Capítulo 24: Fiesta monstruosa I
Estaba nervioso. Hacia un mes y medio que no sabía nada de Star. Por lo visto, tanto ella como él habían estado ocupados con sus asuntos. Por supuesto, los de ella serían de mayor importancia, teniendo en cuenta que parte de eso era reconstruir el reino y reestructurar el orden. Mientras que él tan solo se había centrado en recuperarse, entrenar y pasárselo bien con sus amigos y con Jackie.
Ya lo tenía todo preparado y guardado en su mochila. También tenía lista su espada. Esta vez no había motivos para no llevarla. En Mewni no le mirarían como si fuese un rarito llevando un arma. Aunque lo fuese.
Se colocó todo encima, bajó al comedor para despedirse de sus padres y luego se fue al jardín. Miró al cielo, se llevó una mano al interior de su camiseta, sacó un silbato, lo sopló con fuerza y, al cabo de unos segundos recibió una respuesta en forma de rugido. Sonrió, complacido volvió a meter el silbato en su sitio, junto al colgante de Mewni. Una sombra surcó las nubes y descendió a gran velocidad hacia su posición. La criatura parecía que se iba a estampar contra el suelo, pero dio un giro hacia atrás para reposicionarse y aterrizar de forma segura. Nachos derrapó en el jardín y se detuvo, abriendo las alas en todo su esplendor y dirigiendo una mirada hacia él.
—Nachos —dijo Marco, corriendo hacia ella con los brazos abiertos para darle un fuerte abrazo. La dragona aceptó el gesto, y lo rodeó todo lo que pudo con su cuello. Esta movía la cola con alegría, como si se tratase de un perro—. ¿Cómo estás vieja amiga? —preguntó Marco, separándose de ella—. ¿Todo bien allí arriba en las montañas?
Cómo única respuesta, Nachos resopló por la nariz sin dejar de mirarlo a los ojos ni de agitar la cola.
—Me alegro, chica. —Le rascó debajo de la barbilla y luego buscó sus tijeras en su bolsillo—. Hoy nos iremos de paseo a Mewni. Una amiga mía vendrá con nosotros, y te la quiero presentar.
Nachos torció la cabeza hacia aún lado, como si no acabase de comprender lo que le quería decir. Marco se rio.
Abrió el portal y metió la cabeza unos segundos y luego salió. Jackie salió del portal, y cuando vio a la dragona motocicleta, sonrió con nervios y echó la cabeza hacia atrás.
—Jackie, te presento a Nachos. Nachos, esta es Jackie.
—A esto te referías cuando dijiste que era una criatura particular —comentó ella.
—Tranquila, no te hará nada. Los dragones motocicleta son bastante dóciles.
—No es que no quiera creerte, pero reservo mis dudas.
—Jackie, ¿confías en mí?
La chica lo miró a él, luego a Nachos, y de nuevo a él. Asintió.
—Bien, entonces, préstame tu mano.
La chica se lo pensó un momento, pero al final le tendió la mano y él se la tomó.
—Cierra los ojos —le dijo. Jackie los cerró, y Marco tiró de ella, despacio—. Abre la palma —dijo en voz baja—. No te preocupes, no te hará nada.
La mano de Jackie se acercó milímetro a milímetro. Nachos también puso de su parte, acercando el hocico. Esta resopló sobre la mano de Jackie, provocando que diera un respingo, pero mantuvo los ojos cerrados. Nachos olfateó la Mano de la chica, y luego comenzó a lamerla. Eso calmó a Jackie, quién abrió los ojos y tomó algo de iniciativa, acercándose por su cuenta a la dragona. Marco las dejó a ambas para que se saludaran tanto como quisieran. Nachos hasta estiró el cuello para lamerle el rostro, y le hizo cosquillas.
—Marco, tenías razón, es preciosa —dijo Jackie, sonriendo como una niña que juega con su mascota.
—Te lo dije. Ahora que terminamos las presentaciones —miró la hora en su reloj—, deberíamos irnos ya. Star y Tom deben estar esperándonos para desayunar.
—Por mí podemos ir cuando quieras.
—Perfecto. —Buscó sus tijeras y estuvo a punto de abrir un nuevo portal, cuando recordó una cosa—. Por cierto, ¿qué le dijiste a Jack?
—Nada en especial. Que iba ir a la casa de Star y que estaríamos allí un par de días.
—¿Pero no le dijiste que era en otra dimensión?
Ella sonrió y lo rodeó con su brazo, dejando descansar la mano sobre su hombro.
—Marco, ambos sabemos que no puedo decirle algo como eso, así como así. Pero en algún momento tendré que contarle.
—Tranquila, no lo decía para que se lo digas cuánto antes, solo lo preguntaba por curiosidad. Yo también pienso que es algo difícil de decirle a alguien que no ya visto la magia de primera mano.
—Sí, pero tendrá que saberlo tarde o temprano. —Se separó de él—. De todos modos, sigue tu consejo y vamos a Mewni antes de que Star y Tom se enojen con nosotros.
—Claro. Ahora, tengo que avisarte que esto será lo más impresionante que verás en tu vida. Es un castillo como los de las películas, pero real. Está lleno de cuadros y esculturas. Las paredes y el suelo son de mármol. Y los techos son altísimos —dijo, abriendo el portal—. Así que levanta la cabeza y aprovecha el tiempo para deleitarte con una maravilla arquitectónica.
Los tres atravesaron el portal, y lo primero que se encontraron fue a Star y Tom lidiando con unas cortinas en llamas y un cartel de bienvenida (también en llamas).
—Te dije que era alérgico al polvo —dijo Tom mientras Star intentaba trepar por una columna para bajar su varita, la cual estaba en la parte más alta.
—Tom, no es el momento. Marco y Jackie llegarán en cualquier minuto —dijo Star, entre histérica y estresada.
Nachos resopló al ver la situación y la mewmana y el demonio se giraron hacia ellos.
—Claro, era de esperarse —dijo Star.
Después de arreglar el salón de invitados para que estuviera presentable, los chicos por fin desayunaron. Star tenía preparado té de maíz, el cual Jackie se mostró escéptica en probar, al menos al principio, porque después repitió dos veces, y distintos tipos de pasteles y bollería.
Nachos comió algo de carne que Star le dejó y luego se fue volando por la ventana.
Marco y Jackie les contaron como habían sido sus vacaciones hasta ahora. Lo más relevante fue lo del campamento. Eso, y los torneos para los que él y ella se estaban preparando.
—¿Van a participar en torneos de karate y patineta en la tierra? Ah, qué envidia —dijo Star, llevándose un trozo de pastel a la boca—. Desde que ocurrió lo de Toffee hemos estado muy ocupados en el reino —dijo con la boca llena antes de tragar—. Reparaciones por allí, reconstrucciones por allá, ejecuciones de las ratas que seguían a Ludo. A penas hemos tenido tiempo para hacer cosas.
—Bueno, está lo de Eclipsa —comentó Tom.
—¿Eclipsa? ¿La antigua reina oscura? —preguntó Marco. Tom asintió—. ¿Qué ocurre con ella?
—Pues, resulta que se liberó de su prisión de cristal hace poco, y ahora está en arresto domiciliario hasta el día de su juicio.
—Sí, pero no dejaré que la vuelvan a cristalizar —dijo Star—. He podido pasar tiempo con ella, y te aseguro que no es malvada. Lo que pasa es que a los Mewmanos no les gusta nada que los monstruos se relacionen con ellos.
—¿Quién es Eclipsa? —preguntó Jackie.
—Es una de las mewmanas que reinó Mewni durante un tiempo. Pero a la gente no le gustó porque practicaba la magia oscura, y porqué abandonó el reino para casarse con un monstruo —explicó Marco—. En consecuencia, la tacharon de traidora y fue condenada a ser congelada en una prisión de cristal mágico por el resto de la eternidad.
—Exacto —dijo Star—. ¿Cómo sabes tanto de la historia de Mewni?
—Era una de las materias que estudiamos en la academia Ledge, en la dimensión X-103.
—¿La dimensión de Hekapoo? —Marco asintió—. Ya veo.
—¿Y cómo fue que salió de esa prisión de cristal? —preguntó Jackie.
—Mi madre hizo un trato con ella, y le dijo que sería liberada si conseguía en el momento que Toffee muriera —contó Star—. Y funcionó. Derrotamos a Toffee y ella fue liberada, pero ahora quieren condenarla de nuevo, y eso no está bien.
—Vaya, parece que han pasado cosas interesantes por aquí últimamente —comentó Marco—. Lo más grande que los pasó a nosotros fue caer por una cuesta.
—Bueno, nosotros también pasamos por algunos momentos —Tom hizo una pausa— peculiares. Por ejemplo, fui con un grupo de hombres encapuchados que me ayudarían a quitar mi mal temperamento mediante un ritual, y al final intentaron exorcizarme a mí —dijo, divertido, dándole un sorbo a su té—. Y si te lo preguntas, sí, están todos muertos.
—Sí, sí, sí —dijo Star, agitando la mano para volver a captar la atención—. Eso fue genial, pero ahora estamos planeando algo nuevo. Recientemente he tenido contacto con varias comunidades de monstruos, y resulta que no somos tan diferentes, pese a que los libros de historia digan lo contrario. Yo sé lo que he visto: gente con preocupaciones, gente que solo quiere vivir una vida tranquila criando a sus hijos y pasando buenos momentos, como nosotros. Pero viven con miedo a los mewmanos por todo lo ocurrido en el pasado, en épocas más oscuras, y viceversa. Y quiero acabar con eso. —Star dio un golpe en la mesa para hacer más énfasis en lo que acababa de decir—. Quiero hacer una fiesta en donde mewmanos y monstruos puedan divertirse juntos. Ese será el primer paso para que nos podamos acercar los unos a los otros sin tener miedo. Así los jóvenes hablarán con sus padres y plantaremos la semilla de una posible comunidad entre monstruos y mewmanos. —Hubo silencio después del discurso. Tanto Marco cómo Jackie se habían quedado sorprendidos—. ¿Qué? —preguntó Star al ver la reacción de sus amigos.
—Nada, es que no me había esperado que dijeras algo así. Es una perspectiva bastante madura la que tienes sobre tu pueblo y los monstruos —dijo Marco.
Star coloco los brazos en jarra.
—¿Insinúas que no soy madura, Marco?
—¿Star, te recuerdo el incidente de las galletas de la fortuna?
—Uh, eso es un golpe bajo, Díaz —dijo ella, señalándole con el dedo.
—Era broma, Star. Pero, en serio, me alegro de que hayas pensado en todo este asunto y quisieras hacer algo al respecto. Has crecido desde la última vez que nos vimos. —Sonrió con gesto afectivo por su amiga. El tiempo en la Tierra le había ayudado a comprender mejor los conflictos que puede haber en la vida, y eso le había dado la oportunidad de identificar los que había en su mundo. Se sentía orgulloso de su ambición. Ella también sonrió—. Y, dime, ¿cuándo piensas hacer esa fiesta?
—Pues, quería hacerla este fin de semana.
—Genial. ¿Cuántos son? —Star respondió con una sonrisa nerviosa—. ¿Star?
—Todavía no hemos enviado las invitaciones —dijo Tom.
—¿Qué?
—¿Sabes qué ocurre, Marco? —comenzó Star—. Sí envío las invitaciones, así como así, no asistirá nadie. Los monstruos y los mewmanos no pueden ni verse. Y si bien es cierto que los jóvenes no tienen estos prejuicios tan arraigados como sus padres, siguen teniendo sus reservas al respecto.
—Entonces, ¿cómo conseguirás que vengan? —preguntó Jackie, metiéndose en la conversación.
—Tengo una idea para eso. —Star buscó algo debajo del sillón en el que estaba sentada y lo colocó sobre la mesita donde estaban los pasteles—. Ir y entregar las invitaciones personalmente, así podré convencer a la gente para que venga.
—Suena divertido —comentó Jackie—. ¿Quieres que te ayudemos?
—Jackie, me lees la mente. Sí, por eso los llamé. —Marco enarcó una ceja al oír eso—. Verán, este es un proyecto muy grande, y necesito todo el apoyo posible, sobre todo moral. Es por eso que están obligados...
—Invitados —le corrigió Tom.
—... a venir a la fiesta.
Marco y Jackie se miraron entre ellos. Una fiesta nunca hacía daño, aunque los recuerdos de la última que tuvo no fueran los más agradables. Sin embargo, la fiesta que Star proponía podía salir muy mal de muchas formas distintas.
—¿Una fiesta entre especies en conflicto para promover la paz y la unión? —dijo Jackie, sonriendo de forma determinada—. Cuenta conmigo.
Star saltó y se tiró encima de la chica, envolviéndola en un abrazo.
—Gracias, Jackie, estos días he tenido dolores de cabeza intentando pensar en algo que funcione. Te prometo que lo pasaremos genial. Confía en mí.
Jackie, aunque sorprendida por la reacción de Star, correspondió el gesto y también le acarició la cabeza para calmarla.
Cuando ambas se tranquilizaron, se giraron hacia Marco, expectantes a que diera su respuesta. Star le necesitaba, y pese a que no le gustaba la idea de que Jackie se viera involucrada en caso de que algo saliera mal, no podía decirle que no a su mejor amiga.
—¿Por qué me miras así Star? Sabes que puedes contar conmigo.
La sonrisa de la chica le llegó hasta las orejas y los corazones de las mejillas se le encendieron.
—Abrazo de grupo —gritó ella.
Marco se puso de pie y se acercó, pero Star fue impaciente y tiró de su sudadera para traerlo antes, teniendo los tres su abrazo grupal.
—Sí, con permiso. Creo que yo me meteré por aquí —decía Tom, buscando un hueco, inseguro de donde ponerse. Hasta que Star aplicó la misma técnica que con Marco y lo metió en el abrazo a la fuerza.
Mientras estaban disfrutando del momento, Marco abrió los ojos y recordó una cosa.
—Por cierto, ¿dónde está Janna? —preguntó él.
De pronto sintió algo pegarse a su espalda, y cuando se giró vio el rostro de Janna enseñando unos colmillos prominentes que estaban demasiado cerca de su cuello. Marco soltó un grito de horror puro, rompiendo el abrazo grupal y provocando la risa de todo el mundo.
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Volvemos con la parejita feliz y los asuntos que acontecen en sus vidas. Como pueden ver, este capítulo es la introducción a la fiesta monstruosa de Star. Aún faltan capítulos. Aviso que este arco será largo.
Si te gustó el capítulo, escribe un comentario, sin importar que estés leyendo esto después de uno o dos años de su publicación, pues me encantar leer a mis lectores. Y si gustas, también deja un voto.
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