Cariño mío

-Soy demasiado mayor para ti-

Le dijo a modo de excusa para rechazarlo, bajando ligeramente la cabeza con fingida pena producto de su caballerosa cortesía.

Bruce alzó una ceja molesto con su respuesta, desde que entrara por su puerta para una reunión de negocios no habían hecho más que danzar alrededor del otro en una especie de cortejo mal disimulado.

Ahora que las cosas salían a la luz le daba excusas y falsa modestia, sus ojos relampagueaban como un mar en tormenta, que en aquel momento estaban llenos de pasión.

-Soy lo bastante adulto para comprender la diferencia de edad entre nosotros, y lo suficientemente sensato para que no me importe- le espetó reduciendo la distancia entre ellos, arrinconando a su presa, decidido a obtener lo que deseaba.

Las comisuras del mayor se alzaron arrugando su faz y revelando su edad, siempre lo hacía reír la impertinencia de Bruce, sus ojos  tranquilos eran muy azules, claros como el cielo despejado y atemporales, estaban llenos de una aguda inteligencia que cautivó al menor.

-Podrías ser mi hijo-dijo con espanto, negando al pensamiento y sonriendo ligeramente divertido,  dando la última oportunidad al menor de huir de él y recapacitar en su locura.

Su farmacéutica llevaba muchos años siendo aliada de Wayne Enterprise, y desde la primera reunión con el joven empresario se sintió atraído por su magnetismo.

Ante la corta distancia que el menor interponía entre ellos alargó su mano grande para conocer  la textura de su piel firme y elástica, la mejilla afeitada se le antojaba como un regalo pues al fin, podía recorrer sus facciones y deleitarse con el goce ajeno de aquella criatura casi etérea.

Bruce Wayne era una belleza, un rostro aristócrata,  angulosas facciones, pómulos altos, frente amplia, nariz recta y carnosos labios pálidos, su cuerpo joven estaba envuelto en un ajustado traje y su perfume le envolvía la nariz seduciendolo.

Sus cuerpos se encontraron sin esfuerzo y le acarició la espalda en un abrazo estrechando contra su pecho amplio sus formas, él era más alto que Bruce y no resistió la oportunidad de olfatear su cabello corto y negro dejando que cosquilleara en su nariz.

Bruce se refugió en sus brazos y alzó su rostro colocándose de puntillas para atraerlo, su mano acarició la barba blanca y tupida y enterró los dedos en su cabello entrecano y espeso deseando quitarle los lentes dorados que le impedían apreciar cada tonalidad en sus iris.

-Eres una gran tentación-le susurró el mayor sobre su boca antes de besarse y caer rendido ante su encanto.

Se comieron el uno al otro en un calor sofocante que los hacía mezclar el aliento y beber su saliva como agua dulce, sus labios se encontraron amasandose hasta estar húmedos e hinchados.

El hombre mayor no se molestó en ocultar su conocimiento en las artes amatorias, y besó a su amante dulcemente una y otra vez acariciando con su lengua la ajena y mandando deliciosos estremecimientos por el cuerpo joven, sus dedos removieron su ropa con la paciencia que da la edad llenándolo de caricias y atenciones hasta bajar su pantalón y tomar con mano firme su miembro y comenzar a masturbarlo con precisión.

Un sin fin de palabras dulces llenaron los oídos de Bruce, quién en un desenfreno de pasión le arrebató la ropa y arrojó los lentes al suelo sin preocuparse más allá de satisfacer la libido que crecía dentro de él.

El mayor lo llevó al sofá y se colocó entre sus piernas para felarlo, recorriendo con su lengua caliente su carne sensible y sobreestimulada, sus piernas fueron separadas y aquella lengua ávida no dudó en recorrer entre sus glúteos y penetrarle con fiereza para lamer los pliegues de su ano dilatandolo, abriéndolo para sí.

Dos dedos le siguieron y presionaron contra el nudo que era su próstata golpeándola con sus yemas  hasta dejarla dura.

Satisfecho miró al jadeante hombre que le extendió un condón con una sonrisa.

-Estabas preparado para todo cariño mío-le dijo con jocosidad colocando el preservativo.

-Sabía que me deseabas- le aseveró seguro de sí, atrayéndolo hacia él para abrazar su espalda y morder su hombro para así ahogar el jadeo que escapó de su boca al ser penetrado.

El mayor chocó sus caderas contra él y las embestidas comenzaron como una deliciosa tortura, impulsandose en busca de su unión.

Cerró los ojos recibiéndolo, jadeando su nombre disfrutando de su vigor y la forma en que se adentraba en su cuerpo tomando todo de él.

La deliciosa unión alcanzó su punto máximo y eyaculó con fuerza estremeciéndose hasta los pies y convulsionado entre sus brazos hasta que sensible  recibió entre sus piernas la culminación de su amante.

El mayor le sonrió y besó su frente mostrando ante él únicamente dulzura, sus cuerpos unidos permanecieron juntos dándose mutuo afecto hasta separarse.

-Debo irme cariño mío- le llamó una última vez cuando estaban terminando de vestirse y se robaban besos de despedida.

Bruce le sonrió de medio lado con la modorra que persigue al sexo y le dejó ir.

-Adiós- se despidió mirando la puerta de su despacho cerrarse y terminar con la fantasía.

Con pereza se estiró a tomar el control del ventilador y disipar el aroma a sexo, sentándose en la amplia silla desde la cual dominaba su imperio pensó en su amante, veinticinco años mayor, demasiado escrupuloso para gemir su nombre para mejor llenarlo de aquellos apodos cariñosos con los que disfrazan una verdad tan cruel que ninguna de sus cortesías podían ocultar.

Jor-El lo deseaba tanto como se desea a una puta, en la cual desahogas tus pasiones y te apresuras a  olvidar.

El hombre estaba casado y tenía un hijo tres años menor que él y sin embargo Bruce no podía dejar de desearlo, de sentirse herido con cada beso dulce y cada palabra cariñosa, porque Jor conocía otro tipo de crueldad, la de darle solo un poco de todo lo que el deseaba.

Maldijo a Lara Lord-Van y en su fuero interno dominando por el rechazo y la tristeza imaginó lo fácil que sería destruir su matrimonio y tomar para si al antiguo amigo de su padre.

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