Capítulo 74: Rescate I
Star estaba con las manos en la cabeza. Desde el incidente de la fiesta monstruosa tuvo tiempo más que suficiente para esparcir su palabra en los pueblos monstruosos. Pese a todo, los jóvenes que fueron a la fiesta fueron de ayuda, cada uno intentó hablar todo lo bien que pudo de lo ocurrido aquella noche, y eso le dio un empujón para poder darse a conocer más dentro de esas comunidades.
Las razas aliadas también fueron de ayuda, sobre todo, las razas más alejadas de los rasgos mewmanos, como la gente del reino paloma o los del reino tritón. Los problemas se daban con aquellos reinos como el Johansen o el suyo, los cuales se mostraban muy reticentes a dar el brazo a torcer. En el reino picadura de araña, por otra parte, ya estaban aceptando la relación entre la princesa y un slime del reino monstruoso. Y eso era un gran paso. Aun así, quedaba mucho por hacer, y Star no sabía cómo continuar. Su intento por ir a los barrios bajos y convencer a la gente fue un fiasco. Intentarlo por los barrios nobles era impensable. Ellos no querían ver a los monstruos ni en cuadros.
Se dio un par de golpecitos en el mentón con el lápiz que tenía entre sus dedos. Encima del escritorio tenía una hoja en blanco. Necesitaba de algo que pudiera gustar a la gente y que los hiciera menos reacios a los monstruos. Necesitaba más cosas como la fiesta, pero su madre no le dejaba sacar la varita del reino después de aquello. Y le gustase o no, para realizar eventos la varita era esencial.
Mordía el lápiz, intentando dar con alguna idea, pero no lo conseguía.
Soltó un quejido al aire y se echó hacia atrás en la silla, mirando al techo. Necesitaba ayuda. Tal vez a Eclipsa se le pudiese ocurrir alguna idea.
Se levantó de la silla y la empujó hacia atrás, dispuesta a buscar a la antigua reina oscura.
Su espejo de bolsillo comenzó a sonar, provocando que Star se parase a mitad de camino y se girase. Fue hasta el escritorio y tomó el espejito. Era Marco.
—Eh, Marco. Qué sorpresa. ¿Ocurre algo?
—Hola, princesa —escuchó del otro lado, pero la voz no era la de Marco. Era una familiar, pero no sabía distinguir cual.
—¿Quién eres?
—Un viejo amigo —dijo este, haciendo una pausa—. Ludo.
—¿Ludo? ¿Has acabado en la tierra? Qué irónico. ¿Cómo has estado? ¿Fuiste a buscar a Marco después de caer allí?
—No, princesa, la situación es muy distinta de lo que piensas. Marco y Jackie son mis prisioneros ahora mismo.
—Muy buena, Ludo —rio ella—. Ahora, en serio, ¿qué haces con Marco en la tierra?
Hubo silencio por un momento. Escuchó pasos y el sonido de algunas cadenas.
—Vamos, habla —le dijo Ludo a alguien más que estaba con él.
—Star —dijo la voz de su amigo al otro lado.
—¿Marco? ¿Qué está pasando? ¿Qué hace Ludo contigo?
—Star, Ludo no está mintiendo. Nos tiene secuestrados a mí y a Jackie.
—¿Estamos hablando del mismo Ludo?
—Sí, sé que suena extraño, pero este Ludo es algo diferente. Él es más —buscó la palabra indicada— peligroso.
Star no acababa de creérselo del todo. Aun así, la voz de Marco era cautelosa, como si midiese cada palabra que dijera. Suficiente como para que Star se sintiera incómoda.
—¿Están bien? —quiso saber.
—Sí, lo estamos. —Escuchó el sonido del espejo alejándose de ellos—. Y lo seguirán estando —continuo Ludo—, siempre y cuando satisfagas mis exigencias.
—Libéralos, Ludo —dijo Star, severa—, si tienes algún problema conmigo, entonces arreglémoslo.
—No tengo ningún problema contigo, princesa. Mis problemas son con otros mewmanos, pero sí que posees algo que yo quiero.
—La varita —adivinó ella.
—Exactamente. Lo que te voy a pedir es muy simple. Tráeme la varita, entrégamela, y liberaré a tus amigos.
—¿Qué? —escuchó a Marco quejarse al fondo.
—Sabes que no puedo hacer eso, Ludo.
—De acuerdo, princesa, no pasa nada. Sé que encontrarás una forma. —Ludo soltó un chasquido—. Rasticore, a la chica.
—Ludo, ¿qué vas a hacer? —preguntó Star, pero él no contestó.
—Oye —gritó Marco—, oye, oye. Déjala en paz. ¡Déjala!
Escuchó los gritos de Jackie mientras unos pasos pesados resonaban sobre un suelo de madera.
—No será rápido —dijo una voz desconocida, pero intimidante.
—¡Espera! —gritó Star.
Ludo chasqueó sus dedos, y poco a poco el revuelo del ambiente se detuvo.
—Habla, princesa.
Con las manos apretadas por la impotencia, cerró los ojos y se obligó a escupir las palabras en su boca.
—Haré todo lo posible por conseguirla —sería difícil con su madre como guardia—, lo prometo.
—Esta noche te dejaremos una carta con un mapa en la ventana de tu habitación. Al medio día dentro de tres días te presentarás en la ubicación marcada y me entregarás la varita, si quieres volver a ver a tus amigos, claro está. No vengas acompañada, no le digas a nadie de esto. Si cuando te vea venir para entregarme la varita veo otra sombra a parte de la tuya, se acabó para tus amigos —Ludo colgó. A Star no le dio tiempo siquiera de decir algo, tan solo se quedó ahí, con el espejo en su mano derecha, todavía intentando asimilar lo ocurrido.
Después de la llamada, todo pensamiento referente a los monstruos y los mewmanos se esfumó como un montón de cenizas al viento. De golpe su mente estaba pensando a toda marcha en una forma de solucionar aquello. La situación la superaba. La última vez que secuestraron a Marco, tan solo tuvo que irrumpir en la guarida del monstruo y vencer a sus secuaces. Esta vez no sería tan simple como aparecer y lanzar hechizos a diestra y siniestra.
Pensó en pedirle ayuda a alguien, pero, ¿a quién? Le daba miedo siquiera hablar en voz alta. En otra situación, sería totalmente diferente, pero esta vez no era como cualquier otra. La forma en la que Ludo le hablaba no era la misma. Marco dijo que no era el mismo, que era más peligroso, y por la forma en la que habló con ella, tenía razón. Ese Ludo no le inspiraba confianza. Ese aire de villano tonto que intenta hacer el mal y fracasa de forma estrepitosa se había esfumado, y ahora a quién se enfrentaba era a alguien totalmente diferente.
Se llevó una mano a la cabeza y se frotó el entrecejo. Necesitaba despejarse.
Salió un rato al jardín para tomar aire. Caminó entre los rosales para intentar perderse en sus pensamientos, así tal vez daría con la respuesta a su pregunta. Pero no fue así.
Escuchó el sonido de los pasos de alguien a su espalda, y se giró para ver de quién se trataba. Detrás suyo vio a la mujer a la que muchos conocían como la reina traidora, pero para Star era una amiga más.
—Eclipsa.
La mujer de cabellos verdosos se encontraba sujetando una barrita de chocolate. Lo hacía levantando un dedo meñique en señal de buenos modales.
—Star, cariño, ¿qué haces por aquí tan sola? —preguntó ella con el mismo tono sereno y agradable de siempre antes de darle un mordisco moderado a la barra de chocolate.
—N-no, no es nada —dijo ella—. Solo quería salir a tomar el aire.
Eclipsa frunció el ceño un momento, tragó y bajó la barra.
—¿Te encuentras bien, cariño? Pareces alicaída.
Por un momento Star abrió la boca para contarle lo que le ocurría. No era la primera vez que Eclipsa la escuchaba y le ofrecía su consejo, sin embargo, recordó lo que le dijo Ludo, y se abstuvo de pedirle ayuda a la mujer.
—Sí, estoy bien, tan solo estoy algo cansada.
Eclipsa levantó una ceja y se la quedó mirando.
—¿Estás segura? Pareciera que algo te preocupa.
—No, de verdad, estoy bien —dijo, moviendo las manos para negar e intentando sonreír para disimular.
Eclipsa permaneció escéptica. Miró a ambos lados y luego a ella otra vez. Guardó el chocolate con cuidado de sellar bien el envoltorio y luego la tomó de las manos, obsequiándole una sonrisa.
—Star, ¿quieres venir a probar uno de mis tés? Es dulce.
—Eclipsa, no creo que... —la mujer le guiñó el ojo, y Star se quedó pensativa un momento. Algo le decía que Eclipsa intentaba ayudarla a su manera, por lo que sonrió—. No creo que pueda negarme a esa oferta.
—Así se habla. Vamos —dijo, llevándola a la torre sin soltarle la mano.
Una vez en la parte más alta, Eclipsa encendió un pequeño fogón y se puso a calentar agua. Luego tomó un par de hierbas y pétalos que tenía cerca y los echó dentro. En unos segundos el ambiente se llenó de un aroma cálido y suave que acarició la nariz de Star. Eclipsa se acercó con dos tazas y le ofreció una.
—Gracias —dijo ella.
Eclipsa respondió con una sonrisa, tomó asiento frente a Star, y se llevó la taza para darle un buen sorbo. Star hizo lo propio, y descubrió con grata sorpresa que estaba buenísimo. No estaba demasiado caliente, y era dulce, como Eclipsa le había dicho. Aquello le aportó una sensación de relajación de la que estaba muy necesitada en un momento como aquel. Le ayudó a relajar los músculos y la mente.
—Me alegra ver que el té haya servido para aliviarte, aunque sea un poco.
—Sí, la verdad es que sienta bien —admitió Star—. Gracias.
—Mi padre me enseñó a hacerlos cuando era pequeña. Decía que esto ayudaba a los marineros en alta mar a mantener el cuerpo cálido y de dar un poco de sabor al paladar. Aunque allí a veces se tenía que recurrir al té de algas y agua de mar. Pero yo no lo recomiendo —dijo en voz baja antes de soltar una risita y darle otro sorbo a su té. Se puso de pie y se acercó a la ventana de la torre. Star la siguió con la mirada—. Sabes, desde que volví he podido recordar lo bonitas que son las vistas desde esta torre. Ver el jardín mientras se disfruta de una taza de té le ayuda a uno a relajarse. Es un sitio mágico —hizo una pausa— y privado.
Star no pasó por alto el énfasis de Eclipsa en esa última palabra. Eclipsa se sentó en el marco de la ventana y miró al horizonte. Star se quedó pensativa, mirando su té y su reflejo en este. Luego miró a la mujer y soltó un suspiro.
Apuró lo último que quedaba de té y dejó la taza a un lado. Se puso de pie y se sentó junto a Eclipsa. Buscó en su interior la forma en la que podría expresarse, pero resultaba difícil.
—Eclipsa —comenzó ella, llamando la atención de la mujer—, tengo —tragó saliva— tengo un problema. —Star le contó a Eclipsa todo lo ocurrido. Todo cuanto sabía, aunque fuera poco. Al terminar, hubo un silencio momentáneo—. No sé qué hacer.
—No es una decisión sencilla, no. —Eclipsa dejó la taza de té (vacía) a un lado y miró a la chica—. Vas a salvarlos, ¿verdad?
—Por supuesto —respondió Star, como si fuese algo obvio—. Pero no puedo negar que no me da confianza dejarle la varita a Ludo.
—La varita es un amplificador. Ayuda a que uno pueda canalizar la magia con mayor facilidad y también ayuda a despertar la magia latente en aquellos que la usan. Por lo que la magia permanece con nosotras —dijo Eclipsa, quitándose uno de los guantes y provocando que su mano negra brillase en un tono púrpura oscurecido—. Pero los amigos, los amigos si no los cuidamos —la luz se apagó—, desaparecen.
Star abrió los ojos, sorprendida. ¿Podían utilizar magia sin la varita? Se miró las manos, curiosa, pero luego sacudió la cabeza y volvió a mirar a Eclipsa.
—Comprendo. Pero no es perder la magia lo que me preocupa —no sería la primera vez que escogía a sus amigos antes que la magia—, lo que me preocupa es lo que Ludo pueda hacer con ella. El nuevo Ludo parece alguien peligroso.
—En ese caso necesitas recuperar la varita en cuanto sepas que tus amigos están a salvo. Quizás puedas pedirle a alguien que te ayude.
—No puedo, si Ludo se entera...
—Lo sé. Ese alguien tiene que ser una persona capaz de evitar que le vean. Tiene que ser capaz de aparecer en el momento justo, y marcar la diferencia. Me gustaría ofrecerte mi ayuda, pero temo no ser la persona más indicada para pasar desapercibida. —Star se llevó una mano al mentón—. ¿Tienes a alguien en mente?
—Más que a alguien, tengo a la persona indicada.
Eclipsa sonrió.
—Me alegra oír eso. Ahora solo necesito a alguien que me ayude a sacar la varita sin que mi madre se dé cuenta, y creo tener a la persona indicada para el trabajo.
—Esa es la cara con la que espero volver a verte.
Star sonrió.
—Gracias, Eclipsa. Me has ayudado bastante.
La mujer se acercó y le dio un abrazo.
—Ya sabes que estoy aquí para lo que necesites, cariño. —Se separaron—. Y no te preocupes, mis labios están sellados —dijo, haciendo el gesto de cierre de la comisura de un labio hasta el otro.
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Se revelan los motivos del plan del ludo para la princesa Star. ¿Qué hará la Star ahora para salvar a sus amigos?
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