Capítulo 90: Preparación V

Todos contuvieron la respiración, incrédulos de que Star trajera al enemigo a su propio castillo. Como si se lo hubiese esperado, la chica se giró hacia Veros y Lara.

—Chicos, ¿podrían demostrarles que les digo la verdad?

Veros parecía algo reticente. Parecía conservar la misma incomodidad de antes. Lara, si bien parecía tener el mismo aspecto, fue la primera en levantarse. Está cruzó los brazos en forma de equis en su pecho y luego los abrió de golpe. Al hacerlo, la chica estalló en un aura luminosa que obligó a los presentes a apartar la vista por un momento. Cuando se acostumbraron a la luz, volvieron a ver a la joven. Ahora esta estaba envuelta en un aura luminosa, igual a la luz del sol, su cabello ondeaba hacia arriba y su cuerpo se había marcado a niveles enfermizos. Algo similar a lo que hacía Mina, pero mucho menos desproporcionado.

Al principio, todos se sorprendieron, pero, pasada la sorpresa, comprendieron lo que eso significaba. Marco apretó los puños, Jackie a su lado tomó mucho aire, y Tom, a su otro lado, encendió los ojos como un par de antorchas.

Star volvió a girarse hacia Lara.

—Gracias, Lara.

La chica asintió con una sonrisa y volvió a su estado normal. Luego, tomó asiento.

—Sé lo que todos estarán pensando, pero ustedes me conocen, y saben que ellos no estarían aquí a menos que esté segura de que son de confianza. —Sus palabras ayudaron a que el ambiente se calmase un poco, pero era evidente la tensión presente después de lo expuesto—. Ahora les explicaré la situación.

Así, Star les dijo cuál era la situación de Veros y Lara, y por qué estaban allí. En varias partes estos tuvieron que dar su aporte de la historia. Toda la jerarquía de los solaris, como habían funcionado hasta ahora, como trataron a los débiles y, en última instancia, los cambios recientes, la posible amenaza de los solaris al reino debido a la unión que Star quería llevar a cabo. Luego, la visita reciente de Mina al reino, y todo lo que se llevó. Esa última parte, Veros y Lara no la conocían.

—Espera —interrumpió Veros—, ¿ellos han estado aquí?

Star asintió.

—Es por eso que los he reunido a todos. Se están preparando. Quieren armar a su ejército y comenzar a atacar el bosque de la muerte segura. No sé cuándo atacarán, pero, si no hacemos nada, destrozarán todo el bosque y matarán a montones de monstruos.

Veros se quedó mirando un momento al suelo.

—No tiene sentido, los solaris de primera y tercera generación nunca dependimos de armas para llevar a cabo nuestra labor. Si han recurrido a algo así, eso significa que quieren eliminar a los monstruos de forma rápida y concisa. —Se quedó pensativo un momento—. Se supone que querían tener un ejército un poco más grande antes de atacar. Si han buscado armas y una forja, es porque quieren aumentar su potencia de ataque. Deben estar desesperados. Seguro que quieren acabar con los monstruos lo antes posible para volver al reino.

—¿Tan pronto? —inquirió Lara—. Eso significa que podrían llegar aquí en cualquier momento. Si eso ocurre, nos descubrirán.

—No. Nunca hemos utilizado armas. Primero tendrán que aprender a hacerlo antes de comenzar el ataque, eso nos dará tiempo para prepararnos.

—Genial, tiempo es lo que necesitamos —intervino Star—. Podemos aprovechar ese tiempo para avisar a los monstruos y decirles que se escondan, o que se vayan a un lugar seguro. —Tanto Veros como Lara la miraron con extrañeza—. ¿Qué pasa?

—Star, no nos importan los monstruos. Solo nos interesa proteger a los mewmanos.

—Pero...

De pronto, Tom se levantó de la silla, provocando que está cayera al suelo. Marco y Jackie a su lado se sorprendieron.

—Suficiente. Star, ¿por qué ellos están aquí? —preguntó el demonio sin despegar la mirada de los dos solaris.

Estos respondieron entornando la mirada.

—Por favor, cálmense —pidió Star.

—Por lo que has dicho, y por el comportamiento de ellos, no son diferentes al resto de solaris. Les importa un comino la vida de los monstruos. Seguro que también nos atacarían por defender a los monstruos como lo hizo Mina.

—No me compares con ella —dijo Veros, levantándose de la silla—. Tal vez no guarde el mismo aprecio que ustedes por los monstruos, pero no significa que comparta los valores de Mina y sus iguales.

—Por si no te diste cuenta, tú eres un igual —acusó Tom.

—Seguro que te mueres de ganas de que me lance hacia ti.

—Inténtalo.

—¡Basta! —gritó Star, provocando silencio en la sala. La tensión seguía en el ambiente. Tom y Veros mirándose con rabia—. Los llamé aquí para que me ayuden, no para que se maten entre ustedes.

—No pienso ayudar a los monstruos. No son de mi pueblo —aseguró Veros.

—Disculpen —dijo Eclipsa, levantando la mano. Star le cedió la palabra, y la mujer se puso de pie—. Mucho gusto, me llamó Eclipsa.

—La antigua reina que controlaba la magia oscura —dijo Veros—. Hija de Solaria. Y aquella que traicionó a su reino para confraternizar con un monstruo.

—Sí, me conocen —sonrió ella—. Quiero decirles que conozco los valores con los que fueron criados, yo también fui criada con ellos. Los valores extremistas de mi madre, y que todos los solaris llevaron consigo como si se tratasen de leyes escritas en su sangre. La diferencia es que ustedes no tienen los mismos impulsos que sus padres. Al igual que yo no tuve la necesidad de matar monstruos como la tuvo mi madre. Ustedes tienen la oportunidad de tomar sus propias perspectivas. De conocer el mundo por su cuenta, y no por lo que sus mayores les han contado.

—¿Qué quieres decirnos con todo eso? —inquirió Veros.

—Que, si no quieren proteger a los monstruos, no lo hagan, pero que sea porque ustedes tomaron esa decisión, no porque sus padres les enseñaron eso.

—Hemos luchado a muerte contra criaturas que han buscado tomar nuestras vidas. ¿Piensas que un discurso cualquiera hará que pensemos que todo lo que hemos vivido es una mentira?

—No, pero no sólo existen monstruos que buscan la lucha a muerte, también existen otros que disfrutan de la vida cocinando, contando historias, tallando figuras de madera, tocando canciones preciosas, y cuidando de sus seres queridos. Si tienen el impulso de tachar a todos los monstruos como malos porque los que conocieron intentaron matarlos, entonces tengan el valor de conocer a aquellos que no intentarán matarlos, y mantener el mismo pensamiento después de eso.

Veros bajó la mirada y soltó un suspiro.

—Star, llévanos a nuestra celda, por favor.

—Pero...

—Star —insistió Veros—, por favor.

La chica quiso decir algo más, pero al final decidió no presionar. Levantó su mano y abrió un portal, Veros caminó hacia él y se metió sin decir nada. Lara lo siguió, pero antes de entrar, se giró hacia Star.

—Lo siento —y se fue.

El portal se cerró y se hizo el silencio. Star se veía desilusionada. Fueran enemigos reales o no, Star en verdad contaba con su ayuda.

Marco se levantó de su sitio y se acercó a ella.

—Oye, anímate, aún nos tienes a nosotros. —dijo, colocándole una mano en el hombro. La chica se giró hacia él—. Sabes que puedes contar con mi ayuda.

—No me gusta la pareja que trajiste, pero sabes que puedes contar conmigo —añadió Tom, acercándose a ella, y colocándole una mano en el otro hombro.

—Star, estoy orgullosa de los valores que has adquirido, y de lo mucho que estás luchando por defenderlos —dijo Eclipsa con una sonrisa serena—. También puedes contar conmigo.

—Y conmigo —añadió Jackie—. Será como cuando convencimos a los monstruos de venir a la fiesta. Aunque sin Janna.

—Yo no estaría tan segura —dijo Janna, saliendo de entre las sombras, sorprendiendo a todos.

—¿Dónde estabas? —preguntó Marco.

—Escondida, observándolo todo. Esto es lo más genial en lo que voy a meterme —le dijo a Star—. No me lo perdería por nada del mundo.

—Así es —aseguró Jackie—. Estamos aquí para apoyarte.

Star sonrió.

—Gracias a todos, chicos. Son los únicos con los que puedo contar, de momento. No quiero engañarlos, esto será peligroso, y es probable que puedan salir heridos o algo peor, así que, si alguno prefiere mantenerse fuera de esto, lo entenderé.

—Espero que no lo estés diciendo por mí —dijo Tom de forma soberbia.

—Ni por mí —dijo Marco—. Después de todo lo que hemos vivido juntos, si no fuera algo peligroso, entonces no sería algo tuyo.

—Me casé con un rey monstruo, tengo mis métodos para cuidarme sola —dijo Eclipsa.

—No combatiendo, pero he aprendido algunas cosas en los cuadernos de magia que he estudiado qué tal vez podrían sernos de ayuda —dijo Janna.

—Yo tampoco he combatido nunca, pero ayudaré en lo que sea.

—Jackie, agradezco mucho tu atención. Pero preferiría que no te metieras en este asunto.

La expresión de Jackie cambio de golpe.

—Pero, ¿por qué? La última vez pude ayudarte sin problemas.

—Esta vez es diferente, tendremos que ir a los asentamientos de monstruos para advertirles de la situación. Es posible que en cualquier momento los solaris ataquen. En caso de que eso suceda, tenemos que estar preparados para defendernos, aunque sea para sobrevivir. Y si eso ocurre, no estoy segura de poder protegerte como la última vez que nos enfrentamos a Mina.

—Bueno, pero puedo quedarme para ayudar a Janna con sus cosas.

Star negó con la cabeza.

—Si hicieras eso, tendrías que estar por el castillo. Mi madre podría enterarse, y más ahora que está más paranoica que nunca. Si descubre lo que estoy llevando a cabo, es capaz de separarme de todo y de todos. No puedo arriesgarme a que eso ocurra.

—¿Pero eso no valdría también para Marco?

—El plan es que Marco solo se transporte a donde yo le indique. Nunca tendrá que pasar por el castillo, y así evitaré que mi madre lo vea. Tengo todo eso pensado. Excepto...

—Excepto yo —terminó ella la frase con gesto cabizbajo.

—Lo siento, Jackie.

La chica cerró los ojos y tomó aire antes de volver a mirar a Star.

—¿Esto es porque no puedo defenderme sola?

—No es eso, Jackie, cualquiera de nosotros corre peligro solo porque el enemigo es el que es. Todos nosotros estamos preparados para el combate, y aun así corremos peligro. Es por eso que no quiero que te pongas en peligro cuando no tienes ningún tipo de entrenamiento.

Jackie no dijo nada. Marco se sintió mal por ella, pero Star tenía razón, no quería que se pusiera en peligro por querer ayudar a sus amigos. Le gustase o no, ella no era una guerrera.

—Por el momento, era esto lo que quería decirles —prosiguió Star—. Ahora que sé que cuento con ustedes, organizaré mis planes y volveré a llamarlos. Es todo por ahora, y —hizo una pausa— gracias, de verdad.

Todos le dieron un abrazo a Star para que se animara y se despidieron, a la espera de recibir noticias de la chica.

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La confianza con Veros y Lara no hay sido posible. Sin embargo, eso no detendrá al grupo. Al menos, a aquellos que son aptos de participar.

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