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Permanezco sentada ante el enorme cristal, mirando fijamente su contenido. Alice está a mi lado, pero ella no lo está mirando, no tiene fuerzas para hacerlo.

Parece mentira.

Lo que una vez fue un chico que se pasaba el día riendo, haciendo bromas, bailando al son de sus canciones favoritas e intentando dar todo el amor que tenía ahora se ha reducido a esto. Un cuerpo inerte, vacío.

Lo estoy mirando fijamente. Es su cuerpo, bien vestido, arreglado y puesto en un ataúd aunque no será enterrado, pero esto no es Frank. Y creo que este pensamiento es lo único que me permite mirarlo con tanta frialdad.

De alguna manera se me hace raro que él no vaya a levantarse, decirnos a todos que era una broma, reír e irse a mi casa otra vez, pero cuanto antes asuma que no será así, mejor.

Alice no ha hablado desde que nos hemos ido de Bristol, esta madrugada. No nos hemos quedado a descansar allí porque el velatorio era ahora, por la mañana. No tengo ni idea de cuánto hace que no duermo, seguramente desde antes de salir del hospital, pero la idea de tumbarme y dormir tranquilamente no suena como algo posible en mi cabeza.

Suspiro y me aparto del cristal para salir de esta pequeña sala. Dejo a Alice sola con sus pensamientos, es lo mejor que puedo hacer ahora.

Ha llegado más gente. Chris, Diego y Kathy están aquí. Se me hace raro verlos así de apagados, teniendo en cuenta que siempre los veía de fiesta y estaban todos ebrios o drogados, pero ahora sus rostros están manchados de tristeza. Y, en algunos casos, culpabilidad.

Diego se acerca a mí y me mira con los ojos llenos de lágrimas retenidas.

—Lo siento —dice, y una de las lágrimas se desliza por su pecosa mejilla—. Lo vi en esa fiesta y no se me ocurrió pararlo, no sabía que tenía un problema tan grave, debería haberle dicho que se fuera a casa, debería—

Por más curiosidad que tenga por saber qué pasó esa noche, estoy segura de que Diego no tuvo la culpa. Sí, él vende drogas, pero cuando sabe que un amigo debería estar alejado de ellas no se las vende, nunca.

—No tienes la culpa. —Mi voz sale ronca porque llevo mucho rato sin hablar—. No podías hacer nada, habría pasado igualmente tarde o temprano.

Diego asiente, no muy convencido, y se va con Chris. Kathy viene corriendo y se abraza a mí, soltando algunas lágrimas pero intentando controlarse. Correspondo a su abrazo, y a los pocos segundos nos separamos.

—¿Cómo estás? —me pregunta, preocupada.

Kathy será muy fiestera y todo lo que queráis, pero es una persona que se preocupa muchísimo por los demás.

—No lo sé —contesto sinceramente.

Siento que decir "mal" se queda corto, pero es un sentimiento diferente. Me siento bloqueada, no puedo llorar ni sentirme bien, no sé qué siento.

Bianca también está aquí. Nos hemos saludado antes muy correctamente, con respeto, porque Frank la quiso y debo respetarla. Además, ella tiene todo el derecho a estar aquí.

Mis padres y Sarah, la madre de Alice y los gemelos, lo han organizado todo. Han intentado contactar con la madre de Frank, ya que Sarah y ella solían ser amigas, pero no hay ni rastro de ella. A saber dónde estará. Nate no ha podido venir, se ha quedado en la casa de los Smeed cuidando de Noah. Este no es lugar para un niño de cuatro años.

Liam ve que he salido de la sala y mira al suelo, nervioso. El pobre no sabe cómo actuar con Alice teniendo en cuenta el estado en el que está. Se nota que la quiere y no sabe ayudarla. Casi me da ternura, porque todos los que queremos a Alice hemos pasado por eso, pero a él le ha tocado en el momento más difícil.

Me acerco a él y pongo una mano en su hombro.

—Ella va a necesitarte más que nunca —le digo—. Es probable que intente apartarte, que sientas que es imposible ayudarla, pero tienes que estar ahí más que nunca... Si estás dispuesto, claro.

—Claro que lo estoy —afirma rápidamente.

—Gracias. —Le doy una débil sonrisa.

—¿Cómo estás? Ya sabes, con lo del bebé —me pregunta.

—El bebé está bien —contesto—. Yo... bueno, supongo que saldré adelante.

—Lo harás —me asegura.

Nos anuncian que ya es hora de la incineración, y lucho por intentar estar bien. Louis viene y me abraza, algo que agradezco. Parece que él sepa intuir cuándo necesito un abrazo.

Alice todavía no ha salido de la sala y debería hacerlo, así que Liam va a buscarla. Salen de ahí pocos segundos después, pero Alice sigue pareciendo estar en otro mundo. No mira a nadie, solo al suelo, como si estuviera muerta por dentro. Y probablemente siente que lo está, pero vamos a tener que sacarla de ahí. Ella es una chica fuerte, seguramente podría superarlo sola, pero también es muy propensa a tomar drogas y otras sustancias que la hagan sentir mejor, y me niego a pasar por eso otra vez.

—————

Observo la urna que hay entre mis manos. La ceremonia ha terminado, y todos ya están empezando a irse. Alice por fin ha hablado, cuando le he preguntado dónde quiere tirar las cenizas. Ella quiere tirarlas al mar, algo que me parece bien. Frank adoraba sentarse delante del mar y mirarlo por horas cuando íbamos juntos a la playa. Hemos decidido que iremos mañana, y ahora me queda tanto por decidir.

Tengo que hablar con Louis, y tengo que ver qué voy a hacer con mi piso. No quiero seguir viviendo ahí, está lleno de recuerdos de esa noche... No puedo. Además, tendré que mudarme igualmente por el bebé, así que cuanto antes, mejor.

—Pasaré por mi casa a recoger las cosas de Frank —le comento a Alice—. ¿Quieres que te dé algo?

Ella piensa unos segundos y contesta.

—Su camiseta de Green Day. Fuimos al concierto juntos. También... busca una libreta negra.

Asiento, sin querer preguntarle más ya que no tiene muchas ganas de hablar. No sé a qué libreta negra se refiere, nunca he visto tal cosa, pero la buscaré.

Liam se lleva a Alice a su casa y yo me subo en el Range Rover de los Smeed con Louis.

—¿A dónde vamos? —le pregunto—. Tengo que pasar por mi piso a recoger las cosas de Frank.

—¿No prefieres ir a dormir a mi casa primero? Estoy que me caigo, y tú deberías descansar —propone.

—Está bien.

Él arranca hacia Kensington y yo me quedo mirando la urna. Saco la cartera de Frank, que me han dado tras incinerarlo, de mi bolso, y la abro. Dinero no hay, eso seguro, pero me gusta tener su rota y desgastada cartera, con su documento de identidad dentro, su tarjeta de crédito que no sirve para nada, su carné de conducir... Es otro recuerdo suyo.

Acaricio la tira de fotografías que nos hicimos Frank, Alice y yo en un fotomatón hará unos tres años y que Frank tenía guardada en la cartera, y vuelvo a meterla en mi bolso.

Apoyo mi cabeza contra el respaldo del asiento y suspiro.

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Hey! Este capítulo ha quedado cortito, pero esta semana subiré otro.

Pregunta de hoy:

¿Qué esperáis que pase próximamente en la novela?

¡Hasta pronto!
Claire

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