Capítulo 6
Bruce sentía que se había conseguido un perro faldero o quizá una sombra.
Podía sentir la presencia del Rey Clark todo el tiempo, de manera intoxicante, incluso cuando iba a dormir podía ver en sus sueños aquellos ojos azules, escuchar su timbre de voz o ver su sonrisa.
Despertaba malhumorado con él y consigo mismo, aquellos sueños no le dejaban descansar, amanecía con las sabanas revueltas y el cuerpo cansado.
Aquello debía acabar, pero aun no tenía una respuesta para el rey, y ciertamente había estado aprovechándose de su buena voluntad y sus recursos posponiendo lo inevitable.
El rey de Kansas, parecía ajeno a los disturbios que causaba en su alma y su tranquilidad, parecía perpetuamente alegre y conversador, no había vuelto a mencionar su propuesta desde aquel funesto día de su llegada, pero sus intenciones no podrían ser más obvias.
Parecía dispuesto a mostrar de todas las formas posibles su devoción, lo encontraba hablando con cortesía con sus consejeros, paseando por el pueblo, ayudando en las obras, acarreando alimentos y saludando a su población dispuesto a escuchar cualquier queja que tuvieran.
Le odiaba porque sabía ganarse el corazón de las personas, Bruce le veía moverse libremente por el castillo entrenando con su guardia personal, hombres devotos a él, resaltaba como mil soles y aquello solo le ponía enfermo.
Si incluso sus consejeros le habían mencionado escuetamente las grandes ventajas de su unión con él.
Él había reservado su última carta bajo la manga, para salir airoso de aquella situación. Había planeado que Damián se uniera con Jonathan, ciertamente ese matrimonio ofrecía algunas desventajas, el príncipe Jon, no tenía una ascendencia de la nobleza, sus hijos serían cuestionados, y su gobierno llevaba demasiado poco para estar consolidado, además de ser el hermano menor, aún sobre su poder y herencia recaía su padre, su hermano mayor Conner, y si el Rey Clark no se casaba con él, seguramente lo haría con alguien más y tendría hijos y esos hermanos, de ser de un buen matrimonio, tendrían más beneficios que el mismo Jonathan.
Por tanto, Jon era en realidad una inversión pequeña y segura, pero no demasiado llamativa como para recaer su confianza en él. Por otro lado, solo tenía diez años, no estaba aún en edad para casarse, y esperar por él, estaba fuera de la cuestión porque no tenían tiempo, podría mantenerlo cautivo con ellos, como promesa de matrimonio, eso le daría tiempo para moldearlo, formarle el carácter y hacerlo partidario de Gótica.
Todo aquello requería tiempo, esfuerzo y dinero que no tenía.
Cuando bajo a desayunar con sus invitados, mando miradas de odio al rey de Metrópolis mientras comía su avena caliente con fresas.
Con la mirada fija en su plato tuvo que reconocer que el Rey Clark no había cometido errores, había dejado a su hijo mayor, fuera de su alcance, Conner Kent, un quinceañero, habría sido un partido excelente para Damián con solo dos años de diferencia entre ellos y con la edad suficiente para casarse. Clark había dejado seguro en Metrópolis a su hijo mayor, aprendiendo el arte de la guerra y las estrategias del mercado, lejos de Gótica donde podría aspirar a encontrar alguna princesa o príncipe, incluso reyes por su mano, cosa que tampoco era necesaria debido a las grandes riquezas de Metrópolis.
Bruce tragó su avena sintiendo como si tragara piedras, amablemente Clark le acercó la miel con una sonrisa y tuvo ganas de enterrarle en la mano el cuchillo de la mantequilla.
El otro rey parecía encontrarle adorable cuando estaba cabreado, en su cabeza lo comparaba con un gran gato gordo gris que alguna vez había tenido.
Para su enojo pudo ver a Dick sentado junto a Damián quitándole con un dedo una miga de pan de la mejilla.
Richard Grayson, también había sacado las garras en aquella pelea por el poder, con una sonrisa de satisfacción había mirado a todos los presentes cuando su hijo había anunciado su boda para el día de su cumpleaños.
Desde entonces parecía que no se veía a uno sin el otro, Dick seguía a su prometido a todos lados, especialmente si se les unía el príncipe Jonathan en sus entrenamientos o salidas.
No estaba dispuesto a que se disolviera su compromiso con el menor bajo ninguna circunstancia.
Bruce estaba cansado de escucharlo decirle "mi señor" de aquella manera tan empalagosa, llamándolo con dulzura como si fuera un hermano mayor realmente afectuoso.
Damián permanecía imperturbable, recibía las muestras de afecto de Dick sin problemas y consolidaba su amistad con el príncipe Jonathan, parecía que su presencia creaba un equilibrio entre ambos príncipes que se peleaban por su atención.
-Vamos a ir a pescar hoy papá-le anuncio Jonathan a Clark con la sonrisa más luminosa de su repertorio.
-Me alegro por ustedes-le respondió a su vez el rey terminando de desayunar y acariciando la cabeza del menor.
-Ya es temporada de salmón y baja por las montañas de Gótica, es un evento muy esperado por los lugareños- le informó Damián, aquella sería su oportunidad de abastecer sus reservas.
Terminó su desayuno bebiendo su café negro y poniéndose de pie -Iré a alistar los detalles, para salir de inmediato-les informó retirándose, Dick le siguió con los ojos hasta que vio su figura salir.
Jon se levantó animado para seguirlo, el joven príncipe gozaba de un apetito voraz y había terminado su plato en un instante – ¿Ustedes no vendrán?- le preguntó a su padre y lanzó una tímida mirada al Rey que seguía enojado con su desayuno.
-Aún hay asuntos que resolver y el Rey Bruce es una persona ocupada-le dijo Clark mirando al otro rey que comía con mal gesto.
Jon asintió, se despidió de su padre y se apresuró a sus aposentos.
-Gracias por tomarse las molestias de vigilar al príncipe Jonathan-le dijo Clark mirando a Dick
-Es muy encantador, no da problema alguno-le dijo Dick educado, con la fecha de su boda establecida estaba más predispuesto a ver cualidades en Jonathan, el príncipe Richard se encontraba feliz y tenía la sonrisa satisfecha del gato que se come al ratón.
-Con su permiso, debo ir a arreglarme- les dijo poniéndose de pie dejando a los dos adultos solos.
Los criados limpiaron los espacios vacíos retirándose dejándolos en un silencio tenso.
Bruce pensó que quizá debía dejar su desayuno por la mitad y excusarse de no tener hambre, pero le parecía una falta de respeto con las carencias de su pueblo no terminar su plato.
Se obligó a seguir comiendo pese a la mirada del Rey Clark sobre él.
Clark apoyó su mejilla en su mano y le sonrió mirándole.
Bruce se negó a alzar la mirada a él y apuró su tazón, forzándose a bajar el bocado, bebió un largo trago de agua y atiborrado por fin terminó.
Con una sonrisa el Rey Clark solo tuvo que estirar su mano para limpiar la comisura de su labio con un dedo.
-La próxima vez que haga algo como eso le arrancaré el dedo- le advirtió
-Lo lamento, apenas he podido resistirme usted es encantador- le halago Clark lamiendo su dedo riéndose y poniéndose de pie para retirarse ante la mirada fulminante de Bruce.
*-.*-.*-.*-.*-.
En el agua helada el cardumen avanzaba dando saltos rápidos en busca de su lugar de reproducción.
-¿No vas a pescar Damián?- le preguntó Jonathan preparando los anzuelos y la red, era un chico al que se le daba bien el trabajo de campo y sus deditos eran excepcionalmente habilidosos realizando tareas complejas.
-No me gusta la caza ni la pesca- le dijo y sus ojos verdes siguieron el camino de los peces algunos esquivaban las redes y muchos otros eran atrapados para el consumo.
Dick le miró y se acercó a el –si no te gusta, ¿por qué accediste a venir?- le pregunto curioso, Damián estaba resultando ser una persona profunda tenía una personalidad definida a pesar de su edad.
-Mi padre tiene asuntos urgentes que atender, un miembro de la realeza debe declarar abierta la temporada, con todas las cosas que han pasado esto le dará un poco de alivio a los pobladores, si me gusta o no estar aquí es irrelevante-le dijo encogiéndose de hombros
-Podemos subir al bote y pasear Damián eso no es pescar-le dijo Jon con una sonrisa brillante, estaba emocionado por subirse al pequeño bote apenas con espacio suficiente para ellos tres, lo consideraba su primer acercamiento a su sueño de ser navegante.
Damián asintió y miró al otro preparar todo, Jon parecía inmune a su mal humor o sus palabras escuetas, el niño disfrutaba de su compañía y en poco tiempo habían forjado lo más parecido a una amistad que tuvieran ambos.
-¿Porque no te gusta la caza y la pesca es la razón de que no comas carne?- le pregunto Dick –te he observado tus platos siempre parecen un poco diferentes los elaboran especialmente para ti la servidumbre del palacio- le dijo
-Soy vegetariano, no entiendo porque preguntas si ya sabes la respuesta – le dijo chaqueando la lengua fastidiado rodando los ojos.
-¡Suban al bote!-les apuró Jon con el agua hasta las rodillas sosteniendo el barquito de madera, Damián salto desde el muelle y extendió su mano a Dick quien la tomó sonriendo sentándose con el observando al príncipe Jon maniobrar subiéndose al final.
Jon con impresionante habilidad trepó al barquito, llevaba botas altas de caucho que impedían entrar el agua helada, pero aun así parecía inmune al frio, con vigor tomó un remo y empujó, la corriente era rápida y los peces nadaban bajo ellos golpeando ocasionalmente con su barquito. Damián miró brincar a uno dentro y tomó su cuerpo viscoso sacándolo al agua, el aire helado le arañó las mejillas y tomando un remo, comenzó a ayudar a Jon.
El rio corría hacia abajo y poco a poco tomaron velocidad, Dick jugueteó con el agua mojándose los dedos, salpicando el rostro ceñudo de Damián, tomando un remo, se dispuso a ayudarles a esquivar los demás botes y redes que capturaban peces.
-Rememos juntos, hay que evitar las piedras hasta llegar a la laguna más abajo-les indicó Damián señalando su punto de destino, como un solo hombre, se coordinaron, el trabajo era rudo y agotador, y pronto entraron en calor hasta llegar a donde el río se ensanchaba y la corriente era más calmada.
-Gótica no tiene mucho sol pero este lugar es hermoso- le dijo Dick dejando su remo, mirando a las profundidades heladas, se encontraban en la parte más profunda y los peces nadaban contra corriente.
-Con algo de sol, casi podría ser un buen día para un chapuzón-comentó Jon limpiándose el sudor de la frente y con sus dos manitas hizo un cuenco para beber agua.
-No te lo recomendaría con este clima, es demasiado frío y hondo, más abajo la corriente es rápida pero está lleno de filosas rocas- le comento Damián admirando los bosques que cobijaban aquel lugar.
– ¿Cuándo vivamos en Blüd Heaven extrañaras este lugar Damián?- le preguntó Dick juguetonamente.
El menor no dijo nada y por un segundo Dick pensó que no iba a contestarle sin embargo comenzó a hablar –No he tenido otro hogar más que este, anteriormente visite las tierras de mi abuelo, donde ahora reside mi madre, pero ciertamente nunca había hecho planes de irme hasta ahora...- le dijo frunciendo el entrecejo
-Siempre podemos regresar a Gótica-le dijo suave Dick, alzando su mano de manera casi involuntaria para acariciarle el cabello, el ceño fruncido de Damián se alisó y la intensidad de sus ojos verdes le consumió con su mirada.
Jon les salpicó agua riéndose juguetón, Dick reprimió su mirada fulminante y la atención de Damián se dispersó a su amigo, quien le mostraba sus diferentes tipos de anzuelos y cuales eran eficaces en cada especie de pez.
-Cuando tenga mi barco te invitaré-le dijo preparando una caña con su anzuelo –Iremos a tierras cálidas y exóticas, te enseñaré como bucear y esconderemos un tesoro, capturaremos a los piratas y atrancaremos en cada muelle-le dijo ferviente de aventuras
Damián sonrió, aquello parecía maravilloso, pero sabía que él nunca podría hacer tal cosa, su lugar estaba en la corte, no en un barco, sin embargo no mato el sueño de Jon -Así lo haremos, tendrás que bautizar a nuestro primer barco-le dijo señalando con un gesto su pequeño barquito
-Ya tiene nombre, se llama Poseidón- le dijo lanzando el sedal tan lejos como pudo esperando pacientemente con su caña en manos
-¿No es un nombre demasiado rocambolesco para este barquito?- le preguntó Dick interesado en su plática.
-No, una gran empresa debe empezar con un gran nombre-le dijo Jon con una sonrisa.
Damián sonrió suave, deseaba que su sueño se volviera realidad, era un poco más fácil para él, estaba suficientemente alejado de la sucesión para preocuparle la corona, y el Rey Clark no parecía el tipo de persona que le obligaría a casarse.
Meciéndose suavemente en el pequeño barquito, con el silencio de la pesca de pronto una idea llegó a su cabeza, si su padre accedía a casarse con el Rey Clark, Jon y el pasarían a ser hermanos, y él podría realmente apoyar el proyecto de su único amigo.
Damián miró con nuevos ojos a Jon, serian amigos tan unidos que literalmente serian hermanos, le dieron ganas de reír, nunca había tenido a nadie cercano, y ahora tenía un futuro esposo y su primer amigo.
-¿Qué piensas?- le pregunto Dick sentándose a su lado, tanto que sus piernas rozaban una contra la otra, el calor que despedía su cuerpo era agradable contra el día frío.
-Pienso sobre mi padre y el Rey Clark, Jon, ¿tú sabes la razón del porque tu padre eligió al mío?- le cuestionó directamente, el niño jaló la caña y un pescado apareció retorciéndose, lo atrapó colocándolo en un balde con agua.
Jon meditó su respuesta frunciendo las cejas –Papá dice que ya se conocían desde hace tiempo, de cuando era un obrero y ellos eran niños, pero que tu padre no le recuerda-
-¿Te contó cómo se conocieron?- le preguntó Dick ávido de aquel jugoso chisme.
Jon negó -No ha querido decirme nada, dice que aun soy demasiado pequeño para comprenderlo- dijo con un suspiro
Dick hizo un mohín de frustración y apoyo su cabeza contra la de Damián. –Suena a una historia romántica, quiero saberla...-le dijo caprichoso
Damián se quedó pensativo, no tenía demasiados años de diferencia entre Jon y él, el romance poco o nada le importaba, pero al parecer el Rey Clark había pasado por mucho para poder llegar hasta Gótica y presentar sus respetos a su padre. ¿Aquello significaba amor o solo un capricho?
Dick tarareaba suavemente una melodía sin canción, su voz era agradable, su peso contra el suyo cálido, le miro de reojo, ellos eran un matrimonio arreglado y no habían pasado por ninguna dificultad, eran próximos reyes, ¿existiría amor entre ellos?, o pasaría como con sus padres, un matrimonio conveniente que poco después terminó en separación.
Dick era amable, dulce y cariñoso, siempre tenía una sonrisa para él y parecía genuinamente interesado en pasar su tiempo juntos, pero comprendía que mucho de lo que interesaba a Dick era su posición.
Era demasiado joven e inexperto para comprender los sentimientos que crecían dentro de él, sentía respeto por su padre, admiración por su madre, amistad por Jonathan ¿y por Richard? ¿Que era aquello que se agitaba dentro de él?
Suavemente recargó su peso en Dick, el mayor pasó un brazo sobre sus hombros y le atrajo a su cuerpo en un abrazo y sin percatarse de sus reflexiones enterró la nariz en su cabello negro y le susurró al oído.
-Quiero besarte-
Un fuego le derritió por dentro de su oído a sus entrañas, calidez extendiéndose a cada parte de su cuerpo, derritiéndolo y haciendo su corazón acelerarse.
Y entonces lo supo, contra todo pronóstico, como una posibilidad mínima y como un golpe del destino que pocas veces ocurre, se había enamorado de su prometido.
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