Capitulo 11

No pudo dormir aunque el cansancio se acumulara en sus parpados como pesadas losas.

El horror y el asco le llenaban el corazón dejándolo sin aliento desde que Slade tomará su cintura y lo raptara en el balcón del castillo de Gótica, llevándolo con la misma facilidad con que se arranca una flor por el capricho que produce su belleza, y al igual que los delicados pétalos de las lobelias que adornaban como una burla el camarote que era su prisión, se marchitaba su espíritu.

Su corazón se llenaba con las dudas que Slade sembró en su mente cuando tras intentar huir en altamar le gritara a la cara que su joven esposo estaba muerto por el veneno que depositara en su copa.

-Damián no es tan débil para caer en tus artimañas-le espetó con burla.

-Si tu marido sigue con vida, lo único que tengo que hacer es mandar asesinos a acabar con él, el pequeño príncipe debe morir y sin él, el murciélago que se sienta en el trono estará débil y la caída de su reino será inevitable-

-Tu plan es el de un imbécil, Gótica tiene a su alcance la armada de Blüd Heaven, tu pequeño territorio será aniquilado por los militares de mi reino que vendrán a buscar a su Rey, ríndete y tendré piedad de tu cabeza-

Slade rio divertido de su confianza y sus amenazas.

-Es cierto, aun no lo sabes-dijo burlonamente mientras sus facciones se llenaban de mezquindad - No eres el Rey de nada, La Corte de los Búhos te traiciono y Talón tomó el poder para gobernar en tu nombre, ahora estas muerto para tu reino y ellos se han unido a mi entregandote como mi mascota y trofeo, puedes negar todo lo que desees pero me perteneces, tu intento desesperado por huir de mí y casarte con otro no te funcionó-

Slade se inclinó contra Dick y con monstruosa fuerza le tomó de las muñecas buscando su boca, ambos lucharon el uno contra el otro sin ceder, hasta que Slade le tomó del cabello jalandolo hacia él y con una mordida capturó su labio inferior hasta hacerlo sangrar

-Obtendré lo que quiero de ti aun si tengo que hacerlo a la fuerza-le amenazó jalando su camisa de su traje de bodas haciendo saltar un par de botones.

Dick forcejeó encabritado como un potro salvaje y con un movimiento pateó al hombre mayor para quitárselo de encima, Slade trastabilló y cayó de bruces al suelo tirando una lampara que cayó con estruendo, la puerta se abrió y los guardias entraron al camarote ante el escándalo.

Avergonzado Slade se puso de pie golpeando la mano del general que le prestaba ayuda para levantarse.

-No podrás resistirte toda la vida -le advirtió saliendo de ahí con su dignidad magullada y encerrandolo con un portazo.

Ahora el sol sonrojaba la aurora, por el ojo de buey lo único que se divisaba era el mar azul a la velocidad que navegaban no tardarían en llegar a Star City.

Abatido abrazó sus piernas sintiendo un frío que se colaba en su interior, cerró los botones de su abrigo su maltrecha camisa de boda estaba arrugada y con un par de botones saltados tras el intento de ultraje.

Miró el anillo dorado en su dedo, retirandolo por primera vez de su anular recordando el gemelo que llevaba su esposo, dentro del anillo dos Des se unían en una floritura.

Llevó el anillo a sus labios pensando en el cuerpo de su consorte, su calor, sus labios presionando los suyos, su toque cálido y cariñoso, tan distinto al brusco y voraz de Slade.

El no era una doncella virginal, tenía experiencia sexual, con múltiples hombres y mujeres, tenía poco recato al entregarse a otros que le resultaban atractivos, el sexo era otro medio de comunicación que él dominaba.

Pero se sentía distinto, el nunca amó a sus amantes, les apreciaba y valoraba, como se quiere a un amigo al cual estrechas en un abrazo con cariño pero sin intenciones de poseer, su amor era libre como las aves azules que vivían en su reino.

Siempre se había sentido desconectado de lo carnal, pero ahora era distinto.

Su corazón no estaba con él, sino con Damián, y lejos de su consorte se sentía parecer.

Como un ave cautiva podía vivir en una jaula, pero jamás volvería a volar.

Profundamente triste llamó a su esposo y se acurrucó en la cama mientras su anillo de bodas volvía a su dedo, se abrazó a sí mismo esperando que ese frío desolador se acabara.

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-¿Vas a ir tu solo Damián?- le preguntó preocupado Jon mirando al adolescente.

-Alguien debe quedarse en el barco sin el ancla no podemos atracar, además apenas pudimos detener las velas, si ambos bajamos perderemos el navío- le dijo Damián mientras alistaba los últimos detalles de su disfraz.

Jon llevaba un disfraz similar al suyo, de simples pajes, sus ropas de príncipes estaban cuidadosamente dobladas y guardadas tras un mueble de su camarote, nadie debía conocer su verdadera identidad.

Coast City era una pequeña isla de piratas, los villanos más ruines hacían su nido ahí, también mercenarios y todo tipo de gentuza desterrada y sin honor.

Un par de príncipes adolescentes solos eran un botín demasiado tentador.

Damián se colocó una capucha y alzó su mano deslizando su anillo de bodas fuera de su dedo, lo contempló unos segundos pensando donde dejarlo, pero ningún sitio parecía seguro, se regañó asi mismo por no dejarlo en Gótica, pero quitarselo no le parecía correcto.

-Se donde ponerlo-le dijo Jon con una sonrisa al ver su diatriba y corrió por su mochila buscando entre sus cosas hasta encontrar una vieja bolsita de cuero con un lazo.

-Puedes meterlo aquí y guardar la bolsa bajo la ropa-le aconsejó -Cuando trabajaba en la finca ahí guardaba un mechón de cabello de mi madre-le explicó.

Damian atónito y conmovido aceptó la pequeña bolsa como un objeto preciado -Te la devolveré pronto la cuidaré mucho-le dijo con fiereza, sin atreverse a preguntar sobre su madre. Sabía que tanto Jonathan como su hermano no tenían una gota de sangre real y que su madre quizás fuera una esclava como él mismo en su día lo fue.

La reina Lois, sólo había sido un escalón en el ascenso al poder de su padre, había sido casi fortuito que muriera sin dejar herederos reales. Pero Damián no necesitaba un título de nobleza para reconocer la pureza de corazón y buena voluntad de Jonathan Kent, él que nunca tuvo un amigo, ahora se veía favorecido con su amistad,si los Dioses o el Destino existían les daba gracias por enviarlo a su lado.

Guardó en la suave bolsa de cuero su anillo y lo resguardo bajo su ropa.

-Me voy- le dijo con una sonrisa dirigiéndose a la pequeña balsa con remos que le esperaba.

Jon le miró marcharse escudriñando las olas oscuras del mar, deseandole exito en su empresa a su amigo.

*-.*-.*-.*-.*-.

Coast City era todo lo que prometía ser, un tugurio de mala muerte extendido a una ciudad, las calles olían a basura y agua estancada.

Las casas se veían descoloridas con arreglos en las maltrechas puertas y ventanas tapiadas con restos de madera de tormentas tropicales que azotan con frecuencia el lugar.

Damián camino por las irregulares calles, buscando entre las cantinas la ayuda adecuada.

Un mercenario cualquiera no servía, el dinero no compraba lealtades duraderas, pero lo único que necesitaba era alguien efectivo que le ayudara a rescatar a su esposo, cuando Richard estuviera fuera de peligro ya se preocuparía por cortar de tajo la cabeza de Slade.

Los bares estaban atestados de borrachos, putas y piratas que negociaban jugando con altas sumas de dinero en la mesa.

En los muelles se reparaban barcos con velas negras y se ofrecía oro por nuevos reclutas o remeros.

Damián analizó el lugar, pagando a los cantineros por la información y susurrando palabras a las putas por sus consejos, ellos conocían mejor a la población.

-Si quieres personal para un barco cualquiera servirá- le dijo un cantinero - si buscas un mercenario será un poco más caro pero casi todos son asesinos, pero si necesitas personal entrenado solo puedo recomendarte un lugar al cual ir, hay un grupo que se hace llamar los "Caballeros Esmeralda", ellos te servirán- el hombre le dio una sonrisa y Damián dudo de la información.

-Habla con Hal, el te dirá los detalles-le dijo señalando a una mesa donde un grupo ruidoso bebía y tenía una apuesta elevada.

Un hombre de cabellos castaños tenía dos jovencitas sentadas en el regazo mientras miraba sus cartas ocultandolas entre los pechos de las chicas.

Damián miró el juego, era black jack, el crupier parecía tan borracho como el resto.

-¿puedo jugar?-le preguntó después de Hal ganara haciendo retirarse al resto.

El castaño pago a las chicas y estas se retiraron a ver nuevos juegos dejándolos solos.

-Solo apuesto con adutos ¿Tienes dinero para apostar crío?- le preguntó alzando el tarro de cerveza bebiendo hasta el fondo y haciendo sonar su bolsa con monedas con felicidad.

Damián asintió sonriendo de medio lado y se sentó frente a él deslizando una moneda de plata en la mesa, el castaño se rio -Solo juego con oro- le dijo con mofa.

El adolescente cambió la moneda por una dorada.

-¿Solo una moneda de oro?, chaval si no tienes oro no me hagas perder mi tiempo-le dijo haciendo un gesto para levantarse y Damián, apiló cincuenta monedas frente a él.

Hal asintió satisfecho y comenzó a repartir las cartas con una sonrisa galante.

-¿De donde saca un mocoso como tu tanto dinero?- le preguntó con curiosidad.

-Podría ser tuyo si aceptas trabajar para mi-le dijo Damián revisando sus cartas -Necesito personal suficiente para hacer navegar un barco, que sean disciplinados y que puedan seguir órdenes, personal confiable-

El mayor se rió -¿personal confiable en una ciudad de piratas?-le dijo alzando las cejas - Buscas en el lugar equivocado, de cualquier modo, ¿por qué trabajaría para ti si puedo ganarte todo lo que llevas encima?-

-No si sigues jugando fatal- rebatió el menor y le mostró sus cartas ganadoras, antes de limpiar la mesa, aumentando la cifra apostada.

-¿Qué es lo que quieres niño? -le preguntó con un gruñido volviendo a repartir, mirando sus cartas mientras Damián hacía lo propio y pedía una más.

-Quiero llegar a Star City y entrar en el castillo del Rey Wilson, necesito quienes me cubran- le informó.

-¿Star City?, ¿qué negocio podrías tener con el Rey Wilson?, es un tirano que le gusta sacarle los ojos a sus súbditos y a todo aquel que se revele contra él, se dicen cosas bastante oscuras de lo que pasa en ese castillo- le dijo con el ceño fruncido quitándose el sabor amargo de sus palabras con un nuevo trago de cerveza.

-El negocio que tenga con él es mi problema, solo necesito entrar y salir, preocupate por que tu y tus hombres me ayuden y yo me preocuparé por pagarte- le dijo anunciando sus cartas mostrando un black jack y jalando hacia sí el montón de dinero, haciendo una nueva apuesta esta vez pagando el doble.

Hal escudriñó con sus ojos castaños los verdes del menor -¿Quién eres niño?- preguntó en voz alta sin esperar confirmación, a aquel puerto pirata llegaban demasiadas personas que no querían ser reconocidas, Damián solo era uno más de los viajeros de paso.

-Ahora mismo soy quien va a dejarte sin un centavo-le dijo Damián mientras un nuevo juego favorecedor se mostraba terminando con la ventaja de Hal.

-Te propongo algo, si logro quitarte todo el dinero aceptarás-le dijo el adolescente mientras las cartas son barajadas y repartidas.

-¿Y si gano? - preguntó Hal.

-Te regresaré tu dinero y te daré el mío- le informó Damián mientras jugaban hasta que el turno acabó y alzó sus cartas una vez más anunciando un veintiuno, retirando el dinero de la mesa y tomando la bolsa de monedas de Hal.

El castaño tomó las cartas revisandolas -¡Hiciste trampa!-le gruñó mirando las cartas faltantes.

-Tu también, solo yo fui más listo-le dijo mientras de su manga se deslizaban las cartas fuertes. -Pagaste a las chicas para que te dieran las cartas, puedo decirle a quienes les quitaste el dinero, seguro estarán interesados en escuchar la historia- le dijo Damián

-Puedo devolverte el dinero, solo tienes que aceptar el trabajo que te ofrezco- le dijo con una sonrisa.

-Si puedes pagar puedo ayudarte, quiero seis mil monedas de oro-le dijo con una sonrisa bonachona conocedor del precio imposible, Damián le analizó un momento haciendo cálculos y asintió.

-Si tienes el personal tengo tu dinero-

Hal ensanchó una sonrisa atractiva y estiró su mano para estrechar los dedos delgados y pálidos de Damián, la mano de alguien que nunca ha conocido el trabajo rudo, pensó, mientras le instaba a seguirlo a donde el resto se encontraba.

Caminaron en la oscuridad que poco a poco comenzaba a clarear por la luz del sol que no tardaría en aparecer, incluso a esas horas de la madrugada las calles se encontraban abarrotadas.

El lugar de su destino era un viejo castillo en ruinas lleno de lama y enredaderas a las orillas del pueblo, y Damián comprendió porque les llamaban "Caballeros Esmeralda", aquello parecía un chiste.

El lugar estaba concurrido, un chico de cabellos oscuros y apenas un par de años mayor que Damián les sonrió saludando con una mano.

-¡Hola Kyle!-saludo Hal con un guiño coqueto.

-Al fin llegas, Jhon y Thaal están preguntando por ti-le informó el adolescente mirando con curiosidad a Damián.

-¡Diablos!- maldijo Hal apresurando el paso siendo seguido por los otros.

-¿Quién es el nuevo?- le preguntó Kyle, mirando amistosamente a Damián, como si Hal tuviera la costumbre de traer gente como quien adopta cachorros en la calle.

Hal miró a Damián como si hubiera olvidado su presencia y frunció el ceño -¿Cómo dices que te llamas?- le preguntó mientras un par de hombres aparecían por la desvencijada puerta de entrada antes de que el príncipe pudiera responder.

Eran tan altos como el Rey Bruce, e igual de imponentes, uno de ellos tenía la piel oscura como la noche, la cabeza afeitada y su musculatura era impresionante, el otro tenía la apariencia de un burgués, cabello pulcramente peinado hacia atrás y el bigote recto y recortado con esmero, su cara tenía angulosas facciones y pómulos altos, su boca rellena tenía un gesto caprichoso en conjunto con el par de cejas bien delineadas que se mostraban en un ceño fruncido.

-Llegas tarde ludópata- le espetó cruzándose de brazos sobre el pecho.

-No te enojes conmigo Thaal, ¿por qué mejor no me das un beso de bienvenida?-le preguntó con una sonrisa abrazando al hombre y dándole un sonoro beso en la mejilla.

-No me toques monigote alcohólico, hueles a prostituta- dijo restregándose la mejilla, Hal le había dejado baba en el lugar del beso.

-Hal llegas tarde-la voz ronca de John le sermoneó -¿Te llevaste todo el dinero?- le preguntó con enojo.

El castaño discutió con el par de hombres hablando con ellos bajando la voz mientras los alejaba de Kyle y Damián.

-Puedo recuperarlo, ese chico que me siguió me hizo una mala jugada y tiene nuestro dinero, pero podemos robarlo con facilidad-les dijo tratando de convencer a sus camaradas.

-Nos metes en líos de nuevo, no hemos tenido ningún trabajo decente y lo que te gastaste apostando eran nuestras últimas monedas- le regañó John mirando al chico misterioso que Hal había traído.

-El chico quiere contratarnos, nos dará seis mil monedas por llevarlo a Star City y ayudarlo a entrar al castillo del Rey-les dijo sorprendiendo a los otros.

-¿Seis mil monedas? Eso es una fortuna-le dijo John con los ojos muy abiertos.

-¿Para que quiere ir a un lugar tan peligroso?- preguntó Thaal receloso -Además ¿quién es él? ¿cómo estamos seguros de que en primer lugar tiene el dinero y en segundo lugar va a pagar?-

El trío se miró entre ellos y después al adolescente.

-Dejemos que el viejo decida- les sugirió Hal y volteó a ver a Damián llamandolo.

-Vamos a llevarte con nuestro líder y que él decida si te ayudaremos o no- le informó John.

Damián avanzó tras ellos, incluso el chico llamado Kyle se les unió con curiosidad, dentro el castillo bullía de actividad, los viejos pasillos y salones pobremente reparados albergaban una multitud de gente, cortinas y tablones hacían las veces de puertas, y en pasillos oscuros se cruzaron en su camino con algunas personas durmiendo en catres improvisados y hamacas subieron unas escaleras de caracol de piedra para llegar a una habitación iluminada donde un hombre les esperaba.

Era una persona mayor, con el cabello cano y la piel surcada de arrugas, sus ojos eran de un lechoso azul.

Cuando Damián y el hombre se miraron un silencio se extendió entre ellos al reconocerse al instante.

-Alan Ladd Wellington Scott-dijo Damián acercándose al anciano con asombro de encontrarlo en aquel lugar.

-Damián Wayne Al Ghul, heredero al trono de Gótica y futura Cabeza del Demonio, ¿Qué hace un principe tan lejos de casa?- le preguntó con una sonrisa.

-Lo mismo podría preguntar yo, ¿Que hace un caballero en esta pocilga? - dijo mientras los demás se sorprendían por la revelación.

-¿Ustedes se conocen?- les preguntó Hal mirando de uno a otro.

-Su abuelo y yo peleamos en las guerras de oriente medio hace cincuenta años- les confesó Alan con una risa amarga.

-¿Eres un príncipe?-le preguntó Kyle a Damián con las cejas alzadas de asombro.

-Lo soy, y su líder es parte de la nobleza, fue el caballero principal de una orden llamada "Linternas"- dijo suavemente recordando la historia de aquel grupo religioso que se había alzado en armas.

No podía olvidar esa cara, su abuelo tenía retratos en su castillo con Alan Scott, el había sido el principal artífice de que su abuelo se coronará como Rey, eliminando a la competencia, al final como líder de las "Linternas", Alan ganó territorios y reconocimiento pero el culto religioso no podía negar la sangre que cubría a sus miembros, eran tan numerosos y se dividían entre tantas subórdenes que al final los enemigos derrotados organizaron un complot en su contra que logró eliminar sus títulos de nobleza, les retiraron las propiedades y todos los caballeros que formaban parte de la orden fueron exiliados negandoles cualquier derecho.

-¿Qué haces tan lejos de casa Damián?- le preguntó el anciano con curiosidad.

-Vengo a ofrecerte una salida de este agujero de ratas, reúne a tu gente y únete a mi, mi misión es llegar a Star City, conseguir entrar al castillo del Rey Slade y salir con vida, pero una guerra se está gestado, y si me apoyas, ese reino podría ser tuyo-le dijo el niño.

Un silencio se extendió entre los presentes, la guerra entre los reinos ya no era usual, se vivían tiempos de tensa paz con negociaciones y bodas, las últimas guerras las libró Alan mismo, un brillo iluminó sus acuosos ojos azules, ahí estaba la futura cabeza del demonio, su alianza con su abuelo le trajo grandes beneficios no dudaba que reunirse con su nieto sería provechoso.

-Zarparemos de inmediato, los Caballeros Esmeralda, la vieja orden de las Linternas está a tu servicio- le dijo al adolescente y su mano se estrechó con la de él cerrando el trato.  

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