Capítulo 10: El retorno de un antiguo conocido

Hay veces que creemos haber superado algo, cuando realmente solo ha quedado encerrado en el baúl del olvido. Es posible que ese baúl no vuelva a abrirse nunca más, pero, a veces, es posible que aquello que creímos resuelto, en nuestra infinita ingenuidad, regrese para traernos el tormento que habíamos esperado no volver a sufrir nunca más.

— Anónimo

Su mente salió de la fase rem. Se había despertado, mas aún tenía los ojos cerrados. El sonido suave del viento acariciaba las cortinas, como era de costumbre. Y un agradable aroma a almizcle dulce y sofisticado le hizo sonreír con gusto. Entonces se dio cuenta de que ese no era el aroma que usualmente sentía al despertar. Abrió los ojos de golpe y se dio cuenta de que no estaba en su cama. Colchón un tanto suave, almohadas de igual tacto, ambos blancos y mantas de igual color. Sabía a quién pertenecía esa cama.

Apartó la manta un poco y luego se reclinó hacia adelante. A su izquierda, sentada en la silla junto a la cama, estaba Eclipsa, durmiendo. Esta tenía su cabeza apoyada contra el respaldo de la silla. No se veía muy cómodo, pero, a simple vista, no parecía desagradarle a esta. Aunque poco se podía sacar en claro de las expresiones que realiza una persona dormida.

El muchacho se preguntó qué hacía este en la cama de ella, y por qué esta estaba durmiendo en la silla... ya lo recordaba. Marco se miró las manos, y recordó que las prácticas de ayer lo habían dejado exhausto. De seguro la mujer lo habría llevado a la cama sin despertarlo para que pudiese dormir en paz.

Marco sonrió con ternura. Pensaba que Eclipsa, a menudo se mostraba atenta con los demás. Se levantó de la cama cuidando de no hacer ruido y luego se acercó a la mujer. Con mucho cuidado pasó un brazo por detrás del cuello de esta, y el otro por debajo de sus piernas y, con mucho cuidado, la alzó, procurando no despertarla. Eclipsa no pareció enterarse de ello. Su cabeza se ladeó un poco y acabó apoyada en el pecho del muchacho. Ese pequeño gesto involuntario hizo que Marco se ruborizase de golpe.

Llevó a la mujer a la cama tan rápido como pudo, sin ser brusco en el proceso, y la dejó sobre el colchón. Aun dormía con boca arriba.

Marco respiraba con cierta prisa debido al gesto de antes. Luego se rio por lo bajo debido a la peculiar situación, y se quedó mirando a Eclipsa hasta que se calmó.

— Me alegra poder compartir esta clase de momentos contigo —dijo en voz baja, esperando que esta siguiese dormida—. Desde que te conocí he dejado de pensar en lo solo que me sentía sin que Star estuviese aquí, y la verdad es que me enseñaste que hay mucho por hacer como para deprimirme por todo esto —se llevó una mano al pecho, justo en el lugar en donde se ubicaba su corazón—. Gracias a ti he seguido adelante. Creo que aún mi corazón no ha olvidado lo que siento por Star, pero todo el tiempo que he pasado contigo me ha ayudado a convivir con ello —sonrió con sinceridad mientras miraba a la mujer al rostro—. Me gustaría que los reyes y los de la Alta Comisión Mágica se diesen cuenta de lo buena persona que eres y de que lo único que quieres es vivir tu vida en paz. Mereces ser feliz —recordó que en algún momento el juicio de Eclipsa habría de llegar—. Espero que todo salga bien y puedas vivir tranquila.

Bajó un poco la cabeza y se quedó mirando el suelo, pensativo. Ella le había ayudado y enseñado tanto. Quería devolverle el favor de alguna forma. Quería que ella pudiese recuperar su libertad sin el temor a que alguien la persiguiese. Quería...

Levantó la mirada y se fijó nuevamente en el rostro de la mujer. Sin darse cuenta, clavó sus ojos en los labios de esta y un súbito sentimiento de familiaridad le recorrió el cuerpo.

Hazlo. Sabes que lo deseas.

Se acercó a ella y se sentó a un costado de la cama sin despertarla para verla más de cerca.

Hazlo.

El corazón le comenzó a latir mas deprisa. Abrió la boca para poder respirar mejor porque sentía que le faltaba el aire en los pulmones. Deslizó una mano hasta posarla sobre la almohada. Ahora Marco se encontraba justo encima de Eclipsa con la mirada fija en los labios de esta.

Sí. Recuerda lo ocurrido esa noche. Recuerda la sensación de los labios de ella posados sobre los tuyos. No niegues que lo disfrutaste, aunque fuese producto de la oscuridad. Acepta el deseo que anhela tu corazón y cede ante la tentación.

Marco posó su mano libre sobre la mejilla de la mujer y poco a poco comenzó a acortar distancia entre ambos. Los ojos comenzaban a cerrárseles un poco sin perder de vista su objetivo. Ya estaba cerca, tan solo unos centímetros.

Sí, toma todo aquello que quieras.

Los ojos por fin se le cerraron y sus labios esperaron ansiosos por encontrarse con los de la mujer en cualquier momento, cuando una imagen repentina se le cruzó por la mente. Aquella ocasión en la que ella había subido hasta el tejado del castillo para aclarar el pequeño incidente que habían tenido debido al uso de la magia oscura. Recordó que ella, en todo momento, se había preocupado por él y por su bienestar. Lleno de culpa, abrió los ojos. Eclipsa aún dormía. Confuso por aquel extraño impulso, se alejó de la mujer, temeroso de que volviese a sentir esa clase de deseo. Se miró las manos.

— ¿Qué estoy haciendo? —se dijo a sí mismo.

Exacto, por qué te has alejado de ella. ¿Acaso eres un cobarde?

Algo estaba hablando con él: una voz extraña en su cabeza. Al principio pensó que solo se trataba de su propio pensamiento. Alguna clase de deseo mundano al que se sintió impulsado a realizar. Pero ahora estaba seguro de que alguien o algo le estaba hablando en su cabeza.

Oye, deja de ser una niña y ve a buscar aquello que quieres.

— No —dijo, entre confundido y asustado mientras se alejaba aún más de la mujer.

¿Cómo que no? Sabes que quieres hacerlo, así que deja de negarte aquello que te pertenece y reclámalo.

— Cállate —dijo, quizá un poco más alto de lo que hubiese querido.

Eclipsa se movió un poco. Marco temió haberla despertado. Rápido, salió por la ventana y se deslizó por las enredaderas hasta llegar al suelo. Luego se fue corriendo al castillo con la intención de descubrir lo que estaba ocurriendo.

Eclipsa despertó con cierta somnolencia mientras se rascaba un ojo y miró a todos lados. Se percató de que estaba sobre su cama, cuando recordó haber dejado a Marco allí y ella haberse quedado en la silla.

— ¿Marco?

Marco cerró la puerta de su habitación con brusquedad y luego apoyó la espalda en ella, como si quisiese evitar que alguien pudiese entrar. Respiraba presuroso debido al cansancio de haber corrido hasta allí, pero, también, debido a ese sentimiento de que algo le estaba impulsando a ser alguien que no era él. Esa voz, ¿quién o qué era? Fuera lo que fuera, tenía que hallar la forma de deshacerse de ella.

No lo creo, chico. He vuelto después de tanto tiempo, y te aseguro que no tengo planes de irme otra vez.

— ¿Otra vez? —preguntó un tanto confundido al oír esa aclaración. Se despegó de la puerta y comenzó a mirar en todas partes en busca de la procedencia de la voz, más por inercia que por lógica, pues a esas alturas ya estaba bastante seguro de que la voz estaba en su cabeza—. No recuerdo haberte oído nunca antes en mi vida. ¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres?

¿No me recuerdas? Cielos, harás que me deprima. Piensa, Díaz, ya nos hemos visto alguna vez.

— Eso no es cierto. Estoy seguro de que recordaría a alguien tan retorcido como tú —se defendió este.

Bien, veo que necesitas un poco de ayuda. Quizás esto te ayude a recordar.

Un leve y repentino dolor comenzó a hacerse intenso en el brazo derecho del muchacho. Marco se miró el brazo y vio como este temblaba. La piel se le estaba poniendo pálida y se veía obligado a apretar los dientes para intentar no gritar. Se llevó la mano al brazo derecho y lo sujetó con fuerza. El dolor era tan intenso que cayó de rodillas al suelo y apoyó la frente en la alfombra. Sudor frío le recorría el cuerpo mientras arrugaba la cara y cerraba los ojos con fuerza.

Notó como su hueso iba menguando, como si perdiera consistencia y se volviese más... flexible. Eso ayudó a aligerar el dolor latente, pero ahora sentía como si su piel estuviese cambiando, contrayéndose y expandiéndose una y otra vez. Los dedos se le deformaron y se unieron los unos con los otros. Las uñas desaparecieron entre la piel y pudo sentir como el brazo se le retorcía de un lado a otro, pero ya no dolía, ya no tenía huesos.

El dolor había desaparecido del todo. Ahora sentía el brazo un tanto diferente. La mano que se lo estaba sujetando sintió el tacto de este un tanto más... viscoso.

— Hola, Marco —se oyó justo delante del muchacho. Ahora esa voz distante y casi perdida que había oído en su cabeza era ahora clara y presente. Tenía un aire... monstruoso.

El muchacho alzó la mirada y se encontró cara a cara con alguien a quien creía haber eliminado tiempo atrás.

— Brazo monstruoso —dijo mientras giró en el suelo y quedó sentado sobre la alfombra, admirando aquel apéndice similar al tentáculo de alguna criatura cefalópoda—. No puede ser.

— Sí, Marco —dijo este con una sonrisa diabólica llena de dientes de sierra—. Sí que puede ser.

— No tiene sentido, Star se deshizo de ti.

— Sí, tu pequeña amiga volvió a aprisionarme dentro de tu cuerpo, pero yo te dije que volvería. Yo soy parte de ti.

— Pero, ¿cómo es posible que hayas vuelto?

— ¿Aún no lo ves? Has estado aprendiendo el arte de la magia oscura durante todo este tiempo. Yo fui creado gracias a la magia. Desde que viste el capítulo prohibido de Eclipsa vi en ti una oportunidad de volver a aflorar como tu brazo monstruoso en algún momento. Habría tenido que esperar mucho, mucho tiempo para recuperar las energías suficientes para volver a manifestarme, pero, desde que aprendiste a manejar la magia oscura me ayudaste a recuperarme antes de lo previsto.

Marco se quedó mirando a la criatura con el ceño fruncido y con la boca entreabierta para respirar. Aún se estaba recuperando de la metamorfosis que su cuerpo había sufrido.

No podía acabar de creerse que el brazo monstruoso hubiese vuelto. Nunca se habría imaginado que eso podría ocurrir. Lo había dado por muerto. Sin embargo, nunca le dijo a Star que las últimas palabras de este antes de irse lo habían dejado un poco perturbado. Mas el tiempo y la ausencia de factores relacionados con el tema lo hizo olvidarse de este mismo.

Evaluaba las cosas que podría hacer en la situación actual. La única que podía devolver su brazo a la normalidad era Star, y ella no se encontraba ahí. Según lo que ella le había dicho, debería de estar devuelta dentro de dos días. ¿A caso habría alguna forma de mantener el brazo monstruoso a raya hasta que Star volviese? No, no habría forma alguna de conseguir eso. Y aunque lo hiciese, el brazo había dicho que la práctica de la magia oscura era lo que había acelerado el proceso de aparición de este. Si conseguía volverlo a la normalidad, lo más probable es que tuviera que dejar la magia oscura de lado para evitar que volviese. O quizás Eclipsa supiese alguna forma de evitar que eso ocurra... Eclipsa. Quizás ella pudiese ayudarlo. Solo tenía que encontrar una forma de llevar el brazo hasta ella.

Y evitar que le hiciese algo.

— Marco, por la expresión de tu rostro puedo adivinar lo que estás pensando —dijo el brazo.

Preocupado, Marco se llevó la mano al rostro por inercia, temeroso de que su expresión hubiese revelado las intenciones que este tenía.

— Ah, ¿sí? —dijo con desconfianza.

— Sí —volvió a decir, y comenzó a moverse despacio como una serpiente hacia un lado para acercarse un poco más a Marco. Este lo siguió con la mirada y no dudó en intentar mantener la distancia entre ambos—. Crees que he vuelto para eliminarte como ocurrió la última vez, pero no es así —sonreía este—. Formo parte de ti, si tú mueres yo también lo haré, así que lo último que quiero es que tu vida se apague.

— Oh, no sabes cómo me tranquiliza oír eso —dijo con sarcasmo.

— Sé que nuestro antiguo encuentro no fue fortuito para ninguno de los dos. Pero, después de estar tanto tiempo encerrado en lo más profundo de tu cuerpo me percaté de que tu bienestar significa mi bienestar. Así que esta vez quiero hacer bien las cosas, Marco. Déjame ayudarte a conseguir aquello que quieres, aquello que deseas.

— No sé por qué tus palabras no me inspiran confianza. Además, no hay nada en lo que tú puedas ayudarme —acusó este.

— Ah, ¿no? —dijo este bastante convencido de lo contrario. Rápido como una serpiente se deslizó por detrás de Marco y se colocó justo a su izquierda, cerca de su oído—. ¿Y qué hay de tu situación actual con Star? ¿Acaso no es eso algo con lo que necesites ayuda?

Marco se echó hacia un lado, sorprendido por el movimiento repentino de la criatura, y luego la miró.

— Eso no es asunto tuyo.

— Ya te lo dije, tu bienestar es mi bienestar. Yo puedo ayudarte a que ella se enamore de ti. Lo deseas, ¿verdad? Eso es lo que quieres, tener a la pequeña Star Butterfly arrastrándose a tus pies, pidiéndote que le des ese cariño que tanto anhelas. Quieres ver como ella se arrastra con deseo por ti mientras se arrepiente de haber vuelto con ese chico Tom —susurraba con aire siniestro mientras se movía de un lado a otro.

— No —dijo este, negando las palabras del brazo. Sabía que él solo quería intentar convencerlo de hacer algo que en realidad no buscaba. Pero... sus palabras, él parecía estar seguro de lo que decía.

— Vamos, no tienes por qué ser tímido. Sabes que eso es lo que deseas. Tan solo hace falta deshacernos de ese chico Tom. Y cuando Star esté rota por haber perdido a su antiguo novio, vendrá arrepentida hacia ti. Así te asegurarás de que no haya forma de que Tom vuelva a interferir en tu vida. Piénsalo, matarás dos pájaros de un tiro.

— Yo nunca haría algo como eso.

— Ah, ¿no? Entonces ¿por qué hay una parte de ti que desea verlos separados?

— Eso no es...

— Además, sabes que en el fondo le estás haciendo un favor a Star. Tom ya le hizo mucho daño en el pasado, incluso después de haber dejado de ser pareja. Y no solo a ella, también te hizo daño a ti. Y si lo hizo una vez volverá a hacerlo otra vez. Dice que puede controlar su temperamento, que ha cambiado, pero aún no puede evitar perder los estribos. Lo sabes.

— Tom está cambiando, él ya no es el mismo de antes, es mi amigo.

— Un amigo no le roba la novia a otro.

— Star no era mi novia.

— Tal vez, pero Tom sabía perfectamente que tanto ella como tú sentían algo por el otro. Y, aun así, el no dudó en volver a intentar algo con ella, pese a que lo suyo hubiese acabado hace tiempo. Vamos, ¿dime que lo que digo no es verdad?

El muchacho calló de repente. Es verdad que en muchas ocasiones Tom había dado por sentado que había algo entre él y Star. Y a pesar de que no era cierto, sí que se podría apreciar que algo había entre ambos. Aquel era un pensamiento que más de una vez se le había pasado por la cabeza, pero siempre se dijo a sí mismo que solo era producto de la rabia y los celos.

— Eres muy blando con todo el mundo, Marco, y te martirizas por todo. Créeme, estoy de tu parte. Déjame que te ayude a conseguir aquello que deseas.

De nuevo, el muchacho se quedó callado un momento mientras mantenía la mirada fija en el suelo. Se sentía confundido y lleno de dudas. ¿De verdad quería el brazo ayudarlo? ¿De verdad debía de confiar en él? Volvió a dirigirle la mirada.

— ¿Tú eras la voz que me hablaba en la cabeza, ¿no?

— Así es.

— ¿Por qué me impulsaste a intentar besar a Eclipsa?

— Como ya te he dicho, solo intentaba ayudarte a conseguir aquello que querías.

— Pero yo no amo a Eclipsa.

— Tal vez. Pero no puedes negar que le has tomado cariño. Y es comprensible. Fue ella quien te animó después de que Star te abandonara. Te ha ayudado con muchas cosas. Y ese beso en aquella ocasión, eso fue lo que desencadenó tus sentimientos, a pesar de que te lo niegues. Sientes algo por ella.

— Eso no es así.

— Entonces ¿por qué tu corazón se acelera cuando ella se acerca más de la cuenta? ¿Por qué te pones nervioso si ella te mira a los ojos o te toca la mano?

— Eso es porque me recuerda a esa situación incómoda que tuvimos —se defendió este. Notó que se había dejado llevar un poco por la situación.

— ¿Eso crees? —cuestionó.

— Sí. Además, yo soy un adolescente y ella...

— Sabes que no es verdad. Es una simple excusa que utilizas para convencerte de que esa mujer está fuera de tu alcance. Pero la verdad es que ella también puede ser tuya. Piénsalo. Su marido nunca saldrá de la prisión de cristal en la que está encerrado.

— Ella lo consiguió.

— Globgor no es un Butterfly. Sabes que la forma en la que Eclipsa se liberó es única. Ahora mismo, tú eres la figura masculina más próxima que tiene. Es perfecto. Puedes casarte con Star y convertirte en rey. Tan solo tendrás que intentar evitar que la ejecuten, quizás puedas convencer a la Alta Comisión Mágica para que la encierren en prisión. Y una noche la liberaremos y la esconderemos en un lugar lejano. Allí la cuidaremos y la convertiremos en tu amante. Y nadie tiene por qué saberlo. Puedes tenerlo todo, Marco. Tan solo déjame ayudarte —este colocó la punta de su tentáculo delante de la mano de Marco, como si quisiese cerrar un trato— ¿Qué me dices?

Dudas, muchas dudas. Si bien no estaba seguro de si las intenciones del brazo monstruoso eran buenas o no, las cosas que le estaba planteando lo hacían sentirse perdido. Había una parte de él que quería todo eso, es decir, sonaba tentador tener todo aquello que quisiera. Pero, ¿qué era lo que quería? ¿Todo lo que el brazo monstruoso decía era verdad? Marco no estaba seguro de ello, para ser sincero, no estaba seguro de nada. Pero el brazo parecía estarlo, parecía estar realmente convencido de que lo que decía era verdad. Es como si él lo conociese más de lo que se conocía a sí mismo. ¿Sería por estar tanto tiempo en el interior de su cuerpo y conocer todo lo que rondaba su cabeza? ¿De verdad era eso lo que rondaba por su cabeza? No sabía qué hacer.

— Espero tu respuesta, Marco.

Tal parecía ser que el brazo tenía prisa. Y Marco se sentía incapaz de pensar con claridad. Recordó que todo lo que había estado haciendo hasta ahora era concentrarse en mantener la calma, por lo que se dijo a sí mismo que debía ser capaz de manejar esa situación. Respiró profundo y exhaló, dejando que todas sus dudas e inseguridades se alejaran con el aire que expulsaba de su boca. Sentía que, ahora mismo, su mente y corazón estaban hechos un revoltijo de pensamientos y sentimientos, y tomar decisiones en un estado como ese no era algo recomendable. Así que decidió hacer aquello que vio más lógico.

— Lo siento. Pero creo que no estoy en condiciones para decidir algo tan importante. Mira, sé que seguramente querrás ser libre, pero ahora mismo creo que soy yo quien debe solucionar sus propios problemas. Así que creo que lo mejor será hablar con Eclipsa y ver si puede hacer algo por ambos —dijo el muchacho tras levantarse. Caminó hacia la puerta de su habitación y la abrió con la intención de salir. Pero el brazo la cerró de golpe antes de que Marco pudiese dar un paso siquiera. Este se fijó en él.

— Lo siento, Marco, pero creo que no me has entendido bien. Necesitas mi ayuda.

— No. He vivido lo suficiente como para valerme por mí mismo. No necesito tu ayuda.

— Oh, sí. Sí que la necesitas.

El brazo monstruoso se apoyó en la puerta y se estiró para empujar a Marco y alejarlo de esta. El muchacho chocó con su escritorio y luego apoyó su mano en él. Clavó la mirada en el brazo monstruoso. Ahora estaba convencido de que las intenciones que este guardaba no eran para nada buenas.

— Así que por fin muestras tus verdaderos colores.

— No me dejas opciones, muchacho. Te niegas a escuchar lo que ofrezco cuando solo quiero proporcionarte todo lo que deseas.

— Sí, quien podría imaginarse que tu querrías hacerme algo, ¿uh?

El brazo monstruoso no tenía ojos, solo una boca en el tentáculo, pero Marco podría jurar que ahora mismo este estaba enojado.

— Creo que necesitas dormir un rato, eso te ayudará a despejar la mente —dijo mientras se acercaba poco a poco hacia él.

Marco se quedó mirando como la criatura se aproximaba a él. Rápido, comenzó a tantear en la mesa de su escritorio sin perder el contacto visual.

— Hora de volver a la cama, Marco —estaba justo frente a él.

— Sí, es momento de dormir. Pero no soy yo quien se irá a dormir.

Detrás de su espalda, Marco sacó un bolígrafo que había tomado del escritorio y se lo clavó al brazo monstruoso tan fuerte como pudo. La criatura soltó un alarido de dolor al instante. Marco apretó los dientes también. Pudo sentir el mismo dolor que el brazo había sufrido, pero no tenía tiempo para reponerse. Corrió hacía la puerta de su habitación e intentó salir al pasillo para pedir ayuda.

— Guardi... —su llamada de auxilio fue acallada cuando un tentáculo le rodeó la boca para que no pudiera hablar.

De un tirón, el brazo monstruoso volvió a meter al muchacho al interior de la habitación y cerró la puerta de nuevo. Se encargó de enroscarse alrededor del cuerpo del chico, como si fuese una anaconda, y restringió su movimiento por completo.

— Que decepción, Marco —se extrajo el bolígrafo usando la punta del tentáculo—. Yo solo buscaba ayudarte, pero está claro que esto habrá que hacerlo por las malas —soltó con tono siniestro—. Primero lo primero. Debo encargarme de ese brazo tuyo para que no vuelvas a intentar nada estúpido.

Marco respiraba con fuerza por la nariz mientras intentaba liberarse del agarre del tentáculo. Entonces, sintió algo extraño en su brazo izquierdo, un dolor fuerte, uno similar al de antes. Sentía como este comenzaba a retorcerse y a perder consistencia. No quería adivinar lo que eso significaba.

El color de la piel de este brazo se tornó igual que el del brazo monstruoso. Sintió como si sus huesos desaparecieran para ser reemplazados con músculos y tendones. Cuando el dolor desapareció, el brazo se estiró frente a él: otro brazo monstruoso. Una línea horizontal se dibujó en el tentáculo y este abrió la boca.

— Estoy vivo —clamó con euforia.

— Sí. Este es el nacimiento de un hermano. Un momento como este merece otorgarnos nombres para que todo aquel que nos tema nos identifique.

— Estoy completamente de acuerdo.

— Yo soy el brazo derecho, por lo tanto, me llamarán Derek. Y tú serás Isaac.

— Yo no podría haberlo pensado mejor, hermano.

— Bien, y ahora es momento de proceder con nuestro plan —dijo mientras comenzaba a reírse de forma retorcida y su hermano se le unía en el gesto.

Desde que se había despertado Eclipsa no había sabido nada de Marco, cosa que le extrañaba un poco, pues se había percatado que el chico había olvidado su espada allí en la habitación. Pensó que este estaría cansado por toda la práctica que había tenido el día anterior y que por eso había decidido irse a casa sin despertarla. Así que decidió no importunar al muchacho, él sabía que podía venir cuando quisiera, así que no se preocuparía por este. Aunque le resultó curioso despertarse sobre su cama. Eso le hizo pensar que, a lo mejor, el muchacho la habría dejado allí. Era la única opción. Se rio un poco al imaginarse eso, pero también se ruborizó al pensar que eso sería un tanto vergonzoso también. Por lo que, en parte, agradeció haber estado dormida para no enterarse de lo ocurrido.

Se mantuvo ocupada el resto del día tocando la guitarra de huesos que se había fabricado. Se perdió entre las cuerdas, las notas y la melodía. A medida que se le ocurrían composiciones apuntaba lo que creaba en un cuaderno. Y así se mantuvo entretenida durante horas y horas.

En un momento dado, mientras disfrutaba de las notas con los ojos cerrados y sacudía la cabeza por el ritmo de la música metal, tocó la nota final y se quedó mirando a la ventana a la par que volvía a abrir los ojos y respiraba con prisa por el esfuerzo. Se percató de que los rayos del sol ya estaban tiñendo el paisaje con tintes ámbar. Y Marco aún no había aparecido. Tampoco lo había visto en el jardín.

— Que extraño —se dijo a ella misma, dejando la guitarra a un lado y volviendo a peinarse el cabello como lo tenía antes—. Tal vez deba ir a buscarlo para ver si está bien.

Salió por la puerta de su habitación utilizando un hechizo de sueño para evitar a los guardias que había tras esta. Luego comenzó a buscar al muchacho por todos los sitios que conocía. Primero fue a la habitación de este. Nunca había entrado, pero sabía en donde estaba. Cuando abrió la puerta vio que el muchacho no estaba allí, pero sí que había algo extraño, había signos de destrozos pequeños. Nada exagerado, alguna marca en la puerta, y la cama del muchacho algo torcida. Pero no sabía si eso era así porque Marco así lo quería, o porque algo había sucedido. No podía estar segura, aunque vio algo que le llamó bastante la atención. En el suelo, justo en la alfombra, había una mancha pequeña de sangre. Unas simples gotas, nada alarmante, pero aquello fue más que suficiente para hacer que la semilla de la preocupación fuese plantada en la cabeza de la mujer.

Decidió seguir buscando y ver si tenía algo de suerte. Fue a la cocina, por los pasillos del castillo, peinó el jardín entero e, incluso, fue al tejado. Pero no lo halló en ninguna parte.

Ya era de noche, y no había rastro ninguno del chico. Eclipsa suspiró, aún un tanto preocupada, y decidió volver a la torre, esperando que Marco estuviese bien. Volvió a entrar por la puerta de su habitación, y la cerró con un pequeño hechizo, haciendo que todos los candados y cadenas volviesen a sellar la entrada. Arrastró los pies hasta llegar a la ventana y miró al exterior. Apoyó los codos en el marco y luego suspiró.

— Marco, sea donde sea que estés, espero que estés bien.

De pronto, creyó oír un sonido extraño detrás de ella. Se giró en dirección a la puerta y vio algo cerca de esta. Se aproximó al objeto y entonces lo vio con claridad: era el zapato de Marco. Miró hacia arriba y una sombra cayó detrás de ella. Algo se enroscó en su estómago y tiró de ella. De un momento a otro algo la arrastró hasta salir por la ventana y escaló hasta lo más alto de la torre. Sea lo que sea que la hubiese agarrado ahora le envolvía los brazos y no la dejaba mover las manos. Estaba suspendida en el aire. Miró hacia abajo, alto, muy alto. Luego volvió la mirada hacia sea lo que sea que la estaba sosteniendo y sus ojos se abrieron de par en par cuando vio al chico frente a ella.

— Marco —exclamó esta, casi ignorando los dos tentáculos que tenía por brazos.

— Lo siento, Eclipsa, no pude pararlos. Ellos me obligaron a venir hasta aquí y asecharte hasta que volvieras —decía este con el rostro entristecido. Sus ojos estaban algo rojos, como si fuese a llorar en cualquier momento.

— ¿Estás bien? —preguntó, ignorando lo que este le decía.

— ¿Qué?

— Te estuve buscando toda la tarde porque no apareciste hoy. Fui a tu habitación y vi signos de golpes, incluso vi un poco de sangre en la alfombra. Pero parece que estás bien. Me alegro de que no te haya sucedido nada —sonrió esta de la misma forma que siempre lo hacía.

— Eclipsa...

— Sí, creo que esa sangre que viste era mía —dijo Derek. Este se encontraba enroscado en una de las gruesas enredaderas que pasaba por el tejado de la torre para que Marco no pudiese caerse. Pero se estiraba lo suficiente como para situarse al lado del humano.

— Marco, ¿Quién es ese?

— Ah, vaya, vaya. Parece que por fin notas mi existencia. Déjame que me presente. Yo soy Derek, el brazo monstruoso de este muchacho. Y ese de ahí es Isaac —dijo apuntando al otro brazo monstruoso.

— Hola —dijo Isaac.

— Y me temo, señorita, que usted va a ser un desafortunado sacrificio para hacerle entender a Marco qué es lo que sucede si no coopera.

— ¡No! —gritó el chico—. Déjala en paz. Maldita sea. Ya te dije que haré lo que quieras. Pero no le hagas nada —las lágrimas por fin comenzaron a salir de sus ojos—. Por favor.

— No, Marco. Necesito que aprendas, y parece que la única forma en la que lo hagas en por las malas.

— No, de verdad te lo digo. Haré lo que quieras, solo deja a Eclipsa en paz. Por favor, por favor, por favor —suplicó con el corazón encogido.

El brazo se enroscó en la boca del muchacho para que dejase de hablar.

— Ya basta de tanta cháchara. Es momento de que aprendas —dijo, sonriendo.

Isaac comenzó a aflojar su agarre y Eclipsa comenzó a resbalarse un poco. Marco gritaba con la boca tapada mientras las lágrimas brotaban con más fuerza de sus ojos. Sin embargo, la expresión de la mujer no parecía una de preocupación.

— Espera, entonces ¿quieren dejarme caer y matarme para que Marco coopere con ustedes?

Isaac se detuvo un momento y Derek se fijó en la mujer, incluso se aceró un poco a ella.

— Así es. No te lo tomes como algo personal.

— Ustedes dos son los brazos de Marco, ¿verdad?

— Bueno, técnicamente sí, pero dejemos...

— Entonces no estoy preocupada.

La expresión en la boca de Derek cambió de golpe.

— ¿Qué quieres decir?

— Marco nunca me haría daño —giró la cabeza hacia este—. Él es un buen chico, y no le haría daño a la gente a la que aprecia. Y yo sé que él me aprecia.

— Creo que te confundes, mujer. Este chico ya no puede hacer nada para salvarte...

— Marco, tú puedes detener a estas criaturas —sonrió esta. Y el muchacho solo negó con la cabeza mientras chillaba de rabia y de tristeza—. Sí que puedes. Ellos forman parte de ti. Puedo sentir magia oscura fluyendo a través de ellos. Ellos no te controlan a ti. Ya sabes lo que debes hacer. Recupera él orden, hazte de nuevo con el control. Solo tienes que subyugar a estas criaturas para que vuelvan a ser tan solo una extensión de tu cuerpo.

Marco estaba desesperado. No sabía cómo iba a conseguir retomar el control en una situación así. Era imposible. No iba a poder salvarla.

— Señorita, creo que esto es estúpido. Además, ya ha durado demasiado.

— Marco, ten fe en ti mismo. Ya has pasado por este tipo de situaciones y has sabido actuar con cabeza. Cree en ti, porque yo sí lo hago —dijo mientras lo miraba con toda la ternura de este mundo.

— Isaac, acaba con esto, por favor.

— A la orden, Derek... —estuvo a punto de aflojarse, pero no pudo, su cuerpo estaba rígido.

— Isaac, ¿qué haces? Suéltala de una vez.

— N-no puedo.

— Cómo que no pue... —de pronto, Derek también comenzó a sentirse rígido. No entendía lo que les estaba ocurriendo, pero, entonces, algo se le pasó por la cabeza—. Imposible —dijo mientras se giraba hacia el humano.

Marco se hallaba mirando al tentáculo de forma desafiante. Sus ojos seguían rojos, pero estos ya no desprendían lágrimas.

— No, tú no puedes hacer esto, no tienes lo que hace falta.

De pronto, Isaac comenzó a desenroscarse de Eclipsa, y Derek también comenzaba a notar como su cuerpo se contraía cada vez más, perdiendo su elasticidad. Eclipsa se deslizó entre el agarre de Isaac y se aferró a una enredadera para no caerse. Marco puso sus ojos en ella, preocupado.

— Estoy bien —aseguró esta—. Acaba lo que tengas que hacer.

El chico asintió y volvió a poner sus ojos en Derek, el cual ya se había desenroscado de la boca del muchacho.

— No, Marco, tú nos necesitas. Nosotros podemos darte todo lo que te prometí. Nosotros podemos darte más fuerza de la que podrías soñar.

Pero las palabras de Derek caían en saco roto. Ambos brazos se habían contraído tanto que ahora Marco estaba junto a la veleta de la torre. Sus brazos ya medían menos de dos metros y parecía controlarlos bien.

— Marco, no nos hagas esto —suplicó Derek.

— Sí, no lo hagas —apoyó Isaac.

El chico no dijo nada, solo miró a ambos con rostro implacable.

— No quiero volver a ver a ninguno de los dos en mi vida —masculló con desprecio.

Los brazos soltaron un alarido de agonía y su forma fue cambiando. Las bocas de ambos desaparecieron, y los extremos similares a la punta de un tentáculo normal tomó la forma de una mano monstruosa con tres dedos: el pulgar y otros dos más. Marco se miró la mano izquierda, esta tenía ventosas en la palma y en los dedos. La otra estaba sujetada a la veleta, y era igual que la izquierda. Literalmente sus manos guardaban las mismas características que cuando eran tentáculos, solo que ahora eran manos, y bastante más grandes y anchas que sus manos humanas, al igual que el resto de los brazos.

— Marco —dijo Eclipsa—. ¿Te importaría echarme una mano?

Marco se acercó poco a poco hacia ella, cuidando de no caerse, usando sus nuevas manos. De pronto, escuchó un crujido, y la mujer se sacudió un poco, luego, la raíz de la que estaba aferrada cedió y esta se cayó. El muchacho abrió los ojos de sobremanera y saltó de inmediato para intentar alcanzarla. Todo fue muy rápido, ni siquiera tuvo tiempo de pensarlo. Con una mano se aferró a una de las raíces, y con la otra estiró todo lo que pudo para atrapar a Eclipsa. Para su sorpresa, ambos brazos se estiraron, justo como lo hacían cuando eran Derek e Isaac. Consiguió atrapar a la mujer, envolviendo todo su antebrazo con una sola mano. Notaba como las ventosas se aferraban a esta, ellas impedirían que se cayera. Él también estaba colgando.

Vio que la luz de la ventana daba directo a la mujer, así que se le ocurrió balancearla hasta meterla en la habitación. Notó como ahora su mano se despegaba de la mujer y esta volvía a contraerse hasta tomar una longitud normal, proporcional a su cuerpo. Pero, la rama a la que se había sujetado también pareció ceder, y de un momento a otro el muchacho se vio caer. La impresión le impactó de golpe, pero, por puro instinto, estiró uno de sus brazos para agarrarse del marco de la ventana. Eclipsa se asomó para agarrarlo y comenzar a estirar para ayudarlo a subir.

Por fin, el muchacho llegó hasta la habitación, cayendo sobre el suelo, al igual que Eclipsa, que se dejó caer encima de la alfombra, apoyada sobre sus manos, y respirando agitadamente, igual que el chico.

— Marco, lo conseguiste, nos has salva... —no pudo terminar la frase, el chico se le había lanzado para abrazarla con fuerza. Este estaba temblando. Se echó a llorar.

— L-lo siento. Lo siento, Eclipsa. No quise arriesgar tu vida. Y-yo nunca querría... —las palabras se le atoraban en la boca. Sentía un nudo en la garganta, y una sensación de culpa irrefrenable.

Conmovida, la mujer le devolvió el abrazo a este y comenzó a palmearle la espalda con suavidad.

— Ya está. Todo acabó ya. Yo estoy bien, y tú también lo estás. Eso es lo único que importa.

Marco intentaba tomar aire para hablar, pero era difícil.

— P-pero...

— Eh —dijo esta, colocando al chico frente a frente, y posando sus manos en las mejillas de él—. No le des más vueltas. Pudiste hacerte de nuevo con el control de tu cuerpo. Y, es más, me salvaste la vida —sonrió ella, y con uno de sus pulgares limpió uno de los ojos del chico—. Seca esas lágrimas.

El muchacho se separó un poco de la mujer y luego se pasó el brazo por el rostro, limpiándose un poco las lágrimas. Se dio cuenta de la viscosidad que sintió al pasarse su nuevo brazo por la cara, y no pudo evitar volver a mirar sus nuevas manos. Mientras las estaba mirando con curiosidad, las manos de Eclipsa tomaron cada una un dedo de estas. En comparación, parecía la mano de una niña pequeña sujetando los dedos de un adulto.

— Parece que has conseguido algo nuevo. No es un hechizo, pero es algo que forma parte de ti —dijo esta, acariciando una de esas manos con él pulgar.

En una situación normal, el muchacho se habría ruborizado. Pero había pasado por mucho estrés esa noche, por lo que aquel gesto solo le transmitía tranquilidad. Sonrió.

— Sí, parece que sí... crees que vuelvan a la normalidad, o se quedarán así.

— Seguro que pueden volver a la normalidad. Pero ya podremos preocuparnos mañana de eso. De momento creo que lo mejor que podrías hacer es darte una ducha y meterte a la cama a descansar. Creo que ha sido un día largo para ti.

— Sí, tienes razón. Han sido demasiadas emociones en un día. Necesito calmarme un poco.

Un ruido proveniente de fuera llamó la atención de ambos. Se acercaron a la ventana para ver de qué se trataba. Un carruaje había pasado los muros. Las puertas del vehículo se abrieron y los reyes de Mewni bajaron de este.

— No puede ser —dijo Marco, boquiabierto.

Después de los reyes salió una chica de pelo rubio y sonrisa marcada en el rostro.

— Mewni, ya hemos vuelto —dijo Star dando un fuerte estirón.

—-—-—-—-—-—-—-—-—

Comentarios del escritor:

Eclipsa estaba atrapada por aquel tentáculo.

— Así que tienes planeado matarme dejándome caer desde lo alto de la torre. ¿No es así? —dijo esta, mirando de forma desafiante al tentáculo que se hacía llamar Derek.

Marco se revolvía como un condenado para poder moverse, pero Derek se había enroscado alrededor de su boca para evitar que se moviera, y para evitar que dijese nada.

— Casi, peor no, mujer de cabello turquesa. Nosotros tenemos otros planes para ti —dijo este, sonriendo de forma maliciosa.

— Ah, ¿sí? ¿Qué clase de planes?

De pronto, la expresión de Derek cambió de golpe. Isaac, que era quién sujetaba a la mujer, volteó hacia su compañero, esperando que este dijera algo.

— Bueno... verás... —estaba intentando buscar las palabras para expresarse—. Maldición, esto es un poco violento. Emmm, ¿sabes de unas caricaturas japonesas para adultos?

— No. ¿De qué me estás hablando?

De nuevo, el brazo monstruoso se sintió algo incómodo.

— Sabes, creo que será mejor que te lo enseñe.

Derek e Isaac najaron del tejado de la torre y se fueron a la habitación de Marco. Derek sentó a Marco en la silla y luego encendió la computadora. Entró a Google y luego escribió algo que Eclipsa fue incapaz de leer. Luego le dio a buscar y entró en el primer enlace que halló.

— Ten, esto es lo que te haremos.

Eclipsa se quedó viendo un momento las imágenes que se mostraban en la pantalla, y se sonrojó de golpe.

— Pero ¿qué se supone que es esto? —dijo esta, enojada a la par que indignada y avergonzada.

— Creo que está claro, es... —comenzó Isaac.

— Ya sé lo que es, puedo verlo. Lo que quiero decir es: ¿qué hace esto aquí?

— No nos lo preguntes, el chico sabe de esto más que nosotros —dijo Derek, dándose por aludido.

— Marco, ¿es eso cierto? —dijo esta, mirando al muchacho con nuevos ojos, pues nunca se había imaginado ese tipo de cosas de él.

El muchacho negó febrilmente con la cabeza.

— No, tampoco lo culpe demasiado. Este tipo de cosas, a menos que ya las conozcas, no sueles encontrarlas. Más bien te encuentran ellas a ti.

— No lo entiendo.

— Hay mucho contenido de este tipo por internet. Mucha gente se dedica a crear estas cosas.

— Oh, por dios. ¿Quién podría ser tan depravado como para hacer cosas como esa? ¿Y quién querría ver este tipo de cosas?

— Pues, la respuesta a ambas preguntas son japoneses y adolescentes.

—-—-—-—-—-—-—-—-—

Ahhh, intensidad. Cuando escribí este capítulo me entró cierta emoción, y no pude parar de escribir. Espero que hayan disfrutado leyendo el capítulo tanto como yo escribiéndolo.

Sí te gustó el capítulo deja un like, o mejor aún, escribe un comentario, el que sea, sin importar que estés leyendo esto después de uno o dos años de su publicación, siempre me alegra leer los comentarios de mis lectores.

Gracias por el apoyo, y nos vemos en la próxima ocasión.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top