Capítulo 51: Maldición V
Jackie sintió una punzada en el pecho. Marco nunca le había contado eso. Algo tan importante como un baile que uniera a dos personas para toda la eternidad. Sintió los celos por Star arder como nunca antes, y no le gustaba. No quería sentirse así con Star. Y no quería sentir como si Marco le ocultase algo. Apretó los agarres de las muletas con fuerza y trató de mantener la calma.
—Pero, si lo que dicen de la luna de sangre es cierto, Marco y Star deberían estar juntos, ¿no? —preguntó Jackie, esperando con cada fibra de su ser una negativa a esa pregunta.
—Se supone. Sin embargo, algunos dicen que más que un ritual es una maldición —explicó Tom—. Tendré que hablar con uno de mis tíos. Creo sabe más acerca del tema. Volveré lo más rápido que pueda.
Tom juntó las manos y sus ojos brillaron. Un pilar de fuego envolvió al demonio, hasta que las llamas se extinguieron, y con ellas, también lo hizo él. Entonces, se quedaron los tres solos. En una situación normal, eso no sería un problema. Pero, después de lo que Jackie acababa de oír, tenía una sensación profunda de incomodidad.
—Vamos a mi habitación. Allí estaremos más cómodos —dijo Star, cosa que no ayudaba en nada.
Ambos la siguieron hasta la habitación. Jackie estaba sumida en sus pensamientos. Cuando llegaron, Star le dio a cada uno un enorme cojín sobre el que sentarse, y a Jackie le dio uno extra para que apoyase el pie enyesado. Cosa que solo hacía que Jackie se sintiera aún peor por sus celos, pero seguía pensando que eran justificados. Su estómago emitió un rugido con la suficiente fuerza como para llamar la atención de los otros en la habitación. Star sonrió.
—Voy por algo de cenar. Ahora vuelvo —dijo la chica, dejando solos a Marco y a ella.
Al poco rato de irse Star, Marco se acercó a ella.
—¿Estás bien, Jackie? —le preguntó.
A veces pensaba que no, pero momentos como ese le dejaban en claro a la chica que era un libro abierto cuando no estaba bien. Eso, o que Marco la conocía muy bien. No era un tema del que le apeteciera hablar, simplemente porque no le era agradable. Pero prefería mil veces eso que guardar silencio y no decir nada.
—¿Por qué no me dijiste nada de lo del vals de la luna de sangre? —preguntó ella, mirándolo a los ojos.
Este, al escucharla, apartó la mirada. Estaba claro que era algo que Marco prefería que ella no supiera.
—No dije nada porque no era un tema agradable del que hablar —dijo él—. Aquella fue una noche larga para todos. Yo no quise dejar que Star se fuera sola porque sabía que algo le pasaría, pese a que ella me dijo que no lo hiciese. Al final de la noche, ella se enojó conmigo porque no confié en sus palabras, y no pude decirle nada al respecto. No sólo podía cuidarse sola, sino que me salvó cuando Tom intentó atacarme. Aquella noche estuvimos hablando por un rato largo, hasta que nos reconciliamos. Fue un pequeño bache para nosotros, pero me ayudó a confiar más en ella. Si no dije nada no sólo fue porque fue un día duro, sino porque también fue un momento muy personal para mí.
Después de escuchar eso, Jackie sintió como si se hubiera metido en un tema más delicado del que hubiese creído. Podía entender algo como eso. Simplemente, había cosas del pasado que uno no quería hablar con nadie. Recuerdos que quedaron enterrados y de los cuales no había motivo alguno para desenterrarlos. Ella misma tenía sus momentos que prefería mantener ocultos. Aún así, había algo que la seguía molestando. Las palabras de Tom la seguían inquietando. Un ritual para unir a dos personas para toda la eternidad. No podía ignorar eso. No después de todo lo que había visto en ese mundo, no después ella misma sentir los efectos negativos de aquel ritual. Sabía que la pregunta que tenía en sus labios no le iba a hacer gracia a Marco, pero tenía que hacerla. Necesitaba una respuesta.
—Marco —tragó saliva. Sentía la garganta seca. Ahora era él quien la miraba y ella quien rehuía del contacto visual—, ¿a ti te gusta Star?
Quería mirarlo a los ojos al escuchar su respuesta, pero sentía que no podía. No después de hacer esa pregunta que sabía que era como sembrar la semilla de la desconfianza en la relación.
Le picaban los ojos, pero no quería permitirse llorar. No en un momento así. Tenía que ser fuerte y escuchar la respuesta de Marco, tenía que estar serena y soportar cualquier respuesta posible, aunque, para sus adentros, imploró que le dijera que Marco le dijera que no. Que Star no le gustaba, sino ella.
Apretó las manos y contuvo los temblores que amenazaban con derrumbarla como a un castillo de naipes.
—Jackie... no, no me gusta Star. Yo la quiero, como una amiga, pero nada más. —Sintió como la picazón en los ojos se volvió una irritación intensa cuando notó la mano de Marco posarse sobre la suya. Sus dedos entrelazándose. Marco, con su mano libre, palpó su mejilla y la empujó con suavidad para que los dos se mirasen. Le iba a ver los ojos rojos, lo sabía—. A quien quiero de verdad, como pareja, es a ti, Jackie. Solo a ti.
Sus ojos. Esos ojos cafés denotaban sinceridad. El corazón le decía que le creyera. Que asintiese entre lágrimas y lo besase, pero el cerebro le decía que, mientras no quitasen la maldición, tal vez habría algo que empujase a Marco a desarrollar sentimientos por Star. De todas formas, no tuvo que elegir, porque el chico lo hizo por ella cuando se acercó y la abrazó. Jackie cerró los ojos y correspondió el gesto, apretándolo contra sí y enterrando el rostro en su hombro entre temblores. Sintió el calor del chico, y también su aroma a ropa limpia, a almizcle, tan agradable para ella. Tenía que esperar a que Tom volviese para saber la verdad, o al menos para solucionar la situación.
Después de limpiarse y recobrar la calma, Star regresó con una bandeja llena de burritos apilados en forma de montaña. Los tres comieron a gusto. Jackie aún estaba algo pensativa, pero intentó dejar eso de lado mientras comían. Al cabo de un rato volvió Tom, y entonces este les dio una explicación más profunda de lo que significaba el vals de la luna sangrienta.
—Por lo que me dijo uno de mis tíos, alguien que ya sufrió los efectos del vals, las personas que bailen debajo de la luz de la luna roja estarán destinadas a pasar estar unidos por toda la eternidad, pero eso no significa que los dos individuos desarrollen sentimientos el uno por el otro —explicó Tom, haciendo que Jackie se sintiera más tranquila al escuchar eso último, ahora que sabía que la luna no crearía sentimientos de amor entre Marco y Star. Tanto, que sintió como una presión en el pecho se esfumaba.
—Pero —intervino Jackie—, ¿entonces cómo hace la luna para que las dos personas pasen toda la vida juntos?
—Los obliga —dijo Tom, cosa que pareció perturbar a más de uno de los presentes—. Tú y yo ya lo hemos comprobado. Esas rachas de mala suerte es la forma en la que la luna roja intenta decirnos que no nos acerquemos a ellos. Así es como actúa. Vuelve la relación entre los individuos malditos y otros individuos totalmente insostenible. Hasta que, en cierto punto, los afectados solo puedan tenerse a ellos mismos como opciones para una pareja romántica.
—Entonces, ¿estás diciendo que todo lo malo que le ha pasado a Jackie hasta ahora es cosa de la luna de sangre? —preguntó Marco.
—No todo tiene por qué ser la luna de sangre. Un mal día lo tiene cualquiera. Pero todo aquello que parece fuera de lo normal y que no saben cómo pudo haber ocurrido, es probable que sea cosa de la luna de sangre —dijo Tom, asintiendo y con los brazos cruzados.
—¿Quieres decir que la luna de sangre puede hacer que la tierra se desmorone o que aparezcan ráfagas de viento donde no las había? —preguntó Jackie, y Marco se giró a ella. Parece que entendía por qué lo preguntaba.
—Puede hacer eso y más. La influencia de la luna de sangre parece no tener límites. A mí trataron de exorcizarme un grupo de acólitos que había contratado para que me quitasen la ira —explicó Tom—. Resulta que ese día hubo un hurto de identidades, y tuve la mala suerte de contratar a los perpetradores y no a los acólitos reales.
—¿Intentaste contratar a los acólitos reales después de eso? —preguntó Jackie.
—¿Con la mala experiencia que tuve? No. Paso. Prefiero seguir con Brian, mi psicólogo, el cual me dice que estoy consiguiendo progresos.
—Sin ánimos de cortar la historia —interrumpió Marco—, pero haré la pregunta: ¿hay alguna forma de deshacer la maldición?
—Mi tío me explicó una.
Al escuchar eso, Marco y Star suspiraron con alivio.
—¿Cuál es esa forma? —inquirió Marco.
—Los afectados por la maldición deben bailar en una noche de luna de sangre, y cuando esta los ilumine bajo un foco, los dos deberán separarse, rompiendo la unión.
—Bueno, al menos parece sencillo.
—Lo es, pero hay un problema —comentó Tom, y el resto permaneció expectante—. La próxima luna de sangre es dentro de año y medio.
Como cabría esperar, la noticia les sentó a todos como un cubo de agua fría.
—¿Año y medio? —inquirió Marco—. Es siquiera posible que lleguemos a esas fechas sin que a ti o a Jackie les pase algo grave.
—Hay una forma de atenuar la maldición. Si Jackie y yo nos alejamos de ustedes, la racha de mala suerte debería ir decayendo poco a poco —aseguró el demonio—. No desaparecerá, pero al menos así evitas que ocurran cosas graves.
—Tom, no podemos estar separados tanto tiempo —se quejó Marco.
—Ya lo sé. ¿Pero qué más quieres que haga? —también se quejó, alzando las manos.
—Podrías intentar hacer más por nosotros, ya que todo esto fue tu...
—¡Marco! —le gritó Star, a lo que Marco se detuvo en seco y pareció lamentar lo que estuvo a punto de decir.
—Lo siento —dijo el chico.
Tom estaba con los puños apretados y los ojos entrecerrados.
—Ya sé que todo esto es mi culpa —dijo él—. Lo sé. He hecho lo posible por encontrar una solución, pero solo he dado con esto.
Jackie caminó hacia el demonio y le colocó una mano en el hombro.
—Está bien, Tom. Encontraremos otra solución —dijo ella.
El demonio la miró un momento y luego frunció el ceño.
—No conozco otro método, pero hay muchos libros demonológicos que tal vez podrían ayudarnos —dijo, girándose un momento al resto—. Aunque creo que ustedes necesitarán un diccionario.
—Es una mejor opción a tener que quedarnos año y medio sin hacer nada —comentó Jackie.
—En eso estoy de acuerdo —dijo Marco—, pero, ¿creen que deberíamos mantenernos separados hasta entonces?
El grupo se miró entre sí, pasando las miradas de unos a otros.
—Sería necesario si queremos evitar más problemas —les recordó Tom—. Podríamos comunicarnos de entre aquellos que no tengan vínculo amoroso. Como Marco y yo, o Jackie y Star. Yo podría hablarle a Jackie por Marco, y Marco podría hablarle a Star por mí.
—¿No crees que sería un poco excesivo? —dijo Marco.
—Salta a la vista que, incluso estando separados, la pareja es afectada. Así que, por el momento, mantener el contacto mínimo posible, será lo mejor.
Jackie miró a Marco con pena en los ojos. Tendrían que estar separados hasta que arreglasen eso. Si bien no le gustaba la idea, tampoco quería volver a pasar horas encerrada en un ascensor hasta que el conserje se dignase a pasar por allí. Star llevó a Marco y a Jackie a una habitación diferente para que cada pareja pudiera despedirse.
Ahora estaban a solas.
Después de todo lo hablado antes, Jackie ya no se sentía mal respecto a lo del vals. Solo sentía algo de pena por tener que alejarse de Marco por quién sabe cuánto tiempo. Lo echaría mucho de menos. Pese a estar solos, no dijeron muchas cosas, tan solo se abrazaron mientras estaban recostados en la cama, y luego se besaron, disfrutando de cada segundo de aquel dulce sabor antes de perderse de forma indefinida. Cuando se separaron, se quedaron mirándose el uno al otro, se tomaron de las manos y se acariciaron los rostros, haciéndose pequeñas cosquillas el uno al otro, sonriéndose. Jackie echaría de menos esa sonrisa, esos ojos, esos labios. Lo extrañaría todo de él.
Se pusieron de pie, listos para juntarse con Star y Tom antes de partir.
—Espera —dijo Jackie antes de que Marco abriese la puerta—, ten.
Se quitó el collar que Marco le había dejado y se lo entregó. Este se lo quedó mirando y sonrió, la tomó de las manos e hizo que las cerrara sobre la cadena del collar para luego devolvérselas. Motivo por el cual Jackie lo miró confundida.
—Tú lo necesitas más que yo —dijo él—. Ya me lo devolverás cuando rompamos la maldición. Cuídalo por mí.
—Lo haré —prometió ella.
Volvieron junto a Tom y Star. Le entregaron a Jackie un espejo de bolsillo, para que así pudiera comunicarse con ellos pese a estar en la tierra. Acordaron cómo se comunicarían, y cuándo les llevaría Tom los libros a estudiar. Una vez planeado todo, se dispusieron a marchar, pero, antes de hacerlo, Marco se disculpó con Tom por cómo le había hablado, y se dieron un abrazo de reconciliación. Volvieron a la tierra. Marco la acompaño hasta su casa y la dejó en la puerta. Se dieron un abrazo y un beso de despedida, uno que Jackie intentó que no durase demasiado, o solo haría más difícil la despedida. Marco acabó por marcharse con un portal y Jackie subió a su habitación para dejarse caer de espaldas en la cama. Se llevó una mano al collar y soltó un suspiro. Se juró a sí misma, sin palabras, que en cuanto tuviese los libros que Tom le había dicho, buscaría una cura para la maldición sin descanso.
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La maldición de la luna de sangre ha sido la responsable, pero ninguno de los presentes se dejará amedrentar por ello. Entre todos buscarán una solución para esta maldición.
Siguiente capítulo volvemos con el grupo de Ludo. Espero que lo disfruten.
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