Capítulo 14: Concierto para cuatro
La música nos une, la música nos conecta, la música... puede unir o enfrentar dependiendo de los gustos y del tipo de persona que la escuche.
— Anónimo
Star se hallaba tirada encima de uno de los enormes cojines redondos que tenía en su habitación. Junto a ella se hallaban Tom y Eclipsa, quienes también estaban echados en un cojín. Todos ellos tenían los brazos abiertos y miraban al techo intentando moverse lo menos posible. La fiesta monstruosa que habían tenido anoche les había pasado factura, y ahora todos se encontraban cansados.
— Tal vez deberíamos levantarnos, ¿no creen? —opinó Tom, sin mover ningún músculo más que su boca.
— ¿Movernos para qué? —preguntó Star.
Un pequeño silencio se hizo presente en la estancia, y este permaneció por tres segundos.
— No sé...
— Entonces no tenemos motivos para movernos.
— Hmmm, supongo que tienes razón —admitió finalmente el muchacho. Este dio un largo bostezo y se llevó una mano a la boca.
— ¿Marco aún está durmiendo? —preguntó Eclipsa.
— Creo... —dijo Star.
Ninguno de ellos tenía los ánimos suficientes como para entablar una conversación interesante, ni para continuar una que no parecía nada interesante. Así que solo permanecieron en la misma situación en la que se encontraban.
De pronto, alguien llamó a la puerta con dos golpecitos.
— Adelante —dijo Star, sin siquiera levantar la cabeza para mirar.
Por la puerta apareció Marco, quien se mostraba bastante despierto y animado, en comparación con sus compañeros.
— Marco —dijo Eclipsa, volteando la cabeza hacia él con su siempre agradable sonrisa. Sin embargo, esta no se levantó de su sitio.
El muchacho se fijó un momento en el panorama, algo sorprendido.
— ¿Qué les pasa? —dijo el castaño.
— Estamos cansados por la fiesta de anoche —respondió Star
— ¿Lo dices en serio? —preguntó, echando otra vista al panorama.
— Sí, Marco. Es en serio.
— Casi no parece que sean adolescentes jóvenes y llenos de energía.
— Somos mortales. La gente se cansa, no es nada extraño. Lo extraño —dijo Star, levantándose un poco con un quejido debido al esfuerzo para sentarse, y así poder ver al muchacho— es que tú no estés como nosotros. ¿Cómo es que tienes tanta energía?
— Pues... estoy un poco acostumbrado —dijo este. En ese momento se le vinieron a la mente recuerdos de veces que había pasado algunas noches en vela debido a exámenes del colegio. Otras veces cuando tenía que pensar en problemas que tenía en su vida cotidiana. O los días que pasó cuando Star había desaparecido. Y, sobre todo, las veces que tuvo que mantenerse despierto en la dimensión de Hekapoo para que las criaturas de la noche no lo atacasen. Todas aquellas experiencias lo habían hecho aprender a sobrellevar la falta de sueño. Por lo que, con dormir unas pocas horas ya estaba bien para él—. Bueno, la costumbre y mi buen amigo: el café.
— ¿Qué es el café? —preguntó Eclipsa.
— Una droga humana —respondió Tom, levantándose un poco—. Los seres de la tierra la usan para estar más despiertos.
— Es verdad. La familia Díaz tomaba de eso —añadió Star.
Eclipsa también se levantó al oír eso.
— ¿Es eso cierto, Marco? —dijo esta, mirando al muchacho.
Este se sintió un poco angustiado al dar tal acusación a aquello que para él era fuente de vida.
— No es verdad, el café no es una droga... bueno, no una droga dura —dijo eso último en voz baja—. A ver, en Mewni también existe el café, pero parece que no dejan que los menores lo consuman debido a su componente activo.
— Yo nunca escuché hablar del café cuando era adulta —dijo Eclipsa, levantando una mano.
— Sí, según tengo entendido, el café no fue descubierto hasta ciento veinte años atrás —respondió Tom—. Y creo que la implementación de este grano para ser tomado como un tipo de infusión fue porque algún mewmano lo descubrió en la tierra. Aunque en el inframundo ya lo conocían mucho antes, por eso de... ya saben, obramos en todas las dimensiones... más o menos.
— En cualquier caso, vine porque quería contarles algo —dijo Marco.
— Espera, Marco. Y si nos das un poco de ese café y así nos despertamos un poco —sugirió Eclipsa.
— Bueno, tú ya eres una adulta responsable. Tom, dijiste que ya conoces el producto, así que ya debes ser consciente de sus efectos —el muchacho de tres ojos asintió—. En cuanto a Star... —la rubia lo miraba con una expresión que intentaba expresar una ternura infinita. Mas el chico sabía que eso no era así—. Creo que darle café a Star podría ser la peor idea de la historia.
— Oh, vamos, Marco. ¿Cuándo te causé yo problemas? —dijo la princesa.
El chico frunció un poco el ceño y recordó muchas, muchas experiencias horribles y peligrosas.
— Creo que no hay lista lo suficientemente grande como para enumerarlas todas.
— Oh, vamos, Diaz. Seguimos bastante cansados por lo de anoche, seguro que no será para tanto —dijo la chica agitando la mano para quitarle importancia a las preocupaciones del muchacho.
Este se lo pensó un momento.
— Bueno, supongo que podemos.
— Perfecto. Ahora, llévenme a la cocina —ordenó, alzando su varita.
— ¿Qué? ¿Por qué? —reclamó el castaño.
— Porque estoy cansada. Y porque, como futura reina de Mewni, yo les ordeno llevarme a la cocina.
Marco y Tom se miraron el uno al otro. Ambos desaprobaban la actitud de la chica. Pero al final cedieron y cumplieron con su capricho.
Después de un rato en la cocina, Marco preparó café para todos, y estos los bebieron mientras estaban sentados y apoyados junto a una encimera. Eclipsa le metió como unos cinco o seis terrones de azúcar. Tom lo bebió solo. Y Star lo fue probando de forma gradual. Primero sin azúcar, luego con un terrón, y al final acabó poniéndole tres.
Como era de esperarse, el café les dio a todos una dosis de energía, la cual consiguió despertarlos. Sin embargo...
— Chicos, la fiesta de ayer fue increíble, ¿no lo creen así? —dijo Star, muy rápida y animada—. Marco, deberías haberlo visto. Todo fue perfecto. La gente, los monstruos, la gente. Y los discursos, Marco, los discursos les encantaron. ¿Te lo puedes creer?
— Sí, Star, lo sé. Estuve ahí con ustedes.
— Entonces demuéstrame algo más de emoción, de espíritu. Grita como si estuvieras feliz de estar vivo, yo te acompañaré.
— Star, yo no...
— ¡Graaah! —gritó esta sin pensárselo dos veces.
Sabía que esto iba a ser una mala idea, pensó el chico. Eclipsa pareció darse cuenta de cómo se sentía el muchacho, porque se acercó a él y se sentó a su lado. Le regaló una sonrisa, como siempre.
— ¿Qué, te gusta? —le dijo a la chica.
— Es un poco amargo. Pero no es nada que el azúcar no pueda arreglar.
— Je, je. Según a quién se lo digas, en la tierra te tacharían de hereje.
— ¿Por?
— Hay personas que defienden que el café ha de ser tomado puro y negro para poder apreciarlo de verdad.
— Ah. ¿Y tú qué piensas? —dijo esta.
— ¿Yo? Bueno, yo creo que cada uno puede disfrutar de lo que quiera de la forma que quiera. Siempre que no moleste a nadie.
En ese momento, Star se acercó a Tom con gran esmero.
— Mira, Tom, puedo llevarte en mis espaldas —dijo esta, tomando a Tom por los brazos y colocándoselo en la espalda como si fuera una mochila.
— Bueno, creo que Star podría ser la excepción, al menos en lo que al café se refiere —añadió Marco.
Eclipsa se rio un poco y se llevó la mano a los labios.
— Por cierto, Marco, ¿qué era aquello que querías contarnos?
— Oh, sí —dijo Star, de golpe, soltando a Tom y dejándolo caer—. ¿Qué es? ¿Qué es? —preguntaba, emocionada, mientras saltaba una y otra vez, apoyada en la encimera.
— Bueno... se trata de esto —dijo el chico, mostrando su teléfono celular.
En la pantalla del dispositivo se veía un anuncio del próximo concierto de Love Sentence, el cual, al parecer, sería mañana.
— Un concierto de Love Sentence —exclamó Star, con una gran sonrisa.
— ¿Un concierto de Love Sentence? —dijo Tom, levantándose de golpe del suelo para mirar el teléfono de Marco.
— Sí. Estuve al corriente de la gira que estaban dando por la tierra a la vez que preparábamos lo de la fiesta, y quería preguntarles si les gustaría que fuésemos los cuatro —dijo el humano.
— Marco, es una idea genial —dijo Star.
— Sí, pero el concierto es mañana. Las entradas estarán agotadas ya —comentó Tom.
— ¿Te refieres a entradas como estas? —Marco sacó cuatro entradas de su bolsillo y se las mostró a sus compañeros mientras sonreía.
Tanto Star como Tom abrieron los ojos, asombrados.
— Viejo, ¿cómo las conseguiste? —preguntó Tom.
— Las compré antes de que se agotaran —dijo Marco, mostrando aires de orgullo.
— Pero, ¿cómo estabas tan seguro de que aceptaríamos?
— Es un concierto de Love Sentence —se encogió de hombros—. ¿Quién le diría que no a un concierto de Love Sentence?
— Muy cierto —concordó Tom, y ambos muchachos se rieron.
— Chicos, ¿qué es Love Sentence? —preguntó Eclipsa.
Como si aquello hubiese estado planeado, los tres chicos se giraron hacia Eclipsa a la vez, lo cual intimidó un poquito a la chica.
— Love Sentence es el mejor grupo de música pop para adolescentes de todos los tiempos —dijo Star, alzando los brazos y dotando de énfasis su descripción.
— Creo que no conozco ese tipo de música. ¿Cómo es?
A Star le brillaron los ojos de golpe.
— Solo es uno de los mejores tipos de música existentes. Mira, Marco y yo podemos interpretar una canción... —quiso decir, pero antes de poder hacerlo, una música de fondo comenzó a sonar detrás de ella. Era la música instrumental de "Too little too late".
Star se giró y vio a Marco y a Tom realizando una pequeña interpretación improvisada. Ellos se movían de forma coordinada, y sincronizaban sus voces a un nivel sorprendente. Era como si hubiesen ensayado esa pequeña canción una y otra vez hasta que les hubiese salido bien.
Cuando acabaron, Marco detuvo la canción en su celular y lo guardó.
— Y más o menos eso es Love Sentence —dijo el humano—. ¿Qué me dices, Eclipsa? ¿Te gustaría ir?
— Bueno, se ve diferente e interesante. Además, nunca he ido a un concierto, o como se llame. Así que sí, por mí no hay problema.
Todos se mostraron contentos y comenzaron a celebrarlo. Entonces, Star dio un pequeño estornudo y, sin quererlo, se transformó en Butterfly. De pronto, los presentes se quedaron un poco atónitos.
— Oh, no —dijo Star, mirando sus seis manos.
— Está pasando otra vez —dijo Tom, tomando dos de las manos de la chica.
Al parecer, ambos estaban al corriente de lo que ocurría. Marco miró a Eclipsa para ver si esta estaba igual de sorprendida que él. Y así lo fue. Por lo tanto, ella no debía de saber nada.
— ¿Qué está ocurriendo? —preguntó el humano.
Tom miró a Star, un poco preocupado, pero esta asintió, adivinando lo que el muchacho le preguntaba sin usar palabras.
— Hace no mucho a Star le vienen ocurriendo esta clase de sucesos extraños. No sabemos a qué se debe, solo sabemos que le ocurría mientras dormía. El problema, es que no esperábamos que esto también ocurriese estando ella despierta.
— No es la primera vez... —comentó Marco—. ¿Por qué no nos dijeron nada?
— Sí —apoyó Eclipsa—, podríamos haber ayudado en algo.
Star negó con la cabeza.
— No dije nada porque la última vez que ocurrió fue hace dos semanas, y eso me hizo pensar que se había ido por sí solo —bajó la mirada—. Pero me equivoqué.
— No te preocupes, cariño —dijo Eclipsa, acercándose a la muchacha y dándole un abrazo—. Yo también pasé por eso cuando era adolescente. Créeme, lo superarás.
— ¿Lo dices en serio?
— Claro. Mira, si quieres puedo darte algún consejo para la próxima vez que te ocurra. A lo mejor te ayuda.
— Me encantaría. Y ya sé lo que podemos hacer... —dijo Star, manteniendo el suspenso—, Noche de chicas.
— Podremos pasar la noche solas hablando de magia y esas cosas. Oh, oh, y tal vez podamos invocar a algún demonio
— Oh, no. Ni se les ocurra molestar a uno de mis familiares —dijo Tom—. A ninguno de ellos les gusta ser invocados, y menos cuando están en medio de alguna reunión, o en medio de una partida de póker —al mencionar eso, recordó cuando alguien lo invocó justo cuando estaba a punto de ganar una partida contra sus primos. Una experiencia desagradable... para los invocadores.
— De acuerdo, de acuerdo. Pero sí que hay un montón de cosas que podemos hacer juntas —Eclipsa.
— Me parece una idea estupenda. Ahora vamos al baño para intentar que se te pase el efecto de la transformación y luego vámonos juntas a donde queramos —propuso Eclipsa.
— Ey, esperen. ¿Y qué hay del concierto? —dijo Marco.
— Bueno, el concierto es mañana. Así que, si te parece bien, nos encontramos en mi cuarto mañana a las siete de la tarde, y nos vamos todos —sugirió Star.
— Bueno, supongo que eso es un buen plan.
— Perfecto, entonces. Nos vemos mañana —se despidió Star. Y, junto con esta, Eclipsa.
— Bueno, parece que nos quedamos solos —comenzó Tom, rodeando el cuello de Marco con un brazo—. ¿Qué me dices? ¿Noche de chicos?
Marco sonrió.
— Noche de chicos —dijo este, y ambos chocaron los puños.
El tiempo pasó más rápido de lo que todos se habían esperado. Y, para cuando quisieron enterarse, el día del concierto había llegado.
Tom y Marco acudieron a la habitación de Star, tal y como habían acordado. El demonio golpeó un par de veces la puerta y se mantuvo a la espera. Alguien abrió despacio, era Star, quien llevaba puesta una camiseta blanca con el logo de Love Sentence, detrás de ella estaba Eclipsa, con una camiseta igual a la de Star. Los chicos, que entraron a la habitación, también vestían la misma camiseta que la de las chicas.
— ¿Están listas? —preguntó Marco.
— Sí —dijo Star.
— Entonces —dijo, abriendo un portal—, vamos.
Star pasó delante de Marco, y se metió en el portal. Tom se puso a su lado y fue junto a ella. Y, por último, Eclipsa se puso junto a Marco y le sonrió.
— ¿Vamos? —dijo ella.
— Por supuesto —respondió él, devolviéndole la sonrisa a la chica.
Todos llegaron al parking del otro lado de la calle, donde estaba el estadio en donde se celebraba el concierto de Love Sentence. Se podía cuatro enormes luces saliendo de dentro del campo, iluminando las nubes del cielo nocturno. Todos los focos externos del estadio estaban encendidos. Sería imposible no darse cuenta de ver dónde se celebraba el concierto. Además, en la entrada había un cartel enorme colgado de dos postes con una foto del grupo y su nombre. Mucha, mucha gente salía de los coches y caminaba por las calles yendo hacia la entrada para ingresar al estadio. Tanta era la gente, que se había formado una cola para poder entrar.
— Parece que habrá mucho público —comentó Eclipsa.
— Es normal en este grupo. Es bastante popular entre los jóvenes —dijo Marco.
— Y los adultos que se ven como jóvenes —añadió ella.
Marco se rio.
— Sí, esos también entran en el grupo.
— Ey, si se van a tardar, entonces Tom y yo vamos a ir tomando lugares en la fila —dijo Star, tirando de Tom.
— De acuerdo, adelántense —dijo Marco, usando sus manos como megáfono, pues sus compañeros se habían alejado un poco.
— Star se ve emocionada —observó Eclipsa.
— Bueno, pasó mucho tiempo desde la última vez que estuvimos en un concierto de estos. En ese entonces yo salía con Jackie, y... bueno, pasaron cosas durante esa temporada. A decir verdad, no fue la mejor temporada de mi vida. Tampoco la de Star, creo yo —Eclipsa pareció mostrarse un poco preocupada por estar reabriendo alguna vieja herida en el corazón del muchacho, y este se percató de ello por la expresión en su cara—. Oh, pero tampoco fue la peor época de mi vida. Solo que hubo bastantes altibajos durante esos tiempos.
— Bueno, la adolescencia tiene momentos muy bonitos, y momentos muy duros. Pero este puede ser uno de los bonitos —dijo la chica, sonriendo—. Vamos con ellos, que de seguro nos estarán esperando.
— Claro —dijo Marco.
Ambos cruzaron la calle, cuidando de que ningún coche pasara en ese momento.
— Por cierto, Eclipsa. ¿Qué tal fue la noche de chicas?
— Acaso quieres saber de qué hablamos las chicas cuando los chicos no están delante —dijo ella, insinuando que Marco quería conocer los secretos de las mujeres.
— ¿Qué? No —dijo este, con cierto rubor en sus mejillas—. Solo quería saber si fue todo bien. Ya sabes, por lo de la transformación de Star y eso.
— Ah, sí. Al final pudo volver a la normalidad, como has podido comprobar. En cuanto a las transformaciones espontáneas... Le dije que lo mejor que podía hacer era dejarse llevar por el sonido de la magia, una vez esté transformada.
— ¿El sonido de la magia? ¿Qué es eso? —preguntó, confundido.
Ella sonrió de forma juguetona.
— Cosas de Butterflys —respondió, tocando la nariz del muchacho con su dedo índice.
Al final, se reunieron con Tom y Star en la fila, allí charlaron hasta que los guardias les pidieron sus entradas y los jóvenes fueron a los asientos que les correspondía entre el público. Allí se vio un escenario envuelto en una estructura metálica de la cual colgaban unas enormes cortinas. Estas cubrían el escenario, y solo dejaban ver el extremo de delante. Por encima de la estructura se mostraban tres enormes pantallas a su alrededor.
— Marco —dijo Eclipsa, tirando de la camiseta de este—. ¿Qué son esas cosas de allá? —señaló a una de las cuatro pantallas.
— Son pantallas televisivas. Tristemente, no todo el mundo está tan cerca como para ver bien a los integrantes de la banda, así que ponen estas pantallas para que aquellos que no los vean bien puedan verlos allí.
— Ah. ¿Algo parecido a la pantalla del cine?
— Exacto... —todo el público comenzó a gritar porque las cortinas se estaban corriendo. Y Marco y sus compañeros sabían lo que eso significaba—. Ya va a empezar.
Tras las cortinas se reveló al grupo vestido con sus uniformes típicos y sus peinados llamativos. Literalmente todo el público comenzó a gritar y a saltar de la emoción. El cantante les dedicó a todos una sonrisa radiante y se dedicó a pasar la mirada por la tribuna. Esperó a que el estadio se calmase y dedicó unas palabras antes de empezar.
— Comenzaremos con una de nuestras favoritas. Espero que les guste —dijo el cantante.
It was no secret
The way that we feel
A love that's so pure
A love that's so real
You showed me your world
And it felt like a sign
But you acted too slow
And you ran out of ti-i-ime
And now we'll be just friends
We will be just friends
And now we'll be just friends
Be just friends
Los tres fans al lado de Eclipsa comenzaron a cantar la canción a la vez que los cantantes. Todo el público lo estaba haciendo, de hecho. Parecían muy emocionados y eufóricos. Y eso era algo que maravilló a Eclipsa. Sin embargo, la música...
Después de cinco canciones seguidas, los cantantes hicieron un pequeño paro de cinco minutos para tomar un poco de agua. Marco, Tom y Star respiraban con pesadez al haber estado cantando durante tanto tiempo. Pero estaban contentos, muy contentos.
El humano se fijó en Eclipsa, y se percató de que, a diferencia de ellos. Esta no se veía tan animada.
— Oye, ¿te lo estás pasando bien? —le preguntó el castaño.
— Oh, sí, sí. Este concierto es en verdad... espléndido —dijo, mostrando una sonrisa forzada.
Marco se percató de eso, pues ya conocía muy bien la auténtica sonrisa de la mujer.
— No te gusta, ¿verdad?
— No, no. No es eso, es solo que... no es el tipo de música que yo buscaría oír
— Hmmm, entiendo. ¿Entonces, qué tipo de música te gusta? ¿Clásica? ¿Refinada?
— Fuerte.
— ¿Fuerte?
— Sí, música estridente y con un sonido fuerte. Esa en que la guitarra hace algo así —dijo esta, imitando que tocaba una guitarra eléctrica.
— Ah, ya sé a lo que te refieres —dijo el chico, chasqueando los dedos. Entonces, sacó su celular un momento y comenzó a mirar algo—. Perfecto —dijo, después de un momento—. Eclipsa, nos vamos.
— ¿Qué?
— Sí, tú y yo nos vamos.
— ¿A dónde?
— Tú confía en mí, te gustará.
El muchacho avisó a Tom y Star, quienes se mostraron extrañados, pero después de darles una explicación, ellos asintieron y también se despidieron de Eclipsa. Marco se llevó a la chica fuera del estadio y fueron al parking de antes.
— ¿Qué hacemos aquí, Marco?
— Esperamos a alguien —dijo este.
— ¿A quién?
Antes de que el chico pudiese decir nada, de los coches apareció una figura encapuchada.
— Tanto tiempo sin vernos, Díaz —dijo una voz femenina.
— Hola, Janna —al decir su nombre, la chica se quitó la capucha—. Nunca habría esperado que me llamaras, y menos a estas horas —se fijó en Eclipsa—. ¿Quién es ella?
— Ella es Elisabeth. Es mi ami...
— Soy su novia —dijo Eclipsa, sin darle tiempo al muchacho de terminar su frase.
Marco la miró con cierto reproche y también algo de rubor en su rostro.
— Ja, ja. Como se nota que no te gusta perder el tiempo, Marco —observó Janna.
— Por favor, solo vayamos al grano. ¿Las tienes?
La chica sacó dos papeles de su chaqueta: eran dos entradas para un concierto de un grupo que Eclipsa no conocía.
— Tal y como prometí —Marco estiró la mano para tomar las entradas, y Janna la alejó de él—. Trescientos dólares.
— ¿Qué? —se quejó Marco.
— Eh, ten en cuenta que el concierto comienza dentro de poco, y que las entradas ya están agotadas.
Marco suspiró y sacó los trescientos dólares de su billetera y se los entregó a Janna.
— Aquí tienes.
Ella tomó el dinero y le entregó las entradas al chico.
— Es un placer hacer negocios contigo, Díaz.
— El placer es todo tuyo —remarcó el chico.
Sin decirse nada más, se despidieron y Marco y Eclipsa se dirigieron al otro concierto.
— Marco, no tenías por qué hacer eso.
— Nah. Quiero llevarte a un concierto en el que disfrutes de la música que hay.
— No hacía falta... Por cierto, cómo sabías que esa amiga tuya tendría entradas para el concierto que querías.
— Es Janna. Ella consigue muchas cosas. En cualquier caso —el chico abrió un portal con sus tijeras—. ¿Estás lista para ir? —invitó este a entrar en el portal, señalando con ambas manos.
Eclipsa sonrió y entró antes que el muchacho. Aparecieron en un lugar bastante diferente al de antes, pero con temática similar. Tuvieron que mostrar sus entradas antes de pasar al recinto abierto. A diferencia del otro, en este no había gradas, todo era espacio abierto. También había un escenario, pero las pantallas estaban a los costados, y una en la parte de detrás de dónde se suponía que estaría la banda. Había tanto o más público que en el concierto anterior, pero la gente no era adolescente, más bien eran jóvenes y adultos. Y la gran mayoría iba vestido de negro. Pero Eclipsa se fijó, sobre todo, en el cartel encima del escenario, en donde ponía el nombre de la banda.
— Guns N' Roses —leyó Eclipsa—. ¿Quiénes son?
— Un grupo de hard rock. Creo que te gustará.
El grupo se mostró, y el cantante, un hombre un tanto mayor, dedicó unas cuantas palabras a al público antes de comenzar a tocar.
Al momento de escuchar la guitarra sonar, Eclipsa abrió los ojos en grande. Marco se fijó en ella y sonrió, pero no dijo nada, solo quiso dejar que ella escuchara.
Welcome to the jungle, we've got fun and games
We got everything you want honey, we know the names
We are the people that can find whatever you may need
If you got the money, honey we got your disease
Jungle, welcome to the jungle
Watch it bring you to your shun n-n-n-n-n-n-n-n knees, knees
Uh I, I wanna watch you bleed
La gente comenzó a saltar, y eso no le dejó a Eclipsa ver al grupo. Entonces, esta sintió como alguien pasaba entre sus piernas y la levantaba. Cuando miró abajo, vio a Marco, quien la sujetaba entre sus hombros. Este le sonrió, un tanto rojo, y ella le devolvió la sonrisa, también, algo ruborizada. Pero luego alzó las manos y gritó de la emoción como todos los demás allí presentes.
Ese día Eclipsa descubrió que le encantaban los conciertos.
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Comentarios del escritor:
— No te gusta el grupo, ¿no? —le preguntó Marco a Eclipsa, al ver que esta se mostraba aburrida.
— No, no es eso, es solo...
Este sonrió y la tomó de la mano.
— Ven, te llevaré a otro sitio.
— Pero, Tom y Star...
— No te preocupes.
Marco se fue al parking y le compró a Janna un par de entradas para el concierto de un grupo que Eclipsa desconocía. Luego, la llevó hasta otro sitio, en donde también se celebraba otro concierto.
— Marco, no tenías que llevarme a otro concierto.
— No, este es de otro grupo. Su música es un poco más... diferente. Los cantantes son argentinos.
— ¿Argentinos?
— Criaturas que son incapaces de pasar por delante de una superficie reflejante sin parar a mirarse. Pero a veces hacen buenas cosas. Y este grupo, es una de ellas.
Ambos entraron al recinto y vieron un escenario, a un montón de gente y al grupo. En el cartel del escenario decía "Soda stereo".
El cantante se acercó al micrófono y le dijo unas cuantas palabras al público. Luego comenzó a cantar:
Ella durmió
Al calor de las masas
Y yo desperté
Queriendo soñarla
Algún tiempo atrás
Pensé en escribirle
Que nunca sorteé
Las trampas del amor.
En esa parte, el cantante no continuó, sino que guardó silencio y permitió al público continuar con aquella parte de la canción.
De aquel amor
De música ligera
Nada nos libra
Nada más queda.
A partir de ahí el cantante continuó y el público estalló en gritos de ovación. Era un momento mágico. Como si todos, tanto el grupo como el público, estuviesen conectados. Eso... era buena música.
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Buenas gente. Antes que nada, no me tachen de racista ni nada por el comentario que hice de los argentinos, todo lo hago desde el la comedia. Además, para quien no lo sepa, soy argentino. Así que me acojo a la regla que usan los negros en las peliculas, si es de mi propia raza, entonces puedo burlarme de ella XD
Ahora en serio. Estoy contento por traerles estos capítulos, y ya tengo ganas de acanzar un poco más para que vean lo que hay delante.
Sí te gustó el capítulo deja un like, o mejor aún, escribe un comentario, el que sea, sin importar que estés leyendo esto después de uno o dos años de su publicación, siempre me alegra leer los comentarios de mis lectores.
Gracias por el apoyo, y nos vemos en la próxima ocasión.
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