Joyas 2.2

Guardias lo vigilaban mientras él estaba encerrado en la jaula, hasta ver qué es lo que le harían por su condena. En eso Gránate hace presencia ante ellos. Todos los guardias se inclinan ante ella.

—Suéltenlo—. Menciona con firmeza. Por lo qué el
General se acerca a ella.

— Lo siento, pero un intruso quiso matarla—. Ella lo interrumpió.

—Creo que de ser necesario yo misma me hubiera encargado,  general—. Él no menciona nada—. Su condena para que todos estén mejor, será aprender— lo ve a los ojos—. De nuestro pueblo hasta convertirse en uno más, será vigilado por mi y no quiero ninguna discusión.

Los guardias abren la reja y se retiran para poder dejarlos solos.

—¿Por qué haces esto?—. Él la ve con seriedad y ella se aleja un poco.

—Porque así entenderás el porqué vienes a este mundo, querías respuestas y te las daré.

Y así poco a poco se le fue enseñando cada cosa de aquel pueblo, cómo sembraban, como rendían tributo a los elementos naturales y a los grandes astros que los alumbraban día y noche. Fue así como se ganó el corazón del pueblo y así fue como ella se ganó el suyo, olvidando todo lo que lo esperaba en su pueblo.

Sin embargo, un guardia mencionó que él estaba secuestrado,  así que su pueblo deseaba recuperar a su líder a toda costa para llevarlos nuevamente a la conquistas de aquellas tierras que les fueron arrebatadas.

Llegando la noche ambos se encontraban en aquella cueva. Cuando ambos entraron poco a poco el cielo se fue tornado de bellos colores.

—Después de mi iniciación ¿que prosigue?—. Ella se voltea con delicadeza para verlo a los ojos.

—Podrás regresar a tu pueblo—. Menciona con una sonrisa, pero por dentro era todo lo contrario.

—¿Y si no quiero?—. Ella se voltea ampliando más su sonrisa y con delicadeza menciona.

—Podrás escoger a una mujer y vivir aquí como uno más de nosotros, pues abras tenido la gran bendición—. Él se acerca a ella hasta poder tocar sus brazos con delicadeza.

—Yo...quiero estar contigo—. Ella voltea para quedar frente a él y poder besarlo e inmortalizar aquel momento como suyo, de nadie más.

Mientras tanto el pueblo de Tavernier se acercaba para atacar. Mientras los amantes hacían suya la noche fortaleciendo su amor. Los guardias externos mandaron una lluvia de flechas en el cielo, matando a todo que estuviera afuera. Al escuchar aquellos llantos de dolor Gránate sale de inmediato y al ver a su pueblo muerto cae rendida ante el dolor. Pues en un momento de descuido su pueblo adorado ahora había pasado a un lindo y hermoso recuerdo. Travenier sorprendió vio cómo subían la montaña. La toma de la mano y la lleva adentro para que estuviera a salvo.

—Por favor escúchame—. Menciona—. Hablaré con ellos y arreglaré todo.

Ella no menciona nada, pero sabía que tenía que hacer una sola cosa.

—¿Amabas a mi pueblo?—. Él la mira sin entender, pero contesta.

—Por primera vez, me sentía libre de yo—. Ella toma su mano  y la aprieta con fuerza.

—¿Y a mi?—.

—Te ame incluso antes de saber la verdad—. Menciona con seguridad. Ella seguía llorando por la perdida de su pueblo y aprieta su mano con fuerza. La decisión que estaba por tomar era demasiado drástica, pero no podía perderlo entre las armas de la vida.

—Entonces muere con nosotros—. Exclamó. Ella sabía que si el intentaba hablar, las cosas no saldrían nada bien. Su alma ha visto cómo muere ella en una ocasión, tratando de salvarlo, le rompería el alma verlo por segunda ocasión. Por lo que onto  por un sacrificio voluntario. Él se acerca a ella y la abraza dando la espalda por completo a su pueblo.

—Te pido señor mío, que ya no me hagas recordar mis vidas pasadas, que me quites el poder máxima para dárselo al  próximo portador de la Luna, la señora de los cielos nocturnos, sabe cuidarlo, pero solamente que el poder divido sea regresado si él o ella comete una indiscreción —él la mira asombrado—. Solamente dame una gota  mínima de tu gratitud a futuro, pido que ambos nos enamores al vernos por primera vez. A cambio te ofrezco la sangre de mi pueblo, las lágrimas de nuestro dolor y nuestra vida— se abrazan y ella ve como guardias entran a la cueva—Traret—.  Lanza una explosión provocando la muerte de muchas personas.

El hielo fue derritiéndose poco a poco y en aquella cueva lo único que habían eran dos diamantes uno rojo y otro azul. Conservando los recuerdos de las vidas pasadas de los portadores y fue así como el Sol cumplió lo que su portador pidió.

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