Capítulo 53: Reconquista II
Se pegaron a la pared a la espera de recibir la señal. Nefraxis y un grupo de veinte monstruos iba con él. Asha hacía rato que había subido, en cualquier momento debería despachar... un cuerpo cayó del cielo y se estampó contra el suelo en un golpe seco que le dejó las extremidades torcidas en una posición antinatural. Al rato, cayó otro cadáver y luego una escalera de cuerda se desenroscó hasta ellos.
—Ya está listo. Vamos, suban —animó Ludo—. De uno en uno, y rápido.
Los monstruos obedecieron y subieron uno a uno. Tenían un grupo variopinto solo ahí: orcos, goblins, semi bestias, diablillos del bosque, y demás. Todos ellos con un mismo objetivo: recuperar la fortaleza.
Cuando terminaron de subir, se aseguraron de que el resto de guardias en el muro no se dieran cuenta de lo ocurrido. Luego todos se arrimaron al borde interior de la muralla, ubicando el edificio objetivo de una sola mirada, y esperando la señal para moverse. Ludo giró la vista hacia la entrada. Rasticore lideraba el grupo que intentaría entrar de frente. Krukk y un grupo de los mejores guerreros iban con él. Pese a estar en una parte sur de la muralla y el grupo de ataque en la parte oeste, eran capaces de ver lo que ocurría allí. Ludo tenía la vista fija en la puerta, a la espera de que comenzase el embate. Y este no se hizo esperar. Escuchó golpes en la madera, estruendos que llegaron hasta él. Las luces se comenzaron a encender por la parte oeste, y Ludo sonrió.
—Es debe ser Mogh —dijo Asha a su lado.
—Lo sé. —Ludo se giró hacia sus compañeros de armas—. Rápido, es la señal, todos abajo. Tenemos que llegar al cuartel.
El grupo sacó un gancho con cuerda por cada individuo y comenzaron a descender. Corrieron tan rápido como pudieron. A lo lejos escucharon la campana de alerta, más motivo para acelerar el paso.
Guerreros comenzaron a salir de sus casas a ver lo que pasaba, y estos fueron despachados con rapidez por el grupo. Ludo lanzaba sus dagas de forma simultánea y luego las recuperaba con la misma velocidad. Asha se desviaba para aplicarle un rápido corte a la pobre alma que tuviese más cerca. Nefraxis hacía lo mismo por el lado contrario, solo que ella no lo hacía con elegancia, sino con brutalidad. Los golpes al cuello que realizaba usando garras creadas con su propia sangre cercenaban hasta cierto punto la carne y hueso de sus víctimas, la parte sobrante era arrancada por la demonio. Y antes de seguir, le daba un mordisco a los rostros de los caídos. Los demás monstruos hacían lo propio usando hachas y espadas, en su mayoría, pues la intención era ser rápidos.
—Nos atacan —gritó uno antes de que una de las dagas de ludo le atravesara el cráneo. Cuando la recuperó pensó en la gran diferencia que había entre una daga de hierro y una de hueso. No había punto de comparación entre una y otra.
Las puertas del cuartel central se abrieron de golpe, y varios Johansen altos y fuertes salieron corriendo con hachas y espadas. Junto a ellos salía uno más alto y grande que el resto. Este tenía una cicatriz que le cruzaba un ojo blanco y llevaba consigo una espada y hacha enormes. Vestía con la piel de un monstruo que comenzaba desde su cabeza y abarcaba toda su espalda. Este tomó un cuerno que le entregó uno de los hombres que corría a su lado y se lo llevó a los labios sin soltar el arma de esa mano. El cuerno sonó con gran estruendo, como si quisiera desafiar a los mismos cielos, pero Ludo lo acalló lanzando una daga impulsada con levitato, y que apuntó al cuello. Sin embargo, un escudo se interpuso entre el proyectil y su objetivo, produciendo un sonido seco al clavarse en la madera. El escudo bajó con calma, mostrando el rostro del Johansen mirando hacia Ludo, y a todo el grupo de guerreros desviando la atención hacia los monstruos. Una nueva sensación de tensión pobló el ambiente. Ludo sonrió para no parecer asustado, y pese a confiar en su plan, no podía reprimir el ligero temblor en sus manos.
—Monstruos —gritó Ludo, esforzándose por que se le escuchase en todo el lugar, para que así los esclavos supieran que este ya estaba entre ellos—, a la carga.
La orden de batalla fue acompañada por los gritos de los monstruos que cargaron hacia adelante con las armas listas.
Nefraxis se salió del grupo para adelantarse y cargar por ella misma. Antes de llegar a sus objetivos dio un salto para caer en el medio. Se llevó algunas heridas en el aire entre espadas y hachas, pero no le importó. Oculta por la marea de enemigos, comenzó a desatar el caos entre sus filas. Momento que aprovechó Ludo y su escuadrón para chocar con fuerza contra los bárbaros. Eran superados en número, pero no todos habían salido del recinto. La puerta estaba haciendo un efecto de cuello de botella, por lo que los estaba limitando. Mientras tuviese eso a su favor tendrían que eliminar a la mayor cantidad posible de enemigos para que las proporciones en su contra no aumentasen.
Ludo vio desde abajo cómo las espadas y las hachas chocaban contra los escudos enemigos, astillándolos con furia. Cuando estos intentaban aprovechar el momento para contraatacar, Ludo alzaba su mano y pronunciaba su hechizo.
—Levitato —y el arma quedaba suspendida en el aire mientras el Johansen se preguntaba qué había pasado. Aplicó ese truco con dos enemigos y antes de que pudieran darse cuenta, ya tenían un acero partiéndoles el cráneo.
Aprovechó esas mismas armas para atacar a los enemigos que estaba más atrás de ellos. Luego repetía el proceso, confundiendo a los guerreros y ayudando a mermar su número.
—Las armas, están embrujadas —gritaba unos.
—Están usando magia negra —gritaban otros.
Ludo sonreía para sí al escuchar esas palabras. Después de tanta práctica y entrenamiento, sus habilidades se habían vuelto más notorias. Ahora tenía armas con las que defenderse.
Uno de los hombres cargó con fuerza desde el grupo, atravesando las líneas aliadas, y yendo directo hacia él como un toro desbocado. Esta tiró el escudo al suelo, haciendo que sonase con gran estruendo, mientras que con ambas manos tomaba su hacha antes de dar un poderoso salto para caer encima de Ludo. Este lo vio en el aire y sonrió. Apuntó ambas manos al guerrero y pronunció las palabras.
—Levitato.
Notó una alta presión en los brazos, el pecho y la espalda, pero era algo que ya podía soportar. El Johansen detuvo su grito cuando se halló suspendido en el aire, entre confundido y aterrado. Comenzó a removerse, intentando zafarse, pero era inútil.
—Levitato —repitió, empujando con ambas manos al aire. El Johansen salió disparado hacia los cielos, proliferando un grito de horror y provocando que las miradas de sus compañeros se posaran sobre él, como si se tratase de un águila. Sin embargo, esa águila caía en picado. Hasta aterrizar sobre una torre en la muralla.
El valor de los soldados presentes menguó por un momento en el que el tiempo pareció congelarse para ellos. Tan solo se escuchaban los gritos de los monstruos al combatir y la risa de Nefraxis al despedazar a los enemigos. Solo los guerreros que salían mostraban el ímpetu y la euforia por la batalla, pero estos se extinguían tan pronto veían a sus compañeros paralizados.
Un grito furioso surgió de la multitud, volviendo a todos en sí.
—¿Qué les pasa? —gruñó el guerrero del ojo ciego—. Somos el clan Ojotormenta, guerreros de pura sangre. ¿Me están diciendo que se van a acobardar solo por ver un truco de magia? Yo les voy a mostrar lo que es un verdadero guerrero.
Se oyó un golpe que mandó a volar a Nefraxis por los aires, y cayó detrás de sus compañeros. Tenía un tajo que le recorría todo el estómago y le llegaba al hombro. Esta se apoyó sobre su brazo sano, con algo de esfuerzo, y sonrió de forma macabra.
—Por fin alguien interesante —dijo ella, poniéndose en pie.
—Nefraxis, espera —dijo Ludo, llamando la atención de la chica—. Déjamelo a mí. Es más. Déjenlo pasar —alzó la voz.
Los demás lo escucharon y entre el forcejeo y los golpes, abrieron camino hasta mostrar la figura del enorme tipo del ojo ciego. Este no pasó por alto ese gesto, por lo que dirigió su mirada hacia Ludo. Frunció el ceño y arrugó la boca, mostrando unos dientes torcidos y amarillentos.
—¿Eres tú el hijo de puta que tiene los huevos de venir aquí a enfrentarme? —preguntó, apuntando con el hacha.
—Ludo Avarius, para ti —dijo él, confiado.
—Estás jodido, Ludo —dijo el líder, caminando hacia él.
Los otros guerreros abrieron paso y no se atrevieron a tocar al Johansen. Nefraxis pareció dudar un momento, Ludo hasta pensó que esta no le haría caso cuando vio que estaba acumulando la sangre alrededor de su herida con sus manos. Ella y el líder cruzaron miradas, pero Nefraxis se contuvo. Cuando el líder se separó a una distancia moderada de ella, corrió hacia Ludo con un gruñido, alzó su espada y la descargó sobre él con furia, listo para partirlo en dos.
—Levitato.
La espada se paró en el aire y, pese a que no era un cuerpo entero, Ludo pudo notar la presión que el líder ejercía en su empuje. Este produjo un gruñido e intentó empujar la espada, pero apenas se movió. El líder jadeaba por el esfuerzo y mostraba gotas de sudor que perlaban su frente. Alzó el hacha en su otra mano e hizo lo mismo que con la espada.
—Levitato.
Volvió a detener el ataque de su enemigo. Este apretaba los dientes con furia. Los brazos le temblaban por el esfuerzo y las venas parecían que le iban a explotar. De pronto, el líder comenzó a toser, y Ludo aprovechó ese momento para empujar sus armas y arrebatárselas de las manos. El Johansen cayó al suelo y comenzó a toser con violencia, hasta que escupió una mancha de sangre que pintó el pavimento. Este miró la mancha con escepticismo.
—Fuiste tú —acusó este, sin mirarlo.
—Te sorprendería saber la cantidad de venenos que pasan desapercibidos en el brebaje que ustedes preparan —dijo Ludo—. Ninguno de ustedes anticipó que podría pasar algo así. Aunque, ¿por qué iban a hacerlo? Si no es hasta ahora que saben que han tenido enemigos pegados a la puerta de su casa todo este tiempo.
—Malnacido —gruño el bárbaro, arrugando el ceño hasta más no poder—. Eres un cobarde.
—Es muy triste que veas las cosas así. Sabes, a mí la vida me enseñó que ella te golpeará de la forma que crea más adecuada, y le dará igual lo humillante o injusto que pueda parecer, porque a la vida simplemente le damos igual. Puedes llamarme cobarde por utilizar todo lo que tengo a mi disposición para asegurar mi objetivo, pero solo recuerda que no soy yo quién está tirado en el suelo a punto de morir.
El bárbaro se enfureció aún más, se levantó de golpe y se lanzó hacia él con un grito desesperado y las manos listas para ahorcarlo. Pero, antes de que este llegase hasta él, Ludo bajó la mano y la espada que había empujado cayó sobre el cuello del líder, clavándolo al suelo. Aun así, el Johansen siguió intentando levantarse, pese a tener el cuello atravesado, pese a no poder respirar, pese a que sabía que iba a morir. Ludo no pudo evitar sentir cierta empatía por ello. Aquel hombre ya estaba muerto. Ambos lo sabían, y, aun así, se negaba a rendirse. Ludo se agachó y lo miró a los ojos mientras este, con la boca llena de sangre, intentaba estirar el brazo hasta él.
—Lo siento. Eres alguien tenaz, lo reconozco, pero esto se acaba aquí.
Se escuchó el sonido de un metal cortando el aire y de pronto el hacha de antes cayó sobre el cuello del bárbaro, cortándole la cabeza de cuajo. Esta rodó hasta Ludo y se la quedó mirando por un momento, luego se puso de pie.
—Pongan su cabeza en un palo y álcenla como si fuese una bandera —ordenó—. Quiero que los Johansen sepan que han perdido.
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La misión ha sido un éxito y ahora Ludo y los suyos pueden despachar a los Johansen. Poco a poco el plan del monstruo va tomando forma. Pero convencer a grupos pequeños no es lo mismo que convencer a toda una fortaleza llena de monstruos.
¡Ánimo, Ludo!
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