Capítulo 101: La aventura de Jackie VIII

La noche los azotó tan rápido como sus piernas a la hora de correr. Pero eso no impidió que sus perseguidores les siguiesen dando caza. Ellos corrieron tanto como pudieron, pero sus enemigos iban a caballo. Tenían la ventaja en cuestión de velocidad. No podían correr toda la noche. Y si correr no servía, solo les quedaba esconderse.

En lo alto de las ramas de los árboles se escuchaba en profundidad el viento meciendo las hojas. Pese a que aún no fuese otoño, las noches traían consigo un aire lo suficientemente gélido como para que Jackie y Oliver tuvieran que juntarse para conservar calor. Esa noche ninguno de los dos pegaría ojo, ya fuese por el frío, por el horrible evento que habían presenciado, o porque sus persecutores aún estaban ahí fuera en su búsqueda.

Mientras pensaba en todo eso, Jackie acariciaba la nuca del pequeño sentado a su lado. Pese a lo mal que lo estaba pasando, el pobre hacía lo posible para no hacer ruido alguno. Lloraba en silencio.

Ahora mismo, lo único que podía hacer para ayudarlo era ofrecerle su calor y palabras de consuelo que le susurraba al oído.

—Jackie —le susurró—, esos hombres de antes eran Perseguidores.

Era algo que se le había pasado por la mente después de haberlos perdido. Por lo que sabía, nadie más a parte de ellos tenía motivos para buscarlos y matarlos.

—Si nos han seguido hasta aquí, es probable que nos estén buscando aún. Parecen ser la clase de personas que no se detiene hasta conseguir su objetivo. —Por desgracia para ellos.

—Ellos no saben lo que es vivir teniendo miedo de que te persigan y te encuentren. A mí me han obligado a huir de mi hogar dos veces.

—Lo siento mucho, Oliver. Ya verás como conseguiremos escapar. Mañana intentaremos irnos a un sitio seguro. Iremos hacia la ciudad que Killian me dijo. Me sé el camino de memoria, así que no tendremos problema.

—Alguien debería darles su merecido. Hacer que ellos sufran como nos hicieron sufrir a nosotros —Oliver hizo una pausa—. Como hicieron sufrir a mi familia.

Jackie notaba el odio en la voz del chico. La rabia en sus palabras. No podía culparlo, le habían quitado su hogar y a su familia. Solo le quedaba ella.

—No deben haber ido muy lejos —se escuchó venir en la lejanía—. Nuestros caballos son más rápidos, y de haber salido corriendo, habríamos advertido el ruido. Deben estar ocultos por algún lado.

Dos jinetes aparecieron por uno de los caminos. Uno de ellos sujetaba una antorcha, el que hablaba. El otro avanzaba detrás del de la antorcha, impertérrito. En su cintura llevaba una pequeña lámpara de aceite que emitía una luz verde azulada. Similar a la que vio Jackie resplandecer detrás de aquellas hojas y arbustos. Antes de que se acercaran demasiado, Jackie y Oliver se acostaron sobre la rama, ocultándose de la luz de la antorcha. Oliver la sujetó con fuerza, como si tuviese miedo de que fuesen a separarse.

Sus caballos caminaban con calma. Un paso más rápido que el de una persona, pero uno que era lento para ellos.

—¿Crees que intentarán regresar? —preguntó el de la antorcha.

—Como siempre, hay que ser muy estúpido para regresar cuando toda tu familia está muerta y tu casa ya ha ardido hasta las cenizas, pero también como siempre, hay idiotas en todas partes —dijo con voz grabe. Ahora que el sonido de las llamas del hogar de Oliver no estaba presente podía escuchar mejor—. Si bien son pocos los que han intentado volver a sus hogares después de arrasarlos, han sido suficientes como para que tenga sentido que uno de nosotros se quede vigilando el lugar.

Pasaron justo debajo de ellos, al parecer, sin darse cuenta de su presencia.

—Tienes razón. Sí fuera yo, intentaría ocultarme en el bosque por un tiempo.

—Había un nuk muerto cerca de la casa cuando salimos a perseguirlos. —"El animal", pensó Jackie—. Eso indica que saben cazar, así que no es descabellado pensar que se oculten por los alrededores. —Ya se estaban alejando lo suficiente—. Sin importar cuál sea al caso, hay que persistir, últimamente tardamos demasiado... —la distancia ya no les dejaba escuchar nada. Volvían a estar a salvo.

Después de escuchar eso, a Jackie no le cupo ninguna duda, debían ir cuanto antes a la ciudad que Killian le había indicado. Así podrían perderlos. Además, ahora sabía que estarían ocupados peinando el bosque y esperándolos en el hogar destruido. No sabía por cuánto tiempo, pero tampoco necesitaba saberlo. Mañana mismo partirían con los primeros rayos del sol. No iba a desperdiciar ni un solo minuto de luz.

La mañana llegó, conservando algo del aire gélido de la noche. Jackie pudo dormir, pero solo un par de horas, nada significativo. Para cuando los rayos de sol atravesaron las ramas y las hojas del bosque, ella ya tenía los ojos abiertos. Despertó a Oliver y partieron cuanto antes.

A fin de cuentas, Jackie emprendió el viaje un día antes de lo esperado, pero con muchos menos recursos de los que había planeado. Pese a ello, ambos conservaban sus arcos y algunas flechas, además de un cuchillo cada uno. Lo suficiente como para defenderse contra la naturaleza, y también lo suficiente como para conseguir alimentos y abrigo.

El camino era sencillo. Jackie se lo sabía de memoria, pero su paso era lento. No arrastraban los pies, ni caminaban como si se hubiesen hecho un esguince, pero Jackie lo notaba. La posición del sol cuando llegaban a un punto concreto. Notaba que con Killian había llegado más lejos en menos tiempo, y eso era algo que le molestaba un poco. Aunque, teniendo en cuenta que los dos tenían la moral por los suelos y habían dormido poco, no podía quejarse demasiado.

Paraban de vez en cuando para cazar algo y llevarse un poco de carne. Lo que no podían cargar, lo dejaban para que lo comieran el resto de animales. Así, de paso, no dejaban rastros que pudieran seguir los jinetes.

Jackie volvía de haber dejado el cadáver de un nuk en un sitio donde los depredadores lo consumieran. Se aseguró de limpiarse la sangre del cuerpo para que no la rastrearan y así proseguir con calma.

Cuando se acercó al sitio el que se encontraban, se halló con una escena espantosa: Oliver se hallaba detrás de un arbusto con el arco listo para dispararle a uno de los tres jinetes, el de la lampara en el cinturón. El hombre se hallaba mirando los restos de la fogata que habían utilizado para cocinar. Estaba examinando las brasas ya apagadas. No se había percatado de la presencia de Oliver.

Rápido, Jackie tomó una ramita y se la lanzó a Oliver, dándole en la pierna. El viento meciendo las hojas de los árboles evitó que el Perseguidor escuchase nada, pero sirvió para llamar la atención del chico, el cual se giró hacia ella. Jackie no podía hablar alto, si no quería ser encontrada, pero sí que se aseguró de hacer todas las señas posibles para indicarle a Oliver que no disparase.

Sabía que no tenía que ser fácil para él tener que aguantarse las ganas de vengar la muerte de su familia, pero el Perseguidor seguía ataviado en su armadura. No era seguro que el disparo de Oliver fuese a dar en el blanco. Y, aunque lo hiciera, tampoco había certeza de que eso fuera suficiente para matar al Perseguidor. Había muchas más probabilidades de que aquello saliera mal a que saliera bien.

El chico pareció comprender la preocupación en el rostro de Jackie, pero este se giró y miró al Perseguidor con desprecio. El brazo le temblaba mientras tensaba más y más el arco.

"No, no lo hagas", quiso gritar la chica, pero se mordía la lengua para no hacerlo. Tenía que actuar. Rápido, o tal vez Oliver no fuera capaz de contenerse. Tomó una roca que tenía cerca y la lanzó para que cayera entre las hojas, en el lado opuesto en el que se encontraba el muchacho. El Perseguidor se giró hacia el lugar donde escuchó el sonido y se encaminó hacia este. Oliver se vio obligado a bajar el arco y dejarlo caer. Jackie se acercó hasta él tan rápido como pudo y tomó el arco. Oliver no opuso resistencia. Lo único que hizo fue apretar los dientes, los puños y golpeo el suelo. Conocía ese sentimiento de impotencia mejor que nadie. Sin embargo, aquel no era su momento.

Quiso acercarse un momento para recuperar su arco, pero no quiso arriesgarse a ser atrapada. Por lo que ayudó a Oliver a ponerse de pie y se alejó poco a poco, hasta perder de vista el campamento. Solo entonces aceleraron el paso.

Cuando el sol comenzó a ponerse, buscaron un sitio en el cual refugiarse. Por suerte, Jackie había observado varias cuevas pequeñas en las cuales podría ocultarse durante los trayectos con Killian. Cuevas en las cuales pasar la noche. Incluso se podían permitir hacer una fogata, debido a que había recovecos en los cuales ocultarse y donde no se veía el fuego desde fuera. Jackie utilizó el arco de Oliver para encender una fogata, aprovechando su cuerda para girar el palo y hacer fricción en la madera con mayor facilidad. Algo que hizo pensar a Jackie lo bien que le habría venido saber aquello las primeras noches que estuvo a la intemperie.

Aquella noche fueron capaces de recuperar las horas de sueño. Durmieron temprano, por lo cual pudieron levantarse temprano, así aprovecharon los primeros rayos del sol.

Los siguientes días se hicieron más amenos. No tuvieron más encuentros con ningún Perseguidor, y Oliver pareció cobrar una mejor actitud con los días. Se le notaba poco, era evidente que seguía afectado, pero al menos no parecía que estuviese lamentándose noche y día por lo de su familia. Ya estaban cerca del pueblo que Killian le había dicho. Allí podrían intentar encontrar un sitio en el que vivir, y Jackie podría intentar seguir con su camino. Eso le hacía pensar en qué haría con Oliver. Desde luego, no lo iría a dejar solo, pero tampoco podía llevarlo consigo a todas partes. ¿No? Es decir, el también tendría una vida y objetivos que perseguir, o, al menos, tal vez consiguiese uno cuando llegase a superar su pérdida. Había mucha incerteza en el futuro. Pero, al menos, se alejarían de los Perseguidores.

Ya habían conseguido alejarse del paso montañoso repleto de árboles. A partir de ahí, el camino era llano y despejado. El bosque de más adelante los llevaría hacia la ciudad que Killian le había comentado a la chica. A partir de ahí, todo parecía ser más tranquilo.

Aprovecharon el paso para mirar los alrededores. Por lo pronto, parecía haber mucha extensión de césped, con alguna que otra roca perdida por el camino, y algunos árboles esparcidos aquí y allá. Grupos de criaturas que le recordaban a rebaños de ovejas y de vacas. A lo lejos veía otros caminos por los cuales pasaban carretas con algún escolta. Otras iban solas.

Miró de nuevo en el fondo del camino, allí donde comenzaba el bosque que la llevaría a la ciudad desconocida en la que estarían a salvo, y se percató de algo que le llamó la atención. Una llama sobre las copas de los árboles.

¿Un incendio, tal vez?

Afinó la mirada para ver mejor, poco a poco vislumbrando una silueta. Parecía que allí había alguien. ¿Una persona? No, no podía ser. Su piel era demasiado blanca. Y su cabello era...

—No puede ser —se dijo para sí, incrédula.

—-—⩵ ⨀ ⩵—-—

El dúo sigue sobreviviendo como puede, y por fin están por llegar a un sitio en donde podrán estar tranquilos. Sin embargo, en la lejanía, Jackie vio algo que consiguió llamar su atención. ¿De qué se tratará?

Síganme para descubrirlo.

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