2 De Marzo
Hacia tiempo que no me sentía así de patética, de torpe, me habían plantado.
Había aprendido mi lugar, solo podía ser su guardaespaldas y aveces sentía que no podía ni siquiera llamarme así, ¿Que clase de persona no puede proteger o serle útil a su amo? Ante sus ojos yo solo era una carga, un estorbo y no podía hacer nada para demostrarle lo contrario, me sentía frustrada porque quería serle de ayuda y en la batalla poco apoyo le daba, su poder lo hacia uno de los miembros más fuerte dentro de la PortMafia y por conseguiente uno de lo más temibles.
Rashomoon; la forma de una bestia similar a la sombra de lo que parece ser un dragón, todos lo consideraban una amenaza, sin embargó yo lo admiraba, era un deleite para mis pupilas mirarlo en acción y recuerdo siempre enloquecer por él.
A la mañana siguente llegué al trabajo tratando de evitarlo me sentía avergonzada.
-Higuchi, por fin te encuentro- Escuché tras mis espaldas
Cuando quería estar sola, solía matar el tiempo en el almacén de armas, allí no podía escuchar nada más que mis propios pensamientos, tenía una pistola que estaba desarmando cuando escuché la puerta metálica abrirse.
-Lleva este maletín al capitán de las barcazas, ve de inmediato una vez termines- Hablo tras de mi uno de los líderes de la Mafia, un chico pelirrojo con sombrero, Nakahara Chuuya
Dejo el paquete sobre la mesa a un lado mío, tocó mi hombro y dió la vuelta.
La relación que llevo con mi señor es de ser su guardaespaldas, para la Mafia Akutagawa es un miembro muy fuerte e indispensable así que me asignaron como su compañera para protegerlo, pero muchas veces fracasé.
Cuando llegue al muelle portuario con el maletín en mano observé como descargaban la mercancía, hablé con ellos y las personas enviaron a su líder conmigo, entregué el encomiendo.
Había gente infiltrada entre los pasajeros; minutos antes de que llegara habían colocado detonantes en los contenedores y esa tarde algunos de nuestros miembros murieron, yo no tenía idea que el señor Akutagawa abordaba uno de esos barcos para supervisar la entrega, escuché la explosión y de inmediato una cortina de humo se alzó.
-¡¡El capitán y el perro de la Mafia estaban en ese barco!!...- Escuché que alguien grito, de inmediato se me erizo la piel
Tenía una inmensa desesperación corri hacia el puerto apenas podia divisar la entrada del barco, sin pensarlo dos veces ingresé, trataba de imaginarme donde se encontraba él, las llamas se elevaban conforme avanzaba, yo tape mi nariz y boca con un pañuelo aún así el asfixiante calor del vapor me mareaba.
-Señor!... Señor!! ¡!Porfavor responda!!- Gritaba con toda mi alma
Había diferentes cadáveres cubiertos por fuego, al ver tales escenas horrorosas y oler el nauseabundo aroma del cuerpo quemándose resaba porque ninguno de ellos fuera mi señor. Escuché un fuerte golpe, mire hacia atrás y observé que la estructura se había derrumbando; ya no podía regresar, sentía como mi piel se cosía, dolía mucho pero aún no podía darme por vencida tenía esperanzas de encontrarlo, continúe avanzando hasta llegar a la cubierta, me ardían los ojos y poco a poco el oxígeno se terminaba, cuando escuché a alguien toser.
No tarde ni medio segundo en saber que se trataba de él, reconocí su voz áspera y ronca. Derribe la puerta, sentí un alivio enorme al encontarlo inerte sobre el suelo.
-Señor Akutagawa- Dije con mi voz quebradiza, intente levantarlo pero el me aparto
-Idiota... ¿Que demonios haces aquí?, Vete ahora mismo- Al terminar tosió varias veces, gran parte del humo había entrado en sus pulmones
-¡No me iré sin usted!- Insistí en jalarlo del brazo para ponerlo sobre mi hombro
-Tsk!...-Expreso con un gesto de dolor- Mis piernas, ¡cof!...mis piernas... están rotas... ¡Cof!, cof!, cof!... Ahora lo entiendes- Me arrebató su brazo y me miró con miedo
Sentí que la adrenalina había descendido, era cierto que no podía ponerse en pie y mucho menos usar sus fuerzas para escapar del fuego con Rashomoon, de echo, a esas alturas no tenía ni fuerzas para hablar, pero lo seguía haciendo.
-Vete Higuchi... Hazlo... antes de que... este lugar...se llene de llamas- Me sugirió agitado, sin aliento y casi susurrando-
Estoy segura que mi mirada se humedecio, sentí una nudo en la garganta que apenas me dejaba pasar saliva, me dolía más el corazón y me temblaban las piernas. No estaba dispuesta a abandonarlo y salvarme yo, debía darme prisa o quedaríamos bajo escombros los dos.
-¡Lo voy a sacar de aquí!... Téngalo por seguro mi señor... se lo puedo prometer-
-¡No lo hagas!... ¡¡¿Que es lo que haces?!!... ¡¡Detente, suéltame Higuchi!!-
Forcejeo para que no lo tocará, detuve sus muñecas soteniendolas para que dejara de moverse, en ellas y en sus manos había quemaduras de segundo grado, él se mostraba realmente furioso. No sé si era su orgullo o si realmente quería que evitará que me quedará pero luche contra él para que me dejara ayudarlo, tiempo después se canso y cedió, lo puse con cuidado en mi espalda; era más difícil para mí avanzar sin lastimarlo por sus graves heridas.
-Tonta... Moriremos... Aquí los dos- Lo oí susurrar en mi oído
Baje las escaleras, había brasas por todas partes, el naranja vivo incendiaba toda la madera, no sabía que hacer ni por dónde salir, pensé en mi muerte pero no en la de Akutagawa, si había alguna posibilidad de salvarse alguno de los dos preferiría que esa oportunidad la tuviera él, mi trabajo no podía terminar así, yo debía protegerlo, todo se nublaba a mi alrededor y mi cuerpo ya no podía resistir más.
Mire la estructura del techo que estaba apunto de caer sobre nosotros después observé a mis lados; se había desecho una parte de la pared que dejaba ver el exterior, estaba fragil y era perfecto para salir por allí, la derribe golpeándola con mi pierna y salte al mar.
La sal hacia que la piel dolieran intensamente, nade cargando a Akutagawa quien parecía ya inconsciente, llegue a la orilla; lo arrastre y me cerciore que aún respirara, le hice un torniquete en las piernas con lo que quedaba de mi saco.
-Hey!... Por aquí! Alguien ayuda!- Escuché que gritaron cerca de nosotros
Poco después llegó la ambulancia y se llevaron a Akutagawa en camilla, yo lo iba siguiendo ignorando a los paramédicos que me decían que debía atenderme con ellos, me dolían los huesos y los pulmones; si así me encontraba yo que no estuve tanto tiempo expuesta al fuego, no me quería imaginar en que estado se encontraba él. Acabe inconsciente también.
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