Capítulo 33: Torneos I
Estaba sentado en el banquillo junto a sus compañeros. El jurado observaba con atención los movimientos de Jeremy al realizar una de las formas de karate. Marco podía ver varios errores en ellos: los ángulos, incorrectos; los movimientos, inseguros; y el tempo, irregular. Se notaba que estaba nervioso. Pero, no podía culparlo, él también lo estaría.
Después de haber ido a Mewni y ver a Star tan decidida a crear un reino en el que convivieran monstruos y mewmanos, se dio cuenta de que ella había madurado, que había encontrado un propósito y había aceptado todas las dificultades y responsabilidades que requería alcanzarlo. Estaba creciendo. Poco a poco forjando su actitud para convertirse en reina de Mewni. Él no podía quedarse atrás, no después de haber entrenado tanto en casa, todo para acercarse tanto como fuera posible a su versión adulta. Porque, de una cosa estaba seguro. La técnica ya la dominaba.
Las gradas se llenaron de aplausos solemnes cuando Jeremy terminó su exhibición y el jurado falló a su favor. Cuatro a favor y uno en contra. Jeremy volvió al banquillo con rostro orgulloso.
—A ver si superan eso —dijo al aire, pero mirando a Marco con una sonrisa burlona.
Se sentó a su lado y Marco pudo ver que sudaba por las axilas y respiraba agitado. El pobre estaba intentando hacer todo lo posible por mantener el porte. Marco no respondió a su provocación, ese día estaba más que enfocado a obtener resultados.
—El siguiente participante es Marco Díaz —dijo el señor del medio.
A lo lejos se escuchó a su familia y a Jackie gritando su nombre desde las gradas para darle ánimos. Este se giró hacia ellos y los saludó con una sonrisa. Caminó hacia la arena y dio un saludo de respeto antes de entrar. Se ubicó en el centro, se puso recto y colocó los puños delante de la cintura.
—Puede comenzar —dijo el juez.
Marco saludó al jurado y luego dio un par de pasos hacia atrás y comenzó a lanzar golpes coreografiados de forma mecánica. Realizaba una secuencia hacia un lado para luego girarse y realizarla hacia el lado contrario. Todos a su alrededor guardaban silencio, y solo se escuchaba el sonido de su respiración al soltar los golpes y el de la ropa al chocar contra su piel debido a la brusquedad intencionada de los movimientos. Un escenario perfecto para que cualquiera se pusiera nervioso, y él lo habría estado, de no ser porque había practicado formas con pasos más complicados y complejos en aquel monasterio.
Terminó de realizar sus movimientos y se quedó paralizado con un puño al aire. Dejó unos segundos de margen para indicar que había finalizado y luego adoptó la misma posición que antes de iniciar la danza. Esperó el veredicto del jurado. Los vio levantar el brazo derecho. Todos a favor. La gente aplaudió, como de costumbre, y sus padres y Jackie hicieron más escándalo que el resto.
Dio una ligera reverencia al jurado y volvió al banquillo.
—Bien hecho, Marco. Se ve que has atendido a las lecciones de tu sensei —dijo Brantley con una sonrisa de satisfacción en el rostro.
—Gracias, sensei.
Se sentó en el banco, junto a Jeremy. Este estaba de brazos cruzados y con el rostro enfadado. Marco prefirió no meter el dedo en la llaga, pero no pudo reprimir una sonrisa de satisfacción al haberle cerrado la boca.
—Marco —escuchó decir a Jackie, saliendo por la puerta de debajo de las gradas.
Este la saludó y se levantó de su sitio para ir a verla. Cuando se encontraron, ella lo abrazó y le dio un beso.
—Estuviste genial —le dijo ella.
—Gracias. Te escuché a ti a mis padres desde la arena.
—No podía evitarse. Se notaba que lo estabas dando todo.
—Lo intento. Y sé que tú también lo harás.
—Sí, por eso venía a despedirme —dijo ella, con una expresión de disculpa dibujada en sus ojos—. El torneo empieza en una hora, y Leo dijo que comenzarán a reunir a los participantes antes de tiempo para explicarles cómo se organizarán.
Jackie levantó su celular y le enseñó la hora. Ni se había dado cuenta del tiempo que había transcurrido.
—Vaya, y eso que no hemos llegado a la exhibición de golpes y los combates —comentó él, pensando aún en todo lo que faltaba.
—Siento no poder quedarme más tiempo.
Marco levantó una mano, indicando que no hacía falta disculparse.
—Jackie, está bien. Antes me molestaría que te quedaras a que te tuvieras que irte. Después de todo lo que has practicado, lo último que puedes hacer es no presentarte.
Ella sonrió y le dio un beso de despedida.
—Gracias —dijo, antes de darle la espalda y alejarse.
—Oye —Jackie se giró y le echó una última mirada—, cómete al jurado.
Ella asintió y levantó un pulgar para luego desaparecer por el pasillo.
Observaba de pie a uno de los participantes moverse por el primero de los circuitos. Un montón de obstáculos: subidas y bajadas, escaleras y barandillas, rampas, todo eso distribuido en unos cien metros de pista para que los patinadores mostraran sus destrezas. Este circuito era "el más sencillo", pues los finalistas tendrían que sacar puntos en el otro que era como una piscina enorme en donde cada uno mostraría qué era capaz de hacer con él estilo libre.
Al participante le quedaban diez segundos para mostrar de lo que era capaz. Apuntó hasta la barandilla de la escalera, la cuál iba en bajada, y saltó, cayendo con la patineta encima, de forma horizontal. Se deslizó hasta el suelo, pero perdió el equilibrio en el momento en el que las ruedas aterrizaron. El chico cayó y rodó por el suelo. Trató de levantarse rápido, pero sonó el timbre. Frustrado, el muchacho dio un golpe al suelo y recogió su patineta.
—Debe de ser duro —le dijo Jackie a Leo.
—No habrá practicado lo suficiente.
—O le han ganado los nervios.
—Si hubiese practicado lo suficiente no se habría puesto nervioso. Y te lo voy a demostrar.
—Leonardo Braveheart. Es el siguiente —pronunció por el altavoz.
—Ah, pedí claramente que no me llamasen por ese nombre —se quejó Leo, mirando al tipo del micrófono.
Jackie se rio y le palmeó la espalda.
—Buena suerte, Leonardo —dijo ella con una sonrisa maliciosa.
En realidad, no quería que Leo se sintiera nervioso, así que prefirió hacerlo reír, pero no lo consiguió.
—¿Suerte? —preguntó este, alzando una ceja y mostrando una sonrisa que exponía su colmillo inferior—. Tomás, llevo semanas preparándome para esto. La suerte no tiene nada que ver aquí.
Leo se colocó al borde de la pista, listo para deslizarse con la patineta.
Sonó el timbre de salida y el temporizador comenzó a correr. Un minuto.
Leo pisó la parte delantera de la patineta y bajo a gran velocidad. Subió por la rampa y dio un salto hacia el borde de arriba, saltándose la última parte del tramo. Se impulsó con los pies y llegó hasta el cuarto de tubo. Aprovechó la curvatura y se elevó por encima del límite. Dio un giro lateral en el aire y cayó sobre el cuarto de tubo, volviendo a la pista.
Fue directo a la barandilla con expresión concentrada, dio un salto y se deslizó sobre esta con la patineta en horizontal. Cayó al suelo, aprovechando el impulso y subió por el cuarto de tubo del lado contrario, donde estaban los demás participantes. Giró en el aire justo por donde estaba Jackie, le dedico una mirada y le sonrió antes de volver.
Los comentaristas hablaban de él y de lo bien que lo hacía. No se desconcentraba, pero se notaba que estaba escuchando a los presentadores.
Leo tenía tanto control de lo que hacía, que repitió el circuito una vez más. Pero esta vez, cuando saltó a la barandilla, mantuvo la patineta en vertical. El punto de equilibrio era más difícil de controlar de esa forma, solo hacía falta verlo, pero Leo lo consiguió. Se deslizó sin problemas, cayó al suelo cuando sonó el timbre, y volvió junto a los participantes.
El público gritó de emoción. Y Leo los miró con una sonrisa de soberbia. Alzó la mano y los saludó a todos. En verdad disfrutaba siendo el centro de atención.
Vino hacia ella sin borrar la sonrisa de su rostro.
—Lo hiciste genial, Leo. El público te adora.
—Lo sé —respondió el, colocándole una mano en el hombro, y luego apuntando a la pista con la otra—. Te toca.
—Jackie Lynn Thomas —dijo el comentarista, como si hubiera escuchado al chico.
Esta vez le tocó a ella recibir los ánimos de su padre y Hope desde las gradas. Les dedicó una sonrisa y los saludó antes de subirse a la patineta y pararse en el borde. Respiró profundo, cerró los ojos e intentó relajar el cuerpo. Después de tantos intentos en el parque, de tantas caídas, por fin llegó el momento de demostrar lo aprendido. Todo el público a la espera, la luz del sol en su cabeza y todas las miradas puestas sobre ella. Abrió los ojos y soltó aire. Era el momento.
El timbre sonó y Jackie se dejó caer. Se movió rápido por la pista, acompañada del sonido de las ruedas y balanceando su cuerpo de un lado a otro para no perder velocidad. Subió por la rampa, dio un salto al llegar al final, flexionó las rodillas y tomó la patineta con las manos, dando un pequeño giro de trescientos sesenta grados. Aterrizó sin caerse y escuchó el sonido de asombro del público. Ella sonrió de la emoción. Sentía el cuerpo arder y el corazón a mil.
Subió por el cuarto de tubo haciendo tres giros laterales en el aire y volviendo a la pista. Fue directo a la barandilla, casi sin notar el peso de su cuerpo, como si volase. Levantó los pies y se subió con la patineta en horizontal. Cuando bajó y las ruedas chocaron contra el suelo, pensó que perdería el equilibrio, pero no fue así. Eso le dio un pequeño subidón de adrenalina que la hizo querer seguir y seguir.
Subió por el cuarto de tubo en donde se encontraban los participantes. Esta vez fue ella la que le dedicó una mirada a Leo, este parecía sorprendido y enorgullecido. Regresó al pavimento y las ruedas rugieron al chocar. Se impulsó varias veces para tomar toda la velocidad posible, y de un salto subió todos los escalones de la primera escalera (una de cuatro escalones). Fue directo al cuarto de tubo, y subió con el suficiente impulso para apoyarse con la patineta en el borde, abrir los brazos y saludar a todo el mundo, solo para volver una vez más a la pista a gran velocidad. Saltó una vez más en la barandilla, pero, en esta ocasión, se apoyó solo con una de las puntas laterales de la patineta, manteniendo el equilibrio con un solo pie. Y, por un momento, el tiempo se paró para ella. Un momento de pura emoción, hasta que salió de la barandilla, aterrizando con presteza, aprovechando el impulso para subir el cuarto de tubo de regreso y volviendo con los demás competidores, justo para que sonase el timbre.
—Nada mal, Tomás —dijo Leo, pero ella estaba tan emocionada que le dio un abrazo.
Luego se separó y soltó un grito de euforia, acompañado de los aplausos y silbidos del público. Ahora había reparado en que los comentaristas estaban hablando de ella. Era como si hubiese estado sorda durante toda la prueba.
—Eso fue genial —dijo ella—. Cielos, Leo, mira mis manos. —Estas le temblaban de la emoción—. Por un momento pensé que me iba a caer. Viejo, tengo que ver la repetición cuando la suban a la web.
Al otro lado, su padre y Hope gritándole ánimos.
Ella sonrió y miró la pantalla de puntuación. Se había puesto tres puntos por encima de Leo. Este la miró con recelo.
—Parece que ya sabemos quién llevará a quién a la cima a cuestas —se burló ella.
—Aún queda torneo para rato, Tomás. Aún queda torneo para rato.
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Lo prometido es deuda. Aquí tenemos los torneos. Y no saben la cantidad de términos que tuve que buscar para escribir estos capítulos.
Aun queda bastante por ver. Síganme para comprobarlo.
Si te gustó el capítulo, escribe un comentario, sin importar que estés leyendo esto después de uno o dos años de su publicación, pues me encantar leer a mis lectores. Y si gustas, también deja un voto.
Gracias por tu tiempo y apoyo.
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