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Llegamos a Bristol poco después de que el reloj marque las cuatro de la mañana. Estoy cansada, y por la cara de Louis puedo decir que él también, pero solo tengo ganas de encontrar a Alice, y eso es lo que me da la energía para salir del coche en cuanto Louis aparca delante del hotel más cercano que hay a la calle Lydney y que, casualmente —o no tanto— es el hotel en el que se quedaron ella y Frank al venir aquí.

No creo que ella esté en la casa del padre de Frank, siendo las cuatro de la mañana lo más normal sería que esté en algún lugar con techo —aunque con Alice nunca se sabe—, así que lo más lógico es un hotel.

Entro en la recepción acompañada de Louis. En el mostrador hay una mujer bajita, de unos cincuenta años, con cara de puro aburrimiento. No parece cansada como nosotros, seguramente estará acostumbrada a hacer el turno de noche. Me acerco a ella, y sus grandes ojos se desvían de lo que sea que está haciendo en el ordenador para mirarme.

—Hola, estamos buscando a alguien —empiezo antes de que se piense que queremos alquilar una habitación a estas horas—. ¿Ha visto a una chica con el pelo azul y largo por aquí?

—¿Con el pelo azul? No, no he visto a nadie con el pelo azul en bastante tiempo —contesta.

Le doy las gracias y salgo del hotel con un Louis que aún no ha hablado. Una vez en la calle, suelto un suspiro.

—Bueno, ahora solo nos queda ir a la calle Lydney —comento, y Louis asiente—. Siento haberte arrastrado a esta locura.

Ahora mismo haber venido a Bristol me parece una locura enorme. Me sabe mal haber arrastrado a Louis hasta aquí por probablemente nada, solo he seguido mi corazonada y ahora tengo dudas.

—No lo sientas. —Niega con la cabeza— Iré donde haga falta para encontrar a mi hermana.

Sonrío con ternura al ver lo preocupado que está Louis por Alice. La verdad es que ellos nunca habían tenido una relación extremadamente cercana. Sí, se llevaban bien y de alguna manera sufrían juntos las locuras de su padre, pero en cuanto los gemelos se fueron a Los Ángeles perdieron el contacto. Alice no quería saber nada de su familia.

Me quedo mirando el rostro de Louis, iluminado por una de las farolas de la calle, y veo que está despeinado por un lado. Su pelo ha crecido mucho, no se lo debe haber cortado en todos los días que ha estado de viaje y, aunque lo vi por videollamada, no me he tomado mi tiempo para apreciarlo con todo lo que ha pasado. No he tenido tiempo de apreciarlo en absoluto. Le he echado mucho de menos, pero ahora hay tantas cosas en mi cabeza, tantas preocupaciones y tanto por hacer, que apenas he podido disfrutar de él y de nuestro futuro bebé.

Tampoco hemos hablado del futuro. Sé que él estará ahí para el bebé pero, ¿y si las cosas entre nosotros no salen bien? Al fin y al cabo hace muy poco que estamos juntos. De hecho ni siquiera somos pareja, solo lo estamos "intentando".

Alejo esas preocupaciones de mi mente e intento volver a centrarme en lo que ahora importa: Alice.

De repente se escucha un tono de móvil que no identifico como el mío, ya que siempre lo tengo en silencio, y Louis se saca el teléfono del bolsillo. Presiona a contestar rápidamente y se lo pone en la oreja.

—¿Qué quieres, pesado? —pregunta con ese tono que solo usa con su hermano gemelo.

Se calla unos segundos mientras Nate habla, y estoy atenta para ver si se trata de noticias sobre Alice, pero cuando Louis le contesta veo que Nate ha llamado porque Noah se ha despertado y está llorando, y el pobre no sabe qué hacer.

—¿Y yo qué sé? Ponle los dibujos o algo —le dice Louis, y no puedo evitar rodar los ojos.

Si va a ser padre y no sabe ni cómo calmar a un niño, el bebé y yo lo llevamos claro. Al final sí que tendremos que pasar más tiempo con Noah para aprender a ser padres.

Miro dónde queda exactamente la calle Lydney en la aplicación de mapas de mi móvil y me sorprendo al ver que queda justo encima de la calle en la que estamos. La curiosidad me domina, así que le hago señas a Louis diciendo que ahora vuelvo, y echo a caminar hacia una calle que cruza esta y la calle donde supuestamente vive el padre de Frank.

Mi corazón late furiosamente contra mi pecho. Sé que las probabilidades de que Alice esté ahí son mínimas, pero tengo esperanza, y además tengo curiosidad por saber si podré ver al padre de Frank.

No sería la primera vez que lo veo, Joseph abandonó a Frank y a su madre cuando Frank tenía once años, y yo ya le había visto antes. Frank no quería que fuéramos a su casa porque estaba siempre su padre ebrio, y muchas veces maltrataba a su madre, pero una vez lo vi cuando fue a buscar a Frank al colegio, y parecía un hombre normal, aunque tanto Alice como yo sabíamos que no lo era. Todavía recuerdo cuando Frank me dijo que su padre llevaba una semana sin aparecer por casa y parecía que no iba a volver, se le veía aliviado. Y, efectivamente, no volvió. La madre de Frank perdió su trabajo y se dio a la bebida, así que Frank pasaba todo el tiempo con Alice y conmigo.

Un horrible pinchazo de dolor vuelve a atacarme al recordar a Frank, pero me obligo a mantenerme firme. Debo encontrar a Alice.

Finalmente giro a la derecha y entro en la calle Lydney. Es una calle de casas adosadas, como casi todas las de esta zona, pero al parecer hay varias farolas estropeadas, solo funciona una y se ve poco. Distingo una silueta a lo lejos y mi pulso se acelera. Empiezo a caminar más rápido, rogando que sea Alice y que esté bien. Pero cuanto más cerca estoy, más me doy cuenta de que no es ella. Hombros anchos, cabello corto... No es Alice.

Vuelvo a mi caminar lento soltando un suspiro, y la persona se gira. Es una chica bastante alta, no la conozco de nada. Me mira con curiosidad y con esa especie de complicidad con que miras a la gente que camina por la misma calle solitaria que tú, y se gira para seguir caminando.

Giro la cabeza para observar una de las casas, y es entonces cuando la veo.

Sentada en la acera, mirando fijamente a la casa que hay justo enfrente, con un cigarro consumiéndose entre sus dedos.

—Alice —murmuro, sintiendo un alivio repentino, y me acerco a ella rápidamente.

Alice desvía su mirada hacia mí brevemente, pero luego vuelve a centrarla en la casa de delante.

—¿Estás bien? —le pregunto, arrodillándome delante de ella.

Ella no contesta, parece estar en otro mundo, y se me para el corazón cuando el pensamiento de que pueda haber tomado drogas cruza mi cabeza. El único faro encendido está algo lejos, hay suficiente luz para que pueda distinguir su rostro, pero no puedo ver sus ojos, no puedo ver si sus pupilas están dilatadas.

—Dios, no habrás hecho ninguna estupidez, ¿no? —Hago otra pregunta a sabiendas de que es poco probable que me conteste.

—Murió —pronuncia en un murmuro casi inaudible, y mi corazón se hunde.

—Sí —asiento, intentando controlar las lágrimas.

—No... Joseph murió —dice.

Frunzo el ceño.

—¿Qué?

—Joseph murió hace un mes —repite en el mismo tono de voz débil.

—Oh... —murmuro, sin saber muy bien qué decir.

—N... No he podido golpearlo. —Su labio interior tiembla y las lágrimas empiezan a bajar por sus mejillas.

—Alice... —la llamo.

—¿Por qué no me dijiste nada? —me pregunta, mirándome por primera vez desde que le he hablado, de forma acusadora—. Él era mi amigo, tenía derecho a saberlo.

—Me pidió que no te lo dijera, no quería preocuparte —contesto, sintiéndome horriblemente culpable al admitir que le oculté los problemas de Frank con las drogas y el alcohol, pero a la vez aliviada porque he podido ver que no está drogada.

—¡Tenía derecho a saberlo! —repite, gritando entre lágrimas—. ¿Por qué ya no está?

No contesto a su pregunta, ya que parece estar haciéndosela a ella misma, pero no puedo controlar el llanto que empieza a apoderarse de mí.

—Me ha dejado sola —murmura—. No me quería, se ha ido y me ha dejado sola.

Empiezo a llorar más fuerte, sin poder evitarlo, al escuchar la desolación en su voz.

—Le prometí q... que volvería a Bristol, encontraría a su padre y le golpearía los huevos, ¿s... sabes? —balbucea, de forma que me cuesta entenderla, por culpa de los sollozos y las lágrimas—. Pero eso ya no importa porque se ha ido, ¡Frank, eres un hijo de puta!

Está completamente descontrolada y yo no puedo hacer nada porque no puedo dejar de llorar. Ella grita, tira lo que queda del cigarro y se echa en el suelo, llorando tanto como yo.

—Hijo de puta... —repite, abrazándose a sí misma en el suelo—. Me has dejado sola... Eres un hijo de puta.

—Alice —pronuncio su nombre sin saber muy bien por qué, y ella me mira.

—Deena, se ha ido, ¿por qué lo ha hecho? —me pregunta, desesperada—. No quiero vivir sin Frank, no puedo hacerlo.

—Pero tendremos que hacerlo. —Sollozo, sin poder parar este dolor que desgarra mi pecho.

Quiero decirle que todo irá bien, creérmelo y hacer que se lo crea, pero es mentira. Todo a partir de ahora será muy duro, pero no tenemos otra opción.





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Alohins, siento el retraso pero tuve una crisis emocional con lo de Frank.

Estaba escribiendo este capítulo y mi subconsciente empezó a gritarme "ahora Frank debería estar con Alice porque huyeron juntos" y cosas de esas que no tenían lógica alguna, y me puse súper triste porque fue como que me di cuenta de que Frank no iba a salir más. Sadness suprema. Realmente amaba a Frankie, pero no quiero cambiar toda la novela solo porque me entristece que ya no esté, la vida es así, a veces la gente se va y no puedes hacer nada, y yo quiero que tenga un poco de realidad.

Bueeeno, tristezas aparte, he empezado con un proyecto en @writersforwriters donde ofreceré tutoriales y consejos de escritura. Puede ser interesante para las/os que estáis empezando a escribir :)

Eso es todo... ah, ¡no! Falta la pregunta de hoy.

¿Cuál es vuestro personaje favorito de la saga Smeed?

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