Capítulo 40: Un encuentro presuroso
Alzó los brazos con júbilo y se dejó caer de espaldas. Ignoró por completo el dolor del impacto con la tierra. En ese momento solo quería descansar.
Respiró por la boca, hinchando el pecho tanto como podía de forma reiterada. Abrió los ojos y miró al risco delante suyo, el de los enanos que lo apoyaban, y vio como estos emprendían camino abajo.
"Es normal", pensó. "Ahora son libres de las garras de Gornak. Querrán celebrarlo".
Echó la cabeza hacia atrás y miró a los enanos en el otro risco, los veía de revés, pero aun así podía notar el revuelo que se había montado entre ellos.
"Es normal, su líder, aquel que parecía invencible, ha caído", pensó. Y de qué forma, añadió la voz en su cabeza.
Kleyn soltó un suspiro y se relajó allí mismo. El calor y los intensos rayos del sol no le molestaba en lo más mínimo. Al contrario, le resultaba relajante, por lo que se esperaría a que sus compañeros bajasen.
—Una cosa menos. Ahora solo necesitamos interrogar a Gornak y que este nos ayude a acabar con todo esto —se dijo a sí mismo.
Escuchó el quejido del gigante varios metros por encima de él.
"Es normal, le arranqué el brazo de un solo golpe", pensó. "Necesitaremos que algún medico lo estabilice. Es alguien muy importante como para permitirnos perderlo".
Kleyn reflexionó sobre la situación. Necesitarían llevar al gigante hasta la guarida de la Orden Armada. Probablemente necesitarían una celda especial para este.
También estaba lo del pueblo enano que acababa de liberar, esta vez de verdad. Más de uno se negaría a volver al antiguo reinado después de haber vivido bajo el yugo de Gornak. Si bien este había tomado muchas cosas por la fuerza, su reinado cautivó a más de uno.
Además de todo eso, también tendría que integrar a Biggon a la Orden Armada, después de haber ayudado tanto. Y también tenía que ayudar a Fritz ahora que se había vuelto loco. Bueno, más o menos ya estaba así cuando lo encontramos.
Y seguro que había otras cosas que no estaba teniendo en cuenta. Solo de pensarlo notaba como la pereza crecía en su interior. Pero la imagen de su madre le vino a la mente. "Tengo que ser un mejor Forjador. Tengo que demostrar que merezco llevar el título que poseo".
Hizo un esfuerzo por ignorar el dolor en su cuerpo y en la carne que conectaba con el metal, despegó la espalda del suelo y se inclinó hacia adelante, descansando los codos sobre las rodillas.
—Haré que ambos se sientan orgullosos de mí —se dijo a sí mismo con la mirada fija en el horizonte.
De pronto sintió una distorsión en el tejido dimensional muy cerca de él. Se giró a la izquierda y vio un portal que se había abierto cerca de donde estaba Gornak. Esperó ver a algún enano de su ejército intentando socorrer a su líder caído, pero no fue así. El que apareció era un tipo alto de piel gris pálido. Este tenía la cabeza rapada y carecía de boca, nariz y oídos. Veía tatuajes dorados recorriendo su espalda y pecho como si fuesen dos listones entrecruzados. Solo vestía con un pantalón blanco y brillante muy holgado en la parte de las piernas. Un cinturón de cuero grueso con hebilla dorada que le llegaba hasta el ombligo. Y tanto sus antebrazos como sus tobillos estaban resguardados por muñequeras y perneras largas y doradas. Las perneras estaban por encima del pantalón, y las mangas de este estaban ocultas debajo de la armadura.
Fuera quién fuese, se quedó cerca de Gornak, mirándolo fijamente. El gigante giró la cabeza hacia este, y luego intentó alcanzarlo con su mano derecha. El desconocido apuntó a Gornak con la mano derecha y una esfera de luz intensa y dorada apareció delante de su palma.
—¿Qué está...? —quiso preguntar, pero no tuvo tiempo. Un rayo de luz salió disparado de la esfera y atravesó el cráneo del gigante.
El brazo de Gornak se desplomó en el suelo, y cuando el rayo se extinguió, dejó a la vista un orificio en el cráneo del gigante, el cual iba de lado a lado.
—¡No! —gritó Kleyn. Ahora no tenían a quién interrogar. Después de todo le que le había costado forjar sus extremidades, adaptarse a su nuevo cuerpo y convencer a Gornak de volver a tener otro desafío, después de todo eso volvía a encontrarse de nuevo sin pistas—. Maldito —le gritó al tipo de piel gris, y este pareció haberlo escuchado, porque se giró hacia él. Oh, oh.
El desconocido comenzó a correr hacia Kleyn a gran velocidad y luego dio un gran salto que lo llevó a los cielos. Por un momento, Kleyn pensó ver un par de alas, aparecer como un destello, pero cuando se fijó mejor, no halló nada en la espalda del extraño. Reacciona, idiota.
Kleyn abrió mucho los ojos y se percató de que el individuo estaba a punto de caerle encima. Apretó los dientes y se puso de pie a duras penas. Apuntó al objetivo con ambas manos comenzó a concentrar fuego en los conductos de sus palmas. El tipo volvió a mostrar aquella luz dorada, esta vez en ambas manos, y se preparó para caer sobre él con ambos puños. Kleyn no creo que esta sea una buena idea.
—Tranquilo, lo tengo todo controlado —aseguró, pese a que el mismo no se sentía seguro.
La coalición estaba a punto de producirse, pero antes de que impactaran, Kleyn bajó las manos y apuntó hacia otro lado para impulsarse con las llamas y evadir el impacto directo. No fue capaz de alejarse lo suficiente, y cuando el desconocido impactó contra el suelo restos de rocas chocaron contra Kleyn. Cayó al suelo y se fijó en a la nube de polvo que se había levantado en donde el tipo había apuntado. Dos destellos dorados se vieron a través de todo el polvo, y luego se vieron otro dos de color azul pálido, los cuales mostraban la ubicación de los ojos del individuo.
¡Kleyn, aléjate!
Kleyn no fue capaz de reaccionar a tiempo, el individuo corrió hacia él con un destello, pudo verlo venir, pero no era capaz de evadirlo en su estado. Sintió los dedos del tipo presionando su cuello, y levantándolo del suelo. Ahora que estaba cerca de él, pudo verlo mejor. Tenía un cuerpo musculoso y muy marcado, sin ningún tipo de imperfección en su pie: ningún grano, lunar o cicatriz. Y era un poco más alto que él. Sus ojos carecían de pupilas, y eran de un celeste profundo. Pese al ataque que había lanzado, su ropa estaba impoluta e intacta. Las partes doradas de la armadura y los tatuajes brillaban como si las hubiesen pulido a conciencia. Todos aquellos detalles en conjunto provocaron que Kleyn se diese cuenta de a qué se enfrentaba.
—Un celestial —dijo, pronunciando las palabras entre arcadas debido a la asfixia.
El tipo entrecerró los ojos por un momento.
—El Forjador —pronunció con una voz reverberante—. El demonio pálido. —Sus palabras estaban cargadas con un odio oculto, uno que intentaba disimular, pero que se notaba por la expresión en su rostro, y la presión de sus dedos.
—¿Quién eres?
—Aquel que te está buscando. Aquel que movió a toda una organización a la espera de que volvieras de tu letargo.
Entonces, Kleyn comprendió de quién se trataba.
—Gigael —dijo el pelirrojo.
—Has acertado.
Sin pensárselo ni un segundo, Kleyn apuntó a Gigael en el rostro y concentró sus llamas. Estuvo a punto de disparar, pero el celestial le dio un golpe con el brazal de su mano libre y desvió el torrente ígneo. Kleyn lo sujetó de la muñeca y con su mano libre le apuntó otra vez. Si Gigael no lo soltaba, entonces tendría que recibir el impacto de sus llamas.
Gigael apretó a un más su pinza, y luego lanzó a Kleyn contra el suelo. El Forjador sintió los huesos de su cuerpo gritar junto con él. Pateó a Gigael en el estómago con el talón, pero este pareció aguantar el golpe. Kleyn sonrió, y entonces Gigael se hizo a un lado antes de que las llamas del conducto de su pie lo alcanzaran.
Rápido, Kleyn, tienes que huir. No puedes luchar en estas condiciones.
Por más que odiase aquella idea, la voz en su cabeza tenía razón. El combate contra Gornak le había exigido más de lo que había esperado. Ahora mismo no era rival para nadie.
Se llevó una mano al cuello, y con la otra abrió un portal en el suelo. Dio un giro hacia un lado y cayó dentro del portal.
—No. No escaparás —dijo el celestial antes de lanzarse por él.
Kleyn apareció en el cielo, en caída libre, y Gigael lo hizo poco después. Sabía que el celestial intentaría seguirlo. En el aire podría intentar despistarlo.
Se impulsó hacia el lado contrario al del celestial y abrió un portal en medio del aire, justo debajo de él. El el paisaje se convirtió de forma súbita en una tormenta arenosa. De nuevo, en el medio del cielo. Gigael tardaría en aparecer detrás de ese último portal, así que Kleyn aprovechó para abrir un nuevo portal y cerrarlo antes de ser visto. Creo un clon y abrió el portal. Ambos lo atravesaron y salieron disparados hacia arriba, en un ángulo de cuarenta y cinco grados, trazando un arco en el cielo. Kleyn empujó a su clon hacia el portal con una patada, y este se perdió en su interior, y luego se cerró. Kleyn cayó en el risco en del cual estaban bajando los enanos que lo habían apoyado durante la batalla con Gornak. Intentó aterrizar de pie, pero el dolor muscular lo hizo caer y rodar en el suelo.
Los enanos que ya estaban bajando lo oyeron y se giraron hacia él.
—Es el Forjador —gritó uno de ellos.
Todos se giraron y corrieron hacia él. Entre los que pudieron lo ayudaron a levantarse. Rápido se formó una multitud dispuesta a ayudarlo. Aquellos que estaban cerca de él lo felicitaban por su victoria. Otros le agradecían por haberlos liberado. Otros le preguntaban cómo se encontraba.
—No tenemos tiempo para esto, tenemos que irnos —le decía a todos, pero no lo escuchaban.
Era irónico, muchos preguntaban, pero entre el griterío y el alboroto no eran capaces de escucharlo.
Un pasillo se formó entre la multitud, y el escándalo comenzó a desaparecer a medida que Quelana avanzaba por el pasillo.
—¿Qué fue lo que ocurrió, Kleyn? —preguntó la enana. Ágata y Biggon venían detrás de ella—. ¿Quién era el tipo que te atacó?
—Gigael —dijo sin más.
Tanto Ágata como Biggon se miraron entre ellos antes de volver a mirarlo a él.
—¿En serio? ¿Ese era Gigael? —preguntó Ágata.
—Gigael es el líder detrás de todo el asunto de las tijeras, ¿no? —preguntó Quelana.
—Sí. Me está buscando. Tenemos que irnos de aquí ya.
—¿Tan peligroso es? —inquirió la enana.
Kleyn apuntó al cadáver de Gornak.
—No sé si no lo viste, pero ese tipo mató a Gornak fundiéndole los sesos con un rayo de luz. Gigael no es alguien común. Es un celestial, un ser divino. Y uno de los fuertes.
—Y tú te pareces a un demonio. ¿No deberían estar a la par? —preguntó Biggon.
—Este demonio está exhausto. No estoy en condiciones de pelear contra él. Pude despistarlo usando algunos portales, pero solo es cuestión de tiempo hasta que me encuentre. Deberíamos irnos.
—¿Tan peligroso es? —preguntó Quelana.
—Más de lo que habría esperado —respondió Kleyn.
—Un enemigo al que el propio Forjador teme —dijo Biggon, pensativo—. Interesante.
—Yo no dije eso —se quejó Kleyn—. De todas formas, tenemos que salir de aquí. Ágata, Biggon y yo debemos irnos. Quelana, tú deberías volver a la fortaleza de Gornak y reclamar lo que te pertenece.
—¿Estás seguro de que los enanos esclavizados me escucharán?
—Algunos no seguían a Gornak, esos serán los primeros en buscarte. Otros serán fieles a la filosofía que tenía el gigante por los duelos. Esos también deberían seguirte. Pero estoy seguro que habrá algún grupo que no esté a favor. De eso tendrás que encargarte tú. —La expresión en el rostro de la enana era una de preocupación profunda—. Sé que es abrumador, pero eres la reina ahora. Es parte de lo que significa llevar la corona. —La enana sonrió, un poco más animada, pero aún se la notaba preocupada. Era algo que no se podía evitar. Kleyn bien sabía que el título pesaba mucho más que la corona.
—¿Crees que ese tal Gigael venga por nosotros?
—No. Es posible que vuelva aquí, pero es a mí a quién busca. Por el momento, comiencen a moverse. Cuando las cosas se calmen un poco me pasaré por aquí para ver si todo va bien. Me gustaría investigar un poco los aposentos del gigante. Tal vez pueda haber algo que nos ayude ahora que ha muerto.
La enana asintió.
—Nos encargaremos de preservar esos sitios para cuando vengas. Si encontramos algo que pueda serte útil, te lo guardaremos.
Ahora Kleyn asintió.
—Te deseo suerte —dijo el pelirrojo.
—Lo mismo digo. —Ambos se despidieron, Ágata y Biggon también, y luego Quelana se alejó—. Pueblo, vámonos, tenemos mucho trabajo por delante. El tiempo apremia.
Todos los enanos siguieron a su reina. Aquellos que estuvieron hablando con Kleyn al principio se despidieron de él y se alejaron. Los que lo ayudaban a mantenerse en pie se lo dejaron a Biggon a cargo y también se despidieron.
Kleyn los vio alejarse mientras se apoyaba en el hombro del esqueleto, y sonrió.
—¿Crees que estarán bien? —preguntó el esqueleto, cosa que sorprendió a Kleyn.
—Sí. Tienen que reconstruir su pueblo. Poseen el lugar, pero depende de ellos que los enanos vuelvan a estar unidos. —Oh, no te había visto tan emotivo desde que te casaste.
—Volvamos a la guarida. Hay mucho de lo que hablar con Talux —dijo Ágata.
Tenía razón. Tenían que irse de ahí antes de que...
Sintió una perturbación en el ambiente, una especie de cosquilleo en la nuca, lo que provocó que el Forjador se girase. Un portal se había abierto en la parte alta del risco, de este salió Gigael, quien comenzó a mirar a todas partes en busca de su objetivo.
—Mierda —se quejó Kleyn, y como si el celestial lo hubiese escuchado, este se giró hacia ellos y le apuntó con una mano—. ¡Mierda!
Kleyn apartó a Biggon y a Ágata y luego se cubrió cruzando los brazos en forma de equis. Un rayo de luz chocó contra él y este salió disparado hacia atrás. Kleyn cayó encima de unos enanos, los cuales se quejaron y se giraron para ver qué ocurría. Al principio se sorprendieron de ver a Kleyn allí, pero luego, cuando vieron hacia arriba, se pusieron a correr.
Quelana, más adelante, se giró al escuchar el escándalo.
—¿Qué ocurre? —Cuando vio a los enanos bajando a toda prisa, alzó un poco más la mirada y abrió los ojos en grande—. ¡Corran!
La multitud comenzó a correr risco abajo. Algunos se tropezaban por el camino, pero se levantaban rápido, a sabiendas de lo que había más atrás.
"Tengo que sacar a Ágata y Biggon de aquí", pensó Kleyn.
Sintió que alguien lo ayudaba a levantarse, alguien de estatura baja, pero que no era un enano. Vio a Ágata a su lado intentando dar lo mejor de sí para levantarlo.
—Joder, como pesas —se quejó la mewmana.
Kleyn apretó los dientes e hizo un esfuerzo para ponerse de pie. Los nervios dentro de las extremidades metálicas le ayudaban a notar la presión que ejercía en los objetos al interactuar con ellos, pero no le dolían, simplemente no podían dolerle. Aquello que le dolía eran los músculos que del torso y aquellos en donde el metal y la carne se unían. Al no tener los músculos de los brazos, el esfuerzo a realizar, en comparación con antes, era descomunal. Se había acostumbrado a ello, pero, aun así, se cansaba mucho más rápido que cuando su cuerpo estaba completo. No podía negar que la defensa que ofrecía el metal era inigualable, pero para las batallas prolongadas suponía una verdadera molestia.
Consiguió ponerse de pie a duras penas, y alzó una mano para indicarle a Ágata que estaba bien.
—¿Y Biggon?
—Está peleando contra Gigael.
—¿Qué? —miró hacia arriba y vio al esqueleto preparándose para atacar al celestial—. No puede pelear contra él, es muy peligroso. Hay que sacarlo de allí.
—Primero abre un portal y sácanos a nosotros de aquí.
Kleyn miró hacia la parte alta del risco. Gigael corrió hacia Biggon y le propinó una fuerte patada en el pecho, la cual lo mandó a volar.
—Biggon no puede morir. No te preocupes por él.
Sin embargo, Kleyn no estaba seguro de eso. Un rayo de luz sería capaz de incinerar los huesos del esqueleto. Aun así, Ágata tenía razón en una cosa, de una forma u otra tenían que salir de allí.
Abrió un portal y se metió sin pensarlo. Ágata le siguió de cerca. Aparecieron en guarida de la Orden Armada, justo en la sala de reuniones. Allí los encontró Kelly, que estaba recogiendo unos papeles.
—¿Kleyn? ¿Ágata? —la chica echó un vistazo de arriba abajo al pelirrojo—. Por los dioses, Kleyn, ¿qué te paso?
—Es una larga historia —se limitó a decir—. Busca a Talux y al resto, hay mucho que explicar.
Kelly no dijo nada, solo se lo quedó mirando un instante más antes de salir de la sala. Kleyn entonces comenzó a reunir energía para crear clones. Tres de estos aparecieron. La vista se le nubló por un momento, pero no era momento para desmayarse. Hay que sacar a Biggon de allí.
Abrió un portal y los tres clones se metieron en este. Luego intentó cerrarlo, pero se detuvo a mitad de camino.
—Kleyn, déjalo, no vale la pena. Luego podrás intentar rescatarlo —dijo Ágata.
Pero Kleyn no iba a dejarlo. Con un esfuerzo cerró el portal, y se apoyó en la pared para no caer al suelo. Comenzó a respirar con dificultad, y cerró los ojos para intentar concentrarse. Se obligó a mantenerse despierto, hasta que una súbita descarga de imágenes mentales le recorrió el cerebro. Uno de sus clones tomando a Biggon, y el otro distrayendo a Gigael.
"Ahora", pensó.
Levantó la mano derecha con gran esfuerzo, el otro brazo no podía moverlo. Su clon salió junto con Biggon del portal, se estrelló contra la mesa, destrozándola, y desapareció. "Ciérralo. Vamos, solo tienes que cerrarlo, luego puede morirte si es necesario".
Kleyn gritó de dolor y cerró el portal justo cuando otra oleada de imágenes le llegó a la cabeza, y vio a Gigael corriendo hacia el portal. Justo después de cerrarlo se desplomó en el suelo. "Ya está", pensó. Luego, todo se oscureció.
⫷—-—⩵ ⨀ ⩵—-—⫸
Bueno, por fin estamos aquí otra vez. Lamento la demora. Como he dicho en el último capítulo, tuve unas semanas bastante atareadas, pero ahora estoy de vuelta a la acción. Espero poder terminar esta historia antes de que comience el nuevo curso universitario.
Sí te gustó el capítulo escribe un comentario, sin importar que estés leyendo esto después de uno o dos años de su publicación, pues me encantar leer a mis lectores. Y si gustas, también deja un voto.
Gracias por tu tiempo y apoyo.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top