Capitulo 1.- Primer día

Al escuchar su alarma, los rayos de luna seguían entrando por la ventana de su habitación. Cinco y media de la mañana y ya tenía que despertar.

A regañadientes se levantó de su cama y apago su alarma con esa música tan molesta para dejar de escucharla, prefería escuchar una canción odiosa para tener una razón de levantarse y quitarla. Tomó el uniforme junto a una chaqueta de su armario y con frío, cambió su cómoda pijama.

Caminando silenciosamente bajó las escaleras hasta el comedor de su casa para pasar a la cocina y preparar su desayuno.

Nunca fue una fan del silencio, le estresaba no escuchar más que sus movimientos. Desde pequeña necesitaba escuchar música o algún ruido, de otra manera, se sentía atrapada.

En su teléfono pulsó el botón de play a su playlist de música favorita y comenzó a preparar su desayuno, un plato de huevo revuelto con jamón y un pan tostado.

Estaba por terminar de servir su comida cuando escuchó los pasos de su madre bajando las escaleras apresuradamente.

-Fay, ¿Qué haces tan temprano aquí cariño? - Las ojeras podían verse en los ojos de la mujer, de nuevo no durmió bien.

-Ya sabes mamá, hoy es mi primer día, creí que lo recordarías. - Cualquier tono de decepción pasó desapercibido por la madre, quien frotaba sus ojos tratando de enfocar su vista.

-Está bien, ve con cuidado. - La madre salió de la cocina para dirigirse a su habitación y continuar durmiendo.

Fayna se sentó a comer mientras leía alguna novela que dejó a medio leer la noche anterior hasta que sonó otra de sus alarmas advirtiendo que debía irse pronto.

Arregló un poco su cabello oscuro y lacio, lavó su rostro y sus dientes para después tomar su mochila y salir de casa. Nadie la despidió, nadie le dijo que se fuera con cuidado, ni que tuviera un buen día.

Las calles estaban algo oscuras aún, pero, sobre todo, frías. Estas horas del día no eran sus favoritas, pero amaba el frío, amaba sentirse temblar, y el cielo. El cielo era su mayor recompensa de ver por la mañana.

Caminaba bajo ese mar cubierto de pequeños puntos brillantes que desaparecían lentamente gracias al sol, haciendo aparecer nubes de colores rosado, morado, anaranjado, azul. Y se sintió feliz por un momento, se sintió en el paraíso para después llegar a su parada y subir a su autobús.

Pagó su pasaje y trató de seguir viendo el cielo por su ventana. Nada. No podía verlo por tanta gente que estaba en el pequeño autobús y decidió conectar sus audífonos a su teléfono, escuchando alguna canción de su agrado.

Faltaban 10 minutos para el toque de cierre y llegó junto a algunos chicos más.

Quitó los audífonos de sus oídos y supo que debió haber llegado antes. Montones de alumnos de encontraban alrededor de un cartel, otros tantos se encontraban en la cafetería de la escuela hablando animadamente, y la otra parte se encontraba vagando por los pasillos.

-Mierda. - pensó nada más pasar la puerta de entrada, sintiéndose temblar en el interior. Caminando con rostro serio, llegó a la gran cantidad de gente.

Comenzó a buscar algún rostro conocido, identificó a dos personas con quienes había tenido problemas en su escuela pasada. Caminó hacia el cartel lo más recta que pudo llegando al cartel donde estaban escritos los salones de cada grupo.

Le costó un poco encontrar el suyo, pero después de algunos empujones y golpes lo encontró. Salió con mucho esfuerzo de todo aquel grupo y caminó hacia su salón, aun le costaba ubicarse por los pasillos de la escuela.

Iba caminando distraída cuando sintió un empujón en su espalda haciéndola caer al suelo. Escuchó las risas de las dos chicas que había visto unos momentos atrás. Agradecía que estuvieran en grupos diferentes o no podría ir al salón de clases tranquilamente.

-No de nuevo por favor. - Con la mirada fija en el suelo, sus ojos amenazaban con soltar esas gotas saladas con las que ya estaba familiarizada.

Con la fuerza que tuvo, aguantó sus lágrimas y una mueca de enojo mezclada con tristeza se pintó en su rostro, se levantó del piso y buscó al culpable de su caída, no había nadie y eso la hizo enfadar aún más. Caminó unos minutos más y encontró su salón, se sentó en el primer asiento libre al frente, recostando su rostro entre sus brazos.

Desde pequeña siempre fue una niña sensible, que lloraba con cada pequeño error que cometía, sin embargo, nunca pudo hacerlo frente a la gente. "¿Crees que es motivo suficiente para llorar?", "Te voy a dar un motivo para llorar si no te calmas", eso decían en casa, en algunas ocasiones lloraba en la escuela, pero las burlas no se hacían esperar, entonces, terminaba haciéndolo en la oscuridad de su habitación durante las noches.

Mientras pasaba el tiempo, iba creando una coraza para evitar que cualquier persona le hiciera daño. Seguía siendo igual de sensible que siempre, pero desde su primera ruptura amorosa, jamás volvió a ser la misma.

- ¿Hola? - La voz de una chica se escuchó a un lado suyo.

- ¿Pasa algo? - Respondió Fayna levantando el rostro con su ceño fruncido.

-Solo quería saber si este lugar está ocupado. - Con algo de inseguridad habló la joven de cabello castaño claro.

Fayna comenzó a hacer el movimiento de buscar algo cerca de la mesa, moviendo la silla haciendo de vez en cuando esos sonidos pensativos.

-No veo ninguna mochila aquí, creo que es obvio que está libre. - Y regresó a recostar su rostro en su posición inicial.

La joven de nombre desconocido tomó asiendo a su lado con una sonrisa en el rostro. No había entendido la burla en la voz de la joven.

Al poco tiempo llegó el profesor seguido detrás por tres jóvenes que entraban de mala gana al salón.

-Un gusto chico, preséntense. - Era demasiado temprano como para saludar de manera animada al grupo. Todos se levantaban y respondían con voz temblorosa, no le importaba mucho conocerlos entonces los ignoró directamente.

Al llegar su turno, Fayna se levantó de mala gana dejando sus manos en los bolsillos de su chaqueta.

-Fayna, solo díganme Fayna. - Todos tenían que decir su nombre completo y sus pasatiempos, como no se encontraba con el mejor humor del mundo, decidió hablar lo menos posible.

El profesor la ignoro haciendo un gesto con la mano para indicar que continuaran mientras bebía su café. Era el turno de un chico en la fila trasera a la suya, se levantó y con un tono burlón habló.

-A diferencia de "Fayna, solo díganme Fayna". Mi nombre es Seaton Hilal, me gustan los deportes, espero llevarnos bien con todos ustedes.

Todos soltaron una carcajada al terminar de escuchar sus palabras. Fayna volteó a verlo con una mueca de enojo en su rostro, "¿Quién se cree esté bufón?", pensó.

Las presentaciones continuaron aburridas, sin ningún incidente nuevo y de igual forma pasaron las primeras horas. Al ser el primer día lo mejor es socializar, o al menos es la idea que tienen los profesores para conocer la dinámica del grupo completo.

Saliendo a su receso, la chica que se había sentado al lado de Fayna se le acercó.

-Hola Fayna, mucho gusto, no sé si escuchaste mi nombre... No importa, me llamo Daila, Daila Hendrix, mucho gusto. - Y estiró su mano en forma de saludo.

Con algo de desconfianza, Fayna la tomó moviendo la cabeza en forma de saludo.

Cuando Daila estaba por empezar a hablar, una voz se escuchó por detrás de ella.

-Mira, los raritos ya empezaron a hacerse amigos, que sorpresa. - Fue ese tono burlón el que estaba acabando con la paciencia de Fayna.

Se acercó a paso lento al joven, su rostro se veía serio.

-Bien, ¿Qué carajo te pasa? Es el primer día, ¿Acaso te falta cerebro? - Algunas risas se escucharon detrás de ambos jóvenes.

Al quedar en frente suya notó que era más alto que ella, pero era muy delgado, su piel era pálida, incluso parecía enfermo. Tenía algunas pecas en su rostro. Viéndolo de cerca se veía atractivo, de no ser un cretino podría ser su tipo ideal.

-No... Eh...- El joven estaba tartamudeando, nunca nadie les había respondido a sus burlas.

-Oh, ya veo, eres de los que tiran la piedra, esconden la mano y esperan que no se las devuelvan, ¿Cierto? - Tomó sus mejillas, haciendo que bajara su rostro para verla a los ojos. – Pues no creas que será tan sencillo conmigo maldita alimaña.

Con un movimiento brusco soltó su agarre, alcanzando a rasguñar levemente su mejilla y caminó en dirección a la cafetería siendo seguida por Daila, dejando a Seaton totalmente desconcertado y con un pequeño ardor en su mejilla.

Pasaron por un pequeño jardín y Fayna se sostuvo de uno de los árboles más escondidos que encontró tomando su pecho y respirando agitadamente. Daila se acercó preocupada.

-Fayna... ¿Estás...? - No alcanzó a terminar la pregunta cuando los brazos de la joven la rodearon con fuerza. Estaba temblando, llorando. ¿Qué pasó con la chica tan segura que había visto unos minutos atrás?

No dijo nada y correspondió el abrazo, Daila no sabía que estaba pasando, estaba siendo un primer día muy extraño y la mañana apenas estaba empezando.

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