Capítulo 9: Atrapando ladrones

La noche era oscura, la luna estaba en cuarto menguante, así que su luz era tenue. Lo suficiente como para no dejar ver casi nada a ningún mewmano, pero no lo bastante como para impedirle ver nada a una elfa oscura. Su piel era de un color azul nocturno, similar al del cielo. Sus ropas eran negras y se confundían con su piel en ciertos puntos. Una capucha cubría su pelo blanco para evitar ser vista mientras vigilaba qué camino tomar para eludir los ojos de los guardias en los tejados.

Ya era bastante tarde, no había casi nadie por las calles. Talvez, algún que otro borracho tambaleándose de un lado a otro intentando no tropezar con sus propios pies. Pero, aparte de eso, nada más que fuese preocupante.

Se movía rápida y sigilosa como si fuese una sombra más en la noche. Los callejones le servían como resguardo de la luz de las antorchas de las calles. Solo estaba a dos calles más de llegar a su objetivo, y esas dos calles eran unas en las que no había luz. Por lo que, antes de que pudiese darse cuenta, estaba enfrente de la torre a la que quiso llegar. Tenía cinco plantas y en la última era donde estaba aquello que buscaba.

Tras verificar que no había nadie mirándola, se adentró en el edificio de madera y comenzó a subir todas las escaleras evitando alertar las aves del lugar. No le agradaba nada tener que ver a todas aquellas aves allí, las habría aniquilado de ser por ella, pero estaban allí justamente porque eran una tapadera perfecta para su medio de entrega.

Estaba ya en la última planta. Delante de ella vio el palo sobre el cual se paraban los diez cuervos mensajeros. Se aproximó hacia el que estaba posado en una esquina. Este la miró con curiosidad al notar su presencia. De su bolsillo sacó una tijera con su nombre escrito en una etiqueta y se la entregó al pájaro.

El ave dio un leve graznido y luego tomó la tijera con sus patas. Acto seguido, alzó vuelo y salió por una de las ventanas.

La ladrona solo vio como el ave se alejaba en el cielo nocturno antes de bajar las escaleras, dispuesta a volver por donde había venido. Pensando en que no tendría que preocuparse de entregar otra tijera, al menos hasta que transcurrieran un par de meses.

Fuera de la torre, se dispuso a caminar hasta su casa. Pero la presencia de alguien a su espalda la alertó. Al girarse se encontró con la mano de un desconocido aproximándose a ella con intenciones de atraparla. Esta se hizo a un lado evitando el agarre de su enemigo.

De su cintura sacó una daga para defenderse. Luego se echó hacia atrás para marcar distancia, pero se había tropezado con algo que la hizo caer, pero, para su sorpresa, su espalda no halló el suelo al instante, en su lugar, atravesó un portal rojo que se cerró al cruzar.

Delante de la torre, Kardul, uno de los clones, quien se había puesto a cuatro patas detrás de la elfa para hacerla caer al retroceder, se levantó y chocó los cinco con Krill.

Por los cielos, un portal rojo se abrió y de este salió una mano blanca que tomo al curso que estaba llevándose la tijera dimensional. Se le quitó la tijera y luego se dejó el cuervo en el mismo lugar en el cual se le había entregado la tijera. Al parecer, el resto de cuervos no se mostraron alterados, solo confundidos.

Del otro lado del portal, en la guarida de la orden, la ladrona cayó sobre una silla y fue rápidamente atada a ella. Estaba tan confundida que no supo reaccionar en el momento, y cuando se dio cuenta, era incapaz de mover brazos o piernas. Miró a todas partes para hallar al culpable. Allí vio a un tipo alto y a una mujer de mucho pelo que celebraban bailando juntos.

― Ustedes dos, suéltenme. ―exigió la prisionera con tono haragán.

Ambos se giraron al oírla rechistar. Esta los miraba fijamente dirigiendo sus ojos al rostro de uno y luego al del otro una y otra vez. Se notaba claramente la rabia que desprendía en la expresión de su cara.

― Oh, se me había olvidado. ―mencionó Kleyn. Se aproximó hacia la prisionera y le colocó una venda en los ojos, así no los vería― Así está mejor. ―sentenció orgulloso, apoyando sus puños en su cadera.

La ladrona no supo cómo interpretar aquello, se sentía extrañada y confundida, pero también ofendida.

― ¡Malditos ingratos! Voy a salir de aquí y les voy a rebanar el pescuezo como a un pescado. Se arrepentirán de haberme hecho enojar. Pronto lo verán, lo verán y se arrepentirán. Estúpidos, mal nacidos, hijos de... ―algo le tapó la boca impidiéndole hablar.

Kleyn le había colocado una manzana en la boca a la elfa para que dejase de gritar, y también le había colocado un trapo, atándosela por su nuca, para que así no se le cayera la manzana.

― Shhh. La gente está durmiendo. ―le dijo Kleyn― Estas no son horas para gritar como loco. ―Oh, gracias, por fin se calló. Volteó hacia Kelly― ¿Y ahora qué hay que hacer?

― Hay que llevarlo a la guardia real y dejar una clara evidencia de que ella es una ladrona.

Esto hizo que el tipo se frotase un poco la barbilla y pensase que haría.

― De acuerdo. ―pronunció tras unos breves momentos.

La mañana siguiente, Buff Frog se encontraría con una sorpresa inesperada en la sala en donde se preparaba el café. Al abrir la puerta, vio a una mujer elfa oscura atada en una silla, vendada de los ojos y también de la boca. Junto con ella había una carta y un espejo. Antes de decir o hacer nada, decidió leer aquel papel.

"Querido Buff Frog,

Hemos atrapado a otro de los ladrones de tijeras. Te lo dejamos atado en la silla para que no tengas inconveniente en trasladarla a una celda o tomar las medidas necesarias.

Te hemos dejado un espejo que reproduce la grabación de ella entregando una tijera a uno de los cuervos de mensajeros de los ladrones. Espero que sea prueba más que suficiente para considerarla culpable.

Con cariño,

Kleyn

PD: te sugiero que no le quites el trapo de la boca, oírla gritar no es nada agradable."

― Solo lleva una semana fuera de aquí y ya ha suprimido a otro ladrón. ―dijo para sí mirando a la mujer y luego comprobando la grabación en el espejo― Me pregunto si conseguirá acabar con esta crisis.

Aquel solo fue el primero de los ladrones capturados por Kleyn en la Orden Armada. El número no hizo más que aumentar de forma considerable. Cada dos o tres días aparecía otro ladrón en aquella torre, lo cual era natural, teniendo en cuenta que no habías habido envío alguno, ya que los cuervos seguían siendo diez.

Uno a uno, fueron cayendo. Los dos ladrones que Dendrei había mencionado habían aparecido. La felina y el goblin. El resto eran ladrones desconocidos, pero estaban dentro del parámetro numérico del cual les habían hablado. Incluso, en una ocasión, atraparon a dos ladrones a la vez. Algo que ya de por sí no tenía precedente alguno.

Al final, acabaron por capturar a los ocho ladrones de los cuales habían sido informados por los que habían sido capturados. Dos semanas después de que acabara el mes, no hubo más robos. El plan había salido justo como ellos lo habían imaginado o, al menos, con los resultados que ellos querían. Aparentemente ya no había más ladrones, lo cual tranquilizó un poco a los implicados en el caso. Ahora, Star podría prestarles más atención a otros temas de su interés, no se olvidaría del problema de las tijeras, pero, ahora que ya no había tanto desbarajuste, se centraría en más temas.

Aunque los crímenes hubiesen descendido, Kleyn no dejó de vigilar los espejos cada noche, Kelly siguió acompañándolo y compartiendo charlas con él. Talux ni tenía inconveniente en que el forjador continuarse con aquella labor, pues él tampoco estaba seguro de poder dar aquellos crímenes por terminados. Pero estaba contento, no solo porque habían progresado de forma significativa, sino porque Kleyn había decidido dejarles un clon para que se encargara de la forja.

Buff Frog pudo delegar a sus guardias a otras tareas no destinadas a la vigilancia de los ladrones, ahora que el crimen había disminuido y que Kleyn y sus clones se mantenían a la vanguardia de la situación.

A pesar de todo ello, había algo que aún molestaba a Kleyn, y era el hecho de que, a pesar de haber atrapado a ocho de los ladrones de tijeras, ninguno de ellos tenía idea de para quien trabajaba. Todos ellos habían sido interrogados por separado y al mismo tiempo, sus clones lo habían hecho, pero, o no sabían quién era su líder o tenían una política estricta de silencio. Lo cual no le pareció acertado, puesto que varios de los ladrones se doblegaban como si nada, y hablaban de todo. Hablaban hasta que ya no sabían de qué hablar y luego se inventaban cosas, se les notaba en el rostro.

Ya no sabía dónde hallar respuestas, pues, era consciente de que Mewni no era el único sitio en donde había robos, pero, de momento, era el único sitio en donde creía poder encontrar respuestas. Más ahora estaba frente a un callejón sin salida.

Ahora mismo se encontraba en una sala de espejos. Estaba sentado en su silla mirando las proyecciones esperando encontrar algo, aunque eso ya era algo de lo que se encargaban sus clones, pero se sentía perdido y sin saber qué hacer. Se echó hacia atrás y apoyó la cabeza en el cabezal de la silla, si gusta quedó dirigida hacia el techo. Miraba las pequeñas marcas en el techo, alguna grieta insignificante, y se perdía en sus pensamientos. Aunque lo distrajo el ver de golpe una taza encima de él.

― ¿Café? ―ofreció su compañera, Kelly.

El tipo se reincorporó y miró a la chica. Llevaba una taza de café para sí y otra para él. Este la tomó con gusto.

― Gracias. ―dio un buen sorbo― Creo que lo necesitaré.

― Veo que estás muy metido en el asunto. ―comentó al ver la expresión seria de Kleyn y la atención que le prestaba a los espejos.

― Los crímenes pueden haber cesado, pero algo me dice que solo es algo temporal. Necesito dar con aquel que controla todo este asunto de los ladrones. Pero ahora mismo no sé dónde buscar. ―confesó con cierto aire de desgano en su voz. Volvió a darle otro sorbo a su café― Es inútil intentar sacarle información a los ladrones que atrapamos. Ellos ya no saben nada más de lo que ya sabemos nosotros.

Notó como ella le daba un golpe en el hombro, de forma amistosa, y se giró para verla.

― Oye, arriba esos ánimos, seguro que encuentras alguna forma de averiguar más acerca de este caso. Quiero decir, en tan solo unos pocos meses has conseguido atrapar a ocho de los ladrones, nadie había conseguido eso. Esto asegura que, si quieres, podrás encontrar algo que te ayude a continuar tu búsqueda.

Este le sonrió agradecido por los ánimos que su compañera intentaba darle.

― Gracias, Kelly, significa mucho para mí. ―contestó este.

― Para eso están los amigos.

Vaya, vaya, conque alguien hizo su primera amiga en Mewni. Qué orgulloso estoy, estás creciendo tan rápido.

De pronto, una imagen vino hacia la mente de Kleyn como si fuese una descarga eléctrica. Uno de sus clones había desaparecido. Pudo recordar la sensación de alguien apuñalándolo por la espalda.

― ¿Ocurre algo? ―preguntó Kelly al ver el cambio repentino en la expresión del forjador.

― Alguien eliminó a Klonder, uno de mis clones, lo atacaron por la espalda.

― ¿Qué? ¿Y ninguno de los otros clones vio nada?

― Al parecer, no. Es probable que ahora mismo alguno de mis clones se dirija al lugar en el que Klonder desapareció.

Tal y como Kleyn lo había dicho, tres clones cerca de la zona en la que Klonder había desaparecido, se dirigían a la ubicación de este. Kurendal era el primero de ellos, este saltaba de tejado en tejado buscando encontrar al culpable. Cuando llegó a la ubicación de su compañero eliminado, no vio nada.

Tres edificios adelante de Kurendal, estaba llegando Kloxnar. Y, más hacia la derecha, venía Kuro. Kurendal les hizo una señal de que no había visto al enemigo, y que tampoco parecía estar en donde él se encontraba. Al ver esto, los otros dos comenzaron a buscar con la mirada a algún sospechoso que pudiese verse desde donde ellos saltaban. Pero no vieron nada.

Kurendal comenzó a rondar el edificio para ver si hallaba algo. Cuando se asomó por el borde de uno de los tejados, sintió una puñalada en la espalda, y desapareció.

Desde delante, Kloxnar lo había visto todo, el problema, era que no había visto nada. Pues, lo único que vio fue a su compañero inclinarse hacia adelante al sentir la puñalada en la espalda, y desaparecer. Pero no vio a aquel que lo apuñaló. Meditó la posibilidad de que aquello hubiese sido obra de un cuchillo arrojadizo, pero, entonces, lo habría visto. A lo mejor podría tratarse de alguien extremadamente rápido. Aunque, de ser así, tendría que haber sido capaz de verlo en el momento del impacto del cuchillo. Solo se le ocurrió una posibilidad más. Al pensar en ella, decidió desaparecer de forma voluntaria.

― Un individuo invisible. ―dijo Kleyn en la Orden al momento de recibir los recuerdos de Kloxnar.

― ¿Un ladrón invisible? ―preguntó Kelly, quien lo vio reaccionar así de golpe.

― No sé si es un ladrón, solo sé que es alguien invisible, no me cabe duda. ―sentenció. Se colocó la capucha, cubriendo su llama y desenvainó sus espadas― Debo acudir allí.

― ¿Estás seguro? ¿Cómo lo vas a encontrar?

Antes de responder, Kleyn creó tres clones. Kelly no lo sabía, pero esos clones eran Klonder, Kurendal y Kloxnar. Se giró hacia ella.

― Tranquila, no es la primera vez que me enfrento a alguien invisible. ―aseguró, denotando confianza en sus palabras.

Abrió un portal de un tajo en el aire y, junto con sus tres clones, se introdujo en este. Los cuatro aparecieron en un callejón. Kleyn guardó sus espadas, luego corrieron por el muro del callejón y se impulsaron en este para subir al tejado del edificio contrario. Una vez allí, se dirigieron a gran velocidad a donde habían ocurrido los ataques.

Kuro se encontraba buscando algún rastro que delatara al enemigo, pero no encontró nada. Vio llegar a sus compañeros.

― ¿Has encontrado algo? ―inquirió Kleyn al posarse delante del grupo.

― Nada. ―dijo sin más.

― Entiendo. ―volteó hacia los demás― Sigan buscando, y estén alertas, alguien invisible podría estar en cualquier lado.

Los presentes asintieron y comenzaron a buscar por encima del edificio. Uno de ellos vigiló los edificios de arriba, mientras que los otros cuatro miraron al suelo desde los cuatro extremos del tejado.

Oculto en su capacidad de invisibilidad, aquel que se deleitaba viendo como sus enemigos intentaban encontrarlo inútilmente, se acercó al más próximo de ellos relamiéndose los labios y apretando la empuñadura de su daga. Cuando se halló detrás de su presa, no dudó ni un solo momento, y volvió a atacar, haciendo que su enemigo se esfumase en una cortina de humo.

En el mismo momento en el que el clon desapareció, Kleyn se lanzó hacia el lugar con las espadas en mano. Dio un giro con ellas intentando abarcar cuanto espacio estas le permitían, pero no atacó a nadie. El resto de clones tomaron sus armas, una lanza, una alabarda y un hacha, y se prepararon para luchar.

Kleyn notó como un filo metálico estaba por alcanzarle el rostro, por lo que se echó hacia atrás. Pudo evitar el filo cortante de la daga, pero esta destruyó su capucha, liberando la llama de su cabeza ocultada por la tela ignifuga.

― Maldición. ― se quejó al notar eso.

El fuego de su cabeza iluminó el tejado como un faro. Su llama era fuerte.

Inmediatamente se preocupó de que este reconociera su identidad y huyera. Aún no sabía si era un ladrón o alguien ajeno a ellos, pero no podía permitir que hubiese alguna filtración con información acerca de él. Sabía que no debía, pero se arriesgó a utilizar sus llamas.

Kleyn dio un giro rápido y expulsó llamas, creando un anillo horizontal a su alrededor. Escuchó una leve maldición detrás de él; le había dado. Al instante, Kuro dio un golpe en barrido allí en donde había escuchado el quejido. Pero no consiguió darle a nada.

De la nada, apareció una daga en el aire, la cual se dirigió hacia él. Esta había sido lanzada justo encima de la zona en donde Kuro había realizado el barrido con su arma. La daga le dio en la frente e hizo que este desapareciera.

Kurendal lanzó una llamarada por allí en donde vio salir disparada la daga. Las llamas envolvieron ese espacio, pero, aparentemente, no parecían haberle dado a nada. O, al menos, eso pareció a primera vista.

Un quejido de dolor volvió a escucharse. Por un momento se pudo ver la figura de una cola prensada. Esta estaba envuelta en llamas. De una rápida y seca sacudida, las llamas se extinguieron, y la cola volvió a desvanecerse.

Una puñalada en el cuello acabó con Kurendal. Y, por lo que pudo oír Kleyn, él era el siguiente objetivo. Escuchó claramente los pasos del enemigo aproximándose a él a gran velocidad, así que retrocedió rápidamente. Supo que consiguió evitar las dagas por el sonido de su corte, pero no consiguió evitar una patada en el estómago, la cual lo hizo caer del tejado.

El siguiente en ser atacado sería Klonder. Este lanzo una llamarada hacia adelante para atrapar al enemigo, pero este había conseguido esquivarla, al parecer. No sabía dónde se encontraba, así que no supo a donde atacar.

― Klonder, cúbreme. ―le ordenó Kleyn desde arriba, este salía de un portal y cargaba llamas en sus manos.

El clon solo asintió y se preparó para lo que Kleyn estaba a punto de hacer. Este colocó las manos delante y liberó las llamas que había cargado, cubriendo todo el tejado con un manto ígneo. Klonder retuvo las llamas para que estás no quemasen el techo, pero las dejó esparcirse lo suficiente como para alcanzar al enemigo invisible.

De entre las llamas provino un fuerte grito de dolor. En ese momento, Klonder llamó a las llamas para que estás no matasen al individuo. Estás acudieron a sus manos como el humo llevado por una corriente de aire, y desaparecieron en sus palmas hasta no dejar rastro ninguno de ellas.

Delante de los dos, estaba tirado en el suelo, en posición fetal, el cuerpo del enemigo, ahora visible. Tenía piel escamosa, la cual sufría de quemaduras de primer grado, garras, una cola larga y prensada, y una cara un poco alargada. Era un semibestia camaleón, comprendió entonces.

Sin darle tiempo a reaccionar, Kleyn corrió hacia él y clavó su espada en el suelo, rasgando el tejido dimensional y abriendo un portal enorme. A su vez Klonder se lanzó por el semibestia y lo tomó en brazos. Cuando el portal que abrió Kleyn fue lo suficientemente grande, Klonder saltó, y justo detrás de él fue Kleyn, pero antes de hacerlo, volvió a crear tres clones para dejarlos allí y volver a su guardia.

Kelly oyó un sonido extraño en el comedor, de inmediato fue hacia allí para ver de qué se trataba. Cuando llegó, se encontró a Kleyn y uno de sus clones reteniendo a un semibestia camaleón. Estos dos se giraron al verla llegar.

― Kelly, ―dijo de forma presurosa el forjador― trae un poco de agua, rápido.

Ella no rechistó ni un momento, solo fue rápido a la cocina y trajo un vaso con agua.

― Aquí tienes. ―le extendió el vaso a Kleyn.

El forjador lo tomó y luego se lo echó en la cara al semibestia, quien sacudió la cabeza al notar la humedad del agua fría.

― Eso era innecesario, no estaba inconsciente. ―protesto el camaleón.

― Cortesía de la casa. ―bromeó Kleyn― Ahora dime, ¿quién eres? ¿Eres un ladrón de tijeras también?

El reptil no dijo nada al instante, solo sonrió, como si la situación le pareciera cómica.

― ¿Quién soy yo? Más bien, quién eres tú es la pregunta más intrigante de todas. ―comenzó a decir― Hay decenas como tú esparcidos por todo el reino, tu forma de abrir portales es realmente peculiar, teniendo en cuenta que usas unas espadas para ello, y controlas el fuego a tu voluntad. De memoria solo recuerdo a una persona con esas características, pero hace tiempo que ella murió. Pero tú aspecto sugiere otra cosa, ―mencionó alardeando por descubrir lo que ocultaba ese hombre― tú eres el forjador que reemplazará a Hekapoo, ¿no es así? ―preguntó sonriendo.

Kleyn sabía que eso iba a ocurrir, desde el momento en el que su rostro se había descubierto, así que no se sentía sorprendido u intimidado por la resolución del semibestia.

― Preguntas demasiado teniendo en cuenta la posición en la que te encuentras. ―mencionó entornando la mirada.

Este solo rio ante las palabras del forjador. Parecía ignorar por completo el hecho de que había sido capturado y de que tenía quemaduras en su cuerpo.

― Los traficantes de tijeras habíamos oído los rumores, pero nunca pudimos confirmarlo. Y ahora, yo lo he descubierto. He descubierto al nuevo forjador. ―clamaba, casi como si fuese una victoria.

― De nada sirve saberlo si estás entre rejas. ―le recordó― Tú, a diferencia del resto de ladrones que he atrapado, pareces saber más acerca de ellos. Eres el primero en llamarlos traficantes de tijeras. Sea como sea, nos darás la información que necesitamos.

Aquella advertencia no pareció afectarle en lo más mínimo. De hecho, este comenzó a reírse a pleno pulmón.

― Creo que no eres consciente de a qué quieres enfrentarte. No somos unos simples ladrones, somos mucho más, y somos muchos más. Antaño tal vez habrías tenido una oportunidad de pararnos, pero ya es tarde, muy tarde, forjador.

Después de decir eso, el camaleón se escurrió del agarre de Kleyn y Klonder. Saltó hacia Kleyn y le dio un mordisco entre el hombro y el cuello. Al instante, el forjador reaccionó al dolor y tomó al camaleón del cuello, apretando con fuerza. Este sintió la mano ardiente de Kleyn y chilló de dolor, aflojando su mordisco. Fue lanzado contra un muro.

Kleyn se palpó la zona donde había sido mordido. Sentía las marcas de los dientes en su piel. Volteó hacia el camaleón, quien sonreía con malicia.

― Ese es mi obsequio de despedida. ―dijo a modo de despido. Su piel comenzó a desvanecerse por sectores de su cuerpo― Nos volveremos a ver, forjador.

Pero, antes de que este se hiciese invisible, una espada enorme le atravesó la pierna y lo dejó anclado al suelo. Este soltó un grito de dolor al sentir el metal atravesándole la carne y los músculos. Se giró para ver quien le había hecho eso. A un costado suyo estaba una chica de pelo turquesa y muy largo.

― Nadie huye de la Orden. ―exclamó la chica, con una mirada desafiante.

El camaleón supo que no escaparía de allí, por lo que decidió recurrir a su último recurso. De uno de sus costados, sacó una daga y rápidamente se rebano el cuello. Fue tan rápido que ni a Kleyn ni a Kelly les dio oportunidad de pararlo. Sangre comenzó a caer de su cuello y a mancharle su pecho, pero, a pesar de estar muriéndose, no borraba la sonrisa de su rostro.

― Que te sirva de lección, forjador, el problema en el que te has metido no es uno que vayas a ser capaz de arreglar. ―esas eran casi sus últimas palabras― Larga vida a los traficantes.

Tras decir esas palabras, cayó al suelo, inmóvil e inerte dejando a Kleyn y a Kelly con la intriga de saber a qué se refería. Lejos estaban de saber, que pronto lo entenderían.

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