ojos.
— Lo que haría en un ascensor Diooooos — anuncia apenado.
Trago saliva haciendo una mueca de asco y este me mira alzando una ceja.
— No va por ti querrrida.
— Tampoco esperaba que dijeses nada querido — respondo sin mirarle.
— Pero te aseguro que contigo donde quieras y cuando quieras mi nena — se acerca a mí dando tumbos y lo agarro de los hombros para que no se caiga.
Las puertas del ascensor llevan un rato abiertas así que cojo al Oviedo mayor y lo arrastro conmigo.
— ¿Puedo dorrrrrrmir contigo? — cuestiona caminando hacia las habitaciones y yo niego con la cabeza.
No me hace mucho caso ya que a la primera puerta que llegamos es en la entramos y donde Jesús se estira.
— ¿Me ayudas? — cuestiona sentándose en la cama y yo ruedo los ojos.
Se va a quedar a dormir en mi cama y en cima he de ayudarle.
Hazlo por tus ganas de dormir y verle desnudo.
Le ayudo a quitarse los zapatos y después me arrodillo para quitarle la camiseta.
Los abdominales se le marcan y creo que he empezado a babear.
Menos mal que no se acordará de nada mañana y que Adam no está aquí.
Dios Adam.
— El cinturón — me ordena y yo le miro frunciendo el ceño — Por favor.
Se lo desato con cuidado y este me coge las manos y me mira a los ojos.
Me está intimidando.
— Gracias — anuncia entrecerrando los ojos y agarrando mas fuerte mis manos.
Se las lleva a los labios y me las besa.
— Ya — pronuncio deshaciéndome de su agarre.
Se saca los pantalones y me mira fijamente.
Tiene el pelo despeinado y eso lo hace las atractivo.
— Duérmete — pronuncio seria y este se estira en el cama pero sigue mirándome.
¿Esta en boxers medio desnudo, con el pelo despeinado y lo único que se te ocurre es decirle que se vaya a dormir? Tu tienes un gran problemas.
Me acerco a la cama y cojo un par de cojines y los tiro al suelo.
— Puedo dormir yo en el suelo — dice intentando levantarse.
— Cállate ya, que no puedes ni andar — le ordeno y este rueda los ojos.
Apaga la luz y me quedo a oscuras. Me estiro en la alfombra que hay a los pies de la cama con los cojines y cierro los ojos para intenta conciliar el sueño.
Ha sido una noche intensa.
***
¡Hey Laddiesss!
He decidido subir un capítulo por semana porque sé que estoy siendo muy inactiva.
Lo subiré los lunes (si llegan los votos y los comentarios jejeje) aunque no estoy segura de la hora por el echo de que estoy en Estados Unidos así que eso.
Me gustaría que votaseis (también los lectores fantasmas🌚) y comentaseis que os parece.
De verdad, voy a ser sincera y puedo parecer superficial pero los votos y los comentarios me animan y motivan a seguir escribiendo porque veo que os gusta y o no os gusta y puedo mejorar.
Así que por favor, votar y comentar.
⭐️ y 💬
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