Capítulo 63: Reencuentro IV
Con un movimiento prodigioso, Dennis aterrizó delante de Ludo. Luego miró a su hermano con una sonrisa.
—Hola, Dennis, ha pasado tiempo.
Su hermano se lanzó hacia él y lo abrazó de golpe, levantándolo como si fuese un niño.
—Sabía que tenías que seguir con vida. Tus amigos vinieron aquí a buscarte y te esperaron durante mucho tiempo, pensando que vendrías en cualquier momento. —Hizo una pausa—. Me alegro de que tuvieran razón.
Ludo miró a sus amigos y sonrió al escuchar las palabras de Dennis. Era extraño que después de todo, alguien estuviese esperando por él.
—Yo también te eché de menos.
Al cabo de un rato, se separaron.
—Dime, ¿qué te trae por aquí? —preguntó Dennis.
—Nada bueno —dijo sin tapujos.
—Dennis, vuelve aquí, desgraciado —gritó su padre, abriendo la puerta de golpe—. No me hagas tener que repetirlo.
—Brudo, cálmate —dijo su madre, saliendo de casa y tomando a su padre del brazo.
El monstruo apartó el brazo con brusquedad.
—No, no dejaré que Dennis se deje influenciar por el malnacido de su hermano —gruñó este—. ¿Me oíste, Dennis? Ven aquí, o seré yo quien vaya por ti.
Dennis pareció nervioso por un momento. Su mirada expresaba duda. Este tragó saliva y dio un paso dubitativo hacia adelante. Ludo interpuso su muñón, sorprendiendo a su hermano.
—Dennis, dime una cosa —comenzó Ludo—, ¿quieres venir a vivir conmigo? Yo y mi grupo hemos comenzado a reconstruir el antiguo reino Avarius y nos hemos instalado ahí. Si vienes conmigo podrás vivir donde quieras, lejos de padre. Sé que es repentino, pero aún hay mucho por hacer y por contarte, y el tiempo apremia.
—Es suficiente —sentenció su padre, enfilando hacia ellos con firmeza—. No pienso tolerar tu presencia ni un minuto más, desperdicio de monstruo.
—Espera, cariño —intentó intervenir su madre, apresurándose a tomar a padre del brazo e intentar detenerlo, pero este la apartó de un empujón, tirándola al suelo.
—Mamá... —dijo Dennis.
—Tendría que haber hecho esto hace tiempo —espetó su padre con el puño alzado. Se precipitó hacia Ludo, como si fuese un gigante, a punto de caerle encima con todo su peso.
Hasta que Ludo levantó la mano y apuntó hacia él.
Su padre se quedó paralizado en el aire. Este intentaba hacer avanzar el puño, pero no podía.
—Pero, ¿qué...? —No pudo terminar la frase porque Ludo lo empujó y lo hizo caer.
Caminó con calma hacia su padre y lo miró a los ojos.
—Vaya, tirado en el suelo ya no te ves tan alto —dijo Ludo.
—Debí haberte matado cuando tuve la oportunidad. Tú nunca debiste haber nacido. Ojalá se nos hubiese roto el huevo del que ibas a nacer. Nos habría ahorrado muchas desgracias.
—Nos habría ahorrado muchas desgracias a ambos, padre. Pero la vida no sonríe a todos por igual. A veces simplemente te pone cara de asco y te escupe al ojo —dijo mientras caminaba hacia él—. Es una buena maestra, a pesar de todo. Si sobrevives a ella, consigues aprender buenas lecciones. Están por todas partes. Y tú eres una de ellas, padre. Porque gracias a ti aprendí que no debo cometer tus mismos errores.
Ludo apuntó a su cuello con la mano y la bata que llevaba se enroscó en torno a él. En ese momento, su padre se llevó las manos al cuello con desesperación. Intentaba debatirse entre la tela y su garganta. Y, pese a ello, aún tenía la suficiente firmeza como para mirarlo a los ojos con una rabia tan profunda que parecía desafiar la muerte. "Habrá que ver hasta dónde es capaz de desafiar a la muerte ", pensó Ludo.
Su madre comenzó a gritar en nombre de su padre y corrió hacia él para intentar ayudarlo. Ludo sentía pena por ella, pero estaría mejor sin esa basura de hombre.
Sintió a Dennis tomarlo del hombro, y se giró hacia él.
—Hermano, para —pidió este.
Ludo frunció el ceño perplejo.
—¿Lo dices en serio, Dennis? —preguntó este sin poder ocultar el tono molesto en su voz—. ¿Perdonarías a padre después de todo lo que nos hizo? —"Después de lo que me hizo", dijo para sí—. Sabes que él no dudaría si fuéramos nosotros los que estuviésemos en su lugar. —"La reacción de antes lo ha dejado más que claro".
—Lo sé. Sé que él no nos perdonaría la vida. Yo tampoco se la perdonaría. Pero me dolería más ver a mi hermano rebajarse a su nivel que dejarlo conservar la vida. —Resultaba increíble pensar que, para lo poco que Ludo y su hermano habían hablado a lo largo de su vida, sus palabras le afectaran tanto. Cuando miraba a su padre le venían a la mente recuerdos tortuosos de un pasado que no olvidaría con facilidad, y el deseo de aplastarle en cuello con un movimiento de sus dedos lo empujaba como el gatillo de una ballesta que pedía a gritos que lo apretase. Y, sin embargo, cuando miraba a su hermano veía la posibilidad de darle una oportunidad a la poca familia que le quedaba. La única familia con la que se llevaba bien. Miró a sus amigos animales, los cuales no se inmutaron, sino que esperaban pacientes a que Ludo terminase de tomar su decisión. Volverlos a ver le hizo pensar en lo fácil que había resultado perder muchas cosas y lo difícil que había sido recuperar unas pocas. Algo que le hizo reflexionar que, si el día de mañana le tocase morir a manos de los solaris, tal vez no estaría tan mal hacerlo junto a caras conocidas. Y eso solo valía más que vengarse de un viejo decrépito cuyo mayor esfuerzo personal era evitar que se le cayera la bata.
Ludo dejó de hacer presión y bajó la mano. Su padre comenzó a toser debido a la entrada súbita de aire. Madre lo ayudó a reponerse, pero Ludo los ignoró, y se giró hacia Dennis.
—Gracias —dijo su hermano.
Ludo no dijo nada, tan solo extendió la mano y se la ofreció.
—¿Querrías venir conmigo? —preguntó, mirándolo a los ojos.
Dennis sonrió y lo tomó por la muñeca. Un sello de confianza.
—No hace falta preguntarlo.
Ludo se giró hacia su madre, la cual intentaba ayudar a su padre a recobrar el aliento.
—Madre, en algún momento las criaturas de este bosque serán exterminadas por los mewmanos. Los he visto con mis propios ojos. Si vienes con nosotros estarás más segura.
La mujer miró a su hijo y luego a su marido, pensativa. Volvió la mirada hacia él una vez más, y negó con la cabeza.
Ludo lo entendió. No iba a obligar a su madre a hacer algo que no quisiera, aunque pensase que aquella era la peor decisión de todas.
—Vayámonos, Dennis —dijo Ludo. Le sonrió al águila y la araña—. Ustedes también.
—Cobarde —escuchó decir a alguien. Cuando se giró hacia atrás vio a su padre, todavía en el suelo, mirándolo con rabia—. Ni siquiera tuviste el valor para matarme. No eres nadie. Nunca lo fuiste. Tan solo un error.
Ludo sintió lástima por él, pero no la misma que por su madre. Aquel hombre ya estaba muerto en vida.
—No vales la pena —dijo, sin más—. Adiós, padre.
El águila tomó a la araña del lomo y alzó el vuelo. Dennis se elevó un poco del suelo y con sus patas tomó a su hermano de ambos brazos. En unos instantes ambos estaban alejándose de aquella aldea. Ludo le dedico un último vistazo. A su entorno, sus gentes, a sus padres. Esperó no tener que volver a ver a ninguno nunca más.
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Un capítulo cerrado en la historia del monstruo, un par de amigos de regreso y también un hermano. ¿Qué es lo siguiente que hará el monstruo pequeño? Lo sabremos en otra ocasión, porque en el siguiente capítulo volvemos con la parejita y su maldición.
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