Capítulo 75: Aguafiestas
Por tercera vez, Star se bebía un batido de fresas dulces. Estaba sentada en la barra observando a la gente divertirse mientras se terminaba su bebida.
- Oh, dios, Tom, creo que te amo. - expresó debido a lo bueno que estaba el batido.
- Sí? Wow, me alegra que hayas podido ver en mi algo especial que nadie más haya podido ver y aceptarme como soy. Nada relacionado con mis batidos. - decía con sarcasmo - Enserio, deberías parar, creo que el azúcar te está afectando.
- De qué hablas? - preguntó con una sonrisa un tanto perturbadora. Sin que se diera cuenta, le dio un pequeño tic momentáneo en el ojo, lo cual no tranquilizó para nada al chico.
En resto de la gente seguía disfrutando de la fiesta con normalidad. No obstante, se podía apreciar que el ambiente se había relajado bastante. Janna había dejado reproduciéndose una melodía más calmada mientras leía una revista de zombis. Letosh y Marco habían dejado la cocina para unirse a la multitud de gente en la pista, los cuales platicaban entre ellos. Tenían múltiples tipos de conversaciones variopintas, las cuales iban desde lo interesante que era la vida bajo el mar, hasta lo rápido que podían correr tus presas cuando los persigues a cuatro patas con una lanza atada a tu hombro como si esta fuese una justa de caballería, solo que no había caballeros, sino persecución y sangre. Marco, quien disfrutaba de la música y a la par escuchaba varias de estas conversaciones, pensó en lo bonita que era la juventud y lo contento que le hacía poder ver ese pequeño gran momento en la vida de todas las criaturas que había allí esa noche.
- Oye, chico humano. - dijo una chica de las que estaba allí hablando con el resto.
Se trataba de una mujer reptil, tenía una cola larga como la de una serpiente, cuello alargado, piel escamosa y una cara aplanada como una serpiente.
- Hey, hola. - saludó este al verla - Por cierto, me llamo Marco.
Aquella mujer le recordaba a uno de los monjes que había en el monasterio en el que había entrenado tantos años, pero no recordaba ya su nombre, sobre todo después de que los monjes decidiesen comenzar a abandonar el monasterio para continuar sus caminos de forma individual o acompañados de algún amigo.
- Perdón, Marco. Disssen lasss malass lenguasss que eresss el essspossso de la forjadora. Esss essso sssierto?
- Por favor, no hablemos de ella como si fuese algo de lo que presumir solo porque sea mi mujer. Que una vez alguien me preguntó lo mismo de una forma un tanto - se pensó un momento la palabra que utilizar – inapropiada, y la verdad, no me gustó nada.
- Para nada, no quería desssirlo de esssa forma. Sssolo lo preguntaba porque eresss muy joven como para essstar casssado con alguien de sssu edad.
Se le había olvidado ese pequeño detalle al muchacho. Debido a que la relación que tenía con su mujer era para él, y para la gente que lo rodeaba, algo normal, a veces olvidaba la brecha de edades que había entre ellos, o quizás, no tanto la brecha de edades como la diferencia del contraste físico entre ellos. Puesto que a Hekapoo no le importaba el aspecto del chico, este se sentía como si nada hubiese cambiado.
- Ah, sí, eso. Verás, soy más mayor de lo que aparento. - explicó de forma simple - Bastante más mayor. - añadió.
A pesar de que las expresiones faciales de la reptiliana eran prácticamente inexistentes, el humano notó la extrañeza en su rostro tras decirle aquello. No tenía muchas ganas de entrar en detalle acerca de cómo funcionaba todo el tema de su edad y su relación con Heka, por lo que optó por evadir cordialmente la posible charla.
- Cof - tosió este - Si me disculpan, me acercaré a la barra, estoy sediento. - dijo antes de irse a donde estaban Tom y Star.
Star balbuceaba con Tom cuando vio que su mejor amigo venia hacia donde ellos estaban.
- Pero miren, es Marco. - dijo Star algo animada, pero con evidente expresión de desorientación. Se abalanzó sobre el chico y le dio un abrazo - Marco, todo está yendo de maravilla, la fiesta, los invitados, y, sobre todo, este batido, deberías probarlo. - recomendó ella metiéndole la pajita de su batido en la boca al chico y volviendo a sentarse en la banqueta con una sonrisa una tanta pérdida.
Desconcertado por la forma de actuar de Star, el muchacho se acercó hacia Tom y le susurró.
- Qué le sucede?
- Exceso de azúcar. - respondió, también susurrando - Es por los batidos. Ya se ha bebido cuatro de ellos.
- Tal vez deberías dejar de hacerle batidos.
- Pero se ve muy contenta. - defendió apuntando a donde estaba ella, quien miraba a los invitados muy feliz.
- La fiesta ya ha durado bastante, deberíamos decirles a todos que vuelvan a sus hogares.
- De eso nada, Díaz. - protestó Star de forma seria - Esta es la primera fiesta que hay entre mewmanos y monstruos, no podemos simplemente decirles que se vayan, se irán cuando estén cansados. - sentenció mostrándose bastante lúcida.
Tanto el humano como el demonio se miraron el uno al otro extrañados por la compostura que mostraba la princesa, teniendo en cuenta que hasta hace unos segundo unos segundos parecía estar totalmente perdida en su mente.
- Star. - comenzó Tom - Como es que estás normal ahora?
- He devorado cajas y cajas de cereales extra azucarados en la tierra, cuatro batidos no son nada en comparación. - presumía demostrando orgullo por aquello que había afirmado - Ahora enserio, chicos, este puede ser un momento histórico en la existencia de Mewni, hoy tenemos la oportunidad de dar el primer paso para lo que algún día será un futuro sin guerras ni odio. Necesitamos esta noche.
De nuevo, los muchachos volvieron a mirarse de forma que, sin decir una palabra, comprendieron lo que el uno quiso decirle al otro.
- De acuerdo. - dijeron a la vez - Pero no más batidos por hoy. - añadió Marco.
Mientras aquel trio terminaba de dialogar, los presentes estaban tramando algo a espaldas de la chica. De los altavoces se escuchó la voz de Janna, quien estaba haciendo un par de pruebas de sonido golpeado un micrófono con el dedo índice.
- Me oyen? – preguntó para escuchar el volumen del sonido, al intentarlo se oyó un fuerte pitido momentáneo en los altavoces debido a la proximidad de la chica hacia el micrófono. Se alejó de golpe del micrófono e hizo un gesto de desagrado - Odio cuando eso ocurre. - se dijo a sí misma. Se colocó el micrófono a una distancia prudente antes de volver a hablar - Hola, me oyen? Perfecto. - se aclaró la voz carraspeando un poco su garganta - En nombre de todos los presentes hoy aquí, solicitamos que Star Butterfly suba aquí para escuchar lo que tenemos que decirle.
Algo confundida a la vez que emocionada, Star corrió hacia la parte alta donde se encontraba Janna y se situó junto a ella. Miró hacia adelante donde estaban los invitados, los cuales la miraban a ella a su vez. De entre estos, salió la reptiliana que había hablado antes con Marco y dio un par de pasos al frente. Esta se aclaró un poco la voz y luego alzó la mirada hacia la princesa.
- Ssstar Butterfly, essstamosss agradesssidosss de poder essstar aquí hoy. Eresss la primera mewmana que intenta darnosss la oportunidad de juntarnosss como compañerosss y no como enemigosss. - explicaba ella.
Conmovida por las palabras, Star sonrió compacidad y se limpió una pequeña lágrima que se le escapó.
- Que hable, que hable. - gritó alguien de dentro de la multitud, provocando que el resto le siguiera y animase a la chica a hablar.
Janna, que estaba al lado de esta, le ofreció el micrófono y le guiñó el ojo. Ella tomó el micrófono y respiró profundo antes de hablar.
- Muchas gracias. A decir verdad, soy yo quien debería darles las gracias a ustedes por haber venido. Es un honor para mí poder tenerlos a todos aquí esta noche. Esto significa más para mí de lo que ustedes piensan. Hoy es un día histórico, gracias a todos ustedes podemos soñar con un mejor Mewni, uno donde no haya guerras entres monstruos y mewmanos. Pero qué digo? no, un Mewni en el que no haya guerras entre aquellos seres que pueden llevarse bien, porque saben qué? Cuando los veo a todos aquí reunidos, no veo a monstruos y mewmanos, no veo rivales y aliados, solo veo a un montón de individuos de diversas razas divirtiéndose. Después de todo, de eso se trata, de que nos divirtamos juntos, como debió haber sido siempre. Hoy los invito a promover una nueva forma de vivir, una forma de vivir en la que ya no nos tendremos que preocupar por ser enemigos o aliados, sino de ser amigos. Hoy los invito a ser los primeros de lo que algún día será un futuro lleno de paz y armonía entre los seres de diferentes razas.
Todo el mundo comenzó a vitorear con gritos las palabras de la chica, habían sido advertidos del motivo de la fiesta, pero no tenían idea de que la princesa llevaría el tema con tanta devoción, eso les hizo ver en ella a la primera princesa que velara por un futuro en comunidad.
- Por todos nosotros y por un mejor futuro para todo el reino. - gritó Star animada por el vitoreo de la multitud.
En ese mismo momento, en una de las paredes se abrió un enorme hoyo, detrás de este se asomó Mina Loveberry, quien dio un par de pasos al interior del templo, todo el mundo se giró hacia ella y respiró hondo debido a la sorpresa.
- Es que acaso no sabe usar la puerta? Hay una hermosa puerta por la que cabrían tres Letosh juntos, y esa mujer no es capaz de usarla. - se quejó Marco al ver el hueco que hizo Mina.
- Te he oído, humano. - se quejó Letosh por el comentario del chico.
La invitada inesperada se crujió los nudillos y luego el cuello. Aquello sonó como si un árbol se hubiese roto junto con todas sus ramas. Luego de hacer eso aumentó el tamaño de su cuerpo y el de sus músculos, adquiriendo su forma de batalla.
- Es hora de sacar la basura. - mencionó Mina golpeando la palma de su mano con el puño.
De pronto se hizo un silencio sepulcral en todo el recinto, hasta la música se había apagado. Pero se oyó el sonido de alguien tirando de la cisterna del lavabo, de allí salió Slime sacudiendo sus manos, ajeno a todo lo que ocurría. Se quedó extrañado al ver la escena, tanto que con voz inocente se atrevió a preguntar.
- Me perdí de algo?
- Corran! - grito Star por el micrófono.
Así fue como cundió el pánico. La multitud comenzó a dispersarse sin control por el recinto esperando no ser víctima de la mujer de pelo púrpura. A pesar de saber que ella no los atacaría, los príncipes se dejaron llevar por la corriente de caos y también se unieron a la huida de los monstruos. Varios saltaron detrás de la barra para cubrirse tras esta, ignorando que hace un momento aquella bestia había abierto un hueco en la pared. Subieron a donde estaba Star para resguardarse tras ella y el equipo de DJ. Algunos tiraron las mesas donde había comida para hacer una barricada improvisaba con ellas. Más se escondieron en los lavabos. Y Letosh se escondió tras la cocina que había creado Star. Se resguardó tras el horno y tomó un sartén para defenderse en caso de que fuese necesario. Solo quedó Slime en el centro, quien aún estaba confundido por la situación, pero pudo llegar a entender que probablemente no se trataría de nada bueno.
- No entiendo porque todos corren al verme. Supongo que les gusta aplazar su captura. - decía Mina mientras se elevaba poco a poco en el aire - Bueno, al menos así esto se volverá entretenido. Pero no debo demorarme demasiado, creo que me he dejado el gas abierto, y eso que no tengo cocina.
- Porqué todos se esconden? - se decía Slime a sí mismo.
Entonces, mirando al suelo, se percató de que una sombra enorme lo estaba cubriendo. Cuando miró hacia arriba vio a una mujer enorme que se dirigía hacia donde él estaba con su puño listo para golpearlo.
- Oh, viejo, esto no es bueno. - soltó levantando las manos para cubrirse y cerrando los ojos para no ver cuándo sería apaleado.
Mina cayó sobre Slime con gran fuerza creando un pequeño temblor. El impacto provocó que el chico se convirtiera en una enorme mancha verde alrededor de la mujer. Todo el mundo asomó la cabeza al oír en sonido de tejido cartilaginoso del chico esparciéndose. Se mostraron con rostros alarmados y llenos de consternación por la escena. Pero sus expresiones pasaron del horror al asombro cuando se percataron de que los restos de Slime comenzaron a moverse. Todos y cada uno de los trozos habían empezado a temblar y a tomar forma. Varios Slimes aparecieron donde antes no había más que manchones verdes. Tan pronto tuvieron piernas para correr, los mini Slimes se alejaron corriendo de la mujer.
- Huyan todos, corran por sus vidas! - gritaba uno de los pequeños, el cual tenía una voz similar a la de Slime pero mucho más aguda.
- Huir no sirve de nada. - gritaba Mina.
Varios de los Slimes corrieron en direcciones distintas, mientras que otros corrieron al lado de algún compañero. Cuando dos Slimes que corrían juntos se chocaban, estos se unían y formaban a un Slime más grande, el cual corría más rápido. Pero ninguno podría huir de Mina. Penélope salió de su escondite y busco al primer Slime que estuviese a su alcance. Atrapó a un pequeñín y lo resguardó en sus manos. Rápida buscó con su mirada algún lugar donde lanzar al pequeño. Entonces se fijó que Letosh estaba haciéndole señas para que se lo lanzase. La princesa se preparó para lanzar, llevándose al chico viscoso al lado de su cara y poniéndose en posición.
- Hola, Penélope. - saludó el pequeñín mientras la chica apuntaba.
- Ahora no, Slime.
Con gran precisión lanzó al hombrecillo verde justo donde estaban Letosh, quien lo atrapó con la sartén y lo dejó en una olla enorme.
- Menos mal que esos años de experiencia matando arañas con rocas sirvieron para algo. - se decía la chica para sí.
Sin detenerse ahí, siguió corriendo en busca de más Slimes para lanzárselos al gato. Cuando los pequeños se dieron cuenta del plan de la chica, comenzaron a correr hacia ella, mientras que el que huía de Mina intentaba marearla.
- Ven aquí, pequeño moco parlante.
Slime era tan pequeño que conseguía esquivar por poco los puñetazos que la mujer guerrera le lanzaba. Pero, para la desgracia del muchacho, no podría evitarla por mucho tiempo.
Mina estuvo a punto de aplastar al mini Slime, cuando un vaso de plástico le voló directo a la cabeza y esparció su contenido sobre ella. Esta sacó la lengua un momento y lamió un poco de fuera lo que fuera que caía por su rostro. Saboreó detenidamente aquel líquido intentando adivinar que era.
- Esto es un batido de gusanos? - preguntó anonadada.
- Así es. - gritó Tom del otro lado de la barra - Espero que te haya gustado. - se burlaba.
- Pues está muy bueno, a decir verdad.
- Oh, muchas gracias, la verdad es que se me da bien esto de los batidos. Espero que la chica intentando salvar al Slime no te amargue el sabor.
Ante aquellas palabras la mujer levantó una ceja un tanto confundida, luego miró hacia abajo y vio a una chica tomando al Slime que se ocultaba tras su talón.
- Hey! - se quejó esta.
Intentó agarrarlos, pero la princesa se escabulló entre las piernas de la guerrera. Sin perder un solo segundo, Penélope se levantó y lanzó al mini Slime que tenía en la mano, directo al sartén de Letosh, aquel era el último mini Slime. Detrás de la cocina, Slime recuperaba su forma normal dentro de la enorme olla.
- Wow, eso fue intenso. Pero ahora Penélope está en problemas. - señaló el muchacho.
Mina había tomado a la chica del cuello y la estaba levantando. Penélope se tomó con ambas manos del brazo forzudo con el que estaba siendo ahorcada.
- Hay que hacer algo. - indicó tomando un huevo que había encima de la cocina - Letosh, échame una mano.
- Con gusto.
Ambos chicos tomaron varios de los huevos y comenzaron a tirárselos a la mastodonte. Sin embargo, ninguno de los huevos era capaz de acertar. Ninguno de los dos tenía buena puntería.
- Se veía mejor en mi cabeza. - intentó excusarse debido a la falta de puntería.
- Déjame probar a mí. - pronunció Marco apareciendo por la espalda.
El humano tomó un huevo y lo lanzó con fuerza al rostro de Mina Loveberry, dando en el blanco. Esta se giró gruñendo, deseosa por hallar al responsable, pero lo único que encontró fue otro huevo en la cara, el cual le cubrió la vista. Una sucesión de huevos comenzó a caer sobre ella como una lluvia de plomo. Se vio obligada a soltar a la princesa para cubrirse. Los proyectiles en si no eran causantes de dolor alguno, pero resultaban molestos. En ese momento, la minotauro salió de golpe de detrás de la barra y cargó con gran fuerza contra la mujer. El impacto la hizo salir despedida por el hueco por el cual entró. Rápidamente tomó a la chica y la llevó consigo para esconderse.
A pesar de aquel golpe, Mina seguía en condiciones de luchar, y ahora estaba enfadada. Su figura se mostró a través del hueco por el que había caído, estaba volando. Llamas azules cubrían su cuerpo como si emulasen un aura a su alrededor, la cual quemaba todos los huevos que tenía sobre el cuerpo.
- Ya me cansé. - gritó lanzando llamas a donde se dirigía la minotauro.
Las llamas le cortaron el paso a Penélope y su salvadora, la cual se giró para encontrarse a una Mima acercándose con furia. Estuvieron a punto de ser atacadas por las llamas de Mina cuando Star apareció de golpe delante de ellas traída por su amiga Nubi. Tomó su varita con ambas manos y creo un escudo de algodón de azúcar en espiral. Este se tragó las llamas que se habían dirigido hacia ellos. Aprovechando ese pequeño momento, Star lanzó espuma de su varita y apagó el fuego entre ellos y la barra tras la que estaba Tom. Pero la mujer musculosa apareció por encima de escudo e intento atacar otra vez con su fuego, tomando por sorpresa a Star. Sin embargo, no fueron dañados, pues el joven Lucitor había levantado un muro de llamas delante de ellas para bloquear las llamas de Mina.
- Ustedes ocúltense, yo me quedaré aquí a luchar. - indicó el chico.
- No, yo también me quedo. - sentenció la princesa Butterfly.
Tom solo sonrió y asintió con la cabeza. Mientras Penélope y la minotauro se ocultaban, Star hacía centellear su varita y Tom envolvió sus manos en llamas, ambos listos para luchar. Marco, que se mostraba como un simple espectador detrás de la cocina, quiso participar en aquella contienda también.
- Tengo que ayudarlos. - se dijo a sí mismo.
Letosh, que estaba a su lado, se giró a verlo cuando oyó lo que este había dicho.
- Acaso estás loco? Qué harás ahí? No tienes ninguna clase de poder o magia para ayudarlos. - señalaba este.
- Todo el mundo dice lo mismo, si no tienes magia o poderes no sirves de nada, no? - se quejaba él. Le quitó la sartén al gato y se preparó para ayudar a sus amigos - Solo mírame.
Star lanzaba su ráfaga narval contra la intrusa, la cual se defendía a base puñetazos, mandando a volar por los aires a los nerval que interceptaba. Aprovechando el momento, Tom lanzó una llamarada que cubrió por completo a la mujer. Esta solo tuvo que mover su brazo para desvanecer el fuego que estuvo a punto de engullirla.
- Eso no sirve de nada.
- Mina, porqué atacas a la gente? Ellos no han hecho nada. - gritaba la princesa.
- Son monstruos, todos los monstruos deben ser capturados. Eso dijo el médico. - añadió al final.
Estaba acercándose a ambos chicos para invalidarlos y luego ocuparse de todos los monstruos. Fue entonces que un sartenazo en la cara la hizo girar en el aire y caerse. Marco se colocó en posición de batalla y se unió a sus amigos, dándole un pequeño giró al sartén para darle estilo a la pose.
- Quien necesita poderes para luchar cuando tienes habilidad. - dijo el muchacho con algo de orgullo en su voz.
- Solo tú serías capaz. - habló el demonio.
No pudo elogiar mucho al humano, pues desde el suelo Mina atacaba a los chicos usando sus coletas como látigos. Tuvieron que moverse rápido para esquivarlas, pero una de ellas atrapó a Star y la lanzó hacia la puerta de la entrada.
- Star. - gritaron los dos chicos a la vez.
Esta estaba a punto de caer por las escaleras, pero alguien la atrapó. Vio los rostros de sorpresa de sus amigos y luego levantó la vista para ver quién la había atrapado. Mostrando una sonrisa cálida, Eclipsa le devolvía la mirada a la joven Butterfly.
- Eclipsa. - exclamó alegre - Qué haces aquí?
- Vi a un diablillo volando, provenía de aquí, recordé que me dijiste que hoy harías una fiesta entre monstruos y mewmanos, así que me quería pasar para ver qué tal estaban las cosas. - levantó un momento la mirada para ver que todos los invitados estaban ocultos y que Tom y Marco estaban a punto de luchar contra Mina Loveberry - Y por lo que veo no están en la mejor de las condiciones.
De pronto, apareció Jorby por la entrada.
- Kelly, ya llegué. Lamento la demora, tuve problemas para hallar el templo.
- Jorby, no es un buen momento.
El perro demonio echó un pequeño vistazo a la situación y luego dio media vuelta y volvió por donde vino.
Ignorando todo aquello, Mina se lanzó directo a los chicos para derrotarlos. Estos se hicieron a un lado para no ser aplastados por los puños de la mujer.
- Star, lleva a todos a un lugar seguro. Nosotros nos ocuparemos de ella.
La chica se repuso y le dijo a Eclipsa que le echase una mano para ocultar a los monstruos. Invocó dos nubes, una para cada una, la de Eclipsa era violeta. Ambas se dirigieron a varias de las direcciones en donde los invitados se ocultaban y les indicaron que las siguiesen. En tanto ellas guiaban a los invitados, Marco y Tom mantenían su lucha contra Mina.
El chico humano se hallaba esquivando múltiples proyectiles llameantes.
- Como extraño a keepsake y su propiedad defensiva. - se decía a la par que evitaba ser incinerado.
Uno de los proyectiles estuvo a punto de darle, y no tuvo tiempo de esquivarlo. Sin muchas opciones, se aferró al sartén y lo usó a modo de raqueta de tenis, devolviéndole el proyectil a Mina. Desprevenida, la mujer se cubrió rápidamente con ambos brazos formando una cruz, y recibió el impacto. Fue empujada varios centímetros hacia atrás, luego apartó los brazos y se mostró furiosa. Ante aquel resultado, Marco miró su sartén y luego la hizo girar con una sonrisa en el rostro.
- Bueno, parece que ahora podemos tener un partido en condiciones. - dijo elocuente.
Mina comenzó a lanzar más proyectiles ígneos con muchas más cadencia y rapidez. El humano tuvo que ser rápido y preciso para devolver varios de aquellos proyectiles y esquivar aquellos que no conseguía golpear. Su contrincante no se quedaba atrás. Ella también esquivaba varios de los proyectiles que el chico le devolvía a la par que continuaba lanzándole más.
- Tom, qué haces? - preguntó el humano al no ver qué su compañero junto a él.
- Esto. - respondió él desde atrás.
Varias columnas de fuego salieron de detrás de Tom y se dirigieron a donde se hallaba Mina, como si fuesen las patas de una araña dirigiéndose a su presa. Esta fue tomada por sorpresa por aquellas llamas persecutoras, por lo que no pudo esquivarlas. Cuando la interceptaron, se produjo una pequeña explosión de llamas que se extendió por gran parte de la sala. Por debajo de los pies del humano, una pequeña ola de fuego se colocó delante de él formando un muro que lo protegió de la onda de la explosión y de las llamas de esta. La explosión se oyó en todo el templo y sus alrededores.
- Wow. Eso fue increíble. - comentó el muchacho - Porqué te tardaste tanto?
- No es fácil cargar un ataque de tal magnitud. - explicó el joven Lucitor.
- Bueno, al menos la derrotamos.
Por fin los chicos habían conseguido un momento de paz. Se sentaron en el suelo un momento para descansar un poco. Tendrían que ir a avisarle al resto que el peligro ya había pasado. Lo más probable sería que después de eso cada uno volviese a su hogar. Marco fue el primero en ponerse de pie. Le extendió la mano a su amigo para ayudarlo a levantarse y emprender paso para buscar al resto. Pero cuando dieron tan solo un par de pasos, notaron como si alguien estuviese observándoles.
- Cuidado. - gritó el humano empujando a su compañero a un lado y saltando el hacia el otro.
Entre ellos dos pasó Mina con su puño al frente, esta había cargado con tanto ímpetu que destruyó la barra de batidos de la que Tom se había hecho cargo.
- Acaso esa mujer no sabe cuando caer? - se preguntó el humano a modo de queja.
En tanto los chicos se enfrentaban a Mina, Star y Eclipsa buscaban algún sitio donde esconder al resto de invitados. Esta última los llevó a un pasaje oculto que tenía dos caminos a seguir.
- Deben ir por el de la derecha, es un almacén donde se guardaban antiguas armaduras. Ahora está abandonado. - les explicó ella apuntando hacia el camino que estaba comentando.
Como el paso era un poco estrecho, solo podían ir de dos en dos, exceptuando a Letosh y a la minotauro, que tuvieron que pasar solos, y, aun así, algo apretados.
- Cómo es que conocías este sitio Eclipsa. - preguntó curiosa la joven Butterfly.
- Oh, mi esposo y yo solíamos venir por aquí para tener algo de intimidad durante las noches que me escapaba del castillo.
- Y porqué no vamos por el camino de la izquierda? - dijo al fijarse mejor en este - Se ve más ancho.
- Si, eso es porque esa es era antigua habitación. Mi marido y yo no la dejábamos en las mejores condiciones en cuanto a limpieza, así que preferiría que no tuvieran que ver nada de eso.
Star no acabó de entender que aquel fuese un motivo con el peso suficiente para ignorar un posible escondite. Pero respetaba las decisiones de Eclipsa, así que no hizo comentario alguno.
Patadas, puñetazos y sartenazos volaban por igual en la sala principal del templo. Las habilidades extrañas y la magia habían dejado el campo de batalla para pasar su relevo a la fuerza bruta. Mina poseía una clara ventaja física sobre los chicos. Sin su cuerpo de adulto, Marco no podía hacer mucho contra esa mujer, pero su cuerpo aún seguía recordando las batallas y los entrenamientos, por lo que sus movimientos seguían siendo lo suficientemente buenos como para evadir varios de los ataques de su contrincante. Aprovechaba para atacar solo cuando conseguía ver un hueco en su defensa.
A pesar de estar cansado, Tom no desistía en el uso de las llamas, era su mejor arma. Había intentado lanzarle alguna que otra bola de fuego a la mujer mientras peleaba contra Marco, pero se movían mucho y le dificultaban el trabajo de apuntar bien. En un par de ocasiones casi le dio al chico al intentar ayudarlo, por lo que tuvo que desistir en atacar siguiendo su intuición.
Para aprovechar las capacidades de ambos, Marco intentó coordinarlos. Cuando le daba un sartenazo en la cara a la mujer, gritaba "ahora" para que así Tom pudiese atacar. La idea era simple, pero estaba funcionando, las bolas de fuego impactaban a su objetivo, no la quemaban debido a su resistencia al fuego, pero sí le hacían un daño contundente.
Poco a poco los muchachos se mostraron victoriosos en la lucha de desgaste, aunque ellos también estaban cansados. Mina tuvo que alejarse de estos dos un momento para poder respirar. Se aproximó al hoyo que hizo al entrar, así disuadiría algún intento de carga. Aún metida en el fragor de la batalla, sus oídos advirtieron el sonido de unas voces a lo lejos, unas que ella conocía. Dio un salto que la impulsó hacia adelante y se situó detrás de los chicos, justo donde estaba la máquina de humo. Colocó la potencia al máximo y lanzó la máquina hacia estos. Una enorme nube de humo se formó una vez la máquina fue destruida contra el suelo. Mina aprovechó esa pequeña distracción para escapar del templo por el hueco por el cual había entrado al principio.
- Marco, no te veo. - gritaba el demonio dentro de la nube de humo.
Se oyó el sonido de una aspiradora encendiéndose y comenzando a aspirar el humo hasta no dejar nada. Tras esa nube de humo se hallaba Marco, pero no había nadie más aparte de él. Tom se acercó al hoyo para ver qué ocurría, al asomarse divisó a Mina volando lejos de allí. No entendía el motivo de su huida, pero si entendió que aquello significaría algo de paz para todos.
- Mina ha huido. - informó a su compañero.
- Enserio? No parecía que fuésemos a derrotarla. Quiero decir, estábamos manteniéndola a raya, pero creo que podría habernos hecho algo.
- Sí, pero lo importante ahora es que el peligro ha pasado. Vamos a avisar a Star y al resto de lo que acaba de ocurrir. - le recordaba Tom - Pero primero tomemos un batido de lo que no haya sido destruido por ese orco.
Rescatando algunas frutas y un poco de azúcar, Tom preparó dos batidos tropicales. Ambos muchachos tomaron su vaso y brindaron antes de dar el primer sorbo a su bebida. Pero antes de que el cristal pudiese tocar los labios de alguno de los dos, la presencia de alguien en la entrada del templo los hizo voltear. Parado allí se mostraba Rhombulus, junto con varios guardias a su espalda. Los chicos se miraron dudosos de que viniesen con buenas intenciones.
- Muy bien. Quédense aquí. Yo iré a ayudar a Marco y Tom. Cuando derrotemos a Mina vendremos a buscarlos. - le decía Star a los invitados mientras estos se ubicaban dentro del almacén - Eclipsa, cuida de ellos, porfa.
Esta asintió afirmativa a la petición de la joven. Star se dio media vuelta y comenzó a correr en dirección a la sala principal, pero al cruzar la puerta secreta que había abierto Eclipsa, se encontró de cara con Rhombulus.
- Rhombulus! - exclamó sorprendida - Qué haces aquí?
- Eso es lo que yo debería preguntarte a ti, princesa. Porqué estás aquí y qué es esta sala de la que vienes?
Frente a tal situación, Star se sintió acorralada, aun así, intentó idear una excusa para salir de aquella situación.
Quince minutos después de un estrepitoso intento por ocultar a los invitados. Tanto monstruos como mewmanos estaban afuera rodeados por varios guardias.
- No lo entiendo, cómo nos descubrieron? - se preguntó Star.
- Fue sencillo. Un diablillo cayó desde el cielo, y por el rastro de humo que dejó, era evidente que venía de este templo. Además de que la explosión que vimos hace rato nos confirmó que aquí pasaba algo. - explicó el hombre de cristal.
Marco y Tom habían escuchado lo que el tipo había dicho, con disimulada discreción se alejaron un poco de él, recordando que aquella explosión habría de ser el ataque de fuego que Tom le había lanzado a Mina.
- En cualquier caso. Esta fue una fiesta ilegal de monstruos, así que nos los llevaremos al calabozo. - dijo Rhombulus mientras los guardias esposaban a los monstruos.
Uno de ellos notó que a Slime no podía ponerle las esposas. Estas acababan por resbalar en su baba.
- Esperen. - se entrometió Star - Esta no fue una fiesta de monstruos, fue una fiesta de mewmanos y monstruos, la cual fue organizada por mí, así que, si se van a llevar a mis invitados, entonces también tienen que llevarse al resto de príncipes y princesas, yo incluida.
Aquellas palabras provocaron duda en los guardias, los cuales se miraron entre sí, dudosos de lo que hacer.
- Odio cuando las princesas se ponen así. - masculló el tipo - Libérenlos. - ordenó a los guardias - Pero tú, jovencita, tu madre espera para tener una charla contigo.
Los guardias soltaron a todos los monstruos y luego volvieron al castillo, no sin antes avisarles a todos que volvieran a sus hogares, ya era de noche. Cuando estos ya se encontraron lejos de todos, los monstruos comenzaron a irse. Apenada por lo ocurrió, Star corrió hacia ellos antes de que marcharan.
- Chicos. - les decía para que se girasen a verla. Al llegar hasta ellos, todos se detuvieron para escucharla - Oigan, siento mucho lo que ha ocurrido. Si quieren podemos continuar la fiesta, no tiene porqué ser hoy, pero otro día quizá.
De entre la multitud de los monstruos salió la minotauro y, para la sorpresa de los presentes, comenzó a hablar.
- Star, creo que hablo por todos si digo que estamos muy agradecidos de haber podido formar parte de esta fiesta, nunca antes hubo un solo rey o reina que buscase la paz entre nuestros pueblos. Y me alegra saber que tú serás la primera en intentar dejar atrás la rivalidad, pero creo que ahora mismo es algo imposible de conseguir. Tienes buenas intenciones, pero eres la única mewmana que las tiene. Quizá algún día podremos realmente vivir juntos, pero ambas sabemos que falta mucho tiempo para que algo así ocurra. - confesó ella con tristeza. Sus compañeros no dijeron nada, pues las palabras de la minotauro expresaban una idea general en la que todos coincidían - Adiós, Star. Espero que podamos volver a vernos en mejores circunstancias.
- Si, yo también los espero. - hizo una pausa – Adiós, chicos.
De nuevo dieron media vuelta y retomaron su camino, pero alguien más los interrumpió. Era Larry, el príncipe de los tritones.
- Espere, señorita. - le dijo a la minotauro, provocando que se girase - Cual es su nombre?
Ella sonrió tras oír la pregunta del príncipe y se acercó a él.
- Braxia.
- Braxia. - repitió este - Yo me llamo Larry, espero que podamos volver a vernos.
- Yo también lo espero, adiós.
Esta vez pudieron marcharse sin interrupciones. La princesa y el chico volvieron con el resto, los cuales yacían sentados en varias de las rocas al pie de la escalera del templo.
- Bueno, la fiesta no salió como esperaba, esto fue un fiasco.
- Bromeas? - dijo el príncipe con cuernos en loshombros - Ha sido la mejor fiesta a la que haya ido en mi vida. Espero que podamos tener otra igual algún día.
El resto de príncipes y princesas concordaron con la opinión del chico, dando palabras de conformidad, halagos y alabanzas por la fiesta. Más ellos también tuvieron que volver a sus hogares, igual que el resto. Tan solo quedaron allí la princesa y sus dos amigos. Exhausta se sentó entre ambos.
- Sabes. - habló Marco - No creo que la fiesta haya ido tan mal como pensábamos.
- No. - coincidió ella - La fiesta no acabó bien. Pero hemos conseguido dar el primer paso, y eso es lo que importa.
- Oye, y Eclipsa? - preguntó Tom recordando que no había visto a la mujer cuando vinieron los guardias.
- Aquí. - se oyó bajando por las escaleras del templo - Star me pidió que me quedase escondida en el almacén mientras ella y los monstruos salían.
- Lo último que necesitamos es que te relacionen con algo que involucre monstruos, seguro que a pesar del juicio aún te tienen vigilada. - mencionó Star - Bueno, es hora de volver. Eclipsa, vuelve por tu parte por favor, no quiero causarte problemas después de todo lo que ocurrió en el juicio.
- Oh. No te preocupes cariño. No me causarás problemas, pero entiendo tu preocupación. Igualmente, me quedaré un poco más aquí antes de volver.
- De acuerdo, yo debo irme a casa. Tengo que hablar seriamente con mi madre.
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Bueno, bueno, bueno. Por fin algo de acción, necesito sangre, mis manos de escritor solicitan sangre, y la tendrán. Pero como se puede apreciar, hoy no fue el día, así que ya será en otro momento.
Por ahora quedemonos con el pensamiento del cuarto de Eclipsa en el templo. If you know what I mean.
Como siempre digo, un placer. Hasta otra.
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