Capítulo 17: Curando heridas

Tras haber derrotado al centauro, Kleyn comenzó a buscar a su compañera, pero, por más que mirase a donde mirase no conseguía encontrarla. No se encontraba en el campo de batalla, al menos aquella era la primera conclusión a la que llegaba.

Decidió caminar para hallarla, y para que su tarea fuese más sencilla invocó a cincuenta clones, los cuales, al igual que él, tenían roto el brazo izquierdo.

— Bien, quiero a un grupo de diez buscando por el claro en donde estábamos antes, otros diez por donde vinimos, y el resto conmigo al bosque. Ya saben el proceso, el primero en encontrarla se desvanece. —Kleyn, creo que Ágata se fue al bosque—. Cambio de planes, todos al bosque. ¡Vamos!

En un momento todos los clones salieron corriendo en busca de la mewmana y se metieron de cabeza en el bosque. Kleyn, antes de adentrarse en aquel sitio, le dedicó un último vistazo al cadáver de Tal'kar, volvió la cabeza al bosque y se introdujo en este sin más demora.

Se sentía cansado por la batalla anterior. Había salido más herido de lo que había esperado, y en su mente seguía pensando en quién podría ser aquel que le había fabricado al centauro una lanza que tuviese la propiedad ígnea defensiva consigo. ¿Acaso durante su ausencia había nacido alguien capaz de manipular la magia y de incrustarla en un arma aparte de él? Aquella era una cualidad que todos conocían como encantamiento, y es verdad que había habido algunas personas únicas que a lo largo del tiempo habían sido capaces de imbuir armas con magia, mas estas no soportaban demasiado tiempo intactas, porque la propia magia que poseían era la que luego hacía que estas se rompiesen. Sin embargo, aquella lanza era diferente, su encantamiento parecía afín con la lanza. Es como si aquel que forjó el arma y aquel que la encantó fuesen la misma persona, y aquello era lo que le parecía insólito, pues el Forjador había sido el único ser vivo capaz de realizar ambas cosas, y que el resultado se viese potenciado justamente por esta dualidad de profesión. ¿Entonces quién...?

Un repentino torrente de información distrajo a Kleyn de sus pensamientos. Un clon había encontrado a la mewmana. Raudo corrió hacia donde esta se hallaba. Por lo que había visto en las imágenes mentales que le había proporcionado su clon, Ágata no se encontraba en buen estado, así que tenía que apresurarse a menos que quisiese llegar tarde.

La encontró tirada en el suelo junto al cadáver de un sátiro. Esta tenía tres flechas atravesándole el cuerpo, ninguna de ellas en alguna parte vital, más su mano izquierda estaba apoyada en uno de sus costados, y de este parecía haber salido mucha sangre. Sobre su pecho se encontraba la araña que había adoptado, la cual se movía de un lado a otro sin razón aparente.

El pelirrojo apartó la mano de la chica y vio que en su torso se hallaba una horrible herida producida por un cuchillo o una daga. Al momento llevó su mano al cuello de la chica y comprobó si tenía pulso o no.

— Sigue con vida —dijo un tanto aliviado soltando un leve suspiro de calma.

Dio un silbido agudo y con él llamó a los clones que se encontraban por el lugar. En el mismo momento en el que nueve clones llegaron al lugar, Kleyn chasqueó los dedos e hizo desaparecer a todos aquellos que aún no habían llegado.

— Muchachos, tenemos que llevar a esta chica para que la atiendan —señaló a varios de los clones—. Ustedes ocho cruzarán sus brazos derechos para colocar a Ágata en ellos, como si fuese una cama en la cual transportarla —apuntó al clon que quedaba—. Tú me ayudarás a colocarla sobre estos. ¿Alguien tiene alguna duda?

Ninguno de los presentes dijo nada al respecto. Como mucho, uno de ellos tosió por un momento y luego volvió a estar callado.

— Muy bien, pues entonces procedamos cuanto antes.

Tal y como ordenó Kleyn, los clones comenzaron a moverse según su orden, y entre el original y el clon restante consiguieron colocar a la joven sobre la red de brazos improvisada. Una vez hecho eso, Kleyn abrió un portal que los llevó a todos directo a la guarida de los caballeros de la Orden Armada.

Mientras tanto, en la guarida, Talux se encontraba en la sala de interrogación en donde Wildax permanecía atado a una silla, y lo único que iluminaba la habitación era una antorcha encima de Talux, lo que le permitía ver el rostro iluminado del semibestia, pero el suyo propio quedaba algo oscurecido por la sombra que producía su propia cabeza, lo cual le confería un aspecto misterioso y a la vez un tanto temible.

— Muy bien, Wildax, dinos, y esta vez espero que cooperes, ¿quién es el jefe detrás de todo? Aquel que controla a los cuatro líderes, de zona, porque no me creo que un grupo tan organizado no esté liderado por alguien.

— Ya le he dicho que no sé nada, y si lo supiera, hablar haría que me tocase un destino peor que la muerte. ¿Entiendes a lo que me refiero?

Talux golpeó la mesa apoyando ambas manos en esta y aproximándose más a la rata.

— Estamos enterrados a más de cien metros del nivel del suelo, esta es una sala completamente cerrada, y no hay forma de que alguno de los traficantes de tijeras sea capaz de oír lo que dices. Así que no me jodas con tus excusas.

— No, no lo entiendes. Es verdad que nadie puede escuchar lo que voy a decirte, pero eso no es necesario para que los altos mandos se enteren de que hay un soplón. Si yo les digo algo a ustedes actuarán en base a ello, a partir de ahí la organización utilizará sus "métodos" para hallar la verdad, y cuando lo hagan...

— Seguro que no puede ser peor que lo que te haremos nosotros si no hablas.

— ¿Usted ha visto alguna vez como desuellan públicamente a alguien y lo mantienen con vida hasta el último momento? —Talux no respondió, solo frunció el ceño— Me lo imaginaba. Mire, tal vez sea una rata, pero hasta yo tengo mi dignidad y mis principios.

En ese momento un portal rojo se abrió y de este salió el Forjador con rostro impasible y con ambos brazos colgando, como si estuviese poseído por alguna clase de demonio interno.

— Taaa... —comenzó a decir alargando la vocal, como si fuese un quejido.

De pronto, Wildax dio un brinco de sorpresa y miró a Talux con nerviosismo.

— Te lo diré, no sé dónde está el líder de líderes, pero sí que existe, solo unos pocos jefes saben quién es y en donde se encuentra, pero tienen terminantemente prohibido decirle nada a sus subordinados para proteger su identidad. Ahora aleje a ese demonio de mí —dijo con nerviosismo.

— ...alux —terminó de decir Kleyn—, necesito que nos ayudes.

— ¿Qué ocurre?

Detrás del Forjador aparecieron sus clones cargando con Ágata. Al verla, Talux abrió los ojos de sobremanera por el estado maltrecho en el que se encontraba la pobre.

— ¿Qué le ocurrió? —preguntó preocupado acercándose a la chica.

— No lo sé. Tuvimos una pelea con Tal'kar y uno de sus secuaces. Ella se metió en el bosque a pelear con este último y la encontré así.

— Tenemos que llevarla a que la traten de inmediato. Sígueme —ordenó este marcando el paso.

Tanto los clones como el propio Kleyn siguieron a Talux, dejando al semibestia solo en la sala.

Este miró a todas partes y se dio cuenta de que estaba solo y la puerta había quedado abierta.

— Esta puede ser mi gran oportunidad para escapar —sonrió mientras intentaba dar saltitos con la silla para intentar moverse.

En cierto momento chocó sin querer con la mesa y cayó al suelo.

— Este será un pequeño percance, pero aun así puedo salir de aquí.

Tras decir esas palabras la puerta de la sala se cerró de un golpe, dejando a Wildax con el espíritu quebrado.

— Tryda, es una urgencia, ¿Dónde estás? —gritó Talux a medida que se movían por la guarida.

Se encontraban subiendo unas escaleras. Podría haberles echado una mano a los clones, pero tenía miedo de mover el cuerpo de la chica de forma innecesaria, así que prefirió centrarse en buscar a una especialista. Y no quiso demorar mucho, pues se dio cuenta de que Kleyn tampoco había salido ileso de la batalla que habían tenido contra el líder de la zona este, pues hacía rato que se había fijado en el brazo colgante del Forjador, y en el de sus clones.

— ¿Talux? —respondió una voz desde el pasillo al que daban las escaleras.

Los tipos llegaron al último escalón y allí vieron a la mujer zorra asomándose por una puerta.

— ¿Qué ocurre...? —quiso preguntar, pero al parecer no hizo falta cuando se fijó en el cuerpo de Ágata— Oh, por todos los reyes.

— Necesitamos que la atiendas lo antes posible —le dijo el tipo del parche.

— Sí, ahora mismo —dijo con seriedad y preocupación—. Métanla en la sala y déjenla sobre la camilla, yo me encargaré del resto.

Los clones hicieron caso de las órdenes de la zorra y dejaron a Ágata con sumo cuidado en la camilla, justo después, desaparecieron.

— ¿Podemos ayudarte en algo? —preguntó el líder.

— Sí, necesito que me ayuden a parar la hemorragia cuanto antes. También necesitaré ayuda para quitarle las flechas del cuerpo y también la ropa para poder operar mejor.

— Entendido. Kleyn, ayúdame.

— Claro. —¿Acaso será este el fin de la niña de las arañas?

Como era de esperarse, Kleyn no dijo nada al respecto, pues no le hizo gracia el comentario.

— Bien, levántenla con cuidado del torso para que pueda vendarla y detener el sangra... —calló de golpe para luego dar un grito de terror.

Tryda se echó hacia atrás con gran rapidez, alarmando a los tipos, quienes comenzaron a mirar a la joven para ver si algo le había pasado, pero no hallaron nada.

— ¿Qué te pasa? —preguntó Kleyn.

— U-u-una araña —apuntó mientras permanecía encogida en una esquina cubriéndose media cara con un brazo.

¿Es en serio? El Forjador supo que la mujer debía estar refiriéndose a Mordisquitos.

— Tryda, por favor, no es el momento para eso. Muestra algo de temple.

— Pe-pero...

— No pasa nada, ya me la llevo yo —dijo el pelirrojo, queriendo tranquilizar a la semibestia.

— B-bien, pero mientras la tengas no puedes entrar, ¿entendiste?

— Sí, sí, solo procura salvar a Ágata.

— Sí, ahora sal de aquí —dijo con cierta brusquedad mientras aún se ocultaba.

Aun le pareció algo exagerado, pero Kleyn no dijo nada, solo se dirigió a la puerta.

— Kleyn, espera —llamó la mujer—, ¿tu brazo izquierdo está roto?

Este se fijó en su brazo colgante y luego miró a Tryda.

— No te preocupes, puedo esperar hasta que cures a Ágata.

— ¿Seguro?

— Sí, esto en verdad no es...

— Tryda, es el hombre que se arrancó las uñas y se puso unas de metal. Aguantará, ahora atiende a Ágata —le recordó Talux con impaciencia.

— Tiene razón, fuera de la sala, Kleyn.

Finalmente, el Forjador salió de la sala y tras de sí la puerta se cerró de un golpe. Se nota que aquí te tienen en alta estima. Posó su mirada en la arañita que reposaba en el dorso de su guante y lo miraba.

— Tranquila, Ágata se pondrá bien, ya lo verás con esos ocho ojos saltones —Te das cuenta de que le estás hablando a una araña, ¿no?— Tienes razón.

Fuera de la sala en la que estarían operando a Ágata había un banco largo de madera, así que se sentó a esperar que terminaran la operación. Intentó que su brazo roto no tocase demasiado el banco para que no le produjese un movimiento interno en sus huesos, y luego recostó la cabeza en la pared del pasillo, soltando un largo suspiro.

Se sentía cansado después de la pelea que había acontecido en el Claro Silvestre, Tal'kar no había sido un simple contrincante como lo habían sido sus secuaces. Algo para tener en cuenta si iba a enfrentarse al resto de jefes de zonas. Quizá tuvo suerte al enfrentarse primero a Tal'kar, ya que este parecía ser un guerrero noble, pero nadie le aseguraba que el resto sería igual que este último.

Intentó pensar en aquel que sería su siguiente objetivo, la zona norte, aquel paraje lleno de hielo y nieve, como si un clima alterno al de Mewni se hubiese germinado allí. Aquellas eran las zonas que menos le gustaban, pues la nieve y el frio siempre influían de forma negativa en sus capacidades ígneas. Además de que no sabía en dónde buscar ni a quien, pero supuso que ya haría ese pan cuando tuviese la harina. Por ahora solo tenía que centrarse en lo que sabía.

Se llevó la mano a la boca y soltó un gran bostezo que enseñó todos sus puntiagudos dientes. Vaya, vaya, parece que alguien está cansado.

— De qué hablas, es solo un bostezo de nada... —pero el sueño se apoderó de él y se durmió en la posición en la que se encontraba.

Sí, hasta tú te cansas después de una batalla, lo cual es bueno, porque eres tan imprudente y tan temerario en muchas ocasiones que a veces llego a pensar que dormido es el único momento en el que no puedes meterte en problemas.

Pasó un rato en el que el Forjador pudo tener unos largos minutos de descanso, hasta que alguien comenzó a menear su hombro.

— Kleyn —pronunció una voz femenina—, Kleyn, despierta, ya puedo...

De pronto aquella voz se convirtió en un fuerte grito de horror. Kleyn se despertó de golpe, sobresaltado por aquel grito. Cuando abrió los ojos vio a Tryda hecha un ovillo contra la pared mientras se cubría usando ambos brazos.

— ¿Qué pasó? —preguntó Kleyn alarmado por la reacción de esta.

La zorra apuntó con su dedo al hombro de Kleyn mientras intentaba gesticular palabras ininteligibles.

— E-e-e-e-es...

— ¿Qué? —volvió a preguntar algo más preocupado que antes.

— E-e-es la araña —dijo cerrando los ojos y cubriéndose el rostro con ambas manos.

El pelirrojo se quedó quieto un momento meditando las palabras que había dicho la mujer, porque pensó que podría tratarse de una broma de mal gusto. Se fijó en el hombro de su brazo dislocado y allí estaba Mordisquitos, al parecer también dormía. No, lo digo de verdad, ¿es en serio? ¿De verdad una mujer con fobia a las arañas puede ser alguien perteneciente a la Orden Armada cuando en la propia organización hay una loca por las arañas? Hay muchas cosas que están mal en esa fórmula. Muchas, ¿me oyes?

— Tryda, no te hará nada.

— L-lo siento, es que no puedo soportar a las arañas.

Ante aquella actitud Kleyn no pudo hacer otra cosa que soltar un breve suspiro.

— Dejen de hacer tanto ruido —dijo alguien de dentro de la sala.

Curioso, Kleyn se puso de pie y caminó dentro de la sala en donde Tryda había tratado a Ágata, y allí estaba ella. Sus ojos estaban parcialmente abiertos y todo su cuerpo estaba cubierto por una sábana blanca, pero parecía estar consciente ya.

Al verla despierta otra vez Kleyn sonrió.

— ¿Cómo te encuentras?

— Estaba tranquila hasta que la señora grititos comenzó a hacer ruido.

— Tal parece que no le gustan los arácnidos.

— Sí, lo sé —comentó sin muchos ánimos.

— Por cierto —se llevó la mano al hombro—, creo que esto es tuyo —le acercó su mano, sobre la cual se hallaba Mordisquitos.

— Eh, amiga —le dijo a esta mientras bajaba de la mano de Kleyn y se colocaba sobre la frente de la chica—. Me alegra verte de nuevo, de no ser por ti tal vez no estaría con vida.

— ¿Y yo qué? —dijo este al ver que no le habían dado ni las gracias.

— Tú hiciste lo que tenías que hacer —dijo sin más.

¡Uh! No sé tú, pero yo creo que esta se está ganando todos los papeles para quedarse en la guarida de la Orden Armada.

— Sabes, un simple gracias estaría bien —dijo molesto.

La chica no dijo nada, solo siguió mirando a la araña sobre su frente.

— Kleyn, me figuro que conseguiste derrotar a Tal'kar, puesto que seguimos aquí con vida —señaló un poco más seria.

— Sí, está muerto —respondió, también algo serio.

— ¿Y pudiste averiguar algo?

— Sí, antes de morir dijo que nuestro siguiente objetivo estaba ubicado en la zona norte.

— ¿Solo eso? ¿No te dijo nada acerca de algún líder que esté al mando de los líderes de zona, o algo así?

— Pues no, ¿por qué?

— Esto es increíble —suspiró la chica.

— Creo que yo puedo añadir un poco de información a eso —dijo Talux entrando en la sala—. Justo cuando Kleyn llegó, Wildax dijo que existe un líder supremo, alguien que está detrás de toda la organización, pero también dijo que pocos conocen su identidad.

— Eso quiere decir... —empezó Kleyn.

— Eso quiere decir que lo único que nos queda es buscar al resto de líderes de zona y ver si alguno de ellos sabe algo sobre el líder y su identidad, y lo que es más importante, en donde se encuentra —comentó con gesto serio—. Creo que deberíamos hablar un poco del tema aquí mismo si es necesario, pero antes. Tryda, ven aquí y cura el brazo de Kleyn.

La semibestia asomó la mitad de su cabeza por el marco de la puerta con rostro preocupado.

— ¿L-la araña sigue ahí?

— Tryda —dijo Talux alzando la voz—, déjate de tonterías y ven aquí.

— No son tonterías, de verdad que no soporto a las arañas.

— Oh, por el amor de... —se quejó Ágata— Oye, miedosa, entra, Mordisquitos no te hará nada —tras decir esas palabras, la araña en su frente se introdujo debajo de la sábana y quedó oculta a la vista de todos.

— D-de acuerdo, pero no hagas nada raro.

— Sí, sí, solo cura a Kleyn de una vez.

Un poco más segura ahora que la araña no estaba presente, Tryda se adentró en la sala en donde hizo a Kleyn acostarse de frente en una camilla paralela a la de Ágata, aunque estas estaban a cinco metros de distancia la una de la otra.

Tryda comenzó a palpar el brazo roto de Kleyn mientras este intentaba retomar la conversación que tenía con Ágata y Talux.

— Quiero confirmar si lo que dijo la rata es cierto o si solo habló por miedo, pero como les decía, por el momento lo único que nos queda es continuar como hasta ahora —comentó Talux.

— ¿Buscar a los líderes y derrotarlos para que hablen? —preguntó el pelirrojo.

— Exacto.

— Sencillo, clásico, pero efectivo.

— Conozco un lugar en donde podrían comenzar la búsqueda del líder de la zona norte. Hay un pueblo pesquero al cual podrían ir. Con un poco de suerte podrían hallar información útil en ese sitio.

— Es una buena idea... —se detuvo un momento para reprimir un quejido al sentir el tacto de Tryda— Pero necesitaremos un mapa o algo para llegar.

— No te preocupes, yo me ocuparé de eso.

— ¿Sería posible que nos puedas traer uno ahora mismo?

— Sí, pero no saldrán de aquí hasta que no estén curados, así que no hace falta apresurarse.

— Lo sé, pero tengo curiosidad —le dijo con rostro sereno.

Talux se quedó mirándolo por un momento, pero en sus ojos confirmó que este no ocultaba nada. Así que solo se encogió de hombros y salió de la sala.

— Ahora les traeré uno, no se muevan —dijo justo al salir.

Tampoco creo que puedan moverse de allí.

— Bien, esto puede que te duela un poco, pero no tienes nada de qué preocuparte, ¿entendiste? —dijo la semibestia.

— Fuerte y claro.

El pelirrojo se quedó mirando un momento a Ágata, quien parecía absorta en sus pensamientos mientras miraba al techo.

— ¿Va todo bien? —le preguntó a esta.

— Sí, es solo que, de no haber sido por Mordisquitos aquel sátiro me habría vencido. He sobrevivido de milagro, lo cual me hace pensar que a lo mejor no podré con el próximo reto.

— Hey, lo importante es que ambos seguimos con vida. Además, estoy seguro que tu orgullo como asesina no te dejará eludir esta clase de misiones.

— Ja, más quisieras. Tal vez el sátiro no fue fácil, pero eso no significa que vaya a rendirme.

— Así se habla —sonrió este.

La chica no pudo evitar que se le marcase una pequeña sonrisa. Si tenía que ser sincera consigo misma, se diría que Kleyn no era la persona que mejor le cayese en esta vida, pero al menos tenía que admitir que si él no la hubiese traído a la guarida de los caballeros, probablemente ahora mismo estaría criando malvas.

Consideró que como mínimo le debía las gracias por aquello.

Se giró hacia este, el cual seguía en la misma posición mirando al suelo.

— Oye, Kleyn —este volvió la mirada hacia ella— gra...

Antes de que la chica pudiese decir nada, Tryda estiró el brazo de Kleyn con brusquedad y este produjo un fuerte crujido atronador, el cual hizo que el albino soltase un grito de dolor.

— Te dije que podría doler.

— ¿Podría? ¿Acaso existe alguien a quien no le dolería que le hiciesen eso? —se quejó mientras con su otra mano apretaba la almohada de la camilla.

Ágata no pudo evitar reírse por la reacción del pelirrojo, el cual aún seguía agonizando por dentro.

— Oye, Ágata, ¿qué me querías decir?

— ¿Qué? Ah, eso... —se quedó en silencio un momento— Gracias —dijo tan rápido como pudo y volvió a mirar hacia el techo.

El tipo no pudo evitar sonreír con satisfacción al ver a la chica así. Por lo que quiso aprovecharse de la situación.

— No entiendo, ¿por qué me agradeces? —preguntó con una sonrisa diabólica.

— Yo ya dije lo que tenía que decir, y no tengo nada más que añadir.

Se le notaba en la cara que era incapaz de decir nada más de lo que ya había dicho, pero para Kleyn aquello ya era más que suficiente.

— Kleyn, necesito que te sientes en la camilla para poder dejar tu brazo colgado al cuello —se acercó la semibestia a este.

Mientras Tryda le vendaba el brazo al Forjador, Talux volvió a entrar por la puerta de la sala, y se colocó al lado de Kleyn. Intentando no interrumpir la labor de la mujer zorro mientras desdoblaba un papel que traía consigo. En este se mostró un mapa de un lugar repleto de hielo y nieve. En el mismo se trazaban varios caminos que se consideraban transitados por los viajantes, y varios de estos atravesaban algún que otro pueblo o, como mínimo, pasaban cerca de este.

— Este es el mapa de la zona norte del que te hablé.

— Ya veo —comentó observando mejor este—. ¿Cuál es el lugar al que recomendabas que nos dirigiéramos?

— Este —señaló a un sitio el cual, más que un pueblo, parecía ser una ciudad—. Monte Glaciar. Es un lugar que se ubica sobre un monte no muy alto y por el cual pasa la mayoría de viajantes. Les será muy útil para descansar unos días y reponer víveres, además de recolectar información. Pero, el motivo más importante por el cual tienen que ir a esta ciudad, es porque es la única que conecta con la zona de la montaña sobre la cual está construido el gran castillo de cristal. Allí hallarás a su alteza el rey Moron y la reina Galia. Con suerte, tal vez ellos sepan algo de aquel que esté tras el tráfico de tijeras en la zona norte.

— Veo que has pensado rápido cuando te dije que este era nuestro siguiente objetivo —se le notaba en el rostro que le agradaba la forma en la que Talux había ideado aquel viaje en tan poco tiempo.

— No es nada. En más de una ocasión hemos tenido que seguir a los reyes de Mewni en la distancia cuando tomaron viaje a aquellas tierras heladas para tratar asuntos políticos con el reino Nevado. En momentos como aquellos aprovechábamos para realizar nuestras propias marcas y anotaciones en los mapas de la zona, esperando que algún día nos fuera de utilidad.

— Veo que eres un hombre precavido.

— Nunca se es demasiado precavido. Lo cual me recuerda que para que su llegada al castillo sea más sencilla, le pediré a los reyes de Mewni que les envíen una carta a los reyes del reino Nevado para que los reciban con los brazos abiertos, y no los tomen por alguna clase de intrusos o algo por el estilo —cerró el mapa que tenía consigo y lo volvió a doblar tal y como lo tenía antes—. Pero como ya he dicho, comenzaremos los preparativos una vez estén recuperados del todo.

— Ya está —dijo Tryda, haciendo un último nudo a la tela que sujetaba el brazo vendado de Kleyn para que no quedase colgando—. Con esto será suficiente.

Un par de tablas del tamaño del antebrazo de Kleyn reposaban en la parte de arriba y debajo de este, enrolladas por telas apretadas hasta cierto punto, sin ser débiles, pero sin llegar a molestarle. El pelirrojo admiró aquel trabajo como si fuese una de las armas que el mismo fabricaba. Estaba bien hecho.

— Gracias, Tryda —respondió sin dejar de admirar su brazo.

— No es nada. Solo intenta que no vuelva a pasarte, o estarás más tiempo en reposo y te retrasará aún más en tu misión.

— De eso no hay que preocuparse —aseguró este bajando la mano para restarle importancia al hecho. Creó un par de clones que tomaron la camilla de ruedas de la asesina por un lado y por otro, mientras él, que estaba delante de ellos, abrió un portal sonriendo—. Estaremos recuperados antes de que se den cuenta —soltó antes de entrar al portal.

— Esperen, ¿a dónde me llevan? —inquirió Ágata, preocupada. Intentó moverse de la cama, pero el dolor le impedía mover nada que no fuese su brazo derecho, la única parte intacta de su cuerpo—. No, déjenme. Auxilio —gritó antes de desaparecer en el portal y que este se cerrase.

La semibestia y su líder se quedaron extrañados mirando el sitio en donde hace tan solo unos segundos los dos pacientes habían desaparecido.

— ¿Crees que deberíamos haberlos detenido? —preguntó la mujer con rostro turbado.

— Si te soy sincero, no tengo ni la más pálida idea.

Pasados unos segundos, otro portal volvió a abrirse, y de este salieron los dos que se habían ido, ahora recuperados de sus heridas.

— ¿Ya están curados? —Tryda se quedó boquiabierta ante lo que sus ojos le mostraban.

— Claro, unos pocos meses de reposo en mi dimensión son tan solo unos escasos segundos en esta. Ahora estamos listos para volver a la acción —soltó este golpeando la palma de su mano con el puño.

De ellos dos, Ágata no decía nada.

— ¿Y tú cómo estás, Ágata? —inquirió Talux.

— No quiero volver más a ese sitio —dijo, casi temblando— Había muchos idiotas, demasiados, todos igual de estúpidos y albinos que ese —apuntó a Kleyn.

Te tiene en alta estima, tan alta como los excrementos de una hormiga.

— Bueno, en vista de la nueva situación, vamos a proceder con los preparativos para el viaje para que mañana mismo puedan dirigirse a Monte Glaciar. Iré a ver a los reyes para solicitar el aviso de que irán al reino Nevado —informó Talux, dejando la estancia.

— Genial, yo iré a preparar la mochila para el viaje —soltó Kleyn antes de salir de la sala.

— Y yo iré a recostarme en mi cama e intentaré olvidar todos esos meses junto a Kleyn y sus clones —dijo Ágata frotándose los brazos mientras se iba.

— Bueno, supongo que eso cierra todo —se decía la semibestia a sí misma—. Solo espero que con estas prisas ninguno de ellos se olvide de nada importante.

En ese mismo momento, en la sala de interrogatorio.

— ¿Hola? —Decía Wildax—. ¿Hay alguien ahí? —Pero nadie respondió—. Quiero ir al baño...

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Buenas, peña, otro domingo otro cap. Este es mi recibimiento de año. Comencemos bien este 2020 con aventuras y emoción.

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Gracias por el apoyo, y nos vemos en la próxima ocasión.

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