21.
Samantha.
–¿Qué has encontrando?–dudo bastante nerviosa. No puedo creer que de verdad esté a un paso más de saber quién somos.
–Bueno, estuve investigando a tus padres.–me dice y ahogo un grito que consigo retener rápidamente.
–¿Te has vuelto loco?–lo acuso comenzando a cabrearme.–¡Mis padres no tienen nada que ver con ellas!
–Lo siento, pero en este caso sí.
–Si te sirve de algo, ni ellos saben quién son.–le digo.–Ni si quiera los de la discográfica, joder.
–Vale, ¿y entonces porque te preocupa tanto que investigue a tus padres?–me mira Sebas amenazante.
–Porque como todo el mundo, tienen secretos.–gruño intentando calmarme.–Y si son secretos, nadie tiene porque saberlos, y menos tú, que eres mi amigo.
–Te has pasado, tío.–me apoya Dani mirando a su amigo.–Al fin y al cabo, si no averiguan de quién se trata, ellas mismas lo dirán, estoy seguro.
–Esta bien, lo siento, Sam.–me mira suplicante.–No quería hacerte sentir mal.
–Vale.–suspiro centrándome en que apenas quedan unos minutos de clase.
Aprovecho para mirar el móvil y veo que Maya me ha dicho que les diga lo de la cena de Navidad, así que, los llamo a todos.
–Chicos.–alzo la voz.–Mi madre va a hacer una cena el día de Navidad, estáis invitados.
–¡Genial!–aplaude Dani.–Yo me apunto.
Cuando suena el timbre tengo la respuesta de todos, van a venir con sus familias, para que conozcan a mis padres y hagan amigos. Vuelvo a casa hablando de tonterías junto a Dani, que está muy ilusionado por lo de la cena.
–Tendré que ir a por regalos.
–¡Y yo!–sonrío y me quedó pensativa.–¿Y si hacemos un amigo invisible?–sugiero.–Será divertido.
–Vale, voy a decirlo por el grupo a ver qué dicen.–sonríe.–Aún así, aunque no me toques tu, te voy a comprar algo.
-Oye, no...–hago morritos y el sonríe.–Vale, pero solo si yo te compro otro a ti.
*****
Maya
–¿A dónde vas?–grita Sam desde su habitación.
–¡Con Sebas!–grito para contestarle.–¡A comprar el regalo de Dani!
–Podrías...haber quedado con Jesús.–dice asomándose por las escaleras.
–Es que también voy a comprar un regalo para él.–sonrío coqueta.–¡Ni se te ocurra irte de la lengua, hermanita!
Salgo de casa sin dejarla contestar, sé que está sonriendo y también sé que es porque he vuelto a ser la Maya de antes. Me siento genial así, riendo todo el rato, y sé que es gracias a Jesús. Aún tiene la cara alto marcada pero eso no le impide estar tan increíble como siempre.
–Tierra llamando a Maya.–canturrea Sebas con una sonrisa.–Estas muy enamorada, ¿eh?
–Calla y vamos.–sonrío tirando de él.–Dime, ¿ropa o algo más...material?
–A Dani ropa.–dice obvio.–No sabemos cómo se emociona al estrenar pantalones nuevos.
–¿Y Jesús?–intento no reírme imaginándome a Dani.
–Bueno, a él le van los pequeños detalles.–sonríe.–Podrías hacerle algo en plan...la caja de los sentidos, aunque supongo que querrás comprarle algo también.
–Si, él me regaló un anillo por mi cumpleaños...–susurro.–Quizá una pulsera, o...una cadena para el cuello.
–La chapa mejor.–comenta.–Es lo único que lleva.–dice y asiento conforme.–¿Y para Sam?
–Veamos...–murmuro pensativa.–Si está con Dani es por algo. Es una loca de la moda, y su tienda favorita es el Zara, así que vamos para allá.
No tardamos en llegar al centro, y miramos en varias tiendas de hombre para buscar el regalo de Dani. Al final, acabo cogiéndole unos vaqueros ceñidos que le quedaran de muerte, una camiseta con una frase en inglés y un color precioso, y unas zapatillas a juego. Jack&Jones es de las mejores tiendas para hombres que he visto.
Luego entramos a Zara, tardo en elegir el conjunto perfecto mientras Sebas mira en silencio. Es divertido verle cogiendo las bolsas y aborreciendo cada minuto que pasa.
Al final me decido por unos vaqueros blancos, rotos por las rodilla y una blusa azul muy bonita, Sebas paga y salimos de la tienda.
Aún así, me hace parar en una zapatería para comprarle unas Superga azules que quedarán perfectas con el conjunto.
Finalmente, entramos a una joyería que mi amigo me recomienda y después de rebuscar por toda la tienda, damos con la chapa y hacemos grabar mi nombre. Tendré que venir otro día a recogerla.
–He de reconocerlo, eres con la primera que soporto una mañana de compras.
–Me alegra saberlo.–sonrío.–Venga, vamos a comer.
[...]
–No puedo creerme que las Gemeliers se hayan enterado de que...bueno, que yo y Jesús...
–Bueno, se positiva, lo hemos desmentido.–suspira.
–Si, ahora se supone que tú eres mi novio.–gruño abriendo la puerta principal de mi casa.
–Si.–se ríe.–En fin, al menos hemos evitado una tercera guerra mundial en ese fandom. No tienes ni idea de la que lían siempre, no sé porque no se les mete en la cabeza que son adolescentes y tienen una vida privada.
–Son como novias celosas.–le hago reír abriendo la puerta de mi habitación.–Pasa, ahora vuelvo.
Me doy la vuelta y camino hacia el baño, donde hago mis necesidades y me lavo las manos y la cara.
Camino hacia mi habitación de nuevo, y cuando veo a Sebas mirando mi armario se me descompone la cara.
–¿Qué haces?–ahogo un grito al verlo con una de mis pelucas de Incomprendida en la mano.
–Eres tú...–susurra.–Sois vosotras.
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