8
Lo primero que noto al despertar es un horrible pinchazo en la cabeza, e inmediatamente después vienen las náuseas.
Intento levantarme como puedo, notando dolor en todo mi cuerpo, y cuando lo consigo voy lo más rápido que puedo al baño. Me arrodillo delante del váter y, tras levantar la tapa, espero a echarlo todo, pero el vómito no viene. Me quedo ahí varios minutos que parecen horas, hasta que decido terminar con mi agonía y meto dos dedos en mi garganta para sacar toda la mierda que llevo dentro, cosa que sucede a los pocos segundos.
Una vez empiezo, los vómitos siguen durante varios minutos hasta que ya no queda nada en mi estómago. Me quedo de rodillas delante del váter, con la cabeza apoyada entre mis manos, hasta que consigo recomponerme y levantarme.
—Joder —mascullo, lavándome las manos y, posteriormente, me cepillo los dientes.
¿Cómo se me ocurre beber tanto? Cada día estoy peor.
En mi estómago hay esa mezcla de malestar y hambre que caracteriza mis resacas. Esta no es la peor que he tenido, pero estoy hecha una mierda. Aprovecho para lavarme la cara y, al terminar, salgo del cuarto de baño, encontrándome con un gran bulto en mi cama, del que sobresalen la cabeza y los brazos de Louis.
Mierda.
Busco rápidamente una camiseta, unas bragas y unos pantalones cortos de chándal para tapar mi desnudez, me apoyo contra la pared y resbalo hacia abajo hasta que mi culo toca el suelo. Subo mis rodillas y me masajeo las sienes, intentando controlar todas las emociones que recorren ahora mismo mi cuerpo. Algunos recuerdos de lo que pasó anoche han vuelto a mi cabeza, y no sé cómo sentirme al respecto.
Esto no debería haber pasado, no así.
De repente escucho el leve sonido de las sábanas moviéndose y miro hacia arriba, encontrándome con que Louis está estirando los brazos, despierto. Me entra el pánico y me quedo quieta, sentada en el suelo, mientras él se incorpora y se lleva una mano a la frente, seguramente porque le duele la cabeza tanto como a mí.
—Uh, mierda —murmura, levantándose de la cama, y empieza a caminar hacia el cuarto de baño cuando me ve a mí sentada junto a la puerta—. Deena.
—Hey —saludo casualmente, y quiero darme un bofetón a mí misma. Ni que me lo hubiera encontrado por la calle. El día que consiga conectar mi cerebro a mi lengua la cagaré menos, estoy segura.
Tampoco puedo evitar sonrojarme por el hecho de que está completamente desnudo y, cuando se da cuenta, busca sus calzoncillos por el suelo y se los pone junto con su camiseta, tan sonrojado como yo. Cuando encuentra sus pantalones, se sienta en la cama y me mira para luego apartar la mirada.
—Oye, Deena... —dice, incómodo, y suspiro.
—Tranquilo, lo que ha pasado no significa nada —contesto antes de que pueda decir nada más—. Estábamos ebrios, fue un error que no volverá a repetirse.
—Um, sí —asiente él, poniéndose los pantalones—. Escucha, tengo que irme a trabajar, hablamos pronto, ¿de acuerdo?
—Claro —me encojo de hombros intentando fingir una sonrisa, pero no lo consigo.
Louis sale de mi habitación rápidamente y entierro mi cabeza entre mis rodillas. Esto no podría haber salido peor, de alguna manera tenía la esperanza de que él no se arrepintiera, pero en cuanto he visto su cara todo se ha ido abajo. Es curioso cómo cuando más me acerco a Louis más imposible me parece que pueda llegar a estar con él.
Ahora mismo siento como si para él esto hubiera sido lo mismo que cuando se acostó con Janelle estando ebrio. ¿Tan bajo he caído? Me siento humillada, no quería que las cosas fueran así, maldito alcohol que siempre hace que todo termine mal.
Empiezo a recoger mis cosas y a ponerlas en la maleta. Nuestro vuelo sale hoy a las siete y media de la tarde, aún quedan muchas horas, pero quiero dejarlo todo recogido e irme a dormir otra vez.
— o —
—Vaya, hoy en vez de magdalenas dan sándwiches —comenta Alice, desenvolviendo el sándwich de queso, sentada a mi lado en el avión.
Liam está al otro lado de Alice, completamente dormido con los auriculares aún puestos. Als y yo nos hemos puesto una película, pero ahora como nos están sirviendo la cena, la hemos pausado.
—Me gustaban más las magdalenas —suspiro, y ella sonríe.
—Deena y las magdalenas de arándanos, la historia de un amor imposible —dice en voz de presentador de televisión, y se me escapa una sonrisa a pesar de lo desanimada que estoy.
De verdad que estoy intentando no darle vueltas a la cabeza, pero estar encerrada en un avión por tantas horas no ayuda en absoluto. Lo que pasó ayer por la noche y esta mañana no se me va a olvidar nunca, por más que me gustaría, y eso es una mierda.
Horas más tarde, cuando estamos mirando otra película y ya hemos terminado de cenar, veo la hora que es y me doy cuenta de que debo tomar la pastilla. ¿Por qué no ha sonado la alarma? Una ya no puede fiarse ni de la tecnología.
Saco el paquete de pastillas de mi bolso y extraigo una de éste para tomármela bajo la atenta mirada de Alice.
—¿Van bien estas pastillas? —me pregunta—. ¿Es verdad que quitan los dolores de la regla?
—Duele un poco menos, pero no los quita, al menos no a mí —me encojo de hombros—. ¿Por qué no pruebas a tomarlas?
—Me da mal rollo todo eso de las hormonas —hace una mueca de horror—. Además, no sería capaz de tomarme una cada día a la misma hora ni con ochenta alarmas en el móvil.
—Pues probablemente no lo serías, es verdad.
—Perra —dice, sonriendo.
—Pero me quieres.
—Un poco.
Al cabo de lo que parecen mil horas, llegamos al aeropuerto de Londres, donde Frank nos pasa a buscar. Tiene cara de dormido y no le culpo, son las seis de la mañana, él suele entrar a trabajar a las diez así que no está acostumbrado a levantarse tan temprano. Cuando llegamos a su furgoneta dejamos las maletas detrás, me siento en el asiento del copiloto, y la pareja se pone detrás.
—Hola —nos saluda—. ¿Cómo ha ido? ¿Cuando viene el peque?
—En un par de meses, en teoría —contesta Alice.
—A ver si es verdad —dice Frank, apartando su pelo rizado de su cara—. Ya tengo ganas de verlo.
—Por cierto, tenemos una noticia —anuncia Alice—. Liam y yo vamos a mudarnos juntos.
—¿De verdad? —pregunto, sorprendida.
¿Alice conviviendo con alguien? Si ya le costó convivir con Frank.
—Sí —asiente.
—Uf, buena suerte, tío —le dice Frank a Liam, y éste se echa a reír.
—Idiota —masculla Alice, rodando los ojos, pero se le escapa una sonrisa.
—¿Y Alex vivirá sola? —pregunto.
—Sí, probablemente llorará mi ausencia, pero así es la vida —me contesta Liam, bromeando.
—Pero si casi monta una fiesta cuando se lo dijiste por teléfono —dice Alice.
Al poco rato llegamos al piso de Alice, donde dejamos a la pareja.
—Comemos juntas el viernes, eh —me recuerda Als antes de irse al interior del edificio, y asiento.
Nos despedimos de Liam, y empezamos a ir hacia mi piso.
—Esta noche salgo con Kathy, Chris y Diego, ¿te apuntas? Vamos a un bar nuevo que han abierto en Camden —me dice Frank.
—Creo que paso.
—Hey, ¡se lo prometiste a Kathy! —me reprocha.
—Dile que iré mañana, o quizás otro día —contesto—. Hoy estoy cansada y tengo jet lag, quiero dormir.
—¿Y qué mejor para el jet lag que dormir de día y salir de fiesta de noche?
—No voy a ir esta noche, Frank, no insistas —le corto secamente, y me mira con una ceja levantada.
—¿Qué te pasa hoy? No eres la Deena de siempre.
—Estoy cansada, eso es todo —miento, y él asiente aunque es evidente que no me cree.
—Como quieras, entonces —dice, dando por finalizada la conversación.
Lo primero que hago cuando llego a casa es dejar la maleta en mi habitación, y prácticamente caigo rendida en la cama. Apenas he dormido en todo el viaje, y necesito recuperar esas horas de sueño urgentemente.
Despierto completamente desorientada, sin tener ni idea de qué hora es. La luz del sol se filtra a través de mis cortinas, así que aún es de día, aunque si fuera por mí habría dormido hasta la mañana siguiente. Desbloqueo la pantalla del móvil, que reposa sobre la mesilla auxiliar, y veo que son las cuatro de la tarde.
Mi estómago ruge, así que voy a la cocina a prepararme algo de comer, pero mis ánimos decaen al pensar en cocinar, así que termino comiendo leche con cereales. Cuando termino me doy una ducha y me visto, preparándome para salir. Cojo todo lo que necesito y, tras ponerme los zapatos y una chaqueta, salgo a la calle en dirección a casa de mis padres. Les prometí que iría a verles cuando volviera de Los Ángeles, así que he decidido ir ahora, que seguro que mamá estará en casa, y a papá le quedará poco para llegar.
Llego a la casa de mis padres y soy recibida por un fuerte abrazo de mi madre, seguido de miles de preguntas sobre Los Ángeles, sobre si he comido bien, y todas esas cosas. Me informa de que mi padre llegará por la noche ya que tiene mucho trabajo en el hospital, y se va a prepararme un té mientras yo me quedo en el salón.
—Me encontré con Frank el otro día —dice mamá, entrando en el salón con dos tazas de té humeante, y se sienta a mi lado en el sofá—. No parece estar muy bien, ¿ha estado enfermo?
—No que yo sepa —contesto, extrañada.
—A lo mejor está triste porque lo dejasteis.
—Lo dudo —contesto, riendo—. Además, seguimos siendo amigos.
—Eso me alegra —sonríe—. Por cierto, ¿cómo va en el trabajo?
—Bueno, como siempre —me encojo de hombros—. Me he pedido toda la semana de fiesta, y mañana vuelvo a trabajar.
—¿No has pensado en retomar tus estudios? —pregunta, y sé que es lo que pretendía decirme desde que ha sacado el tema del trabajo.
—No lo sé —suspiro—. Ya no me acuerdo de casi nada, tendría que empezar de cero.
—A veces va bien empezar de cero —dice, y no sabe cuánta razón tiene.
Muchas veces pienso en irme. En coger el primer vuelo a cualquier sitio y empezar de cero allí, conocer a nuevas personas, dejar Londres atrás. Pero soy demasiado cobarde como para hacerlo, y además no sería capaz de dejar a mis padres, a mis abuelos, a Frank y a Alice aquí, aunque esta última ya no me necesite tanto como antes.
Varias horas después llega mi padre, encontrándonos a mamá y a mí en el sofá, envueltas en dos mantas y mirando una comedia romántica que echan en la televisión.
—Vaya, si están aquí mis dos chicas favoritas —dice, con una gran sonrisa, y me levanto a darle un abrazo—. ¿Cómo ha ido por las tierras estadounidenses? ¿Mucho McDonald's?
—Muchísimo —contesto, y él hace una mueca de asco.
—¿Te quedarás a dormir? —pregunta, y asiento—. Bien, entonces prepararé picadillo para cenar, ¿qué te parece?
—Me parece genial —digo, y mamá suelta un "¡sí!" desde el sofá que nos hace reír a los dos.
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Ya está aquí el #MiércolesDeDeena! :)
Por cierto, me hicieron una entrevista en EditorialDiosas , en su libro "Visita la entrevista". Pasaros si podéis, fue una entrevista muy interesante :D
Un poco de auto-spam, que hace mucho que no lo hago jajajaja:
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Facebook: Claire Deneau
Ask: ask.fm/sirendreams
Hasta el miércoles que viene... o antes ;)
Claire
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