Capítulo 3. Cuídate I

Jackie tocó el timbre y esperó paciente. Marco miró la fachada: una casa elegante, amarilla, y desconocida.

—¿Quién vive aquí? —preguntó él, y como si alguien esperara a que hiciera esa pregunta, la puerta se abrió. Al ver quién estaba detrás de ella, Marco sintió deseos de salir corriendo.

—¿Qué hacen en mis dominios, tortolos? —preguntó Janna.

—Necesitamos que nos eches una mano —dijo Jackie.

—Ah —exclamó Janna, y su expresión fue la misma que la de un mercader cuando encuentra una buena oferta—. Ya veo, ya veo. Y bueno, díganme, ¿en qué les puedo ayudar?

Hubo silencio por un momento. Hasta que sintió a Jackie tocarle con el codo para que reaccionara.

—Dile, Marco.

—Y encima la petición es de Marco. —Janna adoptó, si cabía, una expresión aún más pronunciada que la anterior, esta vez, mezclada con un poco de malicia—. Sí, Marco, dime. ¿Qué necesitas de mí?

Hizo acopio de su paciencia y valentía para no salir huyendo. Se había enfrentado a peores cosas que Janna. Pero, a diferencia de Janna, esas cosas no le robaban las llaves de casa y se metían por la noche en su habitación para robar restos de uñas y cabello.

Inspiró profundo, ignoró el sudor de sus axilas y trató de ponerse lo más serio posible. Tenía que hacerlo. Por Star.

Estuvo a punto de abrir la boca, pero alguien lo interrumpió.

—Janna, ¿quién es? —preguntó una voz femenina dentro de casa.

Al escucharla, Janna pareció molestarse.

—Nadie, mamá. Solo unos amigos.

—¿Por qué no los invitas a pasar? —dijo la mujer en tono cordial—. Tengo algunos bizcochos que me sobraron esta mañana.

—No, mamá. Ya se iban. —La madre no respondió, y Janna le dirigió una mirada severa a Marco y le apuntó con el dedo—. Tú, habla, y que sea rápido.

Marco eligió no perder el tiempo y seguirle la corriente. Al menos así acortaría todo lo posible su estadía allí.

—¿Sabes contactar con demonios?

—Sé invocarlos —respondió sin mostrarse extrañada por la pregunta—. ¿Para qué necesitas invocar un demonio?

—Para llevarme a Mewni. Se llama Tom. Es el único que pude ayudarme en eso.

—¿Tom?

—Espera, tengo una foto de los dos en la cartera —dijo, comenzando a palpar en sus bolsillos para encontrarla.

—¿Es el tipo de piel salmón, cuernos y tres ojos? —preguntó Janna, mirando algunas de las fotos de la cartera de Marco.

¿En qué momento la había tomado?

—Devuélveme eso —le arrebató la cartera y volvió a guardarla.

—Sí, el príncipe del inframundo. Lo conozco, alguna vez lo he molestado, pero nunca se presentó como Tom. —Ni siquiera el príncipe del inframundo era capaz de escapar de las travesuras de Janna. Sintió lástima por él—. ¿Para qué quieres que te lleve a Mewni, de todas formas?

—Necesito hablar con Star. Estoy preocupado por ella. La forma en la que se despidió —hizo una pausa— fue todo tan repentino. Hay algo que no cuadra en todo esto.

—Ya veo.

—¿Entonces qué? ¿Me ayudarás?

Janna pareció sopesar la respuesta, pero no sabía si lo hacía porque de verdad se lo estaba pensando o porque quería hacerlo perder los nervios. Conociéndola, tal vez fuese una mezcla de ambas.

—De acuerdo, te ayudaré, pero con una condición. —Era de esperarse que aquello no fuera gratis, pero, dadas las circunstancias aceptaría cualquier trato—. Yo también quiero ir.

—¿Qué? No. Es muy probable que Star se haya ido porque algo malo le ha ocurrido a ella, su familia o su reino. Mi intención es ir a ver qué pasa, pero también voy preparado por si la situación se tuerce. Será peligroso.

—Oye, es mi amiga, también tengo derecho a saber por qué se fue. Tú no eres el único que tiene preguntas que hacer. —Janna se cruzó de brazos y se hizo la interesante—. Así que si quieres que te ayude tendrás que llevarme contigo —dijo, mirándose las uñas—. Y pagarme seiscientos cincuenta dólares por adelantado por mis servicios.

Miró a Jackie, incrédulo por lo que estaba escuchando. Esta pareció comprender sin que tuviese que decírselo.

—Vamos, Janna, no seas tan severa —dijo Jackie—, está pasando por un mal momento.

—Él no es el único, ¿sabes?

Jackie abrió la boca para decir algo, pero pareció cambiar de opinión. En vez de eso, frunció el ceño en gesto culpable.

—Lo siento —dijo Jackie—. Mira, si Marco está dispuesto a llevarte, si de verdad está dispuesto a llevarte —se giró hacia él y señaló a Janna con los ojos, solo para luego volverse a la chica— ¿accederías a ayudarlo?

La expresión de Janna era indescifrable. Bien podría significar que no les ayudaría, que el trato se hacía a su manera o que haría las cosas por su cuenta.

—De acuerdo —dijo al final—. Si Marco está dispuesto a llevarme —dio un par de pasos hacia él y aprovechó el escalón de la entrada para parecer más alta—, si de verdad está dispuesto a llevarme, entonces —le tendió la mano—, tenemos un trato.

Marco miró a Jackie, ella le sonrió. Le había conseguido una oportunidad. No podía desaprovecharla. Aunque hacer un trato con Janna se sintiera como hacer un trato con el mismísimo diablo.

Tomó la mano de la chica y la estrechó con firmeza.

—Acepto el trato.

Janna sonrió con malicia, como si ese mercader de antes hubiese conseguido sellar la venta justo al precio que quería.

—Ahora, fuera de mi casa, tengo cosas que hacer —dijo, soltando la mano de Marco y entrando a su casa—. Nos veremos a las cinco en la dirección que te he dejado escrita.

—¿En dónde?

—En un papel dentro de tu cartera.

Extrañado, sacó su cartera y rebuscó en los bolsillos de esta. Más pronto que tarde halló el papel con la dirección. Quiso preguntar cómo lo había hecho, pero recibió un portazo como respuesta antes de formular la pregunta. Pese a todo, había salido mejor de lo esperado.


Eran las cinco de la tarde cuando miró en su reloj. También comprobó que la dirección en la que estaban fuera la correcta, por tercera vez.

—Tranquilo, Marco, es Janna, lo más probable es que se tarde más de la cuenta —le dijo Jackie, colocándole una mano en el hombro.

Marco la miró ella y luego miró la fachada. Se trataba de un antiguo edificio abandonado, una antigua casa de tres plantas con paredes exteriores de un verde oscuro ya esclarecido por el sol y los años, ventanas con madera destrozada y vidrios rotos, techo de tejas irregulares, llenas de moho y varias caídas. Y, como toque final, dos tablas en forma de cruz clavadas al marco de la puerta. Todo eso dentro de un terreno delimitado por un muro pequeño con rejas oxidadas y envueltas por enredaderas.

—Creo que lo que me preocupa no es que Janna llegue tarde —le dijo a la chica, y Marco se comenzó a replantear el trato que había hecho con Janna.

Jackie se puso a observar la casa con detenimiento.

—Sí, esta era la casa de los Henderson. Una familia danesa que compró la propiedad en el ochenta y nueve y desapareció de repente poco después del dos mil. —Se acercó a la puerta de rejas y miró a través de los barrotes—. He oído rumores de que los Henderson huyeron de la ciudad porque la policía buscaba al padre por realizar experimentos ilegales con animales. Incluso —se giró hacia Marco—, con personas.

Marco frunció el ceño y arrugó la cara.

—Sabes, creo que mejor buscaré otra forma de contactar con Tom.

—Tranquilo, Díaz, solo te estoy tomando el pelo.

—Sí, Marco —dijo Janna, apareciendo de la nada, y provocándole un mini infarto—, si te vas ahora te perderás toda la diversión. —Pasó junto a él entre risas y fue directo al portón. Llevaba consigo una mochila bastante cargada—. Vamos —llamó tras abrir la reja—, ese demonio no se invocará solo.

Jackie miró a Marco y se encogió de hombros antes de seguir a Janna. El chico no se podía creer lo que estaba a punto de hacer. Pero en su interior se seguía repitiendo lo mismo: "por Star".

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Es momento de que se vengan los ritos prohibidos. Se vienen cositas, gente. Espero que lo estén disfrutando. Un saludo.

Sí te gustó el capítulo escribe un comentario, sin importar que estés leyendo esto después de uno o dos años de su publicación, pues me encantar leer a mis lectores. Y si gustas, también deja un voto.

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