Capítulo 68: El problema de portales

Hace un par de días habían comenzado a producirse ciertas anomalías irregulares en el espacio. Criaturas de varias dimensiones se paseaban por otras a las cuales estas no pertenecían. Alguien se había dedicado a abrir portales en varios sitios y dejarlos abiertos, esto provocó un gran problema, puesto que estás criaturas amenazaban la vida en las dimensiones que invadían. Otras no lo hacían, sino que simplemente eran errantes que, por desgracias de la vida, decidieron atravesar un portal del cual no sabían a donde los llevaba, acabando por perderse en lugares desconocidos. Alguien que tuvo que encargarse de regresar a estos intrusos a sus respectivas dimensiones.

En aquel que era un paisaje de montañas y explanadas llenas de cultivos, varios granjeros labraban la tierra que les otorgaría sus alimentos. Aquel día, el pequeño Thomas sería instruido por su padre, George, un hombre mayor que rondaba los cuarenta. Thomas, tenía varios hermanos y hermanas mayores que, al igual que este, habían aprendido a trabajar a su misma edad, hoy sería su día.

- Bueno, Thomas, hoy te toca a ti. - comentaba su padre mientras traía consigo el arado.

Su hijo no se mostraba muy contento ante la idea. Era bien sabido por su parte que trabajar no le gustaba a nadie, pero con el tiempo se hacía más ameno, e incluso llegaba a ser entretenido, aunque visto desde fuera no lo pareciera.

George dio un fuerte silbido al aire, el cual recorrió todo el campo y sus construcciones. Dentro de un establo, se oyó el sonido de un animal acercándose. De las puertas del lugar salió con paso pesado, un caballo de pelaje abeto oscuro. Este acudió a llamado del granjero y se posó a su lado.

- Lo que debes hacer ahora es atar el arado al lomo de Florentino. - explicó, refiriéndose al caballo. El hombre le ató la herramienta de agricultura al animal y la dejó bien sujeta a este - Ahora lo que debes hacer es empujar el arado mientras Florentino tira de él, luego volver y subir, así hasta que toda la tierra este llena de surcos rectos. Y no te preocupes por marcar bien la trayectoria por la cual caminas, Florentino ha hecho esto muchas veces, él te guiará. Verdad que sí, muchacho? - le dijo al caballo, acariciándole la cabeza. El animal solamente resopló como cabría esperar de él. George le dio una zanahoria para que se animara y tuviese más energías, todas la que podría darle una sola zanahoria.

Sin decir nada, el pequeño Thomas tomó el arado por el mango y comenzó a empujar de él mientras Florentino tiraba, al principio le costaría, y sería Florentino quien hiciese casi todo el trabajo, pero por algún lado tenía que empezar. Cuando ya llevaban dos surcos y medio hechos, un pequeño temblor en la tierra los hizo tambalearse un poco, Thomas casi se cayó, pero se tomó de arado para no hacerlo. En cambio, Florentino, estaba agitado por aquel temblor, tanto que comenzó a relinchar.

- Sooo, Florentino, sooo. - emulaba el pequeño como su padre le había enseñado para calmar al caballo.

Otro temblor provocó que lo poco que Thomas había conseguido calmar al caballo se esfumase como la bruma en el viento. Florentino huyó de ahí con el arado en su lomo, arruinando los surcos que habían hecho y destrozando la tierra que no había que arar. El temblor comenzó a hacerse más fuerte bajo los pies del muchacho.

- Papá. - grito el pequeño, preso del miedo.

Su padre salió corriendo de dentro del establo para ver la escena que estaba ocurriendo. Lo primero con lo que se encontró fue su caballo, el cual estaba corriendo sin control, lo siguiente, fue a su hijo pequeño, que corría hacia él. Ya de por sí aquello le aterrorizó, pero lo que ocurrió después hizo que el corazón le diese un vuelco. Debajo de la tierra salió un gusano devora hombres. Era enorme, mostraba un cuerpo recubierto por una coraza dura como la roca. Tenía varias patas pequeñas con las que se movía debajo de la tierra, y fauces en donde se mostraban una infinidad de dientes para eliminar todo aquello que entrase en estas. La camisa de Thomas quedó atascada en una de las partes puntiagudas de la coraza de la criatura cuando esta emergió de la tierra.

- Papi! - volvió a gritar el chico con los ojos repletos de lágrimas de puro terror - Ayúdame!

- Thomas. - gritaba su padre - Sujétate!

George buscó a su alrededor algo con lo que plantarle cara al bicho. A su izquierda había una pala algo vieja, no estaba seguro de que la pala pudiese ayudarlo de alguna manera, pero era mejor que no tener nada.

- Allá voy, hijo.

Este corrió con torpeza hacia la criatura, su descomunal tamaño hacía que las piernas le fallaran al tipo, preso del miedo. Los hermanos y hermanas de Thomas que se hallaban cerca, intentaron conseguir algo con lo que defenderse, igual que su padre.

El viejo George ya había alcanzado a la criatura, no tenía idea alguna de cómo enfrentarla, así que hizo lo único que se le ocurrió; le dio un golpe en la coraza. El gusano no sintió más que una pequeña molestia en la parte de su cuerpo que salía del hoyo. Este golpeó al tipo con una de sus patas y lo envío un par de metros atrás, haciéndolo caer. George se quedó tirado en el suelo mientras veía como su hijo seguía gritando por ayuda. Los hermanos ya se estaban acercando hacia ellos con picos, martillos y machetes, pero no llegarían a tiempo. Dispuesto a devorar a la presa en su coraza, el gusano movió su cuello hacia arriba y lanzó al chico por los aires. Abrió sus fauces a la espera de que el pequeño cayese dentro de estas.

- Nooo! Thomas! - sollozaba el padre, abrumado por una sensación de impotencia enorme.

Finalmente, el chico fue engullido por el gusano, pero tan pronto desapareció entre las fauces de la criatura, esta notó la carencia de sabor y textura de su presa. Algo no andaba bien.

A su derecha, George vio a una mujer de piel blanca y cabello rojo como la sangre. Esta cargaba en brazos a su hijo. Dejó al pobre en el suelo y el pequeño salió corriendo hacia su padre.

- Papá. - aclamaba este.

- Thomas. - decía George con lágrimas en los ojos.

Se reunieron en un abrazo que los llenó de esperanza y alegría. George levantó la mirada hacia la mujer de piel blanca.

- Gracias, gracias. De verdad, gracias. - expresaba este desde el fondo de su corazón.

Esta no dijo nada, solo abrió un portal cerca de ellos.

- Métanse ahí y no se acerquen. - ordenó ella de forma simple y cortante.

Padre e hijo se miraron en uno al otro, todo aquello era muy misterioso, pero dadas las circunstancias, no estaban para dudar de una mujer que había salvado la vida del pequeño Thomas. Cuando ambos se metieron en el portal, cuatro clones aparecieron a ambos lados de Hekapoo. Esta levantó la mano dejando su palma abierta. Los clones sacaron de sus llamas varias armas con las que defenderse. Al ver a tantas chicas juntas, el gusano soltó un chillido de amenaza y se lanzó por ellas. Hekapoo movió la mano que había levantado y apuntó directamente a la criatura, haciendo que los clones a su alrededor se lanzasen a luchar contra esta. Mientras corrían directamente hacia su enemigo, a la derecha de Hekapoo se abrió un pequeño portal, por el cual se asomó la cabeza de un clon.

- Lo has encontrado? - preguntó la original. A lo que el clon simplemente asintió - Bien.

Estiró la mano hacia el clon y cuando fue a tocarla esta se convirtió en humo. El humo fue directamente hacia su llama y, al entrar en contacto con esta, transmitió a la original la información que había conseguido; la ubicación del portal por el cual había salido el gusano.

Mientras los clones luchaban contra el gusano oyeron una explosión en el cielo, era una bola de fuego pequeña lanzada por la original. Aquello les indicó que la segunda parte del plan había dado comienzo. Dos de los clones que estaban atacando al gusano comenzaron a atacar con mayor euforia, provocando que la criatura enfocase su atención es ambas. Un fuerte rugido les dejó claro que habían conseguido lo que querían, por los que comenzaron a alejarse del gusano. Este lanzó su cuerpo a la tierra y comenzó a arrastrarse cual serpiente hambrienta. Aun corriendo para no ser alcanzadas, las clones lanzaban alguna bola de fuego pequeña al enemigo, eso lo mantenía enfurecido y enfuscado solamente en ellas. La expectación hacía que la bestia se moviese con mayor velocidad, ansiosa por alcanzar a sus presas y destrozarlas entre los miles de dientes que poseía. En el momento que notó que estás estaban a la distancia necesaria para ser atrapadas, retorció su cuerpo y se impulsó hacia adelante de un solo salto, estaba por caer sobre ellas con sus fauces abiertas. Pero a varios metros antes de alcanzarlas, una tercera salió de un portal que apareció a su derecha. Esta tenía en sus manos las mitades de unas tijeras, una mitad en cada mano. Tomó el impulso con el cual salió del portal y con sus tijeras rasgó el tejido dimensional justo delante del gusano. Un enorme portal se abrió frente a este, era de su tamaño, y no pudo hacer nada para evitar atravesarlo, este ya se había lanzado. El portal lo envío justo delante de otro portal ubicado al pie de una montaña, tampoco pudo hacer nada para evitar atravesar aquel portal, la forjadora lo había enviado a una sucesión de portales imposible de proveer y evitar. Este último envío a la criatura a una zona rocosa llena de montañas, riscos y cuevas, allí había más gusanos como este, pocos, pero había; lo habían enviado a su dimensión. Se giró para mirar al portal del cual había sido expulsado, solo para hallar tras de este a la mujer de cabellos carmesí. Le mostraba una mirada sería y severa, como si con esta le advirtiese a la criatura de lo que le ocurriría en caso de volver. Alzó su mano en alto y cortó aquel portal desde la parte de arriba, cerrándolo de una vez por todas.

Tras aquella conmoción, los clones se reunieron con la original y comenzaron a vitorearla. Chocaron los cinco con ella y le dieron palmadas en la espalda, y alguna que otra una nalgada en el trasero, como si fuesen las jugadoras de un partido de fútbol americano. Esto no molestaba a Hekapoo, aunque sí que se volteaba para ver a la o las atrevidas con rostro interrogativo. Eran fáciles de identificar, solo había que hallar a aquellas que se cubrían la boca para ocultar su risa traviesa y chistosa. Aquello ayudaba a aliviar un poco el estrés por el cual estaba pasando. Desde que estás irregularidades habían comenzado había tenido que encargarse de cerrarlas, de continuar con la lectura de los documentos para el juicio de Eclipsa y de seguir con sus labores como forjadora. Si todo aquello no fuese poco, Marco estaba ausente últimamente, al parecer Star tenía varios problemas nocturnos, como ser sonámbula y otras irregularidades en su sueño, y como era su escudero, tenía que encargarse de que durante esos episodios de sonambulismo no le ocurriese nada a Star. A su mujer le daba pena, pues como este pasaba las noches en vela para cerciorarse de que Star se encontrase bien, dormía por las mañanas, y con el tiempo que ella pasaba ocupada en su trabajo, se veían pocas veces, pero lo entendía perfectamente, sabía que ya vendrían tiempos mejores y más tranquilos.

Algo que tiraba de su vestido le llamó la atención e hizo que saliera de su trance. Miró hacia abajo para ver de lo que se trataba. Allí se encontraba el pequeño Thomas con una canasta de frutas y verduras en sus manos, este la alzó había la forjadora para que la tomase.

- Para usted señora, muchas gracias por salvarnos. - dijo el pequeño con voz inocente.

Hekapoo sonrió al verlo y tomó la cesta con gusto. El pequeño le dio un abrazo como señal de agradecimiento además de aquel obsequio. Conmovida le acarició la cabeza, correspondiendo su gesto. Detrás de este se acercaba su padre con rostro agradecido. La dama lo miró dándole la oportunidad de hablar. Le tomó la mano de la cabeza del niño y se inclinó ante ella.

- Muchas gracias, extraña mujer. Nos has salvado, mi familia estará en deuda contigo. - expresó de todo corazón.

No tuvo respuesta alguna de la mujer, solo notó como ella recuperaba su mano de forma sueva.

- George, verdad? - preguntó.

- Así es. - respondió tras levantar la mirada y observar el rostro de su salvadora.

Vio como ella metía su mano en la llama de su cabeza y de esta sacó un par de tijeras. Se las extendió esperando que esté las tomase.

- Has arriesgado tu vida para salvar a tu hijo, y lo has hecho sin siquiera vacilar ni un poco. Te las has ganado.

- Que es...? - dijo confundido mientras estiraba su mano para tomar las tijeras.

Las miró un momento, estas brillaban con luz radiante.

- Con ellas podrás ir a donde quieras. - explicó sin más.

- Me gratitud nunca será la suficiente como para pagar todo lo que nos estás otorgando.

- Considéralo como la recompensa de toda una vida de trabajo.

Aquellas fueron las últimas palabras que le dedicó la forjadora, volteó hacia atrás y abrió un portal para volver a casa. Apareció justo en la herrería que ella tenía por sótano, esta era muy similar a la de su dimensión, pero por motivos de espacio, no era igual. Sobre una mesa de madera que había allí, se hallaba una especie de mapa que estaba dibujando. Después de haber cerrado varios portales, pensó que detrás de estos podría haber algún patrón que le ayudase a encontrar al que estaba detrás de todo aquello. Al principio parecía que simplemente estaba marcando ubicaciones que por sí solas o juntas, no tenían mucho sentido, pero que, a medida que los portales que encontraba eran plasmados en el papel, comenzaba a verse algo, todavía no era nada claro, ni nada que le indicase alguna dirección, pero comenzaba a mostrase el principio de un patrón.

Marcó en mapa el portal que había cerrado, de donde venía y a donde llevaba. Ya no quedaban demasiados portales que cerrar, por lo que no faltaría mucho para pisarle los talones a las aperturas aleatorias de portales. Solamente debería encargarse de los nuevos que apareciesen a partir de ahí. Pero aún era pronto para pensar en ello. Salió de su herrería y se fue a la habitación. Vio a su marido durmiendo plácidamente, aún era de día, ni siquiera había llegado la hora de comer, pero por sus labores, últimamente solo podía dormir por la mañana. Se le acercó un poco para darle un beso en la mejilla y luego se fue para continuar trabajando, tenía que crear tijeras.

Durante la semana fue cerrando más portales y devolviendo a más criaturas a sus respectivos hogares. Hasta que, un día, solo le quedó un portal más por cerrar.

En el bosque de Luanna, las pequeñas criaturas mágicas como elfos del bosque, andas, dríades y ninfas bailaban al son de la música de la naturaleza. Los árboles se llenaban de vida al notar la melodía y la magia que flotaba en el aire, tanto fue así, que estos decidieron unírseles en aquel vals de alegría. Arbóreos comenzaban a moverse de forma lenta y sistemática, moviendo sus ramas de arriba abajo, de un lado a otro, haciendo que sus hojas sonarán con el viento, y que su madera opacara un poco el silbido de los pájaros, pero nadie se molestaba por ello, porque todos se divertían y disfrutaban, aquello era algo para compartir, no para ocultar al resto y negárselo a otros, todos estaba en su derecho de disfrutar de la naturaleza.

Mientras en un lado disfrutaban del bosque disfrutaban del regalo de la vida, en otra parte ocurría una tragedia. Un arbóreo de brasas avanzaba por el bosque quemándolo todo a su paso. Sus manos compuestas de brasas se envolvían en llamas al tocar el tronco o las hojas de otro árbol. Los animales cercanos huían despavoridos de las llamas de aquella criatura. Uno de estos cruzó en medio del desfile jovial que estaban teniendo las criaturas del bosque. Acabó por chocarse con un pequeño elfo, cayendo al suelo junto con este. El elfo fijó en el pequeño animal, era un pichón, se veía muy alterado.

- Que ocurre, pequeño? - preguntó el elfo, anonadado la actitud alterada del pichón.

El pájaro comenzó a cantar lleno de desesperación, intentando advertir al elfo del peligro que se aproximaba. Tan pronto acabó, se fue volando la más rápido que pudo. Entre preocupación e incredulidad, el elfo debatía si el peligro del que el pájaro le había advertido era fidedigno o solo se trataba de un susto momento. Parecía demasiado conmocionado como para solo tratarse de un simple susto, pero su advertencia acerca de un "monstruo de fuego" era de dudosa credibilidad. En el bosque de Luanna no había criatura semejante a la que había dicho el pichón, por aquel motivo no sabía si creer en la palabra de este. Pronto se daría cuenta de que aquello, era tan real como la magia del bosque.

De entre varias copas se asomó un brazo de madera carbonizada. Este palpitaba con la brisa del viento haciendo que el fuego de las brasas aumentase. La madera de este crepitaba debido a las llamas. Aquel sonido retumbó en su cabeza como el aullido de un lobo que está preparado para cazar a su presa. El fuego se extendió a las ramas que había al rededor del arbóreo de brasas, creando un infierno en el medio de aquel festejo. Todos los presentes huyeron de la forma que pudieron, excepto el elfo, quien se quedó paralizado por el terror que lo invadió al ver a tan imponente enemigo frente a sus ojos. Por si su sola presencia no fuese suficiente para atormentar al pequeño hasta el fin de sus días, el arbóreo de brasas dirigió su mirada hacia este. Dos cuencas vacías sin nada más que destellos rojizos como pupilas se posaron sobre el elfo. Poco a poco fue levantando su brazo para aplastar a la insignificante criatura. Aquel que iba a morir, cerró los ojos y deseó con todas sus fuerzas que la madre naturaleza lo acogiese bien en el otro mundo. Esperó con pánico el golpe que acabase con su vida, los segundo se hacían eternos y la espera era peor que la inminente muerte que iba a tener. Pero su atención fue clamada cuando oyó el grito de dolor del monstruo de fuego. Abrió los ojos para, con terrorífica curiosidad, comprobar que había sucedido. Ante sus ojos se veía al arbóreo golpeado por un torrente de llama a su espalda, lo cual lo desequilibró e hizo que cayese hacia adelante. Nuevamente el pequeño se hallaba en peligro de muerte, y también se mostraba un incapaz de mover un solo músculo para salvarse, pero, desprovisto de toda posibilidad de supervivencia, un portal bajo sus pies se abrió y se lo tragó. Apareció junto a una mujer de cabello carmesí y de piel blanca. En su mano portaba un arma de metal cien por ciento desconocida para él. A su frente se hallaba la espalda del arbóreo de brasas, a su espalda, metros y metros de bosque quemado, más las llamas que aquel monstruo había provocado, se habían extinguido.

- No te quede ahí. - le dijo la mujer en tono severo, lo cual provocó que el elfo reaccionase - Huye! - ordenó ella.

Quiso preguntarle quien era ella y que hacía allí, pero el arbóreo que había caído se estaba levantando. Por lo que dejó su curiosidad de lado y escapó de allí volando.

La propiedad ígnea de la alabarda que portaba el clon de Hekapoo había conseguido consumir todas las llamas generadas por el arbóreo, y pudo aprovecharlas para darle un ataque lo suficientemente fuerte como para llamar su atención. Delante de ella, la criatura ya se había girado para cobrar venganza de aquel golpe por la espalda. Levantó su enorme pie y lo dejó caer encima de la mujer. Esta sonrió para sí a sabiendas de que el plan había funcionado. De la derecha de la mujer salió disparada la Hekapoo original desde un portal, antes de que el enorme pie las aplastara, abrió un portal para transportar la extremidad del monstruo a otra parte, al mar. En cuanto la madera en brasas del arbóreo entro en contacto con el agua, soltó un fuerte chillido de dolor, el cual le obligó a echar su pierna hacia atrás para apartarla del contacto con el agua. Cuando consiguió sacar su pie de allí, se lo tomó con ambas manos, intentando recobrar las llamas que envolvían su madera. El clon de Hekapoo aprovechó ese momento en el que su enemigo estaba parado sobre un solo pie para saltar hacia él y darle una fuerte patada en el pecho, la cual lo hizo caer hacia atrás. La original corrió rápidamente por debajo de este y abrió un portal enorme dentro del cual cayó el arbóreo. Esta vez, no envió a la criatura a la ubicación del portal del cual había salido, ella sabía perfectamente a donde pertenecía una criatura como aquella; Flendar.

Había pasado la conmoción en el bosque, el fuego se había extinguido y el enemigo se había ido, pero los rastros de su destrozo dejaron marca en aquel sitio. Mas estos se recuperarían, así era el bosque, siempre volvería a crecer, sin importar la catástrofe. Hekapoo desapareció de allí sin decir nada, no se vio en necesidad de decirle nada a nadie, el peligro había sido expulsado, y, al parecer, con eso bastaba. De nuevo, regresó a su herrería para marcar en aquel mapa la ubicación del último portal que había cerrado. Después de tanto correr, había conseguido cerrar todos los portales abiertos hasta ahora, y, por fin, con este último portal, pudo vislumbrar en su mapa un patrón, el necesario para saber con seguridad la ubicación en la cual se abriría el siguiente portal. Por experiencia, sabía que los fenómenos sucedían cerca de la media noche en adelante, por lo que aquella misma noche podría acabar con todo.

- Te atraparé, seas lo que seas dejarás de causar tantos estragos durante mi guardia.

En el medio una explanada donde solo había rocas y montañas, la forjadora se había asentado justo en frente de donde debería abrirse el portal. Sus clones, las cuales reposaban a sus lados, tenían preparada una red para atrapar a fuese lo que fuese que apareciera de aquel portal. Otras estaban afilando sus armas con una piedra de afilar, estaban preparadas para abatir al responsable en caso de que fuese necesario. Sentía un poco de tensión en su interior, los momentos previos a cazar una presa siempre eran en intrigantes, aquello le daba sabor al momento.

Más pronto que tarde un portal amarillo se abrió en el medio del cielo. Sin pensárselo dos veces, Hekapoo abrió un portal que apuntaba hacia abajo y transportaba al usuario a pocos metros delante del portal que se había abierto. Una criatura amarilla salió de allí, no pudo ver claramente que era, pero si vio que era esa la causante del problema de los portales.

- Ahora! - indicó la original apuntando al portal que había creado.

Los cuatro clones que tenían preparada esa enorme red, saltaron por el portal y aparecieron justo encima de la criatura amarilla, atrapándola con la red. Cayeron en picado al suelo, pero un portal se abrió a sus pies y salieron disparados del suelo al atravesarlo. El impulso los elevó, otro portal se abrió encima de ellos y aparecieron en tierra, al no ser demasiado fuerte el impulso, apenas si se arrastraron al salir. En el momento en el que se hallaron en el suelo, otros clones que estaban esperando por aquellos sostenían la red con la criatura atrapada, salieron disparados hacia la presa y clavaron estacas en red para fijarla al suelo. Una vez lo consiguieron, se alejaron un poco para ver si había funcionado de forma correcta. La criatura intentaba volar y escaparse de allí, pero era incapaz de elevarse por la red y por las estacas que la clavaban al suelo. Todas se miraron orgullosas por un trabajo bien hecho, casi quisieron felicitarse a sí mismas, pero una de las clones le llamó la atención al resto.

- Chicas, creo que deberían ver esto. - llamó el clon que estaba mirando a la criatura.

Pronto el resto comenzó a rodear a la presa para ver de qué se trataba. La sorpresa que se llevaron no tuvo precio. Aquella criatura era similar a una persona con las alas y las características de una mariposa, como la transformación Butterfly de la reina, solo que esta no era la reina.

- Star? - dijo la mujer, confundida.

Hasta la fecha no había visto la transformación de Star ni una sola vez, solo había odio por parte de su marido que ella había conseguido transformase durante la batalla con Toffee, pero, a pesar de ello, no había duda, era la princesa.

- Que es lo que ocurre aquí? - se dijo a sí misma mientras miraba a la chica.

Del portal del que había salido la chica, también habían salido Tom y Marco. El demonio cargaba con el muchacho para que no se cayese mientras volaba usando sus llamas.

- La ves por algún lado? - preguntó el joven demonio.

- No. - respondió el humano quien miraba a todas partes. Cuando llevó su vista hacia abajo apuntó sin siquiera pensarlo - Que es eso?

Tom entornó un poco la mirada para dilucidar lo que había allí. Había una criatura atrapada en una red de caza, sin duda alguna supo que la criatura atrapada era Star, alrededor de ella, había un montón de personas.

- Star ha sido atrapada. - dijo de golpe, quiso bajar de inmediato, pero se percató de una cosa que le llamó la atención, las personas que se hallaban alrededor de Star - Marco, no es esa tu mujer? - preguntó confundido.

- Ay, no. - dijo este al ver qué lo que Tom estaba diciendo era verdad - Tenemos que bajar.

En el cielo, Hekapoo vio cómo su marido descendía siendo llevado en brazos por Tom.

- Marco, Tom. Que hacen aquí? - quiso saber ella.

En la situación en la que el chico se encontraba, sabía que no podía ocultar más el secreto que Star le había pedido que mantuviese.

- Verás. - comenzó a explicar este, pero antes se acercó a Tom para susurrarle algo al oído - Libera a Star y síguela, yo me encargaré de esto.

El muchacho obedeció y comenzó a liberar a la chica cortando las cuerdas con sus llamas. La mujer miró al chico que estaba liberando a Star.

- Marco, por favor explícame lo que está ocurriendo aquí. - reiteró la mujer.

- Lo sé. Es una larga historia.

- Creo que podré soportarlo. – dijo un poco seria y cruzando sus brazos.

- Pues, hace un par de semanas Star me llamó en mitad de la noche porque le había ocurrido algo. Su habitación había sufrido destrozos mientras ella dormía. Al principio pensé que se trataba de alguien que había entrado a su habitación. Le pedí ayuda a Tom para vigilar que nadie entrase a su cuarto mientras ella dormía, fue esa noche que nos dimos cuenta de que no había intruso alguno, sino que era Star, quien se transformaba por las noches estando dormida y se movía por lugares desconocidos a través de portales. Intentamos detenerla en varias ocasiones, pero no pudimos. Eventualmente Star decidió dejar que su naturaleza siguiese su curso y no interferir con sus transformaciones y viajes nocturnos, fue por ello que nos pidió que no intentemos detenerla. Aceptamos su decisión, pero, aun así, Tom y yo la seguimos en secreto para asegurarnos de que nada malo le ocurriese.

Ahora la mujer comprendía de donde provenía todos aquellos portales, a decir verdad, no estaba para nada contenta con saberlo.

- Bien, entiendo. Pero ahora dime, porque no me dijiste nada acerca de esto? - preguntó más seria.

- Star me pidió que no le dijese nada a nadie, incluyéndote. – confesó un tanto apenado - Le prometí que no lo haría, que podía contar conmigo.

- Marco, es un asunto grave, involucra portales que no fueron abiertos por mi magia, portales que se quedaron abiertos en varios lugares sin que nadie lo supiese. – decía de forma severa - Debiste decírmelo.

- Hice una promesa, y como caballero, mantuve me palabra.

- Por culpa tu palabra muchas personas estuvieron en peligro. - dijo alzando la voz - Criaturas peligrosas atravesaron aquellos portales y entraron en dimensiones a las cuales no pertenecían. Tienes idea de a cuántas cosas tuve que enfrentarme porque solo porque esos portales estuviesen abiertos? Todo por tu pequeña promesa.

Al escuchar aquello de su mujer, sintió como una sensación de culpa comenzó a invadirlo. No se le había pasado por la cabeza que las vidas de personas corriesen peligro debido a esos portales abiertos.

- L-lo siento, no tenía idea. - se disculpó, consternado.

- Marco, ya de por sí mi trabajo es amplio. Gracias a la maldita de Eclipsa, además de mi trabajo también debo revisar todos los documentos relacionados con el juicio que se llevará a cabo en menos de una semana. Crees acaso que necesito, a parte de lo que ya te he mencionado, dedicarme a cazar bestias para devolverlas a su dimensión y cerrar portales? - preguntó si esperar respuesta alguna - Marco, necesito confiar en ti, como voy a hacerlo después de esto?

- No sabía que esto ocurriría, de verdad.

La mujer chasqueó sus dedos y todos los clones desaparecieron. Dio media vuelta y abrió un portal. La negligencia que estaba mostrando su marido la estaba poniendo de los nervios, le hervía la sangre y sentía que estallaría en cualquier momento.

- A dónde vas? - preguntó consternado.

- A casa, estoy cansada, cansada de todo. No quiero hablar más. - dijo en tono seco.

- Pero.

- NO! - gritó envolviéndose en llamas - Estoy muy enojada contigo, no quiero hablar, así que me voy. Entendido? - dijo con sus ojos totalmente rojos por la furia.

Marco, levantó las manos en señal de defensa, no quería provocar más a la dama, por lo que simplemente asintió y dejó que ella se fuera. Pero antes de entrar en el portal, le lanzó al chico una especie de mapa enrollado.

- Ten, ya no lo necesito. A ver si con eso pueden acabar con el problema de los portales de una vez y dejarme tranquila.

Tras decir eso, la mujer desapareció en aquel portal. El muchacho quiso estirar la mano para intentar detenerla, para intentar arreglar todo aquello, pero sabía que era inútil, ahora mismo no podía arreglar nada, solo esperar a que llegase el momento en el que pudiesen hablar con más calma. Aun así, no pudo evitar sentir un dolor en su pecho por haber peleado con la persona que más amaba en el mundo.

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No importa que tan agradable sea un camino, en algún momento es seguro que te encontraras algún obstaculo.

La vida misma refleja esto en todas sus facetas, pues no existe rosa sin espinas,

primavera sin otoño,

luna sin un sol,

y tampoco, placer sin dolor.

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Hasta la semana que viene.

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