Siempre Mio (MikeyFuyu Boten)
Con sus tÃpicos pasos lentos ingreso por aquella lejana y bien protegida puerta a la habitación mas obscura, frÃa y tétrica de toda la mansión de Boten, era prácticamente un calabozo especialmente para su mas importante "invitado".Â
Manjiro ingreso al lugar posando sus cansados y oscuros ojos en aquella débil figura, debido a que desde que llego no comÃa ni se hidrataba adecuadamente ahora era tan delgado como él mismo, o incluso mas, en su piel una vez suave y lechosa ahora se adornaba con tonalidades moradas y verdes hechas por él. Y es que su invitado solÃa ser muy rebelde e impertinente, ganándose un par de castigos al dÃa.
El peliblanco se sentó al lado de la desmayada figura pelinegra y golpeada, sobre ese viejo y sucio colchón. Miro de cerca al pequeño invitado, dándose cuenta que aun le escurrÃa sangre fresca de la nariz, producto del castigo que le propino esta misma mañana por negarse a mirarle. Con cuidado retiro el liquido rojo con sus propios dedos, permitiéndose de paso acariciar la maltratada piel del rostro.Â
_Ni siquiera Baji te reconocerÃa en estos momentos_
Susurro Manjiro con un deje de tristeza al recordar a su difunto viejo amigo, aquel pelilargo temerario que siempre cuido y protegió a su "gatito" ahora mismo debe estar revolcándose en su tumba. No solo por el estado actual de Chifuyu si no porque él era el responsable de tal masacre.Â
Volvió a pasear sus cuencas oculares por la figura casi inerte de Chifuyu situándose en esos tobillos llenos de cicatrices y cadenas para que no pudiese moverse, otro castigo que se gano a la semana de llegar por escupierle en la cara. Esa actitud desobediente y difÃcil de domar le recordaban tanto a Baji.
Con mas fuerza de la necesaria tomo ambos tobillos encadenados y le separo las piernas para admirar su maltratada y usurpada entrada, la cual estaba llena de sangre seca, sangre fresca, rasguños, moretones y marcas de todas las veces que fue usada por él. Desde el dÃa uno que llego Chifuyu dejo de conocer la ropa. Para que la necesitaba? Si solo tenia una función dentro de ese lugar y para ello no ocupaba de prendas que lo cubriesen.Â
Sin preocuparse de si el menor estaba despierto, desmayado o muerto se bajo la propia bragueta, liberando su palpitante pene lleno de venas y sin mas lo ingreso en aquel cálido y húmedo lugar que tanto le gustaba. El interior de Chifuyu seguÃa siendo una delicia y algún dÃa le encantarÃa gritárselo en la cara a Henemilla, Hanagaki y a Sato... Incluso irÃa a la mismÃsima tumba de Baji Keisuke para contarle lo glorioso que era Matsuno.Â
El tÃpico vaivén intenso dio inicio, moviendo sus caderas, llenando la oscura habitación de gemidos y jadeos. _Mmm. N-no por favor_ Escucho la suave y ahora rota voz de Chifuyu, quien a esas altura ya se estaba cansando de gritar, de luchar por su libertad, de vivir...
Mikey supo que despertó a Chifuyu con el pene entre sus piernas, pero que importaba? No era la primera ni la ultima vez, que le importaba si Matsuno perdió la capacidad de llorar desde hace un mes atrás, que le importaba si el menor deseaba su propia muerte al no poder soportar tal tortura diaria... Si no dejarÃa que muriera nunca.Â
Continuo con sus embestidas, mirando con estoicismo el delgado cuerpo ajeno retorcerse de dolor. El una vez atlético cuerpo del menor ahora no era mas que un saco de huesos, con las costillas perfectamente visibles, las extremidades tan delgadas y frágiles que si las apretaba un poco podrÃan ser fácilmente quebradas. Del hermoso, risueño y saludable Chifuyu que una vez enamoro a Keisuke Baji, solo quedaba el nombre.Â
...
Después de unos minutos que Chifuyu sintió como dÃas, nuevamente Mikey abandono su cuerpo sin cuidado alguno. En cuanto noto que estaba liberado se hizo un ovillo en medio de la manchada cama sollozando e hipando, rezando a cualquier divinidad para que le quitara la capacidad de respirar.Â
Manjiro por su parte abrió la puerta y recibió de uno de sus subordinados al cual ni siquiera le dejo ver a Chifuyu, un largo palo metálico con una punta con su nombre. Muy similar a los que se usaban para marcar a los esclavos y judÃos en la antigüedad. Porque era lo que pretendÃa con esa punta de hielo caliente: Marcar a Chifuyu como parte de su propiedad. Porque el solo ultrajarlo y alejarlo de cualquier otro humano no era suficiente.
Nuevamente se acerco a Chifuyu tomándolo de la maltratada cadera para acomodarlo y tener mayor acceso a esos glúteos llenos de marcas de azotes y mordidas. Por esa acción Chifuyu volteo a verlo sobre sus hombros quedando horrorizado al ver a Mikey con ese peligroso palo de hierro con la punta a rojo vivo.
_N-no_ Aulló asustado intentando alejarse, sin embargo Mikey no tuvo que hacer mucho esfuerzo para volver a inmovilizarlo, colocando una de sus rodillas en la parte trasera de su muslo y el la mano en su desalineada cabellera, dejando caer su peso para que no escapara. _Mikey por favor No!_
Al peliblanco no le importaban sus suplicas, Chifuyu ya deberÃa saberlo. Por lo que empuño el arma y sin mayor dilatación coloco y presiono la punta metálica a rojo vivo sobre la aun suave piel de la redonda delgada derecha. La Carimba era su nueva arma favorita a usar con Chifuyu.
El grito que soltó Chifuyu fue tan potente y doloroso le hizo recordar a Manjiro al aullido que soltó en el Halloween Sangriento. Un grito lleno de vida, de una dolorosa y triste vida... un grito que le regreso a Mikey algo placer, ese que creyó haber perdido hace mucho, pero que gracias a Chifuyu dÃa a dÃa recuperaba un poco mas.
...
Matsuno hipaba con su carita escondÃa en ese oloroso colchón, dejando que Manjiro le "curara" la quemadura que ahora indicaba que era propiedad de Mikey.Â
Manjiro en cambio esbozo una sonrisa sincera, la felicidad que sentÃa al ver su propio nombre tatuado con fuego en la nalga de Chifuyu era simplemente glorioso. Seria la prueba de que Matsuno siempre le perteneció a él y solamente a él. No a Tora, no a Takemichi, no a Sato y sobre todo, ni siquiera a Keisuke Baji.... Chifuyu era propiedad únicamente de Manjiro Sano.Â
Y se encargarÃa de recordarselo hasta que el propio Fuyito lo admitiera. No importa cuanto tiempo le costara, al fin y al cabo ya habÃa pasado un año desde la llegada de Chifuyu a sus brazos.
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