Capítulo 59: Defensa V

Ludo vio la cabeza de Nefraxis volar por los aires y caer varios metros cerca de él. Rápido, corrió hacia ella. Esa mujer había hacho lo imposible. No solo había conseguido batirse en duelo contra los solaris, sino que estuvo a punto de matarlos. Veros y Lara podrían ser eliminados, teniendo en cuenta que estaban inconscientes, pero Edwin aún seguía en pie. Maldijo para sus adentros. De haber aguantado un poco más, Nefraxis podría haber dejado a Edwin en el mismo estado que los otros dos. Tan cerca. Habían estado tan cerca de conseguirlo.

Llegó hasta la cabeza sorteando restos de cascotes y cuerpos. La pelea que habían tenido había causado tantos destrozos que le sorprendía que ellos mismos no se hubiesen destruido. Tomó la cabeza de Nefraxis y la miró de frente. Resultaba escalofriante: la demonio seguía sonriendo de forma diabólica y tenía esos ojos negros y amarillos bien abiertos. Pero, lo que más le perturbaba al monstruo, era el hecho de que la cabeza seguía respirando. Estaba viva. Nefraxis seguía con vida. Parecía estar en un estado de shock o algo similar, porque no respondía a los estímulos externos. Eso no era buena señal, pero al menos ahora Ludo vislumbraba una nueva posibilidad de victoria. Tal vez, si conseguía llevar la cabeza donde estaba Lara o Veros, podría consumir su sangre y recuperarse. Porque eso serviría, ¿no? Pocas veces había visto en acción la regeneración de la hemomante como en aquella ocasión, pero interpretaba que todo eso se debía a la sangre. De ahí el nombre de los de su raza.

Llegados a ese punto, no perdía nada por probarlo.

Intentó ubicar la posición de Lara o Veros, pero un grito de agonía le llamó la atención. Era Edwin. Se giró para comprobar lo que ocurría, y entonces volvió a sorprenderse una vez más aquel día. El cuerpo decapitado de Nefraxis estaba tirando del brazo de Edwin mientras se lo retorcía en un ángulo contrario al del codo. El condenado cuerpo de esa mujer seguía vivo. ¿Acaso... acaso lo estaba controlando ella? Volvió a mirar a la cabeza de la demonio, pero esta seguía igual de distante que antes. ¿Significaba eso que el cuerpo se movía por su cuenta?

Cualquiera que fuera el motivo, eso solo se traducía en buenas noticias para ellos. Quizá con un poco de suerte el cuerpo de Nefraxis pudiese herir de gravedad a Edwin y salvar el día.

Vio como el cuerpo le clavaba las garras al solari en el cuello y tiraba con fuerza, pero este lo tomó de una pierna y se lo arrancó de un tirón antes de comenzar a azotarlo contra el suelo una y otra vez, hasta que solo quedó un manchón de carne rojiza e irreconocible.

Y, como de costumbre, la situación volvía a ponerse difícil para Ludo, el cual entornó la mirada, más por cansancio que por otra cosa. Pese a que el cuerpo ya no estaba, los cortes cerca del cuello parecían ser profundos. Aun así, no podía cantar victoria. Tenía que llevar la cabeza de Nefraxis a los cuerpos de los de tercera generación e intentarlo.

Comenzó a correr tan rápido como pudo con la cabeza de Nefraxis en brazos. De haber podido usar levitato la habría lanzado, pero la situación no se lo permitía. Solo esperaba que Edwin no se percatase de su presencia. Justo al pensar eso notó una sombra que pareció cernirse sobre él. Vio la enorme figura de Edwin con la mano abierta a punto de atraparlo. Sintió como todo el cuerpo se alarmaba de golpe y se movía por puro instinto hacia un costado para evitar el agarre. Sin embargo, no lo consiguió a tiempo. Edwin atrapó su brazo izquierdo y lo estampó contra la pared más cercana. Ludo tenía aquel solari de frente. Por un momento pensó que iba a morir. "Asesinado por un mewmano super desarrollado", pensó para sí, intentando no rendirse a la desesperación, "al menos no seré fulminado por un rayo mágico".

—Suéltala —se limitó a decir.

Eso significaba... ¿qué no iba a morir? Miró un momento a la cabeza de Nefraxis, la estaba sujetando del cabello. Esta ahora miraba al brazo herido de Edwin. Parecía incapaz de moverlo. Sangraba. Si le daba a Nefraxis, entonces perdería la posibilidad de derrotarlo. Si no lo hacía, seguro que lo mataría. Aunque, el plan del solari era matar a los habitantes de todas formas así que, hiciera lo que hiciera, estaba muerto. Subió un poco la mirada y se fijó en Krukk. Este parecía estar consiente una vez más. Estaba a pocos metros de él. El orco miró a Ludo, y este apuntó con la mirada hacia Eadric, el cual estaba examinando a Lara.

—Ahora —insistió Edwin.

Ludo no tuvo tiempo de comprobar si Krukk le había entendido, así que solo le quedó confiar. Lanzó la cabeza de la demonio hacia el orco y este la atrapó, tirado en el suelo.

—Tírala —intentó gritar Ludo, pero solo acabó en un quejido sordo que no hizo más que provocarle un horrible dolor de garganta.

Pese a ello, Krukk lanzó a Nefraxis hasta donde se encontraba Eadric. Edwin se giró hacia ellos y su gesto de enfado se pronunció aún más, si cabía. Luego se volvió hacia Ludo, y este último pudo jurar que ahí se acabaría todo. El solari apretó su brazo, pulverizando y astillándole todos los huesos de este. Ludo gritó de agonía antes de ser lanzado con violencia hacia la nada. A esa velocidad, se abriría la cabeza contra aquello que chocase. Tenía que intentar girar su mano y detenerse con levitato. Algo lo atrapó en el aire, pero el impulso era tal que se lo llevó consigo. Ambos cayeron al suelo y rodaron hasta parar. Cuando Ludo se giró para ver a su salvador, vio a Rasticore con gesto molesto.

—Eso fue terrible —se quejó el monstruo—. Lo siento, llego tarde.

"Demasiado", pensó Ludo, pero no intentó pronunciarlo.

El dolor en su brazo era inenarrable, pero intentó sobreponerse a este para mirar hacia Edwin. El solari se encontraba delante de Eadric. Había otros monstruos que se estaban preparando para lo peor tras los edificios, pero ninguno se atrevía a acercarse. Con un ejército así, jamás se desharían de los solaris.

—Haz algo por los tuyos y dame esa cabeza sin rechistar —escuchó decir a Edwin, pese a la distancia.

—Padre, lo que estás haciendo, lo que todos los solaris están haciendo, no está bien —dijo Eadric, intentando mantenerse firme. Sujetaba la cabeza de Nefraxis entre sus manos. Y Ludo no pasó por alto el cómo había llamado a Edwin—. Por favor, abandona... —no le dio tiempo a terminar la frase, porque el de primera generación le dio un golpe en el rostro con el dorso de la mano.

Eadric chocó contra el edificio a su espalda y se cayó al suelo.

—Muchacho insolente. Te escapas de tus pruebas, nos traicionas aliándote con el enemigo y ahora intentas sermonearme —gritó Edwin—. Deberías estar agradecido de que intentase darte una segunda oportunidad, pero eres un caso perdido.

Aquellas palabras transportaron a Ludo a un recuerdo del pasado que creyó haber enterrado. Aquellas palabras le recordaban a las de su padre. El desprecio, el desapego, el asco que mostraba a su mera existencia. Ludo comenzó a respirar de forma agitada y notó como la sangre le hervía. Edwin se acercó a Eadric. Iba a matarlo.

Ludo apuntó hacia Edwin con su mano derecha entre temblores. Aquel maldito desgraciado se había convertido en una espina clavada en su uña. Una mala hierba en su jardín. El malnacido que vino a joderle el día. Edwin levantó el pie sobre la cabeza de Eadric. Ludo lo miró con odio. Quería matarlo. Quería destrozarlo. Quería deshacerse de aquel pedazo de escoria mewmana.

Su boca se negaba a hablar. Pero su mente aún podía gritar. Y así lo hizo.

"Levitato", pensó, pero no ocurrió nada. "Levitato", otra vez, pero igual. "Levitato", una vez más. Nada

"Levitato. Levitato. Levitato. Levitato. Levitato. Levitato. Levitato. Levitato. Levitato. Levitato".

Notó la presión en su brazo. Edwin se elevó.

"Levitato".

Ludo bajó la mano y azotó al solari contra el suelo, levantando cascotes y polvo.

"Levitato".

Volvió a levantarlo otra vez, alzando la mano, y luego estampándolo.

"Levitato".

Repitió lo mismo una vez, y otra, y otra más, cada vez más rápido, cada vez con más violencia, hasta que el brazo dejó de responderle. Se sintió mareado, el mundo moviéndose a uno y otro lado. Los párpados le pesaron. Pudo ver a Veros en un estado deplorable cargando con el cuerpo de Lara y de Edwin antes de alzar vuelo y alejarse.

Ludo, se desmayó.

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Una dura batalla. Los monstruos han conseguido defenderse y estar a salvo, pero ¿hasta cuando?

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