Noche 2

Al salir de la cueva, su alegría se esfumó en su totalidad. Su postura al caminar revelaba su decepción y su desinterés por sonreírle al mundo. Mandó todo al diablo en esos instantes. Recorrió entonces, los fríos y obscuros pasillos de la mansión guiando sus chapuceros pasos hacia su habitación.

-Jamás pasará... -Murmuró cabizbajo-.

Dobló en una esquina llegando a una de las estancias, sin embargo, una solitaria luz saliendo al final del corredor le recordó que unos invitados, no deseados en su voluntad personal, estaban ocupando y ensuciando su hermosa cocina. El renegado suspiró negligente y vagamente.

-Cierto... esos dos también están aquí... -Musitó cambiando su rumbo-.

Arrastró sus pies hasta llegar a la cocina. Mostró su cara desde el umbral de la puerta saludando amargamente.

-¡Oigan... Tim di...! –Exclamó apenas vio a los menores, pero debió tragarse su saludo mientras desviaba su mirada avergonzadamente-.

-¡¿Jason?! –Exclamó Jaime apartando súbitamente a su compañero pelirrojo, pues estaban tan concentrados en su beso que se dejaron llevar olvidándose del lugar dónde estaban-.

Bart se ofendió un poco al ser empujado de tal modo; así también, mostró algo de tristeza. No tuvo mayor opción que alejarse de Jaime.

-¡Qué sorpresa! –Declaró Jaime sonriente y avergonzado-. ¿Atrapaste a algún villano? –Inquirió sólo para desviar la atención-.

Bart suspiró desganado al ver esa ya tan esperada actitud de Jaime, quien se presentaba renuente a las muestras de cariño o conversaciones sentimentales en general. Mejor sacudió sus ideas y se dirigió a Jason.

-¡Hola, Jason! –Saludó Bart sonriente-.

-Sí... hola... -Respondió Jason regresando su mirada al frente-.

-Tim no dijo que ibas a estar... -Aclaró Bart recargándose en la barra-. Esperamos no molestar...

-Pues... -Habló Jason entre dientes-.

-Estábamos por servirnos helado, ¿quieres un poco? –Ofreció Bart amistosamente-.

-N-no... gracias... -Aclaró el mayor alzándose de hombros-. Ya me iba a dormir, sólo pasé a decirles que Tim los quiere allá abajo... -Anunció despectivo, dando media vuelta, despidiéndose con un ademán y una mueca molesta-.

Suspiró fastidiado, saliendo de la cocina sin más.

Bart y Jaime se miraron mutuamente. Ambos sabían que Jason era un anfitrión insolente y soez, pero esa noche en particular, se les hizo raro verlo actuar más desanimado, más indiferente y más amargado de lo normal.

-¿Notaste eso? –Inquirió Bart leyendo la atmósfera que Jason había dejado en ellos dos-.

-¿Qué cosa? ¿Que a Jason no se le salió un comentario sarcástico o hiriente...? –Contestó irónico-.

-¡Exacto! -Exclamó tomando el bote de helado-.

-Sí, sí lo noté.

-¿Qué crees que le pasó? –Preguntó Bart sacando dos platos de la alacena-.

-No sé... quizá se siente mal del estómago o no le fue bien patrullando... -Comentó Jaime acercando un par de cucharas-.

-¿Tú crees? Más bien parecía triste... -Reparó Bart sirviendo el postre-.

-¿Jason? ¿Triste? No creo. Dudo que ese sujeto siquiera tenga corazón... -Habló Jaime recargándose en la barra-.

-No digas eso... -Regañó Bart-. Puede que no sea muy expresivo o que sólo hable rudamente, pero eso no quiere decir que no sienta... -Completó extendiéndole a Jaime el pequeño tazón lleno-.

-Pues no parece. Siempre está de un humor repelente, haciendo muecas y odiando a todos.

-Claro que no...

-Ni siquiera habla con otras personas.

-Sí habla...

-Pues a mí nunca me dirige la palabra. Si no fuera por Timothy, jamás habríamos conversado ni una sola vez, ¡es más!, ni siquiera nos habríamos encontrado... -Comentó recibiendo el postre-.

-Yo sí he convivido con él... Y siempre es serio al actuar y directo en sus comentarios, pero también ríe y sonríe...

-¡¿Quién?! ¡¿Jason?!

-Sí.

-¿De verdad? ¿Cuándo? –Jaime inquirió incrédulo-.

-¡Lo hace cada vez que habla con Tim!

-¡¿Qué?! ¡Eso no prueba nada! ¡Cualquiera que esté junto al estoico de Timothy pareciera que está sonriendo!

-¡Claro que no! ¡Aquella vez de verdad estaba sonriendo! –Enunció Bart sorprendido de su propio comentario-.

-¿Cuál "vez"?

-¡En el cumpleaños de Timothy! ¡Tú también estuviste ahí!

-Sí, sí estuve, pero lo único que recuerdo es que Jason se atrincheró en una esquina y no paró de beber.

-Bueno, sí..., eso sucedió, pero lo que no viste es que cuando la fiesta terminó y Jason ya estaba despidiéndose, lo felicitó y le dio un regalo; en ese instante sonrió... ¡Y sonrió como nunca! Lo recuerdo porque yo estaba recogiendo los vasos sucios y alcancé a verlos.

-¡¿Qué?! ¡No es cierto!

-¡Sí, créeme, yo los vi!

-Seguramente Jason ya estaba muy ebrio...

-No lo dudo, pero eso no quiere decir que no estuviera feliz...

-Absolutamente no... Jason no es ese tipo de persona. Él es un amargado que nadie quiere y que no se soporta ni a sí mismo...

-¡Jaime, eso no fue amable...! -Refunfuñó Bart con la cuchara en la boca-.

-Es la verdad. A veces no sé por qué Tim sigue hablándole...

-¡Son familia y viven juntos...! Es normal que se hablen...

-Claro que no... Tú sabes que Tim prefiere estar en la Torre que aquí en la mansión...

-Bueno, es cierto que últimamente ha pasado más tiempo allá, pero...

-¿Lo ves? Tim tampoco lo soporta.

-¡No digas eso! ¡No sabemos realmente lo que pasa por la cabeza de Timothy!

-Tienes razón y la verdad no debe interesarme... –Exclamó comenzando a llevar el helado a su boca-. Nunca me ha gustado involucrarme en la vida de otros. ¡Olvida lo que dije!

Bart bufó discretamente al escuchar esas últimas palabras.

-Involucrarte con otros... Sí, me consta que no... -Musitó apenas abriendo la boca para evitar ser escuchado-. Tú sabes de eso... Si involucrarse... -Torció sus labios expresando su repentino malestar-.

-¿Dijiste algo...? –Preguntó Jaime rebosante de helado entre sus mejillas-.

-N-no... -Respondió atascándose con el postre-.

Jason bajó su rostro atendiendo clandestinamente la conversación que escuchaba desde el otro lado del muro. Ya no le pareció tan buena idea haberse quedado a espiar aquella charla. Se rindió a las primeras sensaciones que aquellos comentarios le provocaron. Fue inevitable para su ser no sentir aflicción y rechazo. La tristeza lo invadió enseguida luego de oír la opinión que otros tenían de él.

"Entonces en realidad..." Pensó atorando el nudo en su garganta. "En realidad se fuerza a convivir conmigo... No me soporta..." Se dijo ocultando sus pestañas a punto de humedecerse. Abandonó arrepentido y sigiloso aquel pasillo que no le trajo nada bueno.

Subió a su cuarto como queriendo desaparecer. Mientras ascendía en las escaleras, no pudo evitar recordar aquella fiesta de la que Bart habló. Sus comentarios fueron acertados. Bart le había descrito la fiesta justo cómo había pasado.

Recordó que por alguna estúpida e ingenua razón, aceptó aquella invitación para asistir a esa fiesta. Sinceramente, Jason no sabía qué esperaba en realidad conseguir, pero se alegró profundamente cuando Tim lo invitó en persona. No fue algo formal; sólo le comentó sobre una fiesta que los Titanes preparaban para él y que era bienvenido si quería ir.

Aunque no fuera una invitación exclusiva, Jason se sintió muy feliz; por lo que asistió a la ñoña fiesta junto a esos presumidos de los Titanes. Por supuesto, con Conner como anfitrión, pues había sido él quien había organizado la fiesta de cumpleaños de Tim.

No negaría que se sentía inferior entre ellos en algunos sentidos, pero no se dejó intimidar del todo. Algo de alcohol lo distraería y así fue. Jason bebió tanto como pudo, luego todo se puso blanco. Al final de la velada, no fue tan buena idea darse valor con las decenas de botellas que se bebió.

De ese día, Jason conserva vagos recuerdos, pero ninguno que incluya a Tim y a él siquiera charlando.

Bart llevaba razón; Jason se había aislado en uno de los rincones con su mano siempre sosteniendo algún trago.

Traer eso a su memoria, de cierto modo lo avergonzó. Cuando se le terminó el pasillo, cayó en cuenta de sus propios pensamientos que no hicieron más que entristecerlo. Optó mejor por entrar a su habitación y perderse en su intento por descansar.

Una vez dentro, se desvistió sin remedio y se metió apático a la ducha. El agua le calentaba un poco el corazón, pero eso sólo le provocó querer desahogarse. Esa sensación en la garganta aún no cedía y ni hablar de sus lágrimas que ya se enjuagaban con el agua de la regadera.

El impulso fue inevitable, golpeó la pared con su puño.

-¡Es cierto! ¡Sólo convivimos porque vivimos en la misma casa, pero yo no te agrado! –Exclamó Jason aturdido por sus emociones-. ¡Me invitaste porque no tenías mayor opción; te causé lástima, ¿no es así?! ¡Sólo te doy lástima! ¡Demonios, si tanto te desagrado, debiste habérmelo dicho...! –Dijo apretando los dientes, cerrando los ojos y soltándose a llorar más fuerte-.

-Jason... -El mayor escuchó a Tim llamándolo nuevamente entre los goteos de la regadera-.

Sintió que el agua se congelaba de repente. Abrió los ojos y salió apresurado de la ducha. Tomó una toalla y desertó del cuarto de baño buscando al menor. Su habitación se encontraba vacía.

-¿Tim? –Jason habló-.

No hubo respuesta.

Aguardó un par de segundos dándose cuenta de lo desesperado y estúpido que debía lucir por mantener una ilusión tan imposible.

-¿Por qué estaría aquí? –Jason se lamentó preguntando al vacío-. Tanto quiero que estés conmigo que empiezo a alucinar... -Expresó acongojado, sumiéndose en su propia depresión-.

Se devolvió avergonzado para terminar de ducharse.

Concluyó la hora del baño. Se vistió con unos pantaloncillos y una camiseta sin importancia. Apagó la luz y se acorrucó entre las sábanas. Enterró su rostro en la almohada y empezó a repasar su tedioso día. Comenzó a pensar en cualquier cosa que lo apartara de lo último que atendieron sus oídos y recibió su corazón. Cualquier tema que lo protegiera de la decepción era bienvenido.

En ello andaba cuando entre el viento que golpeaba la ventana, escuchó reiteradamente su nombre.

-Jason... -Oyó claramente-.

Tim lo llamaba otra vez; concluyó Jason levantándose como si hubiera un incendio. Encendió la luz y escudriñó paranoicamente la habitación. Pero como en todas las otras veces, se encontró como el único habitante de los parajes. Ni un alma, ni ningún otro sonido más que aquel de las ráfagas de aire golpeando el vidrio.

Mantuvo su respiración serena, mas no sus latidos que paulatinamente se aceleraban sembrándole un hueco en el estómago. Jason mostró entonces, una mueca un poco angustiada e interrogante.

-¿Qué rayos sucede conmigo? –Jason se dijo mirando delicadamente en todas direcciones-. ¿Por qué lo escucho? –Se inquirió de último antes de frotar su rostro y regresarse a la cama-.

Apagó la luz y se reacomodó abrazando su almohada.

-¿Tanto deseo que estés aquí que ya me creo mis propios espejismos? –Jason murmuró cerrando sus ojos-. Soy un imbécil... -Soltó perdiéndose en sus pesimistas cavilaciones-.

No hizo falta mucho para que Jason se hundiera en un profundo sueño. La noche se tragó todo ajetreo alrededor. El viento resoplaba y la temperatura no hacía más que bajar. El cuerpo descubierto de Jason sintió el cambio y buscó abrigarse. Movió su mano buscando las mantas. Al tomarlas entre sus dedos, regresó escasos segundos al mundo consciente. Aquello fue suficiente tiempo para volver a escuchar que lo llamaban.

-Jason, ven... -Oyó clara y firmemente-.

El muchacho se levantó asustado. La voz era real y no era otra sino la de Tim.

-¡Eres Tim, eres Tim! –Exclamó pateando las mantas para salir de la cama-.

Se dirigió a la puerta en medio de la obscuridad.

-Jason... -Lo llamaron reiteradamente, pero percatándose rotundamente del lugar exacto de donde la voz venía-.

-¡Afuera! –Se dijo deteniéndose a medio paso de tomar la perilla-.

Dio media vuelta acercándose decididamente hacia la ventana. La media luna alumbraba perfectamente el jardín trasero, por lo que no le hizo falta más luz para buscar quisquillosamente. Abrió su ventana intentando encontrar al dueño del llamado. Incluso sacó su cabeza inclinándose. Revisó al pie de la ventana, la lejanía de los árboles del jardín, los laterales del muro, inclusive la parte superior de su ventana, pero reiterada y decepcionadamente, no vio a nadie en aquella zona solitaria.

-Jason...

Otra vez escuchó su nombre ser pronunciado. Cayó irremediablemente en el sonido claro de las sílabas dichas. El llamado era tan tangible que Jason se dejó llevar inercialmente.

-Jason... -Oyó como si la persona que lo llamaba estuviera literalmente frente a él-.

Su anhelo por probar que no era su imaginación casi lo hace caerse de la ventana por inclinarse de más. Pero ese trastabillo le sirvió para levantar su vista y descubrir una silueta saliente de entre los árboles del jardín. Abrió los ojos esforzándose por no perder de rango aquella linda figura que se mostraba exponencialmente más nítida y definida cada vez.

-Tim... -Jason murmuró al reconocer al menor parado junto a la entrada del laberinto de arbustos-. Eres tú... de verdad eres tú... -Musitó retrayendo sus labios en una cálida sonrisa-. ¿Qué ha...? –Quiso preguntar el motivo de todo ese teatro, pero Tim le hizo un ademán para que bajara y fuera hacia a él-.

Jason se extrañó un poco, pero también se alegró sobremanera al saber que era Tim quien lo buscaba.

-Quizá debió haber estado llamándome toda la noche y yo lo ignoré porque no lo creí posible... -Jason se dijo antes de tomar una bata y salir corriendo de su habitación-.

Recorrió velozmente los pasillos y las escaleras. Salió por la puerta trasera y se dirigió al jardín. Ni siquiera se preocupó por ponerse zapatos o abrigarse más adecuadamente.

Se detuvo en la entrada del laberinto. Estiró su cuello buscando a Tim. Recorrió con su vista examinando hasta donde se podía mirar. Avanzó unos pasos adentrándose en el juego gigante de jardín. Apenas y puso un pie encima y una mano le cubrió la boca silenciándolo al instante.

Continuará capítulo 3...

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top