Capítulo 15: Campamento II
Cuando terminaron de desempacar todo, Jackie le dijo a su padre que saldrían un rato a explorar. Como el campamento estaba ubicado en una montaña, el bosque y el terreno para recorrer eran muy extensos, así que había mucho por explorar. Bajaron por las escaleras que daban a la ruta que seguía la corriente del río hacia arriba, y echaron a andar.
Ese tipo de actividades le gustaba bastante a Jackie. Poder moverse por espacios naturales era una liberación en comparación con el ajetreo de la ciudad. Aunque no podía quejarse. Eco Arroyo era un sitio relativamente tranquilo comparado con otros. Pero la naturaleza era su elemento.
—La parte alta del bosque debe ser donde se hará la actividad nocturna de la búsqueda de luciérnagas —señaló Marco.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó Leo.
Marco se paró un momento y se giró hacia Jackie. Ella enarcó una ceja, confundida.
—Lo leí en el itinerario.
—Pero si no tomamos ningún itinerario.
—Yo —volvió a mirar a Jackie, y ella creyó comprender el motivo—. Yo lo estudié.
Jackie sonrió y negó con la cabeza. Leo se lo quedó viendo por varios segundos sin decir nada.
—En serio, ¿estás bien? ¿Te pasa algo?
—Solo me gusta tener todo organizado.
—Sí, me lo puedo imaginar.
—Oigan —gritó Jackie—, nosotras vamos a seguir.
Leo se giró hacia Marco, el cual estaba a sus espaldas, se encogió de hombros y luego se volvió hacia ellas para seguir caminando.
Había una parte del arroyo bastante larga desde un extremo a otro. Alguien se había asegurado de dejar piedras para hacer un camino improvisado. Algunas de ellas estaban más húmedas que otras. Parecía un reto.
Jackie saltó sobre la primera piedra y aprovechó el impulso para saltar a la siguiente.
—Ten cuidado, Jackie —escuchó decir a Marco.
—No te preocupes, Díaz, está todo controlado —respondió, sin dejar de planear el siguiente paso.
Las rocas húmedas no estaban resbaladizas. Seguían conservando la porosidad necesaria para que la goma de sus zapatillas se sujetara bien a la superficie.
—Oye, no te vayas a caer —escuchó decir a Leo.
—Dije que estoy bien —volvió a repetir, distrayéndose por un segundo, un segundo en el que notó que la piedra sobre la que se apoyó se descolocó de su sitio, provocando que Jackie perdiese la estabilidad.
En tan solo un parpadeo sus ojos vieron el cielo y sus brazos se fueron hacia atrás para amortiguar el golpe. Se preparó para caer sobre el agua, y tal vez la piedra anterior, pero solo sintió un par de manos tomarla de los hombros y su cabeza chocar contra el pecho de alguien. Sus pies trastabillaron en el agua para no caerse del todo, solo entonces pudo levantar la mirada.
—Menos mal —dijo Marco, devolviéndole la mirada.
Este le ayudo a ponerse de pie.
—Gracias, Marco —dijo ella, y observó que ambos estaban con el agua del arroyo hasta los tobillos. Había tenido que correr para llegar hasta ella—. Siento que te mojaras.
—No te preocupes. Ya se secarán. ¿Estás bien?
—Sí. ¿Cómo llegaste tan rápido?
—Te seguí de cerca después de que saltaste la cuarta roca.
—Oye, ya que están mojados, hagan algo por el resto de la comunidad y pongan una roca más para que podamos pasar —les gritó Leo.
—Ven y ponla tú, vago —le dijo Jackie.
—De acuerdo. —Leo tomó una roca la mitad de grande que una pelota de futbol y la levantó.
Jackie se preguntó qué tenía en mente, pero cuando el pelirrojo se preparó para lanzar la roca lo comprendió.
—No. No. No —le gritó, pidiéndole a Leo que parase, usando las manos. Marco hizo lo mismo, pero ya era tarde.
La roca se elevó por los aires y cayó en el arroyo como un meteorito, salpicando a ambos.
—Está fría —dijeron los dos, al unisonó.
Hope se alejó de Leo, adivinando lo que estaba a punto de ocurrir. Jackie levantó su pie y Leo abrió grande los ojos. Dio una patada al arroyo y le lanzó un gran salpicón de agua a su amigo.
—Puta madre, sí que está fría —se quejó este—. Ahora vas a ver. —Leo enterró un pie en el arroyo y luego hizo lo mismo con el otro. Su sed de venganza iba más allá del frío del agua y de la humedad en sus zapatillas.
Así de simple, se desató la guerra de agua en el arroyo. Hope intentó mantenerse al margen, pero acabó siendo víctima del fuego cruzado. Uno se pensaría que ella no ofrecería batalla alguna, que solo se mantendría al margen, pero Jackie sabía de lo que era capaz esa chica cuando se enojaba. Y lo peor, es que se le había olvidado quitarse el maquillaje antes de salir de la cabaña, y ahora su rostro era como un cuadro de acuarelas de un principiante, y a eso se le sumaba el hecho de que Hope mantenía su sonrisa, pero un tanto crispada y con un tic en su ojo derecho.
Llegaron a la cabaña mojados. Pero la batalla no había terminado. Después de comer, se fueron a la piscina a continuar donde lo habían dejado.
—Lo haremos así. Cada grupo se irá a un extremo de la piscina y haremos una pelea de caballos en el medio. El primero en caer, pierde. Será un chicos contra chicas —dijo Jackie, señalando ambos extremos de la piscina.
—Así que vuelves al más antiguo de los conflictos, Tomás. —Leo asintió varias veces, con una sonrisa de orgullo—. Y además juegas sucio, por eso encasquetas a Marco en mi equipo.
—Oye, sigo aquí —dijo Marco.
—¿Qué pasa, Leo? ¿Tienes miedo? —dijo ella, golpeando justo en el orgullo del pelirrojo. Supo que le había hecho daño cuando vio la expresión en sus ojos.
—Ven, señor del karate, vamos a hacer que este par de niñas muerda el polvo —dijo Leo, tirando a Marco del brazo.
—Pero estamos en la piscina —le recordó Marco mientras los dos se alejaban.
Jackie y Hope se quitaron la ropa y quedaron con los bañadores que ambas llevaban debajo, y lo dejaron todo en un lado. Jackie miró al otro extremo y vio a Marco quitarse la camiseta. Se fijó en que él también la estaba mirando, y cuando ambos cruzaron miradas este fingió que no sabía lo que hacía y se giró a otro lado. Aquello le sacó una sonrisa. A veces le parecía tan inocente.
Se prepararon para la batalla. Cada jinete se subió a su caballo. Hope iba a hacer de jinete, por sus manos habilidosas arrancando hierbas y eliminando plagas. Jackie haría de caballo, así aprovecharían sus piernas fuertes de tanto patinar. En el caso de los chicos, Marco hizo de jinete y Leo de caballo.
Ambos grupos comenzaron a acercarse al punto medio. A medida que lo hacían, Jackie pudo fijarse mejor en Marco. Podía ver en su torso que el karate le había sentado bien. Era delgado, pero tenía un poco de definición en el pecho y abdomen. Varias chicas de su clase dirían que aquello no era mucho, pero a Jackie le gustaba lo que veía.
—Eh, Jackie, concéntrate. Ahora ese chico no es tu novio, es el enemigo —dijo Hope. Al parecer, se había metido demasiado en su papel.
—A eso le llamo espíritu.
Ambas parejas se encontraron en medio de la piscina. Intercambiaron miradas, como si aquello fuese una película del lejano oeste. Jackie escuchaba a varios niños nadar cerca de ellas. Detrás de Leo y Marco: un grupo de abuelos sumergidos hasta el cuello.
—Tomás, recuerda cerrar la boca para no tragar agua cuando te hagamos caer —provocó Leo.
—Espero que tengas aguante para correr, porque lo necesitarás cuando corras llorando a casa de tu madre después de perder —dijo Jackie.
—Marco, ¿qué tipo de flor te gusta más? —preguntó Hope.
—Nunca lo había pensado. La lavanda me gusta bastante, por su aroma. Supongo que elegiría esa.
—Perfecto. Lo recordaré.
—¿Por qué lo preguntas?
—Para saber qué flores llevarte a la tumba cuando acabemos contigo.
Marco abrió los ojos, sorprendido.
—¿Cómo puede alguien decir algo como eso con una sonrisa en el rostro? —dijo él—. Bueno, que tengan suerte.
—Oh, Marco, que lindo eres —dijo Jackie, y él le sonrió—. Eso hará que me ponga más triste en tu funeral. —La sonrisa se le borró, y Hope y Jackie chocaron los cinco.
—¿Dónde quedó el amor? —dijo Marco, y por un momento Jackie sintió que el espíritu competitivo se le esfumaba.
—Suficiente, Romeo, es hora de las justas.
Leo se movió hacia adelante sin previo aviso. Jackie tuvo que reaccionar a tiempo y poner las piernas firmes. Iban a chocar en cualquier momento.
—Hope, hazle cosquillas a Marco en el abdomen, es muy sensible en esa parte —dijo Jackie.
—Oye, eso es trampa —se quejó Marco, pero no pudo prestarle mucha atención, porque ya tenía a Hope justo delante—. No, Hope, no lo hagas. No.
—Lo siento, Marco, solo uno de los dos puede quedar en pie —dijo Hope.
—No te atrevas a caer —le gritó Leo.
Hope lanzó sus manos como serpientes al abdomen del chico, pero Marco las apartó sin mucho problema, sorprendiendo a la chica.
—Hope, para —le dijo Marco, pero ella volvió a intentarlo, sin éxito—. Es en serio, detente.
—Oh, por el amor de —se quejó Leo, y cargó contra ambas.
Jackie sostuvo las piernas de Hope con fuerza, mientras intentaba mantener el equilibrio, pero Marco hizo unos movimientos rápidos con sus manos, y empujó a su jinete, haciendo que cayera de espaldas. Jackie tuvo que soltar a Hope para que volviera a ponerse en pie. Cuando su compañera salió del agua la miró con rostro alicaído.
—Eso les pasa por jugar sucio —dijo Marco con los brazos en jarra y una expresión de orgullo en su rostro. Expresión que se borró en un segundo cuando Leo lo echó hacia atrás.
—Te dije que ganaríamos —dijo Leo.
Jackie quiso decirle algo, pero tuvo una mejor idea.
—Oye, Leo, hay una cosa de la que te estás olvidando —dijo ella.
—¿El qué?
Jackie juntó sus manos y le lanzó una ola de agua en la cara a su amigo, y este terminó con el cabello cubriéndole toda la frente. Eso fue lo que dio inicio a la segunda batalla de agua.
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No podía faltar el capítulo de la playa/piscina, queridos lectores. Capítulo que me hace acordar a las guerras que nos pegábamos los del colegio cuando nos íbamos todos a un club deportivo antes del comienzo de verano. Qué tiempos.
Si te gustó el capítulo, escribe un comentario, sin importar que estés leyendo esto después de uno o dos años de su publicación, pues me encantar leer a mis lectores. Y si gustas, también deja un voto.
Gracias por tu tiempo y apoyo.
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