She (will be loved)


Te enamoraste de ella, como todos. Sin notarlo. Cuando quisiste darte cuenta, ya se había colado dentro ti y tu vida se medía por los momentos que pasabas con ella. Pero, ¿cómo no hacerlo?

Era frágil como el cristal. Apenas una palabra, podría hacer que se rompiera en mil pedazos. Quisiste pegar al que fuera que le había hecho estar en ese hospital. Pero no podías, en esos casos no hay culpables, sólo víctimas.

La conociste en el único lugar donde vuestro encuentro sería posible, un hospital. Tú estabas de prácticas tras acabar tus estudios en enfermería y ella... Ella estaba ingresada allí.

La primera vez que la viste, tu llamó la atención su piel pálida y su melena larga y negra. Sus manos de pianista, delgadas y con las uñas mordidas, temblaban. Quisiste estrecharla en tus brazos y protegerla de todos y todo. Necesitabas protegerla.

Cuando pronunció su nombre, con voz suave, te pareció el nombre más precioso del mundo. Intentaste hablar con ella pero era casi imposible. Se encerraba en sí misma y no pronunciaba palabra. Lo máximo que podías conseguir era sacarle una pequeña sonrisa, casi insignificantes triunfos que a ti te parecían el mayor premio del mundo.

Pasabas todas las tardes que podías con ella, sólo contándole cosas sin importancias. Cuando creías que ella no te miraba, te asegurabas que estuvieran en orden todos los valores de la maquina a la que estaba conectada; comprobando sus pulsaciones, su tensión...

Esa semana, tú estabas feliz; ella parecía mejorar. Había ganado algo de peso y parecía menos reacia a comer. Tu humor había canbiado, ahora eras más alegre.

Esa tarde te habías detenido en una tienda de regalos antes de entrar en el hospital. Habías visto un peluche y te había recordado a ella. Era un oso panda, a ella le encantaban los osos pandas. Nadie sabe cuánto te arrepentiste de comprar el dichoso peluche.

Entraste en la habitación con toda la ilusión del mundo hasta que la viste. Estaba tumbada en la cama y una gran mancha roja se extendía por su brazo manchando las sabanas. Pusiste tus dedos en su cuello buscando un pulso ya apagado.

No podía ser. Ella no podía abandonarte, no ahora que estaba mejorando, no ahora que cada latido de tu corazón era por ella. Llamaste a la enfermera que esa planta mientras intentabas parar la hemorragia.

Todo fue en balde, la vida se le había escapado. No pudiste hacer nada por salvarla. Si tan sólo hubieras llegado unos minutos antes...

Varias semanas después, encontraste una nota en tu taquilla. Era de ella. Minutos antes de acabar con su vida te había escrito una carta donde te decía que te quería y que no podía con la situación. También contaba que no debías sentirte culpable, había sido su decisión, debías seguir con tu vida. Dios sabe que lo intentaste, pero el remordimiento te ganó. Es imposible no recordar a una persona como ella.



 Capítulo dedica a xcarlosftmex por comentar cada punto y cada coma del capítulo anterior.

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