Joyas

El Sol, devastado por el asesinato de aquellos niños decidió hacer un cambio brusco, darle absoluto poder a su portador para vengarse de ellos y para que eso pudiera suceder. La Luna debió de estar de acuerdo por lo que tardaron 2 años hasta que por fin pudieron con este mandato. Darles algo a cada portador un objeto o un distintivo para su protección, pero no todos tendrían este privilegio de gozo.

Al estar preparados escogieron a sus siguientes portadores. Y la primera fue la del Sol, piel morena como aquella manta que cubría a su amada, cabello lacio del mismo color, y el poder mismo del sol. Ella al nacer en aquella tribu, por el temor de que pudiera destruir  todo a su paso, todo el pueblo se mudó a un lugar fresco, donde ella pudiera disminuir el don que el gran Dios le había dado. Su pueblo se adaptó a las condiciones para subsistir, pero ella fue mandada a lo alto de la colina, su hogar era cubierta de hielo y agua, perfecta para ella.

—Gránate—. Ese fue su nombre, ella se acostumbró a esa vida, pues no era tan mala, siempre le rendían tributo, pues era hija del gran señor. Protegería a su pueblo así como ellos la protegen  a ella.

Conforme fue creciendo se fue adaptando al lugar. A pesar de que las temperaturas fueran extremadamente bajas, para ella era insuficiente debido al calor que erradicaba su cuerpo.

Su belleza fue creciendo, al igual que su poder, su casa incluso se llegaba a derretir y más hielo tenían que ocupar, escanciando poco a poco lo que quedaba. Esto llego a los oídos de una aldea vecina, informándolo a su líder, Tavernier. Ellos habían tenido sus tierras libres de intrusos durante mucho tiempo y esta sería la primera vez que habían sido invadidas y que sobretodo estuviera causando la aniquilación de su entorno.

Así que decidieron hacer una expedición para conocer mejor a su enemigo antes de atacar.

Al llegar vieron como gente cargaba hielo y lo subía a la montaña. Tavernier con dos personas más decidieron seguirlos cautelosamente, se impresionaron al ver aquel refugio de cristal que estaban construyendo, provocando que un nuevo rió se hiciera presente y que este bajara por toda la montaña hasta llegar a sus hogares,  abasteciendo  a cada una de las chosas que había en el pequeño pueblo.  Cuando bajaron Tavernier hizo que hicieran guardia mientras él entrenaba para asesinar a la persona responsable de ahí.

Pero cuando entro se dio cuenta que el lugar era una cueva, no había sido remodelada ni nada, solamente adaptada pero ¿por qué ? Al fondo ve una pared llena de cristales y una mujer, muy distinto a los de su pueblo, una mujer que vestía de rojo, con joyería de oro, el apunta con su lanza y aquella mujer abre sus ojos.  Dejando ver aquel color inusual, pues también sus ojos eran del color de su prenda.  Esto lo supo por el reflejo de aquella pared de hielo.

—¿Cómo ha entrado aquí?—. Se voltea para verlo mejor. Quedó sorprendido por aquella belleza inusual.

—Mi nombre Tavernio, dueño de todas estas tierras—expresó sin dejar de verla. Ella toma su vestido y lo levanta un poco para poder girar y caminar hacia el. Él sentía que agua escurría por su frente, debido al calor que empezaba a emitir el lugar, volviendo más fuerte la caída del agua de aquellas gemas.

—No sabía que las tierras de la gran madre  eran poseída por ustedes—. Él se queda sorprendido por aquellas palabras—. Pues según mi pueblo, las tierras son un préstamo, el cual tenemos que estar bendecidos y agradecidos—.Empieza a caminar volviendo un círculo pequeño, él no dejaba de verla, pues de cerca su belleza era aún mayor—.

—No se quien sea la gran madre, solo sé que tu pueblo pagará si no se va—. Ella se detiene y lo ve con seriedad.

—Mi pueblo sufre ahora por mantenerme aquí—. Una lágrima cae ligeramente por su mejilla—. Ellos se arriesgaron para buscar un lugar seguro para mi. Estas tierras no son tuyas y tampoco son mías así que retroceda o máteme para que mi pueblo pueda irse. Así que todo regresara a la normalidad en  poco tiempo—.  Se voltea para poder regresar la vista a los cristales.

—¿Hasta cuando?—. Pregunta él con seriedad, ella mira con seriedad su reflejo.

—Hasta que yo muera—. Regresa su vista hacia el—. Yo vine a este mundo bendecida por el señor que da luz a este planeta, extiende su mano para dejar salir una llama, él retrocede, pues no se había presentado algo así en la vida—. Estos muros me controlan, más de lo que yo quisiera, así que mejor vete o mátame—. Él no expresó nada pues seguía sorprendido—. Para acabar con esta carga de una vez por todas, ella se inca y agacha la cabeza. Travenio alza su lanza, pero no pudo, no tenia valor para poder acecinarla.

Así que la baja y sin más se va de ahí, ella alza la vista y se queda sorprendida. ¿Acaso no era por lo que venía? Se levanta y se acerca a la entrada y a lo lejos ve como toda esa gente corre hacia otro lugar.

Aquel hombre le había llamado la atención, su alma ahora le pertenecía ¿pero por qué ? Estaba confundida, por aquel sentimiento.

(•••)

—¿Señor, qué había ahí adentro?—. Travenio no quiso contestar y se metió a su choza. ¿Cómo era posible que alguien más tuviera un don como el que él poseía? Pero él podía controlar el frío, congelar todo lo que estuviera a su paso.

Quedo tan confundido que quiso volver a verla para poder aclarar la situación. Era demasiado sorpréndete como ella misma pedía su muerte, pero no podía hacerlo hasta saber la verdad.

—Cariño, ¿Qué es lo que te ocurre?—. Su prometida. En su tribu era obligatorio casarse con la hija del pueblo vecino para poder tener una alianza estable.

—No—. Contesta con seriedad—. Encontré la respuesta que estado buscando todo este tiempo, tengo que volver, saber porque soy el único con esta maldición—. Voltea a verla—. Así podré saber para qué vine a este mundo—. Y sin más sale de la choza, preparo todo y decidió ir en la anochecer que era aún más seguro. Cuando se iba acercando vio como una enorme luz provenía de ese lugar y conforme se fue acercando vio la realidad, aquella chica colocaba el fuego en cada antorcha con la finalidad de crear un campo para proteger a su pueblo.

Travenio escaló la montaña y la observó, sus pies jamás los sacaba de aquel pequeño río y su piel era aún más radiante con el poder que surgía de ella.

—¿Vienes a matarme?—. Pregunto ella. Sorprendido sale de su escondite poco a poco.

—¿Realmente lo deseas?—. Ella sonríe de lado y no responde a su pregunta. Él se acerca para ver mejor el lugar—. Lo deseo—. Hace una pausa para ver sus ojos—. Por el bien de mi pueblo—. Regresa su vista a toda esa gente que paseaba como si fuera de día por la noche.

—¿Cómo sabes qué es lo que quieren ?—le cuestiona el.

—Solo mírate y mírame—. Contesto rápidamente—. Mi gente fue hecha para poder soportar las grandes temperaturas del sol, no el frío. Sin embargo están aquí porque si nos hubiéramos quedado en aquella sabana, muchos de ellos, sino todos estuvieran muertos—. Expresó rápidamente—. El calor me da mas fuerza de la qué crees y este lugar hace que mi poder sea mucho menor—.

El toma su mano y con un ligero toque realiza una pequeña flor de cristal en su mano o eso parecía pero no duró mucho pues empezó a transformarse en agua.

—Al nacer, todo lo que estaba a nuestro alrededor quedó hecho hielo, maldiciendo a mi pueblo, sus tierras y a los alrededores. — Ella se queda asombrada por aquella confesión—Tu pueblo, no viajo tanto para llegar aquí—.

Ella los ve y muchos se habían metido en sus chozas para poder descansar de un día largo y laborioso.

—¿A qué has venido aquí?—. Menciona con rapidez.

—Tu sabes más que mi pueblo, del porque tenemos estos poderes y si hay una forma de quitarlos—. Ella queda sorprendida por aquella confesión. Sin embargo, ella se aleja de él para ingresar a la cueva, él va atrás de ella.

—Si has venido a qué quite aquel don que se te fue otorgado lamento decirte que no sé cómo, si supiera, ya lo habría intentado hace mucho, pero puedo decirte lo poco que sé—él se queda asombrado por cómo ella deslumbraba aquella cueva—. Mi pueblo, dice que cada cierto tiempo nace un hijo del sol y la luna, para poder proteger a la tierra, pero aún nadie sabe el por qué—.

—Eso que tiene que ver con nosotros—. Ella voltea y con mucha delicadeza realiza una bola de fuego.

—. Yo soy Gránate, hija del señor que alumbra a esta tierra y tú, Tavernier, eres hijo de la  gran señora que alumbra las tinieblas,— se alumbra el suelo donde él estaba—. Él se queda perplejo con aquellas palabras.

—¿Pero como puedes estar tan segura de que eso no es una fantasía?—. Se acerca a ella—¿Por qué estamos aquí?—.

—El porque no puedo recordarlo bien, pero si mis vidas pasada y que todas he muerto a tu lado—. Se hace hacia atrás—. Reencarnaremos las veces necesarias para...—. Sé queda callada—¿Acaso tú no recuerdas nada?—. Voltea a verlo y él la mira sorprendido.

—¿Recordar que?—. Ella se sienta ligeramente. Sorprendida por lo que acababa de pasar.

"El Sol y Luna se enamoran a primera vista pues nunca había visto algo tan perfecto. Sintió La Paz que estaba buscando hace miles de años, La Luna olvidará aquellos detalles para hacer más genuino su amor pues jamás había visto tanta pureza y belleza en una persona". Es ahí cuando lo supo; todas sus vidas pasadas y las que fueran a seguir, sería el alma del sol a quien amaría y con mucho gusto lo haría, pues siempre  quedarán perplejos ante aquella nobleza reflejada ante sus ojos por el simple hecho de ser ella, mientras la luna se enamorara de él cuando ve que su potencial, su carisma es más grande que el de cual quiera. Todas  esas cosas asombrosas que puede hacer".

—Ahora entiendo...—. Él se agacha y toma sus manos con delicadeza, y con mucho cuidado limpia aquella lágrima que salido sin permiso—. ¿Por qué no puedo recordar?—. Porque todo hijo de la Luna no fue creado para recordar, ellos nacen para ser sorprendidos por todos los hijos del sol, cautivándolos con su belleza, con su esencia, para después dar su vida por ellos.

En eso guardias del pueblo de Gránate, entran a la cueva atrapando al chico para llevárselo. Ella solamente vio aquella acción sin hacer nada. Estaba pasando algo muy raro por lo que no podía entender a qué se debía ese ataque.

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