Capítulo 48: Maldición II

Salió de la ducha con cara de pocos amigos. El conserje tardó en escuchar la alarma del ascensor porque tenía los auriculares puestos. Su padre había llevado el coche al mecánico, así que tuvo que usar el auto bus. Y, para colmo de males, comenzó a llover. Por suerte siempre llevaba en la mochila una bolsa para cubrirse el yeso. Algo que tenía que agradecerle a Marco, porque este lo había sugerido para aquellas situaciones.

Se dejó caer en la cama, exhausta, más por la calidad del día que por estar cansada físicamente. Dio media vuelta y miró al techo, pensativa. Recordó las palabras de Marco: "no sé si este sería un buen momento para saltar directamente a esa conclusión". Jackie le dio vueltas en su cabeza, y también pensó en todas las calumnias que le habían ocurrido ese día. Tras meditarlo durante unos minutos, tomó aire y luego soltó de un solo suspiro.

—Es un buen momento para saltar a esa conclusión —se dijo a sí misma, cansada de esperar sin hacer nada.

Estiró el pie derecho (el sano) y arrastró la silla de ruedas hasta ella. Después de subirse, utilizó el mismo pie para acercarse poco a poco hasta su escritorio en donde tenía su laptop. Comenzó a buscar información sin descanso, entrando en foros, mirando videos, leyendo entradas de páginas explícitas del tema. Estuvo investigando en profundidad durante unos días, hasta que estuvo convencida.

—Marco, estoy maldita, y te lo voy a probar —dijo ella mientras buscaba ropa cómoda en su armario.

—Jackie, ¿estás segura? Quiero decir, vine usando las tijeras porque dijiste que era importante, pero no sé si...

—Es importante, Marco —dijo ella, levantando un dedo tembloroso por todo el café que había consumido para seguir investigando.

—¿Has dormido bien?

—Dormir no da respuestas.

Escuchó un par de golpes en la puerta.

—Hija, voy a salir un momento para... —dijo su padre, entrando de golpe, clavando los ojos en Marco—. Marco, ¿qué tal? No te vi entrar.

—Hola, Jack, yo —comenzó, buscando una excusa creíble— quería ser discreto.

Su padre la miró a ella y después a Marco, pensativo.

—Chicos, saben que no tienen por qué ocultarme nada. Lo entiendo. Yo también fui joven —dijo él, y Jackie comprendió que su padre estaba malinterpretando la situación—. Aunque no me siento preparado para ser abuelo.

—¡Papá! —gritó Jackie, lanzándole una almohada.

Su padre se cubrió y comenzó a reírse.

—Muy bien, los dejo solos. Quería avisarte que me iré un momento al mercado veinticuatro horas. Volveré luego.

—Nosotros nos iremos un momento a casa de Marco.

Su padre alzó una ceja y miró su reloj.

—¿A estas horas?

—Volveré antes de la hora de dormir. ¿No te importa?

Su padre miró a Marco, al cual Jackie había puesto entre la espada y la pared, porque él no sabía nada de lo que harían, mucho menos que irían a su casa.

—Soy incapaz de desconfiar de este muchacho, y más aún después de conocer a sus padres. Adelante. Y si al final te quedas allí, avísame —dijo, antes de despedirse y cerrar la puerta.

Marco se giró hacia ella con gesto de reproche. Su mirada indicaba que este quería una explicación.

—Jackie, ¿qué es lo que quieres hacer?

—Quitarme esta maldición de encima. Mira podría explicarte punto por punto por qué la maldición de la que te hablo es real, pero ambos sabemos que no soy tan organizada como tú, por lo cual, no he preparado ninguna presentación ni discurso ni nada que se le parezca, pero sí se me ocurrió la mejor forma de demostrártelo —dijo ella, colocándose una chaqueta azul marina con capucha, mangas y bolsillos blancos—. ¿Me podrías dejar tus tijeras?

Marco pareció dudoso al principio, pero luego metió su mano en uno de sus bolsillos y le entregó las tijeras. Jackie abrió un portal y le devolvió las tijeras a Marco, luego, tomó sus muletas y se puso de pie. Se fijó en que el castaño estaba escribiendo algo en su celular.

—¿Vienes?

—Sí, solo un segundo. Estoy avisando a mis padres que nos iremos a Mewni y que, si no volvemos antes de las once, que avisen a Jack que te quedas a dormir. Así nos cubriremos las espaldas.

—Me encanta que pienses en todo. Pero, ¿cómo sabias que íbamos a Mewni?

—Has dicho que querías mostrarme que no estabas equivocada, has mencionado la palabra maldición, y has abierto un portal. —Guardó su teléfono y se acercó a ella—. Así que pensé que tal vez querrías ir a Mewni para hablar con "un experto".

Jackie sonrió y luego le pellizcó una mejilla con cariño.

—Como se nota que me conoces, Díaz. —Lo soltó y volvió a tomar la muleta—. Vamos, no hay tiempo que perder.

—Sí, aunque he de decir que no me gusta la idea de ir a hacerle una consulta al "experto".

—Vamos, no será tan malo —rio ella—. Sujétame un segundo —le dijo, acercándole un codo. Marco lo sujetó y ella metió la cabeza en el portal. Del otro lado, vio la habitación de Star, parecía que no había nadie, así que volvió con Marco—. Es seguro cruzar.

Ambos se metieron en el portal y aparecieron en la habitación de la Butterfly. Como si los hubiesen estado esperando, Star entró a la habitación dándole una patada a la puerta, provocando que los dos jóvenes brincasen del susto. Tom venía junto a ella, este tenía algo entre sus manos, parecía una serpiente de color salmón, la estaba acariciando con rostro dolido.

—Te dije que no era buena idea invocar un tornado en la habitación de las armaduras —dijo el chico.

—Lo siento, no esperaba que una de las mazas fuese a caer encima de tu cola —se disculpó Star.

Cuando la pareja se percató en la presencia de ellos, se detuvieron.

—Marco, Jackie, ¿qué hacen aquí? —preguntó Star.

—Tom, ¿está bien tu cola? —preguntó Marco, dejando pasar unos segundos—. Espera, ¿tenías cola?

—Hola, venimos porque queríamos ver a Janna —respondió Jackie.

—Mi cola está bien, dentro de todo. Siempre la tuve, solo que no me sentía cómodo dejándola suelta —dijo Tom—. Gracias por preguntar.

—¿Janna? —continuó Star, ignorando a los chicos—. Esta en las partes bajas del castillo. Síganme, los llevaré hasta ella.

Por la expresión en su rostro a Marco no pareció gustarle la parte de "las partes bajas del castillo". Aun así, los siguió sin rechistar. Pasaron por un largo entramado de escaleras y pasillos que iban bajando. Incluso tuvieron que descender aún más por una plataforma mágica que bajaba por su cuenta. Lo que le recordó a Jackie al funcionamiento de un ascensor. Solo esperaba que este no se parase a mitad de camino.

Llegaron hasta un pasillo pedrado lleno de columnas.

—Ella está por allí —dijo Star, señalando a una puerta al final de aquel sitio, la cual estaba iluminada por dos antorchas—. Nosotros subiremos. Necesitamos algo de hielo para Tom.

—Gracias —dijo Jackie, saludando mientras Star y Tom se iban por la plataforma.

Marco hizo lo propio, luego enfilaron hacia la puerta tenebrosa.

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¿Qué demonios está haciendo Janna ahí, apartada de la mano de Dios? ¿Y cómo podrá ella ayudar a Jackie? Síganme para averiguarlo.

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