Capítulo 87: Preparación II
La prisión que tenían era más cómoda de lo que habrían esperado: ambos tenían camas; un baño con paredes para tener privacidad; una mesa; un par de sillas; y una estantería en donde tenían algunos libros entretenidos. Veros leía la historia de Mewni en sus ratos libres después de entrenar. Lara, por su parte, leía historias divertidas y anécdotas. Le gustaba verla leyendo tranquila. Si en verdad estuviese tranquila, debido a que, a veces, se reía de lo que estaba leyendo o hacía comentarios en voz alta.
Al menos no estaba rabiosa porque los Butterfly los hubiesen encerrado. Si tenía que ser sincero, ahí dentro tampoco estaban tan mal.
Escuchó los pasos de alguien acercándose. Por el sonido de las botas, debía tratarse del guardia que repartía las raciones de comida. Sin embargo, había algo extraño en esta ocasión. Un segundo individuo que venía con él. ¿Un acompañante? ¿Un nuevo recluta?
Los pasos eran cada vez más inminentes, y al final acabó por ver al guardia de siempre con una bandeja donde había puré, una hogaza de pan y algo de agua. Se trataba de un hombre robusto y no muy alto, pero en su rostro se adivinaban cicatrices correspondientes a varios enfrentamientos o entrenamientos a lo largo de su vida. A otros prisioneros aquello los habría intimidado. A Veros y a Lara no le parecían ni mínimamente interesante.
El otro individuo apareció. Contrario al primero, este era alguien encapuchado, de estatura aún más baja y una constitución delgada. Alguien que, a primera vista, jamás dirías que es un guardia.
El primero entregó la bandeja por una rendija que había entre los barrotes. Impaciente, Lara la tomó y se volvió a su rincón. Luego vino el segundo y Veros se acercó con calma para poder ver mejor al extraño mientras tomaba la bandeja. Un par de luces de un tono rosado brillaron en el interior de la capucha del desconocido. Tenían forma de corazón. Una imagen muy familiar y reconocible.
—¿Princesa Star? —comentó él entre sorprendido y confundido. La chica se quitó la capucha y reveló su identidad, confirmando la sospecha del solari—. ¿Qué hace aquí?
—No hace falta que me trates con tantos formalismos —dijo ella agitando la mano para quitarle importancia. Se giró hacia el guardia y este la miró—. Roger, puedes seguir con tu turno. Yo me encargo desde aquí.
El tipo asintió y se alejó de ellos. Entonces Star sacó una llave de sus bolsillos y abrió la puerta de la celda.
—Princesa Star —repitió Veros al ver cómo la chica entraba sin cuidado alguno en la celda antes de encerrarse adentro.
Lara la vio con la boca llena y tragó.
—Tienes agallas, chica —halagó ella.
—¿Por qué te metes aquí con nosotros? Se supone que no somos de confianza.
—Eso es lo que dice mi madre —sonrió ella mientras se sentaba en el borde de la cama de Lara y se quitaba la capucha—. Pero sus palabras no van por mí también. Pensé que estarían algo aburridos aquí, así que quise venir a hacerles compañía.
No tenía sentido. ¿Por qué una princesa se expondría tanto ante ellos? ¿Sería pura ingenuidad? ¿Vanidad? ¿O acaso ella era capaz de derrotarlo a él y a Lara? No llegó a ver cuáles eran las capacidades de la reina Moon, pero sí que pudo comprobar su afinidad con la magia. Era consciente de que él y los suyos tenían que tener más cuidado con las armas mágicas. No se mostraría hostil ante la chica, pero un movimiento como el que había realizado era uno que sin duda llamaba su atención.
—No pareces tan irritante como tu madre —comentó Lara, sacando por completo a Veros de sus pensamientos.
La tomó de una oreja y tiró de ella.
—Oye, ten más respeto por la reina —le recriminó.
—Está bien, está bien. Mi madre puede ser bastante pesada cuando quiere —Veros soltó a la chica y esta se frotó la oreja—, pero lo hace todo porque se preocupa por el reino y sus habitantes.
—Igualita a los de primera generación, eh, ¿Veros?
Notó el sarcasmo en sus palabras.
—Como dijo Eadric: ellos no se preocupan por nosotros, solo quieren satisfacer su irrefrenable deseo de matar monstruos.
—¿Así son todos los solaris? —preguntó Star—. ¿Todos quieren matar monstruos?
Veros miró a Lara, pero esta comía tranquila. La pregunta de la chica no le pareció para nada extraña o llamativa.
—Todos los solaris tenemos el impulso de matar monstruos. Lo llevamos en la sangre. Pero no todos los solaris sienten ese deseo con la misma intensidad. Los de primera generación son los que parecen querer matar monstruos sin miramientos, pero también quieren tener un desafío, así que, si el monstruo es demasiado débil, no se sienten tan ansiosos por matarlos —explicó con un conocimiento enciclopédico de los suyos.
—¿Y el resto de solaris? ¿Se sienten igual?
—Los de segunda generación no, y teorizo que se debe a su incapacidad por acceder al estado albor. Pero los de tercera sí que sentimos esa necesidad, pero con un poco de disciplina es posible aplacarla.
—Entonces, si ustedes se encontraran con un monstruo, ¿no lo matarían?
—Yo sí —respondió Lara mientras aún tenía comida en la boca.
—¿Y si el monstruo no te ha hecho nada ni a ti ni a nadie?
—Eso no existe.
—Sí que existe —refunfuñó Star—. Y ese es el problema, que nadie más cree que existan monstruos buenos. Gente que no se ve como nosotros pero que también tiene familia y amigos y una vida propia.
Veros se la quedó mirando, y recordó lo que Mina les había dicho. Por eso se pensaba que los mewmanos abandonarían sus costumbres. Lo de la fiesta de monstruos que Star les explicó le parecía solo un signo de rebeldía. Pero, ahora que volvía a escuchar las palabras de la joven, se daba cuenta de la efusividad que había en cada una de ellas. Parecía decidida con lo que decía.
—Hay monstruos que causan daños a quién sea sin razón aparente. Incluso entre los suyos —dijo Veros, y la princesa se giró hacia él.
—Sí, pero esos son los monstruos irracionales. Como muchos de los animales, actúan por instinto, defendiendo su territorio o atacando para conseguir comida.
—No solo los irracionales. Los racionales también han causado daños.
—Nosotros los mewmanos también les hemos causado daños a ellos. Muchos clanes del reino de mi padre campan a sus anchas en el bosque de la muerte segura, cazando monstruos por diversión o por deporte.
—Sí, los Johansen, los conocemos.
—Me caen bien —dijo Lara.
—Y a mí —continuó—, pero ellos están divididos en otros clanes dentro del suyo, clanes que se enzarzan en batallas por el poder de forma continua. Prueba de que los mewmanos también se hacen daño entre ellos. Además, los Johansen son los que más daño han causado a los monstruos, y seguramente el motivo por el cual, a día de hoy, sigue vigente el conflicto entre monstruos y mewmanos.
—Así es el clan Johansen —comentó Lara—. Algunos buscan luchar contra monstruos, otros buscan el poder territorial. Son distintos de muchos mewmanos, por eso suelen vivir apartados.
—Exacto, y lo mismo ocurre con los monstruos. Hay monstruos salvajes, pero también hay monstruos dóciles. Esos son los que solo buscan vivir sus vidas sin pensar en la guerra o el conflicto contra los mewmanos.
—No, esos no existen —dijo Lara, segura de sí misma.
Star soltó un suspiro de cansancio al ver que la conversación no llevaba a ninguna parte.
—Tendrás que disculparla, su afán por el combate y desinformación de la sociedad de monstruos han hecho que su percepción de las cosas no sea del todo correcta —dijo Veros.
—Entonces tú sí que sabes que hay monstruos inofensivos.
—Sí, pero nunca los he conocido.
—¿Y no darías una oportunidad al hecho de conocerlos?
—Star, desde que tengo conciencia, solo hay una imagen de los monstruos para mí. Aunque sepa que existen monstruos pacíficos, hay una gran diferencia entre no buscarlos para matarlos y querer asociarme con ellos.
—Yo creo que ustedes necesitan un pequeño empujón.
—Lo que necesitamos es resolver este asunto con los de nuestra clase y salir de este reino.
Los pasos de alguien acercándose a ellos llamaron su atención. Se giraron hacia los barrotes y allí vieron aparecer al mismo guardia de antes.
—Princesa, su madre la reclama, es importante.
La chica suspiró con cansancio. Se puso de pie y se volvió a colocar la capucha.
—Dejaremos la conversación por ahora. Prometo volver.
—Genial —dijo Lara.
Veros solo asintió.
El guardia abrió la celda y se llevó a Star consigo. Cuando se alejaron lo suficiente, Lara se giró hacia él.
—¿Qué piensas de la princesa?
—¿Que qué pienso? Pienso que es una idealista. Quiere que las cosas sean a su manera, pero no es tan sencillo. Monstruos y solaris jamás podrían convivir juntos.
—Bueno, Eadric parecía haberlo hecho, o eso fue lo que me dijiste haber visto. Supongo que eso debe significar algo.
—Tal vez. Espero que no lleguemos a ese escenario. Por el momento, esperemos a ver cómo se desarrollan los acontecimientos.
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Star mueve fichas en el asunto. ¿Los solaris acabarán aliándose con ella?
Ya saben cómo enterarse del resto.
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