Capítulo 100: La aventura de Jackie VII

Los próximos días Jackie se la pasó realizando sus tareas habituales, pero también preparando sus cosas para cuando llegase el día en el que tuviese que partir. Durante esos días, recibió mucha ayuda de Killian y Sofie. Tenía lista una mochila con ropa de recambio, algún alimento y una cantimplora. Sofie le cortó el cabello, el cual le había crecido en todo ese tiempo y no se lo había vuelto a tocar. Se lo dejó como el primer día en el que apareció. Por desgracia, su extensión turquesa había desaparecido del todo, ahora su cabello era totalmente rubio.

Por otro lado, Oliver se mostraba más distante. La evitaba cada vez que podía, sin siquiera ser discreto. Jackie entendía el comportamiento del muchacho. Estaba frustrado porque ya no podría volver a verla. A pesar de que la forma en la que se estaba comportando no era la más indicada, Jackie no se olvidaba de que Oliver se trataba de un niño. Aun así, el día de partida estaba a punto de llegar y no quería irse en esos términos. Quería irse con un buen recuerdo de todos, así que no estaba dispuesta a no hacer nada al respecto.

Un día, después de comer, Jackie interceptó a Oliver en el bosque antes de que se alejara. Pero este intentó alejarse.

No lo dejaría.

Jackie corrió detrás y lo tomó de la muñeca.

—Oliver, tenemos que hablar.

—No, no quiero. Suelta —se quejó él, intentando zafarse del agarre intentando quitarse la mano de Jackie de encima.

—No, porque si no huiras y no podremos hablar.

—No quiero.

—Oliver, me iré en dos días. Y no quiero irme sin decirte adiós. Así como estás ahora, me da la sensación de que no iremos a despedirnos. —Notó al chico aflojar la fuerza—. ¿Por qué actúas tan distante? —El chico apartó la mirada. Jackie lo soltó, permitiéndole recuperar su mano—. ¿Estás enfadado porque me iré? —Oliver asintió, Jackie respondió con un suspiro—. Oliver, a mí tampoco me gusta tener que decir adiós, pero tengo que irme y proseguir con mi camino. Mis amigos me necesitan.

De pronto el chico se giró hacia ella.

—Yo también te necesito.

Jackie sonrió y negó con la cabeza.

—Oliver, de no ser por ti, me habría conocido aquel wolven. Y es gracias a ti que ahora puedo defenderme mejor con el arco e ir a donde quiera. Tú me has dado la capacidad de enfrentarme al bosque y a sus peligros, y te estaré eternamente agradecida.

—Entonces, quédate, por favor.

—Lo siento, pero, como dije, tengo que ayudar a mis amigos. Al igual que tú tienes que ayudar a tu familia. Se que te volverás aún mejor con el arco y cuidarás a los tuyos. Eres capaz de mucho. Ya lo verás.

Oliver se quedó callado por un momento y luego le dio un fuerte abrazo a la chica. Esta lo correspondió.

—Te echaré de menos —le dijo el pequeño, cosa que le partía el alma a la chica.

—Yo también. —Se separaron—. Pero no hablemos como si fuera a irme ahora. Aún quedan dos días, así que podemos divertirnos un rato. ¿Quieres cazar algo?

El pequeño se animó un poco más y sonrió.

—Claro.

Volvieron a casa cargando con el cuerpo de lo que parecía ser una especie de cerdo. Debido a ello, tardaron un poco más, pero ya estaban cerca.

—Esta noche mamá hará una buena cena.

—Espero que Sofie no se moleste por traerle esto de golpe. Habrá que despellejarlo y partir la carne.

—No creo que se enoje. A todos nos gusta a la carne.

Se detuvieron un momento al ver una luz ámbar intensa, a la cual le acompañaba el inconfundible sonido crepitante de las llamas. Ambos muy intensos como para ser de una simple fogata. Algo preocupados, aceleraron un poco el paso, hasta que pudieron ver la cabaña. Está estaba envuelta en llamas. Fuera de ella había tres caballos. Dos jinetes montaban a sus animales. Desconocidos envueltos en armaduras con un diseño que a Jackie le heló la sangre: una vestimenta oscura, y por encima, las placas de armaduras de acero cuyas formas recordaban a los huesos de una persona. El casco de ellos tenía una visera con diseño de calavera, impidiendo ver rostro alguno detrás de ella.

El tercero de los jinetes había descabalgado, se hallaba con una bota encima de la cabeza de Killian.

—Pa... —Jackie cubrió la boca de Oliver con su mano libre para que no hiciera ruido.

Kilian estaba ensangrentado, de cara al suelo e inmóvil. De Sofie y Emmil no había rastro alguno.

Jackie tragó saliva y notó cómo las fuerzas le faltaban. Tuvo que reaccionar para no dejar caer el animal cargado a sus espaldas. Oliver se había sujetado de su mano y notaba como este temblaba.

¿Qué tenían que hacer en una situación así? ¿Intentar ayudar a Killian con la esperanza de que aún siguiera con vida? ¿Cómo lo harían? ¿Podrían acabar con dos de un solo disparo pese a llevar esas armaduras? ¿Serían capaces de matar? Pero, en ese caso, ¿podrían con el tercero? ¿Qué opción tenían sino? ¿Huir? ¿A dónde?

No sabía qué hacer.

—Aún sigue con vida —exclamó uno de los jinetes.

Killian tenía los ojos abiertos, pero decaídos. Aun así, miraba hacia ellos. El jinete que estaba de pie tomó al hombre del cabello y lo levantó.

—Hay que ver cuanto aguantas, sucia rata. Aprovecha que aún respiras e intenta salvar tu pellejo. Habla —ordenó con voz autoritaria—, dinos dónde se encuentran los responsables del asesinato de la reina Aradia. Tal vez así aún puedas salvarte.

Killian respiraba con dificultad. Ahora no podía verle el rostro porque el tipo estaba entre ambos.

—Pierden su tiempo viniendo aquí. No tienen nada que hacer en estas tierras —decía con dificultad entre tosidos—. Den media vuelta y regresen por donde han venido. Y no se les ocurra volver a poner un pie aquí.

Hubo silencio por un momento, al menos hasta que el sujeto de antes decidió hablar.

—Una pena —dijo mientras desenvainaba la espada—, podrías haberte salvado.

—Váyanse... —antes de que pudiera acabar de hablar, el metal atravesó carne y hueso, cortándole el cuello al adulto.

Jackie contuvo el aliento y sintió como Oliver le apretaba el brazo, atónito. Quería gritar de dolor, de impotencia, pero no podía permitirse algo así, no si quería que ambos siguieran con vida.

—No era más que un necio —dijo uno de los jinetes.

—A algunos les gusta malgastar sus últimas palabras —dijo el otro.

No, no eran palabras malgastadas. Pese al horror, Jackie comprendió la situación: Killian les estaba diciendo que se fueran. A juzgar por su actitud, quería entender que Sofie y Emmil también habían muerto. Al menos prefería pensar eso a creer que seguían con vida y que los estarían abandonando.

Poco a poco, y con toda la discreción que pudo, bajó el animal que habían cazado y lo dejó en el suelo y arrastro a Oliver hacía un lado, donde los árboles los ocultasen a ambos. Luego, se acercó a su oído.

—Oliver —susurró—, tenemos que huir. —Notó las lágrimas del chico acariciarle la mano con la que le cubría la boca—. Lo sé, Oliver, sé que es duro, pero si no nos vamos ahora, tu padre se habrá sacrificado en vano. Ven conmigo y vivamos para seguir conservando el recuerdo de tu familia. —Por un momento el chico no hizo nada, cosa que ponía tensa a la chica. Ahora, más que nunca, necesitaban actuar, o serían descubiertos. Notó al chico asentir, y su corazón se relajó.

Jackie le quitó la mano de la boca y ambos comenzaron a retroceder por donde vinieron sin apartar la mirada de los caballeros. Un paso tras otro, con calma, pero sin pausa. Hasta que un crujido repentino hizo que ambos se congelasen por un momento. Jackie bajo la mirada y vio uno de los pies de Oliver encima de una rama. Rápido, miró al lugar en donde deberían estar los jinetes, cubierto por los árboles y arbustos, esperando escuchar algún comentario referente al sonido de antes. Algo que le confirmara si tenían que comenzar a correr o seguir alejándose con calma. Pero no hubo comentario alguno. Las voces de sus amenazantes estaban apagadas, algo que no le daba una buena sensación. Tenía un mal presentimiento.

—Oliver, sigue retrocediendo.

El chico hizo caso, esta vez, mirando donde pisaba. Jackie hizo lo mismo, pero cada vez que daba un paso miraba hacia la espesura que ocultaba a los jinetes.

—Encontré algo —escuchó decir a uno de ellos.

Su corazón dio un vuelco. Ya no iba a arriesgarse.

—Oliver, corre —le susurró.

—¿Qué?

Jackie escuchó el sonido de ramas y hojas resquebrajándose desde donde estaban los jinetes.

—¡Corre!

La chica tomó de la mano al muchacho y comenzó a correr, tirando de él. Detrás de ella, los sonidos de persecución comenzaron, provocando que ella corriera más y más. No sé atrevió a mirar atrás, solo se centró en el camino y hacia donde tenían que ir. Debían aprovechar las últimas horas de luz mientras pudiesen intentar ocultarse en la oscuridad de la noche. Tenía que salvar a Oliver. Tenía que seguir con vida. Era lo último que podía hacer por los Anderson. La única forma de darles las gracias por todo, puesto que ya no podría hacerlo en vida.

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Bueno, cosas han pasado. Espero que lo estén disfrutando. A partir de aquí entramos en partes más turbias, así que espero que estén preparados.

Si te gustó el capítulo, escribe un comentario sin importar que estés leyendo esto después de uno o dos años de su publicación, pues me encanta leer a mis lectores. Y si gustas, también deja un voto.

Gracias por tu tiempo y apoyo.

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