Capítulo 47: El templo en la montaña

Después de un largo camino finalmente habían llegado al templo. La noche había caído, vistiendo de oscuridad opaca la montaña. También notaron que la ventisca había cesado, Hekapoo fue quien se dio cuenta al notar que la llama de su cabeza no estaba inquieta. Se encontraban al borde de un risco, pues la zona donde se encontraba la entrada al templo era pequeña. Esta entrada estaba formada por dos pilares sujetaban una piedra rectangular enorme. Restos de nieve, rocas y raices tapaban una parte moderada de la entrada, dejando solo un pequeño hueco para entrar. Hekapoo se acercó a este, parecía lo suficientemente grande como para que ella pudiera pasar, y así lo hizo. Marco en cambio ni siquiera lo intentó, con su altura y su tamaño corporal no pasaría por ahí bajo ningún concepto.

- Creo que alguien debería hacer dieta. - dijo ella risueña.

- Pero me gustan mis músculos. - dijo este mirando sus brazos a pesar estar cubiertos por el abrigo que le dio Heka.

- Y a mí... - susurró para sí.

- Dijiste algo? - preguntó este al escuchar que ella respondía.

- Decía que debemos encontrar una forma para que entres al templo. - respondió disimulando.

Marco se tomó del mentón y comenzó a pensar en un método para entrar.

- Necesitas ayuda? Tal vez usando algo puedas entrar sin problemas. - soltó de forma sugerente.

- Yo creo que sí muevo algunas rocas podré... - estaba a punto de decir.

- MARCO! - dijo tajante ella.

- Es broma, es broma. - se defendió este poniendo sus manos delante.

Metió su mano en el bolsillo de su pantalón y de este sacó sus tijeras dimensionales. Se asomó un momento por el hueco de la entrada para visualizar el otro lado y abrió un portal hacia allí. Sin problemas cruzó este y se halló con su compañera, quien al verlo utilizar las tijeras lo dio unas pocas palmadas en la cabeza en señal de aprobación. Este simplemente la miró con expresión crítica.

- De acuerdo, sigamos. - anunció ella. Pero cuando se dispuso a continuación algo la retuvo del brazo, era Marco.

- Emmm, me gustaría que parásemos un momento para comer. - dijo este acompañado de un rugido proveniente de su estómago.

- Jaja, eres un glotón, aunque a decir verdad yo también tengo hambre. Así que si, comeremos antes de continuar.

Luego de placenteramente comer carne de cuervo supe desarrollado rostizada continuaron. El templo estaba completamente a oscuras, la llama de Hekapoo era la única fuente de luz que poseían, pero esta ya era suficiente para iluminar todo el tramo que necesitaban para ver. Caminaron por poco tiempo hasta llegar a una pared sin salida. Literalmente el camino acababa allí donde ellos veían la pared, lo único que les llamaba la atención era que en el medio de esta había un ladrillo de color rojo, se diferenciaba del resto que eran de un color similar a la arena. Ambos estuvieron debatiendo por un rato si presionarlo o no, para acabar coincidiendo en que tampoco había otra elección. El tipo se acercó a presionar ese ladrillo rojo, tal y como esperaban, este se hundió. El suelo bajo sus pies se abrió, mostrando ser una trampilla, y haciendo que estos bajarán por un tobogán lizo hecho de rocas, hasta acabar en una sala. En esta había en una parte un suelo hecho de roca, donde habían aterrizado, y otra en la cual no había nada, solo vacío. Desde donde ellos estaban parados podían ver espacio, mucho espacio que se extendía a lo largo y hacia abajo. Todo estaba cubierto por una bruma misteriosa que impedía ver que había más allá abajo y más allá a lo lejos. Pero es allí donde la formación de roca se desviaba en cuatro caminos. Uno que iba por la izquierda en donde había unas escaleras que subían. Por la derecha había otro, este era un túnel. Otro camino que bajaba por medio de unas escaleras, a los veinte metros de distancia este ya desaparecía de sus vistas. Y el último era un camino recto que avanzaba hacia lo lejos, más allá de la bruma.

- Cuál es el camino que deberíamos tomar? - preguntó Marco mientras miraba los diversos caminos a elegir.

- Se dice que el Njönder se encuentra en la parte más baja del templo. Así que... - dijo dejando a este adivinar la terminación de su frase.

Marco dirigió su mirada hacia abajo, deslizando sus ojos por aquel camino que bajaba y se perdía en la bruma. Volteó hacia su compañera para sonreírle, no dijo nada, pero ella comprendió lo que significaba esa mirada; será divertido.

Ambos se dispusieron a bajar, a medida que lo hacían asomaban la vista por ese vacío oculto por niebla. El camino tomaba forma de zigzag, haciendo que estos tuviesen que girar cada vez que llegaban a la pared. Pero por más que avanzaban no conseguían ver el fondo de ese pozo, hasta que finalmente la llama de Hekapoo chocó contra el suelo. Marco, al ver que finalmente habían encontrado tierra, no lo dudó ni por un segundo, y saltó. Rápidamente Hekapoo bajó a buscarlo.

- Qué haces? - inquirió en tono serio.

- Lo siento, quería tocar fondo lo antes posible. - dijo este de forma sencilla.

- Podrías advertir nuestra presencia a lo que sea que haya aquí abajo. - dijo ella, reprochándole. A lo cual el tipo solo se encogió de hombros.

Hekapoo simplemente suspiro y le indicó que prosiguiera. La bruma aún se mostraba en la zona a pesar de que ellos habían llegado al suelo. Varias estalagmitas se alzaban hacia lo alto de formas irregulares, mostrándose por varias partes del lugar. A me medida que avanzaban vislumbraban varios esqueletos en aquel lugar, algunos con cascos, escudos y espadas tirados en el suelo. Además de su armamento, también había otros que tenían cuernos, brazos extra, tamaños diversos y también cola.

- Ha habido otros antes que nosotros que lo han intentado según se ve. - indicó Hekapoo - En este punto quisiera que te pusieras el escudo que te di. - le pidió al muchacho girándose para verlo.

Marco no hizo ningún comentario, simplemente escuchó su petición y se colocó el escudo en su brazo izquierdo para luego sonreirle. Pensó que está petición se debía a que ella se preocupaba por él y por su seguridad, por lo que le sonrió para que no se preocupara tanto, pero en el fondo sabía que no habría de ser tan grande la preocupación que tenía, después de todo, ella lo había visto luchar por muchos años hasta convertirse en quien es hoy en día.

- Ten cuidado. - respondió ella ante la sonrisa del tipo.

- Lo tendré. - correspondió el para calmarla.

Fue decir esas palabras que Marco, al dar su siguiente paso, accionó un mecanismo oculto en el suelo. Sonidos de engranajes y artefactos desconocidos para ambos llegaron a sus oídos, haciendo que estos se alarmaran. De los lados se escuchó el sonido de disparos. Varios dardos salieron disparados de múltiples agujeros de la pared, sorprendiendo a los aventureros. Rápidamente Hekapoo se colocó detrás de una estalagmita lo suficientemente grande como para cubrir su cuerpo, Marco la siguió para cubrirse al igual que ella. Con su escudo cubrió su otro flanco, tuvo que agacharse para que el escudo lo cubriese en la mayor medida posible, usó su brazo derecho para que Hekapoo lo acompañase en el movimiento. Consiguieron cubrirse parcialmente de los disparos, ella no recibió ninguno y Marco se cubrió de la mayoría, pero unos pocos se clavaron en su pierna izquierda, los pudo sentir claramente. Cuando cesaron los disparos este se cercioró de los posibles daños.

- Te encuentras bien? - le preguntó a ella. Esta palpó su cuerpo en busca de algún dardo del cual no se hubiese dado cuenta al recibir.

- Aparentemente sí. - respondió al no hallar ninguno - Tu cómo te encuentras? - quiso saber ella también. A lo cual este respondió llevando su mirada a su pierna izquierda. Ella acompañó la mirada del tipo para ver qué es lo que el observaba. Se llevó una desagradable sorpresa al ver varios dardos clavados en su pierna. Rápidamente ella se precipitó a quitárselos.

- Sabes de qué son? - preguntó extrañado por estos.

- No. Quizás debamos volver para examinar la herida. - dijo mirándolo a los ojos.

- No, no, no hará falta, he vivido tres años en el bosque de las bestias y he entrenado durante más de cinco años en el templo de los monjes, puedo percibir cuando un veneno me afecta de forma alarmante, y por el momento este no parece ser preocupante. - explico él. Hekapoo no se mostró muy convencida por sus palabras, pero sabía que Marco no era un estúpido que arriesgarse su vida tontamente.

- Seguro? - preguntó ella para cerciorarse, a lo que él respondió asintiendo.

Ambos prosiguieron por su camino, pero esta vez cuidando de no pisar en el sitio equivocado. Pero tan pronto dieron unos pocos pasos Marco noto un aroma extraño en el ambiente. Este aroma provenía desde abajo, más concretamente, de su pierna. Por donde los dardos habían impactado estaba comenzando a salir una especie de gas verde, el cual se expandió por toda la zona y se inmiscuyó por los cadáveres de aquellos que alguna vez fueron allí en búsqueda de los tesoros del templo. Algo desconocido comenzó a producirse en su interior, provocándoles pequeños espasmos y haciendo que sus huesos produjesen sonidos de castañeteo. En aquellos ojos sin vida una luz verde comenzó a aflorar como una llama llena de vigor. Los muertos se levantaron hechizados por el aroma que salía de la pierna del muchacho. La pareja miró este suceso con asombro, más su expresión se cambió por una de seriedad cuando los esqueletos tomaron las armas que había en el suelo y fijaron sus miradas en el tipo. Sin pensarlo, todos fueron a atacar en su contra. El primero de ellos estaba a punto de abalanzársele encima, venía por el lado izquierdo, no le daba tiempo a sacar su katana y atacar.

- Usa el escudo. - gritó Hekapoo a su lado. El muchacho interpuso su escudo entre él y el esqueleto viviente, este cayó encima del escudo produciendo un sonido resonante al chocar hueso contra metal, y quedando suspendido encima del escudo. - Ahora empuja. - volvió a gritarle.

Marco empujó su escudo hacia adelante usando su brazo y envío al esqueleto contra la primera estalagmita que vio. La criatura chocó contra la roca y se desarmo por completo, su cabeza acabo por caer encima de la cabeza de otro esqueleto, el cual no se inmutó. Esta vez Marco aprovechó para tomar su espada y ponerse en guardia, Hekapoo sacó sus tijeras y las dividió en las dos hojas que usaba como armas, acto seguido comenzó el asalto. Una avalancha de huesos con armas se les venía encima. Con un corte limpio del tipo se deshizo de tres que tenía delante, un golpe de escudo destrozó a uno que venía por su izquierda, y a sus espaldas le venían dos más, este giró sobre sí mismo y aprovechando el impulso conecto una patada con la cabeza del esqueleto de la derecha, para luego acabar arrastrando con el golpe la cabeza del de la izquierda.

Hekapoo utilizaba sus habilidades piroquineticas para realizar ataques devastadores, esta realizaba cortes en el aire, los cuales se convertían en tajos llameantes que se desplazaban hacia adelante, y por su simple impacto hacia estallar los cuerpos de los esqueletos. Sus huesos volaban y salían disparados en todas las direcciones, más los ojos verdes y brillantes de sus enemigos no conocían el miedo, y continuaban avanzando.

- Marco, voy a deshacerme de ellos, aléjate. - advirtió esta.

- Hacia dónde? - preguntó este confundido debido a ese anuncio repentino.

- No lo sé, pero corre. - volvió a advertir ella.

Miro a sus lados para buscar una vía de escape, pero mirase a donde mirase solo veía esqueletos acercándose. Abrirse paso usando su espada no le ayudaría a avanzar rápidamente, por lo que tuvo que recurrir a otras opciones, pensó este al mirar su escudo. Puso su brazo izquierdo al frente, plantando esa pieza de metal como defensa, y corrió cargando contra la horda de muertos. Se los llevaba consigo encima del escudo, y tras de sí dejaba un camino despejado por donde había pasado. Apuntó hacia una estalagmita, terminado su carga y chocando con fuerza, destrozando así a todos los esqueletos que había acarreado consigo. Hekapoo, quien observaba como el muchacho se alejaba de ella, se percató de que los esqueletos que antes los rodeaban a ambos y que ahora solo la rodeaban a ella la ignoraban. Todos los esqueletos comenzaron a dirigirse a donde se encontraba el muchacho.

- Oh no, no lo harán. - dijo decidida para sí.

Esta dio un salto y con sus hojas cubiertas en llamas realizó dos cortes amplios hacia el tumulto de esqueletos, el fuego los abrazó y se llevó consigo a gran parte de la horda, dejando solo a unos pocos en pie. Desde el otro lado Marco había observado como su compañera reclamaba la victoria frente sus enemigos derrotados. En pie se hallaban cinco esqueletos. El tipo le sonrió a su compañera, este se sentía confiado de ellos mismos por los pocos enemigos que quedaban por abatir, estos no mostraban miedo alguno a pesar de inferioridad numérica, simplemente continuaron caminando en busca del tipo. Para los aventureros dos cosas habían quedado claras. La primera era que esas criaturas ya no eran dueñas de si, no eran más que meros cuerpos carentes de conciencia, pensamiento o sentimiento. Y lo segundo era que aquello que los trajo a la vida y que a su vez los atraía hacía muchacho era el gas verde que salía de las marcas de los dardos en su pierna. Sin embargo, llegados a este punto esa no era información que les fuese útil una vez habían vencido a la mayoría de ellos.

Sin más dilación, humano y forjadora caminaron hacia los esqueletos restantes para acabar con la situación. Mientras ellos caminaban un sonido de castañeteo comenzó a resonar allí dentro. Ambos giraron la cabeza guiados por el ruido, por la tierra vieron como los huesos de los esqueletos vencidos eran arrastrados por una fuerza invisible para volver juntarse. Aquellos enemigos alguna vez caídos de nuevo volvían a levantarse dispuestos a perseguir al emisor del gas verde.

- No me jodas. - dijo Marco al ver a varios esqueletos reanimar la llama en sus ojos y caminar otra vez en su búsqueda.

No tuvo más opción que volver a prepararse para la batalla. El y Hekapoo se deshicieron de los esqueletos que habían quedado en pie para centrarse en los que estaban siendo reanimados. Aprovecharon su lenta recomposición para atacar mientras aún estos no podían hacerlo. Cada vez que un torso nuevo se formaba había un golpe que lo volvía a desarmar, más los huesos persistían de en recomponerse. Pero algo extraño estaban notando ambos aventureros, la cantidad de huesos esparcidos era cada vez menor, por lo que eran cada vez menos los esqueletos recompuestos. Esto les hizo pensar que estaban triunfando finalmente, pero lo que ellos ignoraban es que estos huesos estaban yendo hacia otra parte. Oculto en la bruma se estaba formando un cuerpo superior a los demás, fuera de la vista del tipo y la forjadora.

Habiendo destrozado al último de los esqueletos ambos vieron que los huesos en el suelo ya no se movían. Se encontraban jadeando por el continuó ataque a sus enemigos, así que aprovecharon ese momento para reponerse.

- Por fin! - exclamó Marco, aliviado por no tener que lidiar más con ese enemigo en continua reaparición.

- Y que lo digas. - añadió ella - Yo creo que estás criaturas solo podrían habernos matado de aburrimiento.

- Jaja, pues no les faltó mucho a mi parecer. - acreditó este, a lo que ella también rio.

Más la calma de ambos se esfumó cuando sintieron una mirada sobre ellos. Giraron sus cabezas hacia el mismo sentido y allí vieron a lo alto, tras la bruma, dos luces verdes y vivas como la llama en la cabeza de Hekapoo. Estas dos luces se acercaron a ellos hasta que la bruma dejo de cubrir el aspecto de la nueva amenaza. Un esqueleto enorme conformado por los restos de los esqueletos que habían vencido se mostró ante la pareja. Media alrededor de unos cinco metros. Un conjunto horripilante de huesos formaba su torso, hecho por múltiples espinas dorsales unidas por costillas. Los brazos eran un conjunto de huesos pertenecientes a los huesos de brazos y piernas, tenía cuatro. En cambio, sus piernas estaban conformadas solo por huesos pertenecientes a estas. Y por último la cabeza, la cual era una mezcla deforme de varios huesos, esta tenía cuernos y a su alrededor se mostraba un collar hecho de las cabezas del resto de esqueletos. Con uno de sus brazos tomó una estalagmita de la punta, con sus otros brazos se ayudó y tiró de esta, rompiéndola y creando un garrote improvisado. Este la tomó con sus dos brazos derechos y en ese momento los ojos de las cabezas que conformaban su collar comenzaron a brillar en tono verde; se puso a caminar hacia el tipo.

- Algún plan para derrotar a esa cosa? - dijo Hekapoo junto al muchacho mientras no despegaba la mirada del esqueleto gigante.

- No, pero debo mencionar que me he enfrentado a cosas igual o más grandes. - mencionó el, a lo cual Heka se giró un poco dudosa de esa afirmación - Es verdad. Aunque sí que debo mencionar que las cosas contra las que me enfrenté también estaban vivas.

- Eso ayuda un poco cuando cortas a alguien con tu espada.

No perdieron mucho más tiempo charlando, pues el esqueleto ya se encontraba a pocos metros de ellos. Levantó su garrote y se preparó para atacar.

- Cuidado. - grito ella.

El gigante hizo un golpe en arco, barriendo todo lo que estaba a su alcance. Hekapoo dio un salto hacia atrás para evitar el golpe, Marco también saltó, pero este fue directamente a la cabeza de su enemigo. Su katana caería con fuerza sobre el cuello del esqueleto. Pero antes de llegar a cortarlo las cabezas que conformaban el collar abrieron la boca y detuvieron la espada con sus dientes. Dejando al tipo atascado ahí arriba.

- Mierda, me atrapo. – maldijo este.

Mientras el intentaba liberarse tirando de su espada, la criatura decidió tomar al tipo con sus manos izquierdas. Marco al ver que ser aproximaban tuvo que girar sobre su eje, sin soltar la katana, y con el escudo en su brazo izquierdo golpeo el brazo del esqueleto, marcando cierta distancia entre ambos. Aprovechó la inercia para arrancar la espada de los dientes de esos cráneos, y así lo consiguió. Tras un tirón realmente fuerte pudo zafar el metal entre esos huesos, rápidamente dio un salto y se alejó de gigante. Este aterrizo al lado de Hekapoo.

- Creo que no fue la mejor idea saltar directamente hacia él. – comentó esta.

- Antiguamente habría funcionado, muchas veces me ha funcionado. – respondió el.

- Bueno, supongo que esta vez tendrás que hacerlo de otra forma. Estas abierto a sugerencias? – pregunto ella.

- Estoy abierto a lo que sea, siempre que sea contigo. – indicó el, a lo que ella respondió dándole una mirada de desdén, el simplemente sonrió.

- Muy bien, tendremos que tumbar a ese, pero lo más importante, habrá que alejarlo de ti, así que no priorizaremos su derrota, sino tu puesta a salvo.

- Acaso parezco una princesa en apuros? – dijo un poco insatisfecho, pero en ese momento vino a su mente el recuerdo de aquella ocasión en la que tuvo que vestirse de princesa en el reformatorio de la señora Heinous – Sabes que, no he dicho nada, simplemente dime que es lo que tenemos que hacer.

Hekapoo no tuvo tiempo de decir nada porque su enemigo ya estaba casi encima por encima de ellos. Tuvieron que separase y esquivar para no ser aplastados por el enorme trozo de roca en sus manos.

- Te lo diré sobre la marcha, por ahora intenta que no te atrape, ni que te aplaste. – grito ella mientras se alejaba.

- Gran idea. – comentó este sarcásticamente. Pero no tuvo tiempo a indignarse, pues tenía que seguir escapando.

Como se dio cuenta de que pelear contra el esqueleto gigante sería una pérdida de tiempo ya que no lo vencería, se centró en esquivar todos sus ataques y entorpecerlo lo máximo posible. Cuando el gigante fue a intentar golpéalo otra vez, Marco pasó a través de sus piernas. La roca cayo delante de la criatura y esta se sintió confundida al ver que debajo de su arma no se encontraban los restos inertes de su enemigo, sino trozos de suelo aplastados por él.

- Por aquí grandullón estúpido. – escucho el esqueleto tras de sí, no era otro que el tipo, quien se había escapado de él. – Atrápame si puedes.

La criatura no sentía cólera ni rabia, solo buscaba al portador del gas verde, el cual parecía no para de salir de la pierna del tipo. Entre tanto Marco distraía a la criatura Hekapoo realizando los preparativos de su plan. Varios clones se situaron a lado de las estalagmitas y comenzaron a concentrar fuego en sus manos. Escuchaba los sonidos de la batalla, pero debido a la bruma esta no veía a su compañero ni al enemigo.

- Marco, ya está todo preparado, atráelo hacia mi voz. – grito ella para guiar al muchacho, quien se encontraba esquivando garrotazos.

Escuchó la voz de su compañera así que acudió de inmediato en dirección a de donde esta se encontraba, tras él, el esqueleto. A medida que el hombre se acercaba veía a los lados a los clones de la forjadora esperando, los miro un momento y estos simplemente asintieron, evidenciando que todas sabían que tenían que hacer. Mas a lo lejos se encontraba la original.

- Ya estoy aquí. – le gritó a ella – Que debo hacer?

- Intenta tumbarlo. Crees que podrás? – le dijo esta al tipo.

Marco tras escuchar esa pregunta se giró un momento para ver a su enemigo sin parar de correr.

- Tumbarlo? Claro que puedo tumbarlo. – se dijo a sí mismo.

Redujo la velocidad para darle una oportunidad de ataque a su enemigo, quien al verlo próximo a él intentó darle un garrotazo, pero este fue esquivado sin mucha complicación. Marco aprovecho la en momento para situarse tras el esqueleto, este colocó su escudo delante y cargo contra él, apuntando a su pierna izquierda. Un fuerte golpe de metal y hueso resonó en toda la sala, este fue lo suficientemente fuerte como para desestabilizarlo y hacer que se caiga. En cuanto su cuerpo se desplomo en el suelo un pequeño temblor sacudió el sitio, haciendo que todos se tambaleasen mínimamente.

- Sal de ahí Marco. – ordeno la mujer. A lo que Marco obedeció sin rechistar, alejándose del esqueleto, el cual ya estaba intentando reponerse – Ahora. – indicó llevando su mano hacia arriba y bajándola de golpe.

Las llamas acumuladas en las bolas de fuego creadas por los clones de la forjadora estallaron, rompiendo la estructura base de las estalagmitas en las que estaban situados los clones y debilitando su estructura. Cuando el esqueleto quiso darse cuenta, un montón de pilares de roca se le venían encima, levantó los brazos tan rápido como pudo para intentar parar las rocas, pero estas cayeron implacables sobre él, destrozando sus brazos y sepultándolo bajo las rocas.

- Realmente crees que eso lo termine? – inquirió el muchacho

- No, pero como te dije antes, mi plan no era derrotarlo, sino alejarte de él, y ahora que está ahí abajo es el momento idóneo para continuar. – explico ella, tomando de la mano al tipo y saliendo rápidamente de allí antes de que su enemigo volviese a levantarse.

Fue así como abandonaron esa sección hasta llegar a una pasarela que solo tenía cincuenta centímetros de anchura, cien metros de largo, y por el medio había un montón de cuchillas balanceantes. Este sería sin dudad un obstáculo difícil de superar, un paso en falso y ambos caerían directo al vacío. De no ser por el portal que abrió Hekapoo tan solo vio el comienzo del camino.

- Como siempre, todo lo que sea posible evitar, se evita. – dijo ella. A lo que Marco no aportó ningún comentario, ya había aceptado que ella manejaba mejor esto que él.

La forjadora se encontraba mirando los escritos de aquellos que estuvieron ahí antes que ellos. Pero el documento se había acabado. Parecía ser que no habían avanzado más allá de donde ellos se encontraban. Poco más delante de donde acababa la pasarela había una puerta. Se miraron entre ellos antes de realizar acción alguna, ambos asintieron dándose a entender que entrarían. Fue el muchacho quien abrió la puerta empujando. Todo estaba oscuro, no podían ver anda más de lo que iluminaba la llama de Hekapoo, esta les mostro una alfombra que iba hasta la entrada. Tras dar unos pocos pasos las puertas se cerraron y en el interior del lugar unas antorchas colgadas en las paredes se encendieron comenzando desde la puerta hasta llegar al final de lo que parecía ser una sala, era realmente grande. Al final de la sala había un pedestal con un cinturón sobre él.

- Ese es, el Njönder. – señaló Hekapoo.

- No parece haber nada raro. – dijo este comenzando a caminar hacia el cinturón.

- Ten cuidado, puede que haya alguna trampa o algo por el estilo. – advirtió ella, a lo que el tipo respondió asintiendo.

Emprendió paso firme hacia el tesoro por el cual había comenzado su viaje, pero escucho el sonido de unas rocas cayendo. Arriba en lo alto de la sala no se podía ver el techo, este era demasiado alto, por lo que solo podían ver hasta donde llegaba la luz de las antorchas. Delante del muchacho cayeron unas pequeñas rocas del techo oscuro. Luego cayeron más, y luego más, hasta que su tamaño comenzó a ser considerable, por lo que este se hecho hacia atrás. Varias piedras cayeron, una tras otra, y cada una más grande que la anterior, hasta que se formó una montaña de rocas. "Acaso eso debía aplastarme" pensó este. Pero se dio cuenta de que no era algo tan simple ni tan predecible, porque vio que las rocas se estaban moviendo. Se alejó un poco de forma preventiva ante aquel movimiento inesperado de las rocas. Estas estaban comenzando a unirse unas con otras y a tomar forma. Un montón de rocas pequeñas se unieron para formar una mano, otras más grande para continuar le resto del brazo, y otras enormes para hacer un torso. Así fueron formándose las partes de un cuerpo de forma humanoide, hasta que finalmente se formó la cabeza de aquel ente.

- Acaso es... - estuvo a punto de decir Marco.

- Un golem. – termino Hekapoo la frase por él.

Desprovisto de boca, el único sonido que emitía el golem eran los crujidos de las rocas de su cuerpo cuando este gesticulaba algún movimiento. Mas eso fue suficiente para hacerles entender a esos dos que no permitiría que ninguno de ellos se llevase el Njönder.

- Marco, ten cuidado. – advirtió ella sin despegar la mirada del golem de roca.

- No te preocupes, me he enfrentado anteriormente a alguien de piedra. – dijo este con una sonrisa dudosa.

- Medía más de cuatro metros? – preguntó ella. Dejando un breve silencio antes de que el muchacho dijese nada.

- No. – aclaró finalmente.

El golem juntó ambos puños y lanzo un golpe directo hacia el tipo, que era quien más cerca de hallaba de él. Marco saltó hacia atrás para evitar aquel golpe y desenvaino su katana. En su interior sabía que no funcionaria, pero no tenía otra arma al que recurrir. El enemigo demostraba ser lento, el muchacho aprovechó para acercársele y atacar a su brazo. Se pudo escuchar claramente el golpe del metal contra la piedra, pero tal y como lo había previste, eso no le hizo daño alguno. Con su brazo disponible fue a darle un golpe, el tipo no tuvo tiempo de escapar, así que interpuso su escudo bloquear el golpe. El impacto fue duro, Marco fue enviado hacia la pared, chocando súbitamente contra esta, tuvo que toser un poco para recuperar el aliento y respirar. Volvió su vista al frente para ver si el golem lo estaba persiguiendo, pero no fue así, supuso que esto se debía al hecho de que esta criatura era un guardián, por lo que esta no se alejaría demasiado del objeto que debía resguardar. Se alegró de ello, así tendría la oportunidad de reponerse.

Mientras el tipo se reponía Hekapoo estaba realizando su movimiento. Ella y dos clones se prepararon para atacar a aquel ser. Como sabían que las armas convencionales no funcionarían con esa cosa, prefirieron cargar fuego en sus manos. Todas ellas comenzaron a lanzarle bolas de fuego, las cuales parecían no tener efecto alguno en la criatura, esta simplemente se cubría usando su brazo, no mostraba signos de dolor o molestia alguna debida a las llamas. Aun así, seguían atacando.

Desde el otro lado de la sala Marco miraba como el enemigo no se doblegaba ante los continuos ataques de la forjadora. El golpe que el golem le había dado aún estaba haciendo mella en él, y lo peor es que aún no se le ocurría una manera de derrotar al golem. Recordó que en el templo de los monjes le enseñaron que todo enemigo tiene una forma de ser vencido.

- Todo enemigo puede ser vencido. Pero cómo? – dijo para sí mismo. Y en ese momento el muchacho escuchó la voz de Hekapoo respondiendo a esa pregunta.

- Así es Marco, todo enemigo tiene formas de ser vencido, lo que pasa es que no posees las herramientas necesarias para hacerlo. Pero eso no importa, porque solo debo decirte una cosa. Misión cumplida. – sentencio ella.

Marco buscaba a la Heka que dijo aquellas palabras, fue entonces cuando se dio cuenta de que una de ellas estaba en el pedestal, sosteniendo en Njönder en sus manos, el ataque de llamas había sido una distracción. Asombrado, el tipo vio como unos brazos blancos rodeaban su pecho y lo arrastraban a un portal. El golem dio un golpe en el suelo, desequilibrando a los clones y luego barriéndolos de un golpe, todos se esfumaron en el aire. Tan rápido como pudo la criatura se giró y busco a aquella que había conseguido tener en sus manos el tesoro que el resguardaba, solo para ver como esta le saludaba en señal de despedida y desaparecía en un portal tras ella.

Mientras tanto en el bosque de las aflicciones acababan de llegar Marco y Hekapoo de su aventura con el cinturón en sus manos. Estos dos aparecieron delante de la puerta de su guarida, los dos guardias de siempre estaban ahí para recibirlos, ya era de día.

- Han vuelto, que tal les fue? – preguntó una de ella.

Los aventureros se miraron el uno al otro un momento y simplemente se dejaron caer al suelo, exhaustos por el viaje.

- Yo creo que les fue bien. – acabó por responder el otro guardia a su lado.

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Buff, lamento la demora chicos, pero este capitulo me tomo un poco mas de lo que tenia esperado, tampoco habia escrito mucho durante la semana, asi que cuando llego el viernes tuve que terminar muchas cosas, y acabe revisandolo el sabado.

Pero no los entretendrá mas con mis mierdas. Hekapoo y Marco terminaron su primera aventura juntos, y al parecer no les fue nada mal. El siguiente capítulo sera algo mas tranquilo, pero si les soy sincero, puedo decirles que disfrutare escribiendolo.

Hasta la semana que viene.

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