Capítulo 54: Vuelta a la tierra

Las luciérnagas en llamas habían desaparecido en el aire, llevándose consigo la luz del fuego. Hekapoo y Marco aún seguían fundidos en un beso, el exterior había desaparecido para ellos, dejando nada más que calor y amor. Al cabo de un rato, se separaron lentamente, abriendo los ojos y mirándose el uno al otro. No pudieron evitar sonreír, todavía alegres. La situación no era para menos. Pero entonces el humano, a pesar de estar perdido en la mirada de su amada, recordó una cosa de suma importancia. Este se llevó la mano a la cabeza al recordarlo.

- Cierto, casi paso por alto el detalle más importante. - al escuchar esto, Hekapoo ladeó su cabeza, confundida.

Marco metió la mano en uno de sus bolsillos y luego la sacó. Había tomado algo, pero este lo mantenía oculto en su puño cerrado. Le pidió a Heka que extendiese la mano. Al momento se dio cuenta de lo que el tipo estaba a punto de darle, por lo que cerró los ojos, otorgándole a este la oportunidad darle otra sorpresa más en aquel día. La mujer sintió como este le ponía un anillo en su dedo con suma delicadeza, abrió los ojos lentamente y pudo verlo. Era negro y estaba hecho de roca a volcánica, lo sabía porque conocía el tacto y la textura de esta.

- Está hecha de lava seca rescatada de la primera cueva en la que nos encontramos y de restos de erupción del volcán de Flendar. Además, reacciona ante tu alta temperatura corporal.

Curiosa, elevó la temperatura de su mano para ver qué sucedía, unas letras se mostraron en el anillo, estás formaban el nombre de Hekapoo, en su lenguaje, giró la mano para ver si había otro grabado, y así lo fue, se mostraba una fecha terrestre.

- Es la fecha del día en que nos conocimos, es una fecha que estuve recordando durante mucho tiempo. Sé que aquí tienen otro tipo de calendario, pero me pareció más significativo que fuese la fecha del calendario terrícola, al menos, el calendario que tenían en mi cultura. Tú y yo sabemos que esa fecha, a pesar de que en la tierra no haya pasado tan siquiera un día, es algo que representa mucho tiempo y muchas experiencias.

No pudo evitar soltar lágrimas de alegría al ver lo mucho que este se había dedicado a la hora de elegir el anillo.

- Es... perfecto. Pero, como lo hiciste? - preguntó ella.

- Digamos que recibí algo de ayuda.

En la guarida de Hekapoo, resguardando la entrada, se hallaban las dos guardias. La de la derecha sintió un repentino picor en la nariz, y estornudó. Esta, casi apaga la llama de su compañera.

- Oye! – dijo la de la izquierda, enfadada - Ten más cuidado, es la segunda vez que haces esto.

- Perdón, perdón. - se defendió ella - Creo que alguien debe estar hablando de mí.

- Seguro que no estará diciendo nada bueno, sea quien sea.

Ambas volvieron a sus posiciones y continuaron con su guardia.

Mientras tanto, Marco y Hekapoo volvieron a sentarse en la piedra sobre la cual se habían sentado momentos atrás. Comenzaron a hablar sobre la proposición que el muchacho había hecho, esto no significaba que ella no quisiese casarse con el, sino que quería saber los detalles, que harían y como lo harían.

- Sabes, había pensado que podríamos casarnos en la tierra y vivir allí. - explicaba este.

- Mmm. Si te soy sincera, si viviremos juntos en una dimensión que no sea esta, preferiría que sea en Mewni, allí es donde me necesitan, recuerda que soy miembro de la alta comisión. Además, podemos conseguir que ingreses en el cuerpo de guardias de Mewni, si te soy sincera, no creo que haya un solo guardia capaz de superar tus habilidades físicas.

Marco decidió meditar la contraoferta de su amada. Ciertamente no tenía mucha cabida en la tierra ahora que se había vuelto un aventurero, solo Mewni podría ofrecerle retos a su altura. Con una sonrisa en su rostro, volvió a mirar a la dama y asintió enérgicamente. Ella se alegró en demasía, se casarían en Mewni y vivirían juntos allí, le parecía un sueño.

- Me gustaría presentarte a mis padres antes de realizar la boda. – ella se mostró un tanto extrañada al oír eso – Pasa algo? – preguntó este al verla así.

- No, no. Es solo que, es la primera vez que alguien hará algo como esto. O sea, nunca antes había tenido una relación tan seria como esta, además, tampoco me habría imaginado conocer a tus padres, pero debo decir que es algo que suponía que algún día se presentaría.

- Bueno, siempre hay una primera vez para todo, ya hablaremos de los detalles en su debido momento, aunque te seré sincero, me gustaría ir a la tierra a penas podamos.

- No tengo inconveniente alguno en ir mañana mismo si así lo quieres, pero sabes que una vez que nos vayamos, todo lo que hay aquí ya no será lo mismo para ti, es decir, todo lo que alguna vez conociste aquí envejecerá, solo un día en la tierra basta para que ya no quede nada de lo que has conocido. Aun así, quieres irte tan pronto podamos? – el muchacho no respondió al instante, se tomó unos segundos para meditar sus palabras.

- Han pasado ciento dieciséis años desde que llegué aquí. Ya casi no queda nadie vivo de todos a los que he conocido, no tengo nada que me ate a este sitio, solo tú y Nachos. – este mostraba una mirada firme y decidida, Hekapoo comprendió que este hablaba totalmente enserio.

- De acuerdo, entonces mañana mismo nos iremos. Volvamos a casa, tenemos cosas que empacar. Pero recuerda que podrás volver a esta dimensión cuando quieras si necesitas tomar un arma o descansar aquí. Después de todo, cuando vuelvas a la tierra ni siquiera habrá pasado un segundo. – este asintió a las palabras de la forjadora – Bueno, vámonos.

A pesar de que el día había sido hermoso, decidieron que no había más tiempo que perder allí, así que volvieron inmediatamente a la guarida. Al llegar, pasaron por la puerta tomados de la mano, saludaron a los guardias, el de la derecha en particular le guiñó el ojo a Marco de forma cómplice, este le devolvió el gesto, dejando claro que todo había salido según lo previsto. Ni tan pronto entraron se dirigieron abajo, a buscar todo aquello que quisiesen llevarse, principalmente ropa, aunque en el caso de Marco se trataba también de su armadura y algunas armas. Guardaron varias cosas en un par de mochilas, las armas tenían que ir en sus respectivas fundas y la armadura se tendría que llevar envuelta en tela. En un par de minutos ya tenían el equipaje listo para partir. No era tarde aún, pero estuvieron de acuerdo en que ambos necesitaban dormir. Así que hicieron lo más sensato y dejaron sus mentes descansar. Aquella noche, Hekapoo durmió muy a gusto debido al hermoso día que había tenido, pero estaba ansiosa, en su interior sabía que mañana sería un día lleno de emociones y en ese momento su cabeza era una montaña rusa, a pesar de estar dormida. Marco por su parte, sentía su corazón inquieto de la emoción que lo envolvía, mañana volvería a la tierra, tendría una nueva vida y próximamente se casaría con la persona más importante en su vida.

Una dulce sensación al estirarse fue lo que le anunció a la dama de cabellos carmesí el comienzo de un nuevo día. Se percató de que Marco no se encontraba en la cama. Supuso que este podría haberse levantado antes que ella debido a la emoción. Tras salir del baño, fue directamente a tomar el desayuno. No sé había encontrado con el tipo durante el transcurso de su rutina. Salió de la guarida con una taza de café en su mano y preguntó a los guardias si habían visto al muchacho. Estas le informaron de que había ido a despedirse de un par de amigos. Comprendió a la perfección el punto del tipo, por lo que esta fue a desayunar en paz, a la espera de que Marco volviese. Hacia un bonito día, así que decidió desayunar fuera. Tomó una bandeja donde llevó su taza de cafe y un par de tostadas con un poco de mantequilla para untar. Se sentó en una de las raíces que sobresalían de la tierra, provenientes del enorme tronco que hacía de guarida. Tiempo atrás había moldeado con fuego un sitio en la raíz para sentarse cómodamente. Allí reposó y disfrutó de su café.

Transcurridos dos cuartos de hora, un portal se abrió delante de la entrada, de este salió Marco, quien se veía normal. El tipo se fijó en la mujer que estaba sentada en una raíz, aparentemente esperándolo.

- Qué haces ahí? - preguntó con una sonrisa.

- Estaba esperando tu regreso. Donde has estado?

- Fui a despedirme de Meadlay y de Lawrence, aún me sigue sorprendiendo que después de cien años ellos sigan con vida.

- Es normal, las dríades viven durante un largo periodo de tiempo, y los elfos están en esa misma categoría, pero creo que la unión que Lawrence mantiene con el espíritu de Mondar le permite vivir más años aún.

- Parece que no somos las únicas criaturas longevas aquí. - dijo con una sonrisa casi melancólica. Pero no se dejó desilusionar, rápidamente tomó aire y se sintió lleno de energía - Lista para partir? - preguntó a la mujer. Esta sonrió nerviosamente y negó con la cabeza - Enserio?

- No, es decir, sí. A ver, estoy lista, pero aún me resulta un poco raro, es decir, voy a conocer a tu familia, vamos a vivir juntos y también nos casaremos, es todo tan... wow.

Marco se sintió alegre a pesar de que las palabras de la forjadora resultasen confusas, pero su rostro transmitía emoción, se notaba lo mucho que quería hacer todo aquello, pero también se la veía nerviosa. Para animarla, este le extendió la mano, ofreciéndosela.

- Será un nuevo viaje, juntos. No hay nada de qué preocuparse.

- Awww. - se oyó por parte de los guardias que observaban la escena atentamente.

- Eh, ustedes no se metan. - les decía la original. Marco se reía al verlas discutir.

- Creo que voy a extrañar a este par.

Los guardias pusieron caras apenadas, no fueron muchas la veces que se relacionaron con el tipo, pero ellas siempre estaban ahí, y siempre se saludaban la vez que se veían.

- También te extrañaremos, Marco. - dijeron estas al unísono. Se acercaron al tipo haciendo ademan de abrazarlo, pero se detuvieron a centímetros de este y voltearon hacia la original, casi rogando con la mirada que les permitiese despedirse del muchacho a su manera.

- Ay, está bien, despídanse. - cedió finalmente.

Ambas abrazaron al muchacho con fuerza. Pasaría mucho tiempo hasta que volviesen a verse, incluso era probable que no volviesen a verse otra vez, por lo que disfrutaron de ese abrazo tanto como les fue posible. Se separaron a disgusto, pero tenían que hacerlo, él y Hekapoo habían de partir. Marco se fue al interior de la guarida, esperando que su compañera lo siguiese, pero antes de entrar, ella también tenía que hacer algo. Se acercó a sus dos clones y las vio a ambas con detenimiento.

- Vengan. - ordenó ella.

Ellas se miraron la una a la otra un tanto dudosas, pero finalmente obedecieron y se acercaron a la original. Cuál fue su sorpresa cuando está las tomó a ambas por los hombros y las abrazó.

- Buen trabajo chicas, las voy a echar de menos.

No sé había esperado una reacción así, se sentían extrañas, pues la original no solía hacer cosas de ese estilo, pero eso no les impidió corresponderle el gesto.

- Esto es un poco extraño, es decir, eres nosotras. - dijo la de la derecha.

- Si, es como consolarme a mí misma o algo así. - soltó la de la izquierda.

- Puede, pero eso no significa que merezcan su reconocimiento, yo volveré a Mewni y ustedes volverán a estar aquí, en la vanguardia.

Eso último les llegó más de lo que hubiesen esperado, un sentimiento de tristeza las invadió, cerraron los ojos y se dejaron llevar por el abrazo. Al cabo de un rato se separaron, solo se miraron los rostros una sola vez antes de que la original se adentrase en la guarida, Marco se encontraba allí, esperándola, este había visto la conmovedora escena. Hekapoo, al pasar por su lado, se le quedó mirando.

- No quiero oír una sola palabra acerca de lo que acabas de ver.

Este simplemente sonrió y se encogió de hombros, a la chica le daba vergüenza, y él lo sabía, por lo que simplemente apoyó la mano en su hombro y le dio un pequeño empujoncito para que caminaran.

- Vamos. - terminó por decir suavemente el tipo.

Juntos, bajaron las escaleras y buscaron las pocas cosas que llevarían consigo, luego abrieron un portal y lo atravesaron sin vestigio de duda en sus corazones, pero si un sentimiento de añoranza.

Star se hallaba tirada en su cama mirando al techo, no había pasado tan siquiera una hora desde que ella había vuelto y aún seguía allí. La pelota de tenis a la que había estado disparando aún flotaba en el aire, y los hoyos del techo de su cama aún seguían sin reparar. Le costaba asimilar la idea de que no volvería a ver a su mejor amigo por tiempo indefinido. Lo peor es que no sabía qué decirles a los señores Díaz cuando los viese. Prefirió no decirle nada a Ponyhead, al menos no aún, quería estar sola con sus pensamientos durante un rato.

En la otra habitación se oyó un sonido extraño, era como si hubiese alguien allí. Entonó mejor el oído y consiguió escuchar algunas voces, venían de la habitación de Marco. Quizás era Ludo y sus secuaces que, lejos de estar satisfechos con quitarle el libro y a Glossaryck, volvían para intentar robarle la varita de nuevo. No se hallaba de humor en ese momento como para tener que soportar a ese pájaro, así que se levantó de la cama sin hacer ruido y tomó su varita con firmeza. Salió por la puerta de su habitación a abriéndola lentamente hasta situarse en el pasillo. Una vez allí, se acercó a la puerta de la habitación de su amigo y posó el oído sobre esta. Volvió a oír las voces, pero no podía distinguir de quienes. Decidió no esperar a ser sorprendida y ser ella quien tome la iniciativa. Abrió la puerta de una patada y apuntó al frente con su varita.

- Arriba las manos malditos monstruos. - gritó ella, preparada para lanzar un hechizo, más no estaba preparada para lo que se iba a encontrar.

Delante de la chica se hallaban Marco y Hekapoo, traían consigo unas mochilas, una bolsa de tela llena de cosas y lo que parecían ser armas. Hekapoo estaba vestida como siempre. Marco por su parte, vestía con unas botas de cuero, unos jeans y una sudadera similar a la que llevaba cuando todavía era un adolescente.

- Star. - soltó este de golpe, dejando caer las cosas que llevaba encima y corriendo hacia ella para darle un fuerte abrazo.

Star se sentía confundida, pero prefiero ignorar los motivos por los cuales su amigo se encontraba allí, y corresponder el abrazo. Un par de lágrimas asomaron por sus ojos, pero no se permitió llorar. Tras separarse, esta se limpió los ojos con su brazo.

- Hace décadas que no te veo.

- Marco, qué haces aquí? No dijiste que te quedarías en aquella dimensión? - preguntó confundida.

- Si, y eso hice, pero ahora Hekapoo y yo hemos decidido mudarnos para vivir en Mewni. Comprendo que esto te extrañé, han pasado cien años desde que te vi por última vez. - la expresión de confusión de la chica pasó de confundida a sorprendida.

- Cien años!? Pero si sigues igual que cuando te vi por última vez, tal vez algo más atlético, pero no has envejecido nada.

- Yo puedo explicar eso. - dijo Hekapoo introduciéndose en la conversación. Esta introdujo su mano en el cuello de la ropa del tipo y sacó el collar que llevaba puesto - Este es el Njönder, un collar especial que le permite a Marco ser inmune al paso del tiempo.

Ahora mismo la cabeza de Star era una montaña rusa, de estar sorprendida, volvía a estar confundida, eran muchas cosas para asimilar, y lo peor, era que eso solo parecía ser el principio.

- Por cierto, dónde están mis padres? - quiso saber el tipo.

- Están fuera, no sé cuándo volverán. - confesó Star.

- Bueno, no importa, supongo que ya llegarán. Por el momento le enseñaré la casa a Hekapoo. Ven Heka, creo que recuerdo cómo era este sitio, pero lo que no consigo recordar, es la contraseña de mi laptop.

- No pasa nada, vamos, enséñame el sitio. - decía Hekapoo.

Fueron escaleras abajo, Marco parecía emocionado, Star por su parte vio como ambos bajaban al recibidor pare investigar la casa.

- Oh, cachorros láser. Ya ni me acordaba de ellos. - gritó Marco desde abajo.

La chica, aún confundida, decidió volver a su cuarto, sus preocupaciones anteriores fueron rápidamente reemplazadas por dudas y confusión.

- Ok Star, tienes que calmarte, solo es Marco, un señor de cientos de años y su compañera, solo han venido a visitar a los señores Díaz y luego... a vivir en Mewni??? Que rayos está pasando!?

Mientras tanto, Marco y Hekapoo se dirigían al patio, junto con los cachorros.

- Síganme cachorritos, hay alguien a quien quiero presentarles.

Al salir por la puerta que daba al patio, se encontraron con Nachos, se hallaba recostado en el césped, este se había hecho un ovillo.

- Hey Nachos, estos son los cachorros. - los cachorritos, llenos de confianza, fueron jugar con el dragón motocicleta, lamiéndolo y posando sus patitas sobre la bestia. Esta levantó la cabeza un momento y miró al muchacho - Se bueno con ellos, porfa. - susurraba este.

El dragón volvió a mirar a los cachorros, los cuales disparaban láser a diestro y siniestro, uno de ello le dio en la frente, luego volvió la vista hacia el muchacho, otra vez. Este sonreía, casi suplicándole a su compañero que fuese tolerante. Nachos se levantó e hizo rugir su motor, al escucharlo, todos los perritos se juntaron y detuvieron sus disparos láser, excepto por uno que se escapó y le dio a Nachos en un cuerno, este volvió a hacer rugir el motor y miró a los perros de forma desafiante, haciendo que estos se agacharse un poco en señal de defensa. De pronto, el reptil comenzó a correr al rededor del patio. Los cachorros comenzaron a ladrar y lo seguirlo. Nachos movía la cola como cebo para que estos intentasen morderla, pero no se dejaba atrapar.

- Parece que tienes un amigo muy fiel a ti. - dijo Hekapoo mientras se apoyaba de lado en el brazo del tipo.

- Es un gran compañero. - respondió este, pero pasados unos segundos - Que, soy tu poste personal o algo?

- Bueno, quería apoyarme en un sitio, estabas aquí, y además no notas el peso de mi cuerpo gracias a tu fuerza.

- A decir verdad, yo...

- Si sabes lo que te conviene, pensarás con detenimiento las palabras que estés por soltar. - el muchacho no dijo nada, buscó en su cabeza la frase más adecuada para ese momento.

- Te quiero mucho. - al oír esto, Hekapoo sonrió.

- Y yo a ti cariño.

Un sonido de llaves llamó la atención del tipo, alguien estaba abriendo la puerta de la entrada.

- Son ellos. - dijo corriendo rápidamente hacia la entrada y dejando a Hekapoo, quien se cayó de golpe.

Se giró el pomo de la puerta y por esta entraron los señores Díaz. La madre llevaba una bolsa con pan en su brazo izquierdo, y con el derecho de sujetaba el brazo del padre, venían riéndose, pero callaron de golpe cuando vieron delante de ellos a un tipo grande y fuerte, un poco más alto que el señor Díaz, pero con mucha menos barriga, parecía contento de verlos.

- Mamá, papá. - dijo este yendo a abrazarlos.

Confundidos, intentaron mantener la calma en esa situación.

- Perdone, quien es usted? Y porque está en nuestra casa? - preguntó el señor Díaz tras separarse del muchacho.

- Soy yo, Marco, sé que he crecido, pero soy yo.

Los padres se miraron entre ellos, algo dudosos, no sabían cómo abordar esa situación. Pero fue la señora Díaz quien, al fijarse mejor en ese hombre, encontró en él, un parecido enorme a su hijo. Tenía las mismas facciones, el mismo cabello y esa inconfundible peca debajo del ojo derecho. Se acercó a él y estiró las manos para tocar su rostro.

- Marco? - hizo una pausa - Eres tú? - el muchacho posó sus manos sobre las de su madre y asintió - Pero cómo?

- He oído que cuando menos te lo esperas ya han crecido, pero esto supera todas mis expectativas. - miró un momento a la señora Díaz - Cuanto tiempo estuvimos fuera de casa?

- No, no. Les puedo explicar que es lo que pasa. - dijo mirando hacia el comedor - Creo que querrán sentarse, esta charla puede tomarnos un rato.

Ambos miraron al tipo, aún sorprendidos, pero sus miradas se desviaron hacia una mujer de cabello rojo y piel blanca que venía del patio. Marco notó esto y se giró.

- A sí. Mamá, papá, ella es Hekapoo, mi pareja.

- Hola, encantada de conocerlos. – saludó ella cortésmente.

Los padres volvieron a mirarse entre ellos.

- Creo que será mejor que nos sentemos en el comedor. - terminó por decir el señor Díaz.

Star, que se había asomado por las barandillas del piso de arriba para escuchar, también bajó para unírseles. Ya un poco más calmados, los padres del muchacho saludaron a Hekapoo cómo era debido, luego esta y Marco comenzaron a explicar la historia que habían vivido, como se conocieron, las aventuras de Marco durante esos dieciséis años, la gente a la que conoció, su madurez, el crecimiento del sentimiento que había entre ambos.

- Eso suena como la historia de toda una vida. Has crecido mucho, no solo físicamente, sino que también como persona. Y pensar que hoy seguías siendo nuestro jovencito. Mírate, ahora eres... todo un adulto. - dijo el señor Díaz.

- Si, la verdad es que no es esto con lo que una madre espera encontrarse en un día normal, sabemos que tu vida se volvió más interesante hace tiempo, pero, aun así, esto me resulta muy inesperado. - confesó la señora Díaz - Esos son pendientes? - preguntó al ver estos en la oreja del tipo.

- Lo sé, imagino que esto debe ser algo complicado de digerir para ustedes - explicó, ignorando la pregunta de su madre - pero es lo que pasó, y quería que lo supieran. Además, aún no les dije lo más importante de esta historia. - Hekapoo, sabiendo a lo que Marco se refería, lo miró y le tomó la mano - Hekapoo y yo nos vamos a casar.

Ambos padres abrieron los ojos en grande, sus rostros de duda se convirtieron en unos de alegría.

- Lo dices enserio? - preguntó el padre, animado. La pareja simplemente asintió.

Tanto la madre como el padre se levantaron para abrazar a la feliz pareja. Estos se levantaron contentos y correspondieron el abrazo de ellos.

- Felicidades. - aclamaba el padre - Esto debe celebrarse, aún sigo impactado por todo eso, pero aun así merece celebrarse. - se acercó un momento a la señora Díaz para susurrarle al oído - Necesitaremos unas vacaciones después de la boda.

- Estoy de acuerdo contigo. - respondió ella.

Mientras ellos celebraban la noticia, Star seguía sentada en la mesa, no había dicho nada en toda la conversación que ellos habían tenido, solo se mantuvo a la escucha y, tras oír esa última noticia, no dijo nada, tampoco expresó algo, pero en su interior, una parte de su corazón se había roto.

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Buenas, peña, otra semana mas junto a ustedes. Espero que sigan disfrutando tanto de la historia como yo lo hago, me estoy diviritendo cada vez mas escribiendo.

Por cierto, quiero mandar un saludo a KarlozRodriguez , un compañero que tambien le gusta Marcopoo, pasense por su perfil, tiene un comic muy bueno que probablemente les guste, de paso denle ánimos, poque tiene la mano herida.

Sin nada mas que agregar, hasta la semana que viene.

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