CAP 8: La fiebre de Frisk

(Continúa narrando Sans)

–F-Frisk, ¿estás...?
Le toqué la frente. Estaba ardiendo.
–¡Oh dios, oh dios, OH DIOS! ¡E-estás ardiendo! N-no te preocupes, te llevaré con Alphys, o con Toriel, o al lugar más cercano en el que puedas descansar.
Me quité mi chaqueta, se la puse, y la llevé en brazos hacia mi casa.
–Sans, ¿qué tal la-?
–Papyrus, ¡pide ayuda!
–¡LA HUMANA! V-voy a...
Papyrus llamó a Toriel, a Alphys y a Undyne, para que vinieran a ayudarnos, mientras que yo acosté a Frisk en el sofá, y le daba mantas.
–T-tengo frío, Sans.
–No te preocupes, Frisk, y-ya vienen.
Se escuchó un portazo.
–¡FRISK!
Toriel se abalanzó sobre la humana.
Alphys y Undyne venían por detrás, cogidas de la mano.
–¿F-frisk?
Alphys se acercó al sofá, y le tocó la frente.
–Vaya, parece que tiene fiebre.
–¡¿FIEBRE?! -Exclamamos Papyrus, Undyne y yo, a la vez-.
Toriel suspiró.
–Menos mal, sólo un poco de fiebre. Es normal a su edad.
–A-Aquí tengo un remedio.
Alphys sacó un jarabe de su bolsillo, y Frisk soltó un gritito.
–T-Tengo que tomarme... ¿Eso?
Alphys y Toriel asintieron.
–No, ¡No! ¡NO! ¡ALEJA ESA COSA DE MÍ!
Frisk salió del sofá, cayéndose de cabeza al suelo, y escondiéndose debajo de una mesa.
–Frisk, tía, ya no eres una niña.
Toriel se golpeó la frente.
–Undyne, Frisk está delirando por la fiebre. Hay que calmarla. ¡Frisk! -miró hacia la mesa-, no está tan malo.
–¡Me niego a tomarlo!
–P-pero Frisk -dijo Alphys-, mejorarás con esto...
–¡¡ME NIEGO!! ¡Me negué a morir, y me niego a tomar ese líquido repugnante!
–¿Te negaste a morir, mi niña? No lo-
–¡NGAAAAAAAAA! ¡BASTA DE TONTERÍAS, PILTRAFA!
Undyne se abalanzó sobre Frisk, la cogió en brazos, y le abrió la boca. Frisk le mordió.
–Condenada niña... ¡Ahora te la tomarás, incluso si me cuesta la vida!
–¡NOOoo-!
Alphys le metió el medicamento en la boca.
Frisk cayó al suelo, agotada. Yo la cogí en brazos, y la volví a meter entre las mantas.
–Vaya, no sabía que la fiebre les hiciera volverse locos.
–Tiene mucha... -dijo Alphys-. Sans, ¿dónde estaba Frisk?
–C-conmigo, en una cueva cercana. Estábamos haciendo un pic-nic.
–Un pic-nic... ¡¿En una cueva congelada?! Sans, ¿ella comió algo, verdad?
–Eh, sí.
–Genial, una fiebre que le durará tres días.
–Bueno, -dijo Papyrus-, siento que la humana esté enferma, pero... ¡SANS! ¡¿Qué tal la cita?!
–¡¿CITA?!
Undyne, Alphys y Toriel parecían sorprendidas.
–¡¿HUBO BESO ENTRE MI SHIP FAVORITO?!
–N-no, Alphys, no hubo.
–Sans, tío, ¿se lo dijiste?
–Sí...
–¿Y qué te dijo hermano?
Todos esperaban la respuesta con ansias.
–Meh, no os interesa.
Papyrus se llevó las "manos" a la "cara".
–¡HA DICHO QUE SÍ!
–¡EL FRANS ES REAL! ¡OS LO DIJE!
Alphys y Papyrus vitoreaban.
–Sans, -Undyne apoyó su mano en mi hombro-, bien hecho tío. Sabía que ella diría que sí.
–Mi niña y Sans... ¡¡Son pareja!! -dijo Toriel-. Hoy es el mejor día de mi vida.
–De hecho... No somos pareja.
–¡¿EHHHHHH?! -Exclamaron todos-.
–Seguimos siendo amigos.
–A ver, a ver, te gusta y le gustas, ¡salid juntos! Haced como Alphys y yo.
–No es tan fácil, creo que me tiene miedo...
–Sí, ya lo vemos, -dijo Papyrus, sarcásticamente-, cuando dormía anclada a ti como un koala.
–¡P-Paps \(>-<)/ !
Todos rieron.
–Sans, -dijo Toriel, acariciando el cabello de Frisk-, sois tal para cual.
–¿T-tú crees?
–No lo creo, lo afirmo.
Todos sonrieron, pero entonces miramos a Frisk.
–Y... -comenzó, Alphys-, ¿quién la cuidará?
–Sans y yo, el gran Papyrus, lo haremos.
–¿En serio, tío? Es muy complicado cuidar de la piltrafa cuando está enferma, es como si se le olvidase pensar.
–Lo haremos bien, Undyne, no tiene que ser tan difícil.
Toriel, Alphys y Undyne se rieron. –Pues buena suerte, chicos. Si nos necesitáis, llamadme.
Paps y yo nos sentamos en frente de ella.
–Parece tan tranquila, ¿verdad, Sans?
–S-sí...
–Oye, Sans... ¿Estás seguro de que quieres cuidarla? Puedo hacerlo yo si quieres.
–Papyrus, quiero tener una vida junto a ella, así que debo aprender a cuidarla.
–¡Cáspita! ¡Eso es muy bonito, Sans!
Yo sonreí, y me senté a su lado.
–Paps, ¿crees que se recuperará?
–¡Claro, hermano! Es sólo... "Fiebre"
Suspiré, mientras pasaba mi mano por el rostro de Frisk.
–Papyrus... ¿Cuánto crees que tardará en volver a ser tranquila?
–Poco, espero.

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