¿Me puedo quedar contigo esta noche?
La soledad de una noche tan fría como aquella, sólo lo hacía disfrutar más de su taza de humeante café.
Timothy bebía tranquilo de esa última porción de bebida. Soplaba sobre la superficie de su tapa; nada más en ese instante le llamaba la atención. Se deleitaba con la vista urbana y el viento sobre su cara. El ruido ambiental ya le era común y no estropeaba su tranquilidad. Sin embargo, a punto estuvo de beber su última porción, cuando un cuerpo azotó frente a sí sin mayores miramientos. Timothy se sobresaltó y terminó derramando su café y el termo.
-¡¿Qué rayos?! –Expresó algo azorado, levantándose en el proceso-. ¿Qu...? –Se quedó con las palabras a mitad del camino y más en cuanto vio de qué se trataba ese repentino alboroto-. ¿Ja-Jason...? –Inquirió viendo la figura familiar que se levantaba de mala gana frente a él-.
-Ho-hola... -Saludó el renegado mientras malograba ponerse de pie entre tambaleos-.
-¿Qué demonios, Jason? ¿Qué te pasó? –Interrogó Timothy nada más ver lo herido y lo maltrecho que lucía el exmercenario-.
-No lo vas a creer... pero salté de un camión en movimiento justo antes de que estallara... Y la explosión me aventó aún más lejos... -Respondió riendo y quejándose al tratar de erguir la espalda-. Y caí en una pequeña barranquita... que al final, no resultó ser tan pequeña... -Corrigió trastabillando, atorándose de la altura de la cornisa para no volver a caer-.
Timothy volteó los ojos suspirando y resignándose al precario estado que Jason presentaba.
-Vaya... Y el motivo de tu visita es porque... –Musitó Tim acercándose a él-.
-Pues... Esperaba, no sé... Que me invitaras a tomar un trago... en tu casa... -Dice riendo tímidamente-.
Tim sonrió al escucharlo.
-Sí, eso suponía... -Aclaró yendo hacia Jason, tomándole el brazo para servirle de apoyo-.
-Gracias... -Le mencionó recargándose por completo en Timothy, aprovechándose un poco de su amabilidad-.
Tardaron un poco en llegar a aquel apartamento citadino. Una base ideal para darse un respiro en caso de caer en alguna situación como en las que a Jason le gustaba acarrear.
-Creí que iríamos a tu casa... -Mencionó Jason quejándose un poco-.
-Ésta es mi casa.
-No... Éste es uno de los tantos parteaguas que Bruce tiene por toda la ciudad...
-Pues no... Me adueñé de este lugar desde el año pasado, así que ahora es mío. Además yo lo limpio y lo cuido, así que es mío...
-Si tú lo dices... -Musitó Jason entre rengueos mientras bajaban clandestinamente por la escalera de incendios-.
-Sólo que esta vez, te quedas en tu propia cama. No quiero que me busques como en los viejos tiempos. –Dijo Tim abriendo la ventana correspondiente a su piso-.
-¿Qué? ¿Qué viejos tiempos?
-Ya sabes... Aquellos dónde siempre venías conmigo porque en tus casos terminabas como muñeco de pruebas.
-¿Qué? Yo nunca he hecho eso.
-Claro que sí. Lo haces casi desde que nos conocemos. Siempre ibas de llorón cuando Alfred terminaba de curarte. Te escabullías en mi cuarto y con tu vocecita me preguntabas: ¿Me puedo quedar contigo esta noche? Lo hiciste como tres o cuatro veces.
-¿Qué? No... -Contestó riendo, atravesando la ventana con ayuda de Timothy-. Yo nunca hice eso.
-Sí, sabía que jamás lo admitirías... Al día siguiente ya no estabas conmigo. Y siempre te hiciste el loco cuando te comentaba sobre esto.
-Tim, alucinas. Yo nunca hice eso.
Timothy negó sonriendo, adrede soltando a Jason para que cayera sobre el suelo del apartamento. El mayor gruñó en consecuencia, pero sólo logró que ambos se soltaran a reír.
La madrugada llegó entonces. Timothy había acomodado a Jason en una de las habitaciones y ahora guardaba cuidadosamente los insumos médicos mientras escuchaba la tragicomedia que había llevado a Jason a ese camión que estalló.
-Y cuando desperté, descubrí que dormía entre los arbustos... -Declaró Jason entre suspiros y risas-.
-Cielos... Debiste llamarnos. Yo habría ido. –Contestó Timothy ya dispuesto a salir del cuarto-.
-Bueno... No quería molestar. Y yo sinceramente pensé que podría volver a casa solo, pero cuando vomité sangre, creo que me di cuenta que sí necesitaba ayuda; así que busqué al petirrojo más cercano; que resultó ser tú....
-Y decidiste, literalmente, caer en el lugar...
Sonrió Jason asintiendo el comentario.
Timothy suspiró negando con la cabeza.
-Como sea... -Expresó el menor apagando la luz y saliendo-. Ya duérmete... -Le indicó cerrando la puerta tras de sí cuando abandonó la habitación-.
Timothy entonces se retiró a su propia pieza. Se duchó, se abrigó y se metió a la cama desde donde apagó las luces.
En cuestión de segundos, se acomodó y el silencio abordó todo el apartamento.
Quizás unos minutos pasaron. Para esos momentos, Timothy ya estaba más derrumbado en su sueño que en cualquiera de sus otras preocupaciones.
Su respiración calmada denotaba su descanso. No se movía salvo su pecho que se alzaba al aspirar. No había algún ruido ambiental o alguna molestia que lo perturbara. Pero fue esa misma serenidad la que le permitió al petirrojo percatar ciertos pasos que se acercaban a su cama.
-¿Vas a decir lo tuyo...? –Inquiere Timothy sin abrir los ojos, ya bastante somnoliento-.
-¿Me puedo quedar contigo esta noche? –Oyó aquella vocecita chillona-.
-Sí, lo que digas, pero ya no molestes... -Indicó Timothy, sonriente por caer en cuenta que nuevamente tenía razón y vería a Jason dormir junto a él-.
Aquellas palabras fueron luz verde para que Timothy se acomodara y diera paso al intruso de sus sábanas, quien se acercó lentamente a la cama y comenzó a subirse. Tim aguardó lo suficiente calculando el espacio mientras se volteaba para darle la espalda al recién llegado.
Más preocupado por retomar su sueño que realmente portarse como una compañía de cuarto, Timothy no atendió aquella presencia que se amoldó gentilmente junto a él.
Sintiendo su silueta calentita, Timothy se concedió un capricho y no se hizo más del rogar; se arrimó entonces al cuerpo de su acompañante y volvió a girarse, descubriéndolo entonces bajo las mantas. Timothy sonrió al verlo jugar de ese modo, por lo que se aproximó lo suficiente sólo para pasar su brazo por encima acercándolo más y más hasta resguardar ambas cabezas en la misma almohada.
Ya reacoplados, Timothy volvió a cerrar sus ojos.
Como el resto de las noches desde que el otoño había entrado, esa madrugada no se salvó de la torrencial lluvia que arribó para golpear los ventanales. Aquel ruido a veces relajante y a veces inoportuno, esa noche llegó para arrebatarle momentáneamente el sueño a Timothy. El muchacho abrió los ojos sólo un instante, y lo justo para enterarse del clima y sus consecuencias. Por supuesto, inercialmente advirtió a su almohada humana, a quien conservaba todavía bajo su brazo.
Le vio la nuca y no se preguntó por más.
Sin embargo, al cerrar de nuevo sus ojos, un ruido seco lo hizo reagrupar sus sentidos.
-¿Qu...? –Se inquirió tratando de visualizar la razón de aquel sonido repentino-.
Aguardó pacientemente y cuando creyó que quizá habría sido su imaginación, nuevamente volvió a escuchar cierto ajetreo.
-En la cocina... -Susurró mientras se levantaba sigilosamente, tratando de no mover o despertar al otro-.
Abandonó así la cama, asegurándose que su acompañante siguiera durmiendo plácidamente.
Asintió confiado y con cautela, recorrió la habitación tomando un bate que conservaba atrás de la puerta. Se puso en guardia mientras la abría. Justo antes de salir, echó un último vistazo la cama, observando que no hubiese habido algún cambio.
Entonces, sigiloso y ágil, cruzó el pasillo acercándose a la cocina. Entre más se aproximaba, descubría que los ruidos tenían un autor físico y tangible; uno que se movía en dos piernas y rondaba la cocina con la luz encendida.
"¿Qué demonios?" Se preguntó en tanto sus pies lo guiaban a la puerta de la cocina. Llevaba el arma de madera por delante, por lo que no debió preocuparse de no poder hacer frente al intruso.
Concentradamente, se alistó para sorprender al criminal. Atoró los talones en el suelo y se apresuró a llegar a la cocina.
-¡Alto ahí! –Gritó fuerte y amenazante, asustando irrefutablemente al extraño, quien en su flagrancia soltó el sartén que sostenía-.
-¡¿Qué rayos?! –Exclamó Jason sobresaltado-. ¡Tim, ¿qué demonios?! ¡Casi me da un infarto!
-¡¿Qué?! ¡¿Jason?! ¡¿Qué maldita sea haces aquí?! ¡¿Qué clase de broma es esta?! –Inquirió Tim bastante confundido-.
-¡¿Broma?! ¡¿Cuál broma?! ¡Tú eres el que está haciendo cosas tontas! ¡¿Por qué me asustas así?!
-¡No, pero...! ¡¿Qué?! ¡¿Qué demonios?! ¡¿Cómo hiciste eso?! –Le reclamó entrando a la cocina-. ¡¿O eres un impostor?!
-¡¿Qué?! ¡¿Hacer qué?! Vine a cocinarme algo de comer. ¿Eso es un crimen? ¿Y de qué impostores hablas?
Timothy ya no dijo nada. Justo se acercó a observarlo mejor, a analizarlo, a indagar su figura, viendo de cerca cada uno de los vendajes que le hizo y las curaciones que le dio.
-¿Pero qué demonios? ¡Sí eres tú! –Exclamó bastante embrollado-.
-¡¿Qué?! ¡Claro que soy yo! ¡¿Qué te pasa?! –Contestó Jason igual de turbado-.
-Es que... Tú... en la habitación y... yo... pues... -Tartamudeaba mientras señalaba su cuarto y retrocedía hacia la puerta-.
-¿Qué?
-Que tú... pues...
-¡Yo ¿qué?! –Insistió Jason algo impaciente-.
-Pues... tú... Tú estabas durmiendo junto a mí... ¡Dormías a un lado!
-¡¿Qué?!
-¡Que dormías a un lado! –Repitió alejándose, trastabillando incluso para volver rápidamente a su habitación-. ¡Incluso estaba abrazándote!
-¡¿Qué?! ¡¿Quién?! ¿¡Yo?! ¡¿Dormir contigo?! –Preguntó reiterando si había comprendido bien-.
-¡Sí, tú! –Respondió Timothy desde el pasillo-.
Jason se rascó la cabeza y torció su boca en señal de duda. Pero incluso así, se decidió a seguir a Timothy para intentar dilucidar todo aquel drama repentino.
El renegado caminó a rengueos llegando al marco de la puerta indicada. Ahí se recargó observando a Timothy, quien se había subido a su cama y ahora pateaba las mantas despejando el colchón.
-¿Qué pasa? –Inquirió Jason encendiendo la luz-.
-¡Es que...! ¡¿Qué rayos?! –Exclamaba Tim en tanto se dejaba ir contra su armario, el baño o su escritorio, buscando en todas partes y desacomodándolo todo-.
Jason lo miraba expectante, pero también enmarañado por ese comportamiento.
-¿Qué buscas? –Le interrogó finalmente-.
-¡A ti! –Contestó Tim inercialmente-.
-¿Qué?
-¡A ti! –Repitió algo alterado-.
-¡Pero yo estoy aquí!
-¡No, no estabas ahí; estabas aquí! –Explicó señalando su cama-. ¡Viniste y me preguntaste si podías quedarte conmigo, te dije que sí y luego te acostaste junto a mí! ¡Después estábamos durmiendo y luego escuché un ruido y fui a ver y eras tú!
-¡¿Qué?!
-¡Lo que oíste! –Expresó molesto-.
-Pero yo he estado en mi cuarto... Y no te desperté porque no quería molestarte, pero yo tenía mucha hambre... Lo siento si te desperté...
-¿Qué? No. Tú viniste aquí y me pediste dormir aquí. Como lo habías hecho antes. Como lo hiciste las otras veces.
Fue entonces que Jason ladeó su boca y alzó sus cejas.
-¿Otra vez con eso? Ya olvídalo, Tim; eso nunca pasó. ¡Cielos! –Suspiró algo decepcionado-. Ya estás grande... -Acotó dando media vuelta para regresar a la cocina-.
Una vez ahí, se reintegró a sus habilidades culinarias. Recogió la sartén del suelo y se dedicó a buscar algo en el frigorífico.
Yacía tan concentrado en su labor que no escuchó los pasos del menor arribando a la pieza.
-Jason... -Habló Timothy de pronto, apareciendo en el marco de la entrada, provocando otro pequeño sobresalto en el mayor-.
-Demonios, Tim, no te aparezcas así... ¿Qué quieres? ¿Quieres un bocadillo de madrugada?
-No... -Respondió algo ensimismado, tomando asiento junto a la barra-.
-Bueno, entonces no molestes... Y perdón si te desperté... -Dijo sin despegar su vista de la comida a su disposición-.
-Oye... -Volvió a llamar Timothy con un timbre vocal apagado-.
-¿Qué...? –Jason habló alargando su tono-.
-¿De verdad... tú... tú nunca me has pedido quedarte conmigo? –Cuestionó seco en su voz haciendo que Jason volteara y se rindiera dedicándole algo de seriedad a la pregunta-.
-No. En serio. –Le contestó luego de reflexionar unos segundos sobre la expresión pálida que Timothy llevaba encima-. ¿Por qué tan de repente sacas ese te...?
-Oye... -Interrumpió Timothy igual de monótono en su timbre vocal-.
-Dime... -Pidió Jason conservando la formalidad en su conversación-.
-¿Me puedo quedar contigo esta noche? –Lanzó sin pensarlo, levantando su mirada algo perdida y pronunciando con sus labios algo tiesos-.
Jason no comprendió del todo, pero de todas formas asintió sin mayores cavilaciones, salvo aquella que le resumía la actitud de Timothy como una reacción natural a un encuentro con lo desconocido. Como si el joven petirrojo se hubiera topado de pronto con el monstruo del armario o una aparición de carretera, o en el peor de los casos, con el secreto más íntimo de un demente.
De cualquier manera, no le iba a preguntar sobre el evidente terror que ahora proyectaban sus facciones y mucho menos, le interrogaría sobre aquella infantil insistencia por dormir juntos.
Suspiró entonces y devolvió su atención a su bocadillo nocturno.
Fin
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