Capítulo 13: Marco, el mercader
Un nuevo día con un nuevo objetivo que conseguir. Esos eran los pensamientos que pasaban por la mente del chico justo después de despertar.
Luego de preparar todo lo necesario partió junto a su amigo William. Optó por dejar sus armas escondidas y llevar solo su ropa y la mercancía.
Ambos se hallaban delante de la tienda de uno de los carniceros que había por allí.
- Tu espera aquí fuera - le dijo al pequeño animal.
Decidido entró al recinto. Aún no había nadie.
- Hola - exclamó ante la presencia de nadie.
- Oh - dijo un tipo saliendo de una habitación - disculpe. Aún no hemos abierto.
- Lo sé, he venido para ofrecerle algo.
El señor levantó una ceja confundido.
- Qué es lo que buscas chico.
Él se quitó la mochila y sacó de ella un cuerpo envuelto en hojas y lianas, colocándola en el mostrador.
- Quiero ofrecerle esto - dijo mientras quitaba los nudos hechos con las lianas y dejando su producto a la vista.
El carnicero al verlo abrió los ojos de par en par. Era un cadáver de ciervo despellejado, se le veía en buen estado.
- De donde...?
- Secretos de vendedor.
- Cuanto pides por él?
- Cuando ofrece.
El dueño conservo la compostura y se puso recto, palpó al animal.
- Le doy cien.
Marco se mantuvo inexpresivo ante la oferta del carnicero.
- Sabe, señor...
- Jackson
- Señor Jackson. La carne que le estoy ofreciendo es de gran calidad, no fue fácil de conseguir, y además es fresca, le estoy ofreciendo una pieza totalmente entera. Yo creo que algo así vale como mínimos unos doscientos dólares.
- Doscien...
Marco le levantó la mano para que le dejase hablar.
- Pero sabe, estoy dispuesto a venderle esta pieza por cien dólares sin pedirle nada a cambio.
- Lo dice usted de verdad.
- Si, quédesela. Y si le gusta, que sepa que puedo conseguir más. Búsqueme por la ciudad, me encontrará. Me llamo Marco.
- Entiendo. Aceptaré su oferta entonces, señor Marco.
El señor le pagó la cantidad pactada y nuestro comerciante salió del local. William lo esperaba mientras se rascaba la oreja. Tan pronto lo vio salir se puso delante de él moviendo la cola. Él miró al perro seriamente.
- Lo conseguí, hice mi primera venta - dijo saltando de alegría y levantando a William - debemos volver para buscar más carne y seguir vendiendo.
El chico dejó al cachorro en el suelo y ambos salieron corriendo en busca del resto de la carne.
Durante la mañana consiguió vender unas cuatro piezas más. Solo con la carne consiguió un monto de unos seis cientos veintitrés dólares. Ahora le tocaba vender las pieles. Para estas tenía pensado algo distinto. Se dirigió al peletero más reconocido según su investigación. Entró con normalidad al local. Este estaba lleno de clientes. Aun así buscó la forma de llegar hasta el dueño.
- Hola, me gustaría hablar con el dueño del local - le dijo al trabajador que más cerca tenía.
- Bienvenido. En estos momentos el señor Macher está ocupado. Qué es lo que se le ofrece?
No le dio explicación alguna. Solo abrió su mochila y dejo que el empleado viese lo que había dentro.
- Quiero ofrecerle mi mercancía.
Este se quedó mirando a la mochila y luego miró al chico.
- Espere un momento - dijo abandonando a nuestro comerciante mientras se iba en busca del dueño.
En unos minutos Marco se encontraba sentado en un sillón bastante cómodo en una habitación alfombrada con la piel de un oso. El resto del sitio estaba adornado con pieles y cuero de distintos animales. Admiró un poco ese pintoresco sitio.
- Mucho gusto - dijo un señor que estaba a la habitación - déjeme que me presente, soy el señor Macher.
- El gusto es mío - respondió saludándolo con un apretón de manos - yo soy el señor Marco.
- Es usted un poco joven para ser señor si me permite señalar.
- Bueno, digamos puedo ser un señor para aquellos que me consideren como tal.
- Ya veo.
- Pero no estoy aquí para hablar de mí, he venido a ofrecerle algo que podría interesarle.
Abrió su mochila mostrándole 5 pieles de ciervo. El señor las examinó detenidamente.
- Ciertamente estás pieles son de una calidad ligeramente superior a las que suelo recibir. Pero le seré sincero. Lo que realmente me interesa es eso que lleva usted - dijo señalando a la capa de espinas hecha con piel de stikaag.
Marco sonrió. Él sabía que unas pieles de ciervo no le serían de mucho interés, pero si su capa.
- Me halaga al mencionarlo - dijo exhibiéndola - le gustaría probarla?
- Puedo?
Le acercó la capa y se la colocó en sus hombros. El tipo parecía disfrutar con ella. La miraba, tocaba y extendía alegremente.
- Es magnífica. Cuanto pide por ella?
- Tristemente no está a la venta. Este fue el regalo que me hizo alguien muy preciado para mí.
- Entiendo. Es perfectamente comprensible - dijo mientras se quitaba la capa y se la entregaba a su dueño.
- Pero... - dijo, cosa que captó la inmediata atención de Macher - puedo conseguirle piel de stikaag.
- Eso me resultaría de grato agrado. Cuanto pedirás por ellas?
- Solo pediré lo que valen para usted.
El señor Macher lo miró con una sonrisa elocuente. El chico parecía saber lo que hacía, más lo que le estaba ofreciendo era algo que no se veía todos los días. Por lo cual no sintió que el muchacho tratase de aprovecharse de él.
- Muy bien chico. Te daré dos cientos dólares por cada piel de stikaag que me consigas. Claro está todas deben ser de una medida similar a la que usted lleva. Siendo así, considero que tenemos un trato - dijo extendiendo la mano para sellarlo como caballeros.
- No dude en que las pieles serán de un buen tamaño. Pero aún no he terminado de exponer mis términos - dato que le hizo bajar la mano a su posible cliente - me gustaría ofrecerle más pieles que solo las de un stikaag, pues estas no son fáciles de conseguir - Macher asentía mientras escuchaba - su precio ya lo negociaremos en su debido momento. Por ahora quiero que sepa que le traeré más pieles en cuanto me sea posible y, habrá pieles que las traeré pero no para vendérselas, las traeré porque quiero que me confeccionen un traje elegante para ofrecer mi mercancía de cara al público. Y por mercancía no me refiero a las pieles que negocio con usted. Siendo esto mis términos, me gustaría saber su opinión - dijo extendiendo la mano - tenemos un trato?
Su receptor analizó detenidamente aquello que le ofrecía y aquello que le demandaba. Dibujó una sonrisa de satisfacción y estrechó con gusto la mano de su ofertante.
- Tenemos un trato señor Marco. En cuanto a las pieles que tiene ahora, estoy dispuesto...
- Quédeselas por favor. Son un obsequio en señal de nuestra nueva relación.
- Es usted un buen negociante señor Marco.
- Por favor, llámeme solo Marco.
El peletero correspondió con una leve inclinación, a lo que el muchacho respondió con el mismo gesto.
Ya fuera de la tienda se encontró con su fiel amigo William. Al cual acarició como ya le era de costumbre.
- Qué tal chico? - dijo con una sonrisa.
El cachorro movía la cola de alegría. Dio unos pequeños ladridos en respuesta a la pregunta de Marco.
- Así me gusta.
Volvió a pararse dispuesto a ir a un nuevo rumbo.
- Aún queda algo más que hacer.
En la ciudad había alguien que se encargaba de la venta de propiedades. Nuestro comerciante tenía pensado adquirir una vivienda para dejar sus pertenencias y habitar.
Junto a la entrada del local había un cartel de "se busca", pero no había foto de aquel al que se perseguía. Se acusaba a este hombre de asesinatos varios. También tenía una recompensa de quinientos dólares.
- Wow, sea quien sea debe ser alguien odiado.
Sin dar más espera entró al local. Allí se encontraba un hombre calvo bien vestido. Este parecía ser el propietario.
- Buenos días joven - dijo el hombre.
- Buenos días señor.
- Qué se le ofrece?
- Quería comprar una vivienda.
- Claro, tenemos un amplio catálogo...
- He visto una cabaña a las afueras de la ciudad, cerca de un río. Esa la tienen?
El hombre al escuchar lo que Marco le pedía empalideció un poco.
- Emmm, si, la tenemos pero... - el tipo parecía buscar las palabras adecuadas para expresar aquello que quería pronunciar - pero al estar fuera de la ciudad no está bajo la protección de los guardias. Además en un sitio pequeño. Solo tiene una cama, una mesa, una chimenea y unas pocas cosas más. Tiene lo mínimo.
- Lo sé, pero no es algo que me importe.
- Aun así me veo obligado de informarle de algo muy importante. Hace unas semanas hemos sufrido el ataque de un asesino misterioso. Ya ha asesinado a tres personas. No hemos vuelto a saber nada de él por tres semanas, pero no estamos seguros. Si decide tomar la cabaña que me está pidiendo usted no estaría vigilado por los guardias en caso de que alguien quisiese hacerle algo.
- Suena un poco peligroso. Pero igualmente, me interesa esa casa.
- Como guste. Serán 100 dólares.
- Wow, es barata.
- Por todo lo anteriormente mencionado es porque la cabaña vale poco. No está en mal estado, pero los ciudadanos consideran la protección de nuestros muros como algo invaluable.
No le dió mucha seguridad eso último. La gente se quedaba en la ciudad para estar segura tras esos muros... esos muros de menos de un metro de altura.
- Tenga - le dió una escritura - estos son los derechos de propiedad de la cabaña. Debe ir al castillo y presentárselo al alcalde, él le entregara las llaves de la vivienda.
- Gracias - dijo tomando el papel y entregándole el dinero - espere... dijo alcalde? No es un rey?
- No. En esta ciudad tenemos un sistema gubernamental democrático.
- Uhm, curioso. Bueno, voy a buscar esas llaves, gracias.
- Que tenga buen día.
Volviendo a encontrarse con William en el exterior lo acarició como siempre.
- Parece que aún nos falta hacer una cosa más. Vamos.
Allí estaba, la entrada al castillo. Igual que siempre el perrito se quedó esperando fuera. Marco al entrar vio un recibidor considerablemente extenso. Había un montón de tablas donde personas atendían a gente del pueblo. Al final del recibidor había una mesa más grande que el resto, esa estaba ocupada por un hombre bajito y regordete. Al igual que el resto de personas allí, estaba trajeado. Un guardia a su derecha le llamó la atención
- Hola - saludo el guarda.
- Oh - soltó alarmado - hola.
- A qué viene señor?
- Emmm, vengo a buscar las llaves de una vivienda que acabo de comprar.
- En ese caso póngase en la cola de espera en la mesa del alcalde. La del fondo.
- Gracias.
Parece ser que tenían un sistema de atención al público por turnos. Había 3 personas delante de él, más no intento escuchar de que temas estaban tratando. Estaba entretenido curioseando el sitio con la mirada. Su construcción era algo curiosa, había pilares en el interior y cristales de colores, casi podía asemejarse a una iglesia. Quedo totalmente absorto ante el disfrute visual del sitio. Hasta que la voz del alcalde lo despertó de su trance.
- Hola señor.
- Uh - se giró Marco de golpe por la sorpresa.
- En qué puedo ayudarle.
- Hola. He comprado una vivienda y me dijeron que debía pedirle las llaves a usted.
- Claro, enséñeme el documento de propiedad.
Le dejó los documentos que le pedía, este los examino detenidamente.
- Con que la cabaña a las afueras de la ciudad. Debes ser alguien a quien le gusta la tranquilidad.
- Jeje, si parecía un sitio bastante tranquilo.
- Pero, está seguro? Últimamente hemos estado asustados por...
- El asesino?
- Si... no sabemos quién es y la gente está un poco insegura de sí misma. La cabaña que estas adquiriendo esta fuera de la protección de nuestros guardias. Realmente quieres vivir allí?
- Se cuidarme solo – dijo con una sonrisa – no se preocupe por mí.
- Jo jo jo, pareces un joven confiado. Bueno, está bien. Ten – dijo entregándole las llaves – espero que pases una agradable estadía en Rotchville. Por cierto, me llamo Kenovan, pero todos me dicen Ken.
- Mucho gusto Ken, yo soy Marco – dijo levantándose para estrecharle la mano.
- El gusto es mío Marco. Si necesitas algo, lo que sea, no dudes en pedirlo.
- Gracias, es usted muy amable.
- Jeje, muchos me lo dicen. A si, puedo pedirte un favor Marco?
- Claro, dígame.
- Me he fijado en que no pareces de por aquí. Eres nuevo en esta ciudad, no?
- Sí, soy un viajero, y pensé en quedarme un periodo corto por aquí.
- Muy bien. Escucha, te importaría ir a la mesa donde está ese señor de allá - dijo señalando a la mesa que estaba a su derecha, a unos diez metros de distancia – él te hará un registro para que estés en nuestra lista de ciudadanos. Desde lo de los asesinatos queremos llevar un mejor control de las personas que están aquí.
- Claro, no será ningún problema.
- De acuerdo Marco, espero que te vaya bien entonces. Ah, y bienvenido a Rotchville.
Después de rellenar unos pocos papeles ya era oficialmente un ciudadano de allí. Tenía ganas ya de ver su nueva casa, así que salió con ánimos del castillo. Ni apenas estaba afuera buscó a William, este no estaba.
- William? – dijo mirando a todas partes.
No lo veía por ningún sitio, así que decidió dar un silbido para llamarlo. A los pocos segundos de hacerlo comenzó a escuchar a un animalejo correteando por los callejones. Tan pronto como lo había perdido este había este aparecido.
- Ahí estas amigo – dijo acercándose para acariciarlo – no me des esos sustos. Por cierto, tenemos casa. Quieres ir a verla?
El cachorro solo dio unos pequeños ladridos como respuesta.
- Vamos entonces.
Era medio día y ambos se hallaban delante de la puerta de su nuevo hogar. La cabaña se ubicaba, como todos habían mencionado, a una distancia considerable de la ciudad, aun así seguía perteneciendo a ella. Un árbol grande crecía junto a ella y a unos diez metros se encontraba el rio. Seguía pensando que era un precio barato para un sitio así. Pero ya emocionado no quiso esperar más y decidió conocer el interior.
Marco introdujo la llave y abrió la puerta. Tal como fuera, por dentro tampoco era muy grande la cabaña. Tenía una habitación para la cama, una mesita de noche, un cofre para guardar pertenencias y un armario. En el recibidor había una mesa con dos sillas y junto a estas había una chimenea y una cocina de leños. También había un hacha junto a la chimenea y un hierro para remover las maderas.
- No es muy grande pero se ve acogedor. Será mejor que busque todas las cosas que dejé en el bosque y las traiga aquí.
Pero antes de partir quiso hacer una cosa. Entro a su habitación y fue probar la cama, esta se sentía suave y cálida.
- Ahhh, hacía tiempo que no dormía en una de estas - dijo y cerró los ojos para dejarse llevar por la tranquilidad. Pero pronto decidió prescindir de ese pequeño placer - será mejor que busque las cosas que dejé en el bosque.
Se levantó para cumplir con lo dicho. Dejó su mochila y todas aquellas cosas que no debía cargar encima en la mesa. Solo se llevó las llaves de casa.
- Vuelvo en un rato William.
El pequeño se quedó por la zona jugando mientras su compañero iba en busca de sus pertenencias.
Al cabo de un rato ya había vuelto con todo. Su arco y flechas y algún que otro animal que había cazado por el camino. Colocó todas sus cosas en sus correspondientes sitios. Las flechas y arco en el baúl. Su chaqueta roja en el armario. Su capa de stikaag la dejo en el respaldo de una de las sillas. Con unos leños que había en el interior de la casa encendió un fuego en la cocina y preparó la comida para ambos.
Por la tarde fue a cazar algunas presas para comerciar con ellas al día siguiente. Ya siendo casi de noche y habiendo terminado de conseguir todo lo que necesitaba, decidió descansar un poco en la silla junto a su amigo y el fuego de la chimenea.
- Sabes, creo que Hekapoo puede esperar un poco. No estaría mal quedarse unos días así, tranquilos.
William solo estaba recostado en la alfombra disfrutando de la calma. Realmente Marco no esperaba una respuesta del animal. Pero sí que disfrutaba de su compañía. En ese momento pensó que realmente no estaría mal pasar unos pocos días de calma allí. Podría preguntar por algún mago en cualquier momento, la ciudad no se movería de ahí.
- Oh, hora de comer - dijo preparando el fuego para cocinar.
Sin duda ellos podrían disfrutar de una cálida y reconfortante noche tranquila.
Pero en ese momento, en otro sitio, estaban pasando ciertas cosas.
Por las calles de Rotchville caminaba una mujer con paso elegante. Ya era de noche y solo la luz de las farolas iluminaba las calles. Lo calma de la hermosa dama se vería perturbada por unos sonidos extraños. Un poco alarmada decidió mirar a su alrededor. Pero no consiguió ver a nadie, estaba totalmente sola. Buscó un guardia con la mirada para intentar calmarse un poco. Pero solo consiguió agravar su preocupación al no ver a nadie. Los sonidos seguían escucharse cada vez más y más cerca. Su inseguridad la obligó a acelerar el paso. Los sonidos ya estaban prácticamente tras ella. Rápidamente se giró alarmada y esperando lo peor. Más está no vio nada y el sonido había cesado. Su corazón se llenó de calma por un momento y ella pudo volver a respirar tranquila. Más ese pequeño momento de calma fue el último que tendría. De la nada apareció una mano por su espalda que la tomó por la boca, impidiéndole gritar. Ella se aferró a ese brazo intentado liberarse desesperadamente, quería gritar auxilio a toda costa, pero su forcejeo no duró demasiado cuando un cuchillo hizo un corte profundo en su cuello. Poco a poco se fue sintiendo cansada. Sus brazos ya no tenían fuerzas. Poco a poco fue soltando el brazo de quien la sujetaba. El frio fue invadiendo su ser con cada segundo que pasaba. Fue depositada en el suelo y poco a poco fue cerrando sus ojos para no volver a abrirlos jamás.
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Feliz viernes people. Aquí les dejo el ultimo capitulo de Marcopoo. Espero que lo disfruten, ahora con mas misterio.
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