Capítulo 95: La aventura de Jackie II

Por la mañana tuvo que descansar para recuperar el sueño de anoche. Luego siguió con su andar, pero procuró encontrar sí o sí un pedernal.

Probó a chocar varias rocas durante todo el día, hasta que pareció dar con la correcta. Cuando vio que un par de chispas saltaban al chocar las rocas, pensó que se le iban a saltar las lágrimas. Había apostado hasta el final, arriesgando los últimos rayos de luz solar para dar con las condenadas. A partir de ese momento, la joven tuvo un problema menos que solventar.

Al día siguiente se sintió mucho mejor físicamente, lo suficiente como para caminar sin inconveniente alguno. La comida ya no era un problema. Por el camino encontraba fruta comestible, la cual la ayudaba a salir de apuros y mantenerse hidratada. De no ser así, ya habría muerto para ese punto.

Por fin comenzó a hallar vida animal, más allá de algún pajarillo que se hallaba de vez en cuando, o roedores que se movían por tierra, escurridizos hasta el árbol más cercano, en el cual se ocultaban. Haber dado con otras especies la hizo alegrarse. Si había mayor abundancia de animales, significaba que tenía que haber agua no demasiado lejos de allí.

Al igual que hizo con el pedernal, decidió invertir ese día en seguir a algunos de los herbívoros que había por aquel sitio. Se aseguró de mantener distancias para no asustarlos. No siempre funcionaba, pero se le daba mejor con cada intento. Aprendió muchas cosas al seguirlos. Vio plantas que parecían ser comestibles, rutas seguras para andar, sitios para refugiarse, incluso algunos de los depredadores que había por aquel sitio. No era de extrañar. Más animales significaban comida para los carnívoros. De ahora en más tendría que irse con más ojo al caminar a sus anchas.

Después de tanto seguir a una criatura similar a un ciervo, Jackie por fin consiguió dar con un arroyo. La alegría y el alivio que sintió ese día fue equiparable al día que dio con los pedernales. O superior.

El agua se veía limpia, lo suficiente como para que Jackie diera el visto bueno y bebiera sin rechistar. Antes se lavó las manos y las utilizó como un cuenco para poder beber cómoda. Se suponía que el agua no tenía sabor, pero después de varios días sin beberla, a la chica le supo a gloria. Ahora que tenía una superficie reflejante, pudo mirarse a sí misma por un momento. Tenía el rostro lleno de manchas, el pelo crispado y desajustado y ojeras que comenzaban a asomar en sus ojos. Preocupada por ello, se lavó el rostro también. Pensó que también sería adecuado darse un baño y lavar la ropa, pero, dada la posición del sol, no había muchas horas de luz disponibles, así que abandonó la idea para el día siguiente.

Se le fue medio día entero dándose un baño, lavando la ropa y esperando a que se seque. Sin embargo, se sintió de maravilla después de eso. La ropa no tenía el mismo acabado de limpieza que si utilizara una lavadora con detergente y suavizante, pero era mejor que ir con la misma camiseta y pantalón impregnados de su sudor.

Lo siguiente que hizo fue seguir el arroyo corriente abajo. Tarde o temprano tendría que dar con algún pueblo o algo similar. Eso pensó, pero aquel bosque era más grande de lo que imaginaba, o eso le parecía. Tras una semana caminando desde que encontró el arroyo, no dio con ningún lugar poblado. Era inaudito.

Era consciente de que la tarea que tenía entre sus manos no era una sencilla. Hekapoo ya le había advertido que le tomaría años dar con ella. Pero no pensó que también podría tomarse tanto tiempo para encontrar a una persona.

Decidió detenerse un momento y beber algo de agua. De paso se enjuagó el rostro para despejarse. Cuando acabó, soltó un suspiro pesaroso y miró su reflejo en el agua. Tenía mejor aspecto que hace una semana. Aunque, dadas las circunstancias, tampoco era muy difícil.

Se puso de pie, apoyando las manos sobre sus rodillas, y se dispuso a proseguir. Sin embargo, vio algo por el rabillo del ojo que le llamó la atención. Se giró y sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo. Parado sobre sus cuatro patas, se alzaba uno de los depredadores que había visto con anterioridad por el bosque. Similar a un lobo, pero un poco más alto, el hocico más fino, el pelaje marrón y una joroba notoria, la criatura caminaba agazapada y observaba a la chica con cautela, pero con los colmillos fuera.

Jackie dio un paso atrás con cautela. No tenía nada con lo que defenderse ante un posible ataque. Aunque, dada la forma de actuar de la criatura, "posible" era una expresión que se quedaba corta. Detrás suyo estaba el arroyo. No era demasiado profundo, pero sí lo suficiente como para que el animal no llegase al fondo con sus patas. La corriente tampoco parecía ser muy fuerte. Aun así, sus opciones eran escasas, por no decir nulas, por lo que, en el momento en el que el animal corrió hacia ella, esta saltó sin pensarlo.

Jackie comenzó a bucear, por si el canino tenía la idea de saltar encima de ella y atacarla en el agua. Por fortuna, no escuchó ni sintió ningún movimiento en el agua tras de sí. Llegó hasta el otro lado y emergió, dando una bocanada de aire. Rápido, se giró para ver al animal. Este aún seguía en el otro lado. La miraba, enseñando los dientes y soltando gruñidos, pero se mantenía al borde del arroyo. Algo más tranquila, Jackie salió del agua y se quedó observando a su depredador. Suspiró con fuerza, sintiéndose a salvo.

Los ladridos seguían del otro lado, pero Jackie se sentía segura del todo. Miró a su alrededor, pensando a donde tendría que ir ahora que había cambiado de lado. Aún podía seguir el arroyo, pero tal vez tendría que alejarse un rato para que aquel animal se olvidase de ella.

De pronto, la criatura comenzó a retroceder poco a poco, hasta perderse en el bosque. Aquello terminó de tranquilizar del todo a la chica, pero le dejó una importante lección: si iba a continuar su camino, necesitaba algo con lo que defenderse. Su intención seguiría siendo evitar cualquier tipo de peligro, pero si no había otra opción, necesitaba poder contraatacar. Se dispuso a marchar, cuando un sonido llamó su atención. Pisadas rápidas acercándose hacia ella, justo por donde se había ido la criatura.

—No puede ser —dijo ella a medida que los pasos se acercaban más y más.

No se quedó a comprobarlo. Echó a correr al lado contrario al del sonido. Mientras lo hacía, se giraba hacia atrás para comprobar sus sospechas, y así lo hizo. Aquel animal corrió hasta la orilla y dio un salto prodigioso, Jackie lo observó con una mezcla de asombro y terror, hasta que este aterrizó en el otro lado, entonces, la invadió el miedo.

Corrió tan rápido como sus piernas le permitieron. Se cubrió de las ramas y hojas con las que chocaba. Respiraba por la boca de forma reiterada y agitada. El corazón le iba a mil y el pecho le ardía. Pero no importaba, tenía que seguir corriendo, tenía que... Uno de sus pies fue atrapado por algo, provocando que el mundo diera un traspié y fuera de bruces al suelo. Rápido, se giró para ver al animal, este estaba a tan solo unos metros de alcanzarla. Sin dejar de observarlo, con sus manos tanteó a los lados en busca de algo, lo que fuera, para defenderse. Tomó un palo y lo colocó delante a modo de escudo, pero cuando lo vio, se dio cuenta de que era muy endeble. Inútil para defenderse de nada. Jadeaba de la desesperación, pensando en qué podría hacer para librarse de esa situación. Cada instante valía oro, y se le estaban escapando.

En ese momento, una parte de sí se lamentó, por no ser capaz de defenderse, capaz de hacer algo. Justo por eso había venido a aquel sitio, y, aun así, todo iba a acabarse.

Jackie tragó saliva y se puso de pie, apretando con fuerza el palo que había recogido. El cuerpo le temblaba y los músculos estaban tan rígidos como una estatua, pero, si iba a morir, por lo menos, en el último momento de su vida, iba a luchar. Colocó un brazo delante, llevó el palo hacia atrás y se preparó para golpear, pero, antes de que se diera el choque, algo pasó. Una flecha apareció de la nada y se clavó en uno de los costados del animal. Este soltó un chillido de dolor, detuvo su carrera y se inclinó hacia un lado. Una sombra salió de los arbustos y se colocó delante de Jackie, sujetando un arco y apuntando a la bestia.

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Para aquel que lo piense, no, la sombra no es Robin Hood. Lamento si esto los ha decepcionado de antemano... Nah, solo bromeo.

Algo extraño y misterioso aparece. ¿Qué será a y qué pasará con Jackie? Síganme para saberlo.

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