Falling for your love
Maldigo en voz baja al oír Don't stop me now de Queen. Me levanto y busco mi ropa por toda la habitación del hotel.
- Buenos días, nena. -Me dice Hugo con voz adormilada.- ¿No te quedas a desayunar?
- No debería estar aquí, esto no volverá a pasar.
- Creo que es al menos la décima vez que me dices eso. -Contesta sonriendo con autosuficiencia.
Cierro la puerta y cojo un taxi hasta mi casa. Miro la hora, las seis y treinta y seis minutos. Tengo casi una hora y media antes de ir a trabajar. Entro en casa tirando el bolso y lo tacones al sofá mientras me desvisto camino al baño.
Me doy una ducha pero, por más que lo intento, al cerrar los ojos vuelvo a sentir las manos de Hugo en mí cuerpo y sus labios sobre los míos. Salgo del agua y me envuelvo en una toalla. Abro mi armario y busco que ponerme. Al final me decido por una falda de tubo y una camisa con algo de escote.
Cierro la puerta de casa con llave y me encamino a mi trabajo. Llego a mi puesto de trabajo a las ocho menos cuarto, como todos los días desde que entré aquí a trabajar. Dejó mi bolso encima de la mesa de mi pequeña oficina y veo un pequeño Post-it amarillo pegado en la pantalla de mi ordenador.
Cuando llegues, ven a mi despacho
Sólo eso, seis palabras. Meto el papel en mi bolso, lo último que necesito es que alguien de la empresa se entere de que estoy con el jefe, y me voy a su despacho. La puerta está abierta, de todas formas la golpeo un poco con los nudillos para hacer saber a Hugo que estoy aquí.
- Hola, Vic.
- Llámeme señorita Ramírez. -Bajo el tono.- Podrían oírnos.
- Sólo tú y yo llegamos antes de las ocho.
- ¿Qué quieres? -Respondo cruzándome de brazos.
No es lógico que me haga ir a su despacho sino es por algo estrictamente profesional, aunque nuestra relación de estrictamente profesional tiene poco. Llevo enamorada de mi jefe prácticamente desde que entré a trabajar en su empresa y me llamaba Verónica porque no recordaba mi nombre y ahora, dos años después, soy su amante (descubrí que estaba casado un tiempo después de que él y yo empezáramos la "relación" que tenemos) y la encargada de llamar a su mujer inventando una reunión de última hora cada vez que quiere que quedemos.
- Sólo quería saber que tal estabas, te has ido muy seria del hotel esta mañana.
- Si es sólo para eso, debo volver a mi despacho. Al menos uno de los dos debe ser profesional.
En vez de volver a mi escritorio, me encierro en uno de los cubículos y dejo salir todos mis sentimientos. Seis meses, seis malditos meses desde el primer beso que nos dimos y seguimos exactamente igual que en ese momento, yo estando a su merced por un puñado de besos y un gesto cariñoso.
Cuando conseguí calmarme, volví a mi escritorio y estuve organización la agenda de Hugo y cuadrando planes con sus vacaciones con su esposa e hijos. ¿En qué momento me pareció bien seguir acostándome con él sabiendo que tenía una familia?
Tras tirarme media mañana trabajando, necesito un café y una charla a partes iguales con Samay. Samay Martínez, Sam, es mi mejor amiga. Nos conocimos en el colegio y seguimos siendo amigas desde entonces pese a lo distintas que somos. Ella es fuerte, morena, con ojos negros y rajados, piel tostada y cuerpo de infarto. Yo soy solo Vicky, la chica flacucha que no tuvo novio hasta la universidad y amiga "simpática" de Samay.
- Dime que no has pasado la noche el innombrable. -Me dice nada más verme entrar en la sala de descanso.
Bajo mí mirada y asiento. Pido un cappuccino a la máquina y sigo a Sam hasta una de las mesas más alejadas de la puerta.
- ¿Otra vez? En serio, no sé qué tiene que tener ese hombre, pero necesitas superarlo. ¡No puedes estar tu vida en un continuo ciclo de le odias, os acostáis, te odias a ti misma por ello y vuelta a empezar!
- ¿Y qué le hago? Por mucho que mi mente esté decidida a pasar página, le veo y se me olvida todo.
- Te recuerdo que es tu jefe y está casado.
- Mejor que nadie sabes lo mucho que me cuesta no lanzarme a sus brazos cada vez que me llama Vic, y no señorita Ramírez.
- Y también sé que cuando se trata del innombrable no piensas con la cabeza. -Mira su reloj.- Te dejo que tengo una reunión de marketing. ¿Te apetece tomarnos unas cervezas después de salir?
- Vale, nos vemos luego.
Cojo mi café, que apenas he probado, y me despido de ella. Volviendo a mi puesto de trabajo. Sam tiene toda razón, debo intentar olvidarme de Hugo y lo primero que debo hacer es poner espacio entre nosotros. Me meto en una web de viaje y busco un vuelo lo más lejos posible y que salga como muy tarde mañana. Tras un cuarto de hora, encuentro el vuelo perfecto. Destino, Melbourne y salida hoy a las seis de la tarde.
Sin perder tiempo, recojo todas mis cosas, le mando un mensaje a Sam para que me llame en cuanto salga de la reunión y entro en el despacho de Hugo, que ahora mismo está solo.
- Renuncio. -Le digo nada más entrar.- Me he cansado de todo, de ti, de mi trabajo, de esta empresa, de todo.
- No puedes irte, Vic, yo te necesito,
- Usted no me necesita, señor Torres, -Le dije bajando el tono y acercando más a él.- sólo quiere sentirse deseado, le da exactamente igual si se acuesta conmigo, con Silvia de Recursos Humanos o con cualquiera otra.
- Vamos, Vic, sabes que no es verdad.
- Llámame señorita Ramírez y presta atención porque sólo te lo diré una vez. Si vuelvo a saber de ti, me encargaré personalmente de hacerle llegar a tu esposa todos los mensajes y fotografías que me has mandado y no creo que a la empresa le interese que se sepa que su dueño está metido en líos de faldas.
Ando hacia la puerta del despacho y antes de cruzarla, me giro sobre mi misma y le lanzo un beso.
- Hasta nunca, señor Torres.
Cojo mi bolso y la caja con mis cosas y salgo de esta maldita oficina para no volver jamás.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top