Capítulo 36: Hospital I

Entró por la puerta del hospital general de Eco Arroyo intentando no correr hacia la recepción. Había tres personas delante de él. Y la primera de ellas estaba explicándole más de lo necesario a la recepcionista. Su lado altruista le decía que esperase, pero la ansiedad le superaba. Se saltó la cola sin mirar a los pacientes que tenía detrás, aunque no le hacía falta, podía notar sus miradas en la nuca.

—Porque cuando estaba en la residencia a mí no me dolía. Es cuando me da el frío...

—Perdón, tan solo quiero preguntar una cosa —dijo, excusándose—. ¿Sabe dónde está Jackie Lynn Thomas? —preguntó a la recepcionista. Esta tenía un rostro de llevar un turno doble de más de diez horas.

Tecleó algo la computadora y luego lo miró a los ojos.

—Está en el segundo piso, habitación doscientos cinco —dijo, carente de emoción alguna.

—Gracias —dijo, luego se giró a la gente que esperaba—. Gracias.

Salió de allí con paso ligero y subió el ascensor. Al salir vio una recepción y fue directo a ella.

—Hola, busco a Jackie Lynn Thomas —dijo con gesto preocupado.

—Sí, está en la habitación doscientos cinco, por este lado. —Marco caminó directo hacia el pasillo sin perder el tiempo—. Espera —le dijo la mujer, provocando que se parase en seco—, no puede haber más de dos acompañantes con la paciente. Tendrás que esperar en la sala de la izquierda hasta que uno de ellos salga.

—¿No puedo pasar, aunque sea para verla un momento? —dijo con rostro apenado.

—Lo siento, pero nuestros jefes son muy estrictos con los protocolos.

—Entiendo. Gracias.

Arrastró los pies hasta la salita de espera y buscó el primer asiento disponible. Se dejó caer en la silla y miró preocupado al suelo, pensando en qué le podría haber pasado a Jackie

—Llegas tarde —le dijo una voz desde atrás.

Marco levantó la cabeza y se giró. Leo estaba sentado detrás de él. Tenía una expresión entre molesto y preocupado. Seguro que sabía lo ocurrido.

Se levantó de su sitio y se acercó a él. Se echó hacia atrás al notar el horrible aroma a sudor que desprendía el muchacho.

—Lo siento, no tuve tiempo de ducharme mientras seguíamos a la ambulancia —dijo con sarcasmo.

—No, culpa mía. Lo siento. —Se sobrepuso al olor y se sentó a su lado. Leo se lo quedó mirando un momento, pero no dijo nada—. ¿Qué fue lo que ocurrió? —preguntó al final.

Leo suspiró y se echó hacia atrás.

—Jackie tuvo una mala caída.

—¿Qué tan mala?

—De las que te dejan el tobillo destrozado.

Así que tobillo. No podría volver a patinar por una temporada. Marco suspiró y enterró el rostro entre sus manos. Le hubiese gustado estar allí, con ella. Aunque sea para que ella supiese que estaba a su lado.

Escuchó a alguien caminar hacia ellos. Alzó la mirada y vio a Hope. Sonreía como siempre. O al menos lo parecía, porque, cuando se fijó mejor, se percató de que tenía un gesto cabizbajo y la mirada perdida en el suelo.

Marco y Leo se pusieron de pie casi a la vez, y entonces intercambiaron miradas. La de Leo era adusta y desafiante.

—Yo estaba antes. Me toca a mí —dijo él.

—Claro, lo siento.

Leo no dijo nada, tan solo se fue por el pasillo hacia la habitación de Jackie. Cuando pasó cerca de la recepción, la recepcionista se cubrió la nariz, y luego esparció un poco de ambientador por la zona.

Hope se acercó hasta él y ambos se miraron.

—Hola —dijo ella.

—Hola —correspondió él—. ¿Cómo se encuentra?

Hope intentó mejorar su expresión, y luego se sentó al lado de él.

—Se pondrá bien. Le han puesto un inyectable para el dolor. Dijeron que se quedaría hospitalizada al menos por hoy para ver que esté estable. Si todo va bien, mañana le darán el alta. —Las palabras de Hope en verdad sonaban optimistas. No es que ella estuviera en su mejor momento, pero de verdad intentaba sonar positiva.

—¿Por qué piensan que podría no estar estable?

—Por la pérdida de conciencia.

—¿Qué? —reaccionó alarmado, girándose hacia ella.

—Supongo que Leo no te lo habrá explicado. Jackie tuvo un accidente.

—Sí, eso me dijo Leo. También me dijo que se trataba del tobillo.

—Sí, pero no solo es el tobillo. También se hizo daño en el codo y se dio un golpe en la cabeza.

—¿Pero, no llevaba el casco?

—Lo llevaba, pero, al parecer, el golpe provocó una sacudida que la dejo inconsciente por unos segundos —dijo ella—. No hay traumatismo craneal, por si te lo preguntas.

Al menos eso era algo bueno, dentro de las circunstancias.

—Entonces, ¿por qué quieren hospitalizarla?

—Solo para estar seguros. Pero creen que está bien. Lo más probable es que mañana por la mañana vuelva a casa, por lo que me ha comentado Jack.

—Bueno, eso me tranquiliza.

—Ella está bien, físicamente —aclaró Hope—. Pero no creo que se haya tomado bien lo ocurrido en el torneo —dijo ella, apenas manteniendo la sonrisa.

Estaba claro. ¿Quién se podría tomar para bien algo así?

El teléfono de Hope comenzó a vibrar y ella contestó.

—Sí. De acuerdo, ahora bajo —dijo ella, antes de colgar—. Eran mis padres. Han venido a buscarme.

Marco asintió.

—Cuídate.

Hope alegró un poco más la sonrisa.

—Tú también. Nos vemos.

La chica se alejó y desapareció cuando las puertas del ascensor se cerraron, dejando solo al muchacho otra vez. Marco sacó sus auriculares y los conectó a su teléfono para escuchar algo de música. Prefería distraerse tanto como fuera posible para que la espera se hiciera más amena. No funcionó.

Después de veinte minutos que se sintieron como una eternidad, vio a Leo salir por el pasillo. Rápido, se quitó los auriculares y se puso de pie.

—¿Cómo se encuentra? —preguntó, pese a que ya le había preguntado a Hope.

Este tenía la mirada distante. Soltó un suspiro y luego apretó los dientes.

—Ella no está bien.

—Pero si Hope dijo que mañana le darían el alta.

—No me refiero a eso, idiota. Está destrozada por lo del torneo.

—Entiendo —dijo, dejando un momento de silencio—. ¿Ha llorado?

—No. Ella también es una idiota. Prefiere guardarse eso para ella y aparentar que está bien para que los demás no se preocupen —dijo Leo, apretando los puños. Notaba por su expresión que esa actitud le daba rabia, pero también se fijó en que los ojos del chico habían enrojecido—. Es una persona fuerte. Yo sé que lo es. Pero la conozco demasiado como para no saber cuándo no se encuentra bien. Tendrías que haberla visto en el torneo. Ella lo estaba dando todo para destruir a Mark. Estaba a punto de conseguirlo, pero no solo no lo hizo, sino que tuvo que salir del concurso. —Se quejaba este, con voz quebrada. No comprendía algunas de las cosas que decía con respecto a Mark, pero no creía conveniente preguntar sobre ello.

—La situación apesta.

—La situación es una puta mierda —se quejó él, llamando la atención de la recepcionista y de otras personas en la sala de espera. Marco apoyó una mano en el hombro de Leo, y este respiró hondo, en un intento por recobrar la calma. Cuando pareció hacerlo, Marco retiró la mano—. Ella es una chica fuerte. De verdad que lo es. Pero sé cuándo está mal. Lo dio todo. No solo en el torneo, sino también en los entrenamientos. Se dejaba la piel practicando. —Dirigió la mirada hacia Marco—. No me gusta admitir esto, pero, desde que te conoció, comenzó a esforzarse más por lo que le gusta. Lo sé. Lo he visto. Así que, escúchame, Marco —dijo, poniéndose frente a él—, entra ahí y cuida de Jackie. Trátala como se merece. Tal vez contigo sí pueda desahogarse.

Marco lo miró a los ojos y asintió, solemne. Dejó a Leo atrás y se dirigió al pasillo.

—Y, Marco —le llamó este, haciendo que se gire un momento—. El próximo día que tengas una sesión de calabozos y dragones, más te vale invitarme. —Marco, al escuchar eso, se quedó anonadado. Jamás se habría esperado una petición como aquella viniendo de Leo—. ¿Entendiste?

—Sí, sí. Lo haré.

Leo alzó una mano a modo de despedida y luego se alejó. Marco se lo quedó mirando un momento, pero luego volvió en sí y siguió caminando por el pasillo.

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¿Cómo estará Jackie?

Marco a penas se puede esperar para no salir corriendo hacia su habitación y verla. Pero no se preocupen, porque en el próximo capítulo lo sabremos.

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