Capítulo 88: Preparación III
A penas se alejaron de las celdas, el guardia aceleró el paso. Star tuvo que hacer lo mismo para seguirlo. Se le veía nervioso.
—Roger, dime qué ocurre.
—Lo siento, princesa, pero la reina no me ha dado detalles al respecto —respondió con voz agitada, acompañada del rechinar de su armadura.
Si por Star fuera, se habría quedado en la celda e ignorado el llamado de su madre, pero en los tiempos actuales, era mejor no enfadarla más de lo que ya estaba.
Aun así, Star también estaba perdiendo la paciencia. Sabía que había hecho mal al perder la varita y que merecía un castigo por ello. Pero una cosa era ser castigada y la otra era tener que aguantar todas las tonterías de su madre. Tan solo de pensarlo sentía que le hervía la sangre. Respiró profundo e intentó no pensar en ello, imitando lo que hacía Tom cuando la situación era muy estresante para él.
Estaban llegando al salón y Star seguía sin poder poner rostro de buenos amigos solo de pensar en su madre, pero eso cambió de golpe cuando vio quién los esperaba allí. Un grupo de solaris de tercera generación se estaban llevando alguna de las armas de la armería real. Luego había un señor que tendría más de cuarenta años y que sujetaba un libro que examinaba con suma minuciosidad. Pero, lo que más le molestaba a Star era quién estaba junto a ese señor. Tan alta, enorme e imponente como siempre, Mina Loveberry observaba a los jóvenes pasar uno por uno transportando grandes cantidades de metal. No sabía cuántos había, pero Star contaba, por lo menos, unos quince jóvenes.
El enfado previo por su madre desapareció y solo quedó una sensación de tensión en el ambiente. Star se puso seria de golpe e intentó mantener la calma. Notaba que le temblaban las manos. Apretó los puños con fuerza para evitar los temblores, y entonces sintió una presencia repentina junto a ella. Se giró de golpe, casi preparada para lanzar un puñetazo mágico, pero contuvo su impulso cuando vio que se trataba de su madre. Esta tenía la mirada fija al frente con gesto serio.
Star tragó saliva.
—Mamá, ¿qué está pasando?
Sin dejar de mirar al frente, su madre respondió.
—Mina ha venido y ha dicho que necesitaba las armas que hay en la armería real para un propósito mayor.
En un momento, Mina se giró y cruzó miradas con Star. La expresión en el rostro de la mujer cambió a una sonrisa burlona. Star afiló la mirada y comenzó a respirar por la nariz de forma agitada. Las imágenes de lo que ocurrió aquella noche en la fiesta monstruosa se hicieron presentes y más palpables que nunca. Tenía muchas ganas de darle un puñetazo en la cara, pero, pese a que ahora podía hacer magia sin la varita, sus hechizos no eran tan potentes sin esta. Además, Tom no estaba con ella para tener una batalla igualada como la última vez. Aunque no le gustase, tenía que contenerse, por su bien y el del reino.
De pronto, Star notó la mano de su madre presionándole el hombro con fuerza.
—Tranquila, hija, no te hará nada.
Pese a sus palabras, su madre no apartaba la vista del frente, justo donde estaba la Solari. Por más que lo intentara, no podía ocultar su preocupación.
—Mamá, ¿qué harán con todo eso? —preguntó en voz baja, procurando que solo su madre la escuchase.
—Creo que quieren acelerar el exterminio de todos los monstruos del bosque de la muerte segura —respondió en el mismo tono.
Star se giró hacia ella con expresión indignada.
—¿Y los vas a dejar hacer lo que quieren?
—Ahora mismo no estamos en posición de hacer nada.
—Están en el castillo. Tenemos a la Alta Comisión, a los guardias, a Eclipsa y nosotras dos. ¿De verdad no podemos hacer nada?
Por primera vez, su madre le dirigió la mirada.
—Ya combatiste antes contra Mina. Dime, sin saber cuál es su punto débil, ¿crees que podamos hacer algo?
Le habría encantado soltar algún comentario que dejase a su madre sin habla, pero no lo había. E intentarlo en ese momento, rodeados por aquellos solaris de tercera generación, tampoco hacía que las probabilidades mejorasen.
—Tal vez podríamos intentar advertir a los monstruos del bosque y ayudarlos. Quizás, si unimos fuerzas, podamos derrotarlos.
—Star, solo quieres salvar a los monstruos. No pienso sacrificar a mis soldados para tal fin. Por el momento, lo mejor que podemos hacer es dejar que tomen lo que necesiten y se vayan.
—Pero mamá...
—No, Star. Ser la reina no significa que puedas hacer lo que quieras. Cada decisión que tomes afectará a las vidas de todos los que viven en tu reino. Y como tal, tomaré las mejores decisiones para mi pueblo antes que ningún otro. Lo aprenderás con el tiempo.
En parte, su madre tenía razón, pero, tarde o temprano, los solaris irían por ellos. Ayudar a los monstruos era otra forma de combatir al enemigo. Pero estaba claro que allí jamás conseguiría a nadie que la ayudase, exceptuando a Eclipsa. Por lo cual, tendría que buscarse más aliados que sí la ayudasen.
Cuando los solaris se fueron del reino, Star subió a su habitación y buscó su espejo de bolsillo. Se lo pensó un momento antes de marcar, pues sabía que lo que iba a pedir era algo muy grande, pero estaba en juego la vida de muchos. Muy a su pesar, eligió ser egoísta y hacer la llamada.
—Hola, ¿Marco? —esperó a que respondiera—. Oye, ¿podríamos vernos ahora? Hay algo de lo que tengo que hablarte.
⫷—-—⩵ ⨀ ⩵—-—⫸
La voz en la mente de Star al ver a Mina: Hippity Hoppity, get out of my property.
Si te gustó el capítulo, escribe un comentario sin importar que estés leyendo esto después de uno o dos años de su publicación, pues me encanta leer a mis lectores. Y si gustas, también deja un voto.
Gracias por tu tiempo y apoyo.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top